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Lucas 24: Por qué buscais entre los muertos al que vive

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

¿Quién es el pecador, que por grandes que sean sus pecados, deba temer allegarse a semejante Salvador? Jesucristo posee misericordia en abundancia. ¿Quién es el reincidente, que, por mucho que se haya apartado del buen camino, deba temer volver sobre sus pasos? “En Cristo no hay enojo.” Isa_27:4. El tiene voluntad de recobrar y atraer hacia sí aun a los más malos. ¿Quién es el santo que no ha de amar a semejante Salvador, y tributarle santa obediencia? Hay perdón acerca de él; para que sea temido. Psa_130:4. ¿Qué cristiano no ha de perdonar a sus hermanos? Los discípulos de un Salvador cuyas palabras expresaban tanta paz deben ser pacíficos, suaves, blandos de corazón. Col_3:13.

Observemos, además, hasta qué punto cedi o nuestro Señor a la falta de valor y de fe de sus discípulos. Refiéresenos que como sus discípulos se espantasen de verlo y no creyesen que era él, les dijo: “Mirad mis manos y mis pies que yo mismo soy. Palpad y ved.”

Nuestro Señor pudo con justicia haber mandado a sus discípulos que creyesen en él. Pudo haberles preguntado: “¿Qué ha venido a ser de vuestra fe? ¿Por qué no creéis en mi resurrección, siendo así que me estáis viendo con vuestros propios ojos?” Mas no lo hizo así. Su condescendencia fue todavía mayor: apel o a los sentidos corporales de los once, y les mando que lo tocasen con sus propias manos, y que se satisficiesen que él era algo tangible y no un espíritu o un fantasma.

Esta circunstancia entraña un gran principio que haremos bien en atesorar en nuestro corazón. Nuestro Señor quiere que empleemos los sentidos en materias religiosas para juzgar de la certeza de un hecho o la verdad de un aserto. Es cierto que el Cristianismo encierra verdades que están fuera del alcance de la razón humana. Pero en cuanto a lo que es opuesto a la razón, o contrario a los sentidos, nuestro Señor enseñ o que no debemos creerlo. Una doctrina que contradiga los sentidos no dimana de Aquel que mand o a los once que le tocasen las manos y los pies.

Recordemos este principio cuando tratemos de la doctrina romanista del cambio del pan y del vino en la Cena del Señor. Tal cambio no tiene lugar. Nuestros propios ojos y nuestro propio paladar nos dicen que el pan es pan y el vino, vino, después de la consagración lo mismo que antes. La doctrina de la transubstanciación es falsa y contraria a la Escritura.

Recordemos también este principio cuando tratemos de la doctrina romanista de la regeneración del bautismo. No hay relación íntima entre el bautismo y la regeneración del hombre. Nuestros propios ojos y nuestros propios sentidos nos están diciendo que hay millares de bautizados que no tienen el Espíritu de Dios, que carecen de la gracia divina y que son siervos del demonio y del mundo. Nuestro Señor no nos exige que creamos lo que es contrario a nuestros sentidos. Por lo tanto, la doctrina de que la regeneración sigue invariablemente al bautismo, no merece crédito. La conducta del Señor con sus discípulos nos enseña, por otra parte, una lección de aplicación práctica. Esa lección es que debemos tratar con suavidad a los discípulos débiles, y que los instruyamos en proporción a lo que puedan comprender. a semejanza de nuestro Señor, debemos ser pacientes y longánimes. No debemos dejar de enseñar a persona alguna, porque no lo comprenda todo de una vez. Ni hemos de desdeñar medios que parezcan pequeños y pueriles, si con ellos podemos persuadir a los hombres a que adopten la verdadera fe. Acaso para ello se necesite de mucha paciencia. Pero el que no puede tratar así a los de tierna edad, a los ignorantes, a los personas iliteratas, no posee el espiritu de Cristo. Bueno sería que los creyentes recordasen con más frecuencia las siguientes palabras de S. Pablo: “Me he hecho para los flacos como flaco, por ganar a los flacos.” 1Co_9:22.

Lucas 24:44-49

Advirtamos, primeramente, qué don otorgó nuestro Señor a sus discípulos inmediatamente antes de su partida de este mundo. Se nos dice que “les abrió el entendimiento para que entendiesen las Escrituras.”

No vayamos a dar una inteligencia errada a estas palabras. No es de suponerse que hasta entonces los discípulos no sabían nada del Antiguo Testamento, y que la Biblia es un libro que una persona de capacidad ordinaria no alcance a comprender. Lo que se nos da a entender es que Jesús reveló a sus discípulos el completo significado de pasajes que hasta entonces habían sido confusos para ellos. Sobre todo, les comunicó cuál era la verdadera interpretación de muchos pasajes profetices que se refieren al Mesías.

Todos tenemos necesidad de que se nos ilumine de igual manera. “Mas el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son insensatez; ni las puede conocer, porque son espiritualmente examinadas.” 1Co_2:14. El orgullo, la preocupación y el amor del mundo entenebrecen nuestro entendimiento, y arrojan un velo sobre muchas páginas de la Sagrada Escritura. No es sino cuando recibimos auxilio de lo alto que podemos entender con perfección.

El que desee leer la Biblia con provecho, debe, ante todo, suplicarle al Señor que le ilumine el entendimiento por medio del Espíritu Santo. Los comentarios de origen humano son útiles hasta cierto punto. Las explicaciones de hombres piadosos y eruditos no deben recibirse con desprecio. Pero no hay comentario que pueda compararse con lo que Cristo mismo enseña. Los de corazón humilde y los que hacen oraciones fervientes, perciben muchas cosas en la Biblia, que los orgullosos y jactanciosos no alcanzan a discernir.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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