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Lucas 24: Por qué buscais entre los muertos al que vive

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

¿Cuál es nuestra conducta sobre este particular? ¿Qué especie de testimonio es el que damos? ¿Qué pruebas presentamos de que somos discípulos del Redentor que fue crucificado, y que como él, no “somos del mundo?” Joh_18:7. ¿Qué indicaciones damos de que pertenecemos a Aquel que dijo: “Yo he venido al inunde para dar testimonio a la verdad?” Joh_18:37. Feliz el que pueda contestar estas preguntas satisfactoriamente.

Lucas 24:50-53

Con estos versículos termina la historia que escribió S. Lucas de la vida de nuestro Señor. La conclusión es en armonía con un Evangelio, que por los pasajes conmovedores que contiene y por la manera con que pone en relieve la gracia de Cristo, ocupa el primer lugar entre los cuatro libros que contienen los dichos y hechos de Jesús.

Notemos, en primer lugar, de que modo tan significativo se separó nuestro Señor de sus discípulos. Se nos dice: “Alzando sus manos los bendijo. Y aconteció, que bendiciéndoles, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo.” En una palabra, se separó de ellos en el acto de bendecidlos.

Esta circunstancia sirvió, sin duda, para traer a la memoria de los discípulos cuál era la misión que Jesús habían venido a desempeñar en este mundo, y que haría por los creyentes después que ascendiese a lo alto. El había venido al mundo para bendecir y no para maldecir, y bendiciendo se fue del mundo. Había venido lleno de amor, no de enojo, y lleno de amor dej o la tierra. Había descendido, no como el juez que condena, sino como un Amigo tierno y compasivo, y como Amigo de la humanidad regresó al trono del Padre. Había sido para su pequeño rebaño, en tanto que con él moraba, un Salvador clemente y benigno; y después de su separación continuaría siendo el mismo Salvador.

Confiemos en todo tiempo en el corazón de Jesús si es que profesamos la verdadera religión. No hay corazón más .tierno, más amoroso, más paciente, más compasivo, más misericordioso. Decir que la Virgen María es más compasiva que Cristo es una prueba de crasa ignorancia. Acudir a los santos para obtener consuelo, cuando no hay nada que nos impida acudir a Cristo, es cometer una insensatez y un sacrilegio, y conceder a otros la gloria que solo el Redentor merece.

Notemos, en seguida, a qué lugar se fue nuestro Señor cuando partió de este mundo. Se nos refiere que fue “llevado al cielo.”

A nosotros no nos es dado comprender de un todo el significado de esas palabras. Acerca del lugar en que se encuentra el cuerpo glorificado de Cristo fácil seria hacer preguntas que el teólogo más erudito no podría contestar. Mas ¿A qué fin gastar el tiempo en cuestiones poco edificantes, o “meternos en cosas que nunca vimos”? Col_2:18. Bástenos saber que nuestro Señor Jesucristo ha ido al trono de Dios en nombre de todos los que creen en él, en calidad de Precursor y de Sumo Sacerdote.

Como Precursor, Jesús ha ascendido al cielo a preparar moradas para todos sus discípulos. La verdadera Cabeza de la iglesia ha tomado posesión de una herencia gloriosa en nombre de su cuerpo místico (los creyentes) y la conserva hasta el día en que ese cuerpo llegue a la perfección. Como Sumo Sacerdote, Jesús ha ascendido al cielo para interceder por todos los que crean en él. Allí, en el santo de los santos, presenta los méritos de su sacrificio, y obtiene diariamente gracia y misericordia a favor de los creyentes. El gran secreto de la perseverancia de estos es la convicción que tienen de que Cristo medía por ellos en el cielo. Tienen un Abogado ante el Padre, y por lo tanto jamás se desalientan. Heb_9:24; 1Jo_2:1.

Notemos, por último, en este pasaje, qué sentimientos experimentaron los discípulos de nuestro Señor cuando él se separó de ellos y fue llevado al cielo. Se nos dice que volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.

¿A qué pueden atribuirse estos sentimientos de júbilo? ¿A qué puede atribuirse el hecho singular de que estos discípulos débiles como eran y dejados como hablan sido en medio de un mundo que los aborrecía, no desmayaron sino que estaban llenos de júbilo ? La contestación es corta y sencilla: esos discípulos se regocijaron porque entonces fue que, por primera vez, entendieron con claridad todo lo concerniente a su Maestro. El velo que les cubría los ojos fue levantado: disipadas fueron las tinieblas: el significado de la humillación de Cristo; el de su agonía, de su pasión y muerte; el significado del hecho de que fuera Mesías y sin embargo se ofreciera, de que fuera el Hijo de Dios y sin embargo fuera crucificado—todo, todo les fue descubierto y explicado. Todo lo vieron, todo lo entendieron; ya no tenían dudas ni encontraban piedras de tropiezo. Al fin vinieron a poseer claros conocimientos, y por eso sentían gran gozo.

A menudo acontece que los creyentes sienten poco júbilo solo por falta de conocimientos. Sin duda que una fe débil y una conducta desarreglada tienden a turbar la paz del espíritu; mas es de sospecharse que la inquietud de muchos creyentes proviene que las nociones que tienen del Evangelio son muy confusas.

Al terminar el examen del Evangelio de S. Lucas hagamos firme resolución de procurar aumentar cada año los conocimientos que poseamos en asuntos espirituales. Escudriñemos las Escrituras más a fondo, y pidamos a Dios con más fervor que bendiga el estudio que de ellas hagamos. Muchos creyentes hay que solo hacen una lectura superficial de la Biblia y jamás penetran hasta las profundidades en que se encuentran ocultos sus tesoros. Instruyámonos más en la Palabra. Leamos la Biblia con mayor constancia. Si así lo hiciéremos es seguro que experimentaremos más gozo y paz con motivo de nuestra fe, y que nos sentiremos más dispuestos a bendecir y alabar a Dios continuamente.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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