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Lucas 21: El valor de una ofrenda

(ii) Se hace hincapié en la necesidad de estar en guardia. El cristiano no debe llegar a creer que se encuentra en una situación definitiva; sino más bien en un continuo estado de espera. Cierto novelista tiene en uno de sus libros un personaje que no se rebaja a hacer ciertas cosas. «Yo sé -dice- que algún día sucederá algo importante en mi vida, y quiero estar preparada para recibirlo.» Debemos vivir constantemente a la sombra de la eternidad, en la seguridad de que nos estamos preparando para aparecer ante Dios. No puede haber nada más interesante para un cristiano.

(iii) Jesús pasaba el día en el templo entre la gente, y la noche bajo las estrellas con Dios. Recibía la fuerza para encontrarse con las multitudes en aquellos momentos de soledad con Dios. Podía enfrentarse con los hombres porque venía de la presencia de Dios.

Lucas 21:1-38

21.1, 2 Jesús se hallaba en el lugar del templo llamado atrio de las mujeres y el arca de las ofrendas se ponía allí o en un pasillo anexo. En este lugar había siete urnas. En una los fieles depositaban sus impuestos al templo y en las seis restantes se depositaban las ofrendas voluntarias como la que dio esta mujer. No solo era pobre, además, como viuda tenía muy pocos recursos para obtener ingresos económicos. Su pequeña contribución fue un sacrificio, pero lo hizo voluntariamente.

21.1-4 Esta viuda dio todo lo que tenía, en contraste con la forma en que administramos nuestro dinero. Cuando consideramos un gran logro dar cierta cantidad de dinero, nos parecemos a todos los que dieron solo un poco de lo que no necesitaban. Aquí Jesús admira la ofrenda con sacrificio. Como creyentes, podemos incrementar nuestra dádiva, sea dinero, tiempo o talentos aún más allá de lo que sea conveniente o seguro.

21.5, 6 El templo que los discípulos admiraban no era el de Salomón, destruido por los babilonios en el siglo VII a.C. Este templo lo construyó Esdras después de su regreso del exilio en el siglo VI a.C., profanado por los seléucidas en el siglo II a.C. Reconsagrado por los macabeos poco después y ampliado enormemente por Herodes el Grande en el lapso de cuarenta y seis años. Era una estructura hermosa, con una historia significativa, pero Jesús dijo que sería destruida totalmente. Esto sucedió en 70 d.C. cuando el ejército romano incendió Jerusalén.

21.7ss Jesús no abandonó a sus discípulos sin antes prepararlos para las dificultades de los años venideros. Les puso al tanto de que vendrían falsos mesías, desastres naturales y persecuciones, pero al mismo tiempo les aseguró que El estaría con ellos para protegerlos y hacer que su Reino se conociera a través de ellos. Les prometió que regresaría en poder y gloria para salvarlos. Las advertencias de Jesús y sus promesas a los discípulos siguen vigentes para nosotros mientras esperamos su venida.

21.12, 13 Estas persecuciones empezaron muy pronto. Lucas se refirió a muchas de ellas en Hechos. Desde la prisión, Pablo escribió que se gozaba en su sufrimiento porque este le ayudaba a conocer más a Cristo y a cumplir la obra de Cristo para la iglesia (Phi_3:10; Col_1:24). La iglesia primitiva salió victoriosa a pesar de la intensa persecución. Es importante notar que más tarde, en el segundo siglo, el padre de la iglesia Tertuliano, escribió: «La sangre de cristianos es semilla», porque la oposición ayudó a difundir el cristianismo.

21.14-19 Jesús advirtió que sus seguidores sufrirían la traición de familiares y amigos. Cristianos de cualquier edad tendrían que enfrentar esta posibilidad. Es reconfortante, sin embargo, saber que aunque nos sintamos por completo abandonados, el Espíritu Santo está con nosotros. Nos confortará, nos protegerá y nos dará las palabras que necesitemos. Esta seguridad nos dará el valor y la esperanza para mantenernos firmes por Cristo en medio de todas las situaciones difíciles que tengamos que soportar.

21.18 Jesús no dice que los creyentes no sufrirán ataques ni aun la muerte durante la persecución. Recuerde que la mayoría de los discípulos soportaron el martirio. Lo que Jesús dice es que ninguno de sus seguidores sufrirá alguna pérdida espiritual ni eterna. Usted puede dejar de existir en la tierra, pero será salvo para una vida eterna.

21.24 Los «tiempos de los gentiles» empezó cuando Babilonia destruyó a Jerusalén en 586 a.C. y el exilio de los judíos. Israel dejó de ser una nación independiente para estar bajo el control de gobernantes gentiles. En los días de Jesús, el Imperio Romano gobernaba a Israel y un general romano destruiría la ciudad en 70 d.C. En este versículo Jesús expresa que esta dominación gentil continuaría hasta que Dios decidiera terminarla. Los tiempos de los gentiles no solo se refiere a las frecuentes destrucciones de Jerusalén, sino también a las persecuciones continuas y en ascenso dirigidas al pueblo de Dios hasta el final.

21.28 La descripción de las persecuciones venideras y los desastres naturales es sombría, pero al fin y al cabo, no son motivos de temor, sino de alegría. Cuando los creyentes vean estos acontecimientos, sabrán que la venida del Mesías está cerca y vislumbrarán el reino de justicia y paz. Antes de aterrorizarse por lo que sucede en nuestro mundo, deberíamos esperar confiadamente la venida de Cristo que traerá justicia y restauración a su pueblo.

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