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Lucas 24: Por qué buscais entre los muertos al que vive

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Podría ser que nuestra vida cristiana careciera de este elemento esencial porque hemos estado buscando al que está vivo entre los muertos.

EL OCASO QUE SE CONVIRTI o EN AMANECER

Lucas 24:13-35

Ahora, mirad: aquel mismo domingo iban dos de los amigos de Jesús de camino a la aldea de Emaús, que estaba a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban hablando de todo lo que había pasado. Y mientras hablaban y discutían entre sí, ¡Jesús en persona se les acerc o y sé puso a caminar con ellos! Pero ellos estaban ofuscados, y no le reconocieron.

-¿Qué es lo que vais hablando en el camino? -les pregunt o Jesús.

Entonces se detuvieron, reflejando en sus rostros la amargura de su corazón; y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le dijo a Jesús:

-¡Tú debes de ser el único forastero que ha estado en Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días!

-Pues, ¿qué ha pasado? -les pregunt o Jesús.

-Pues lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta que hablaba y actuaba con el poder de Dios en medio del pueblo; y que nuestros principales sacerdotes y gobernadores le entregaron para que le condenaran a muerte, y le crucificaron. ¡Y nosotros que habíamos creído que El era el que había de redimir a Israel! Pero no result o así; y, además, ya hace tres días que pas o todo. Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos dieron una noticia increíble: habían ido a la tumba de madrugada, y no consiguieron encontrar el cadáver; y volvieron diciendo que si habían visto visiones de ángeles, y que si les habían dicho que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron a la tumba, y se la encontraron vacía como habían dicho las mujeres; pero no vieron a Jesús:

A esos les dijo Jesús:

–¡Pero qué torpes y qué cortos de entendederas sois para creer todo lo que los profetas habían anunciado! ¿Es que no era menester que el Mesías padeciera todo eso antes de entrar en su gloria?

Y Jesús empez o por Moisés y sigui o con todos los Profetas, haciéndoles ver todo lo que decían de Él las Escrituras.

Ya estaban cerca del pueblo adonde iban, y Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos le insistieron en que, se, quedara, y le dijeron:

-¡Quédate con nosotros, que ya es tarde y está oscureciendo!

Así es que entr o en la casa, y se qued o con ellos. Y fijaos: cuando se sentaron a la mesa, Jesús cogi o el pan y dio gracias a Dios, y lo parti o y se lo dio. ¡Y entonces se dieron cuenta, y le reconocieron! Y Él desapareció. Y se dijeron:

-¡Ahora comprendemos por qué nos emocionábamos tanto en el camino cuando nos hablaba y nos descubría el sentido oculto de las Escrituras!

E inmediatamente se levantaron de la mesa y se pusieron en camino para volver a Jerusalén. Cuando llegaron, encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos, que decían:

-¡Es un hecho que ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón!

Y los dos de Emaús contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando les parti o el pan.

Esta es otra de las historias breves inmortales del mundo. (i) Nos habla de dos personas que iban caminando hacia el ocaso. Se ha sugerido que esa fue la causa de que no reconocieran a Jesús. Emaús está al Oeste de Jerusalén. Era por la tarde, y el Sol iba descendiendo de forma que los cegaba. Fuera por lo que fuera, está claro que el cristiano no camina hacia el ocaso, sino hacia el amanecer. Se ha dicho que, hace mucho, los israelitas iban caminando por el desierto hacia el amanecer (Num_21:11 ). El cristiano tiene delante, no una noche que se le echa encima, sino una aurora que rompe y eso fue algo de lo que, en el dolor de su desilusión, los dos que iban camino de Emaús no se habían dado cuenta.

(ii) Nos habla de la habilidad de Jesús para hacer que las cosas tengan sentido. La situación les parecía a aquellas dos personas que no tenía explicación. Los sueños y las ilusiones se les habían hecho añicos. Se refleja toda la desilusión más dolorosa y el sentimiento más hondo de frustración del mundo en sus palabras: «¡Y nosotros que habíamos creído que Él era el que había de redimir a Israel!» Eran las palabras de personas cuyas esperanzas estaban muertas y enterradas. Pero entonces vino Jesús, y habl o con ellos, y se les aclararon las tinieblas y el sentido de la vida. Cierto narrador hace decir a uno de sus personajes: “Yo no sabía lo que era la vida hasta que la vi en tus ojos.» Cuando se cierne sobre nosotros el desaliento, sólo en Jesús podemos comprender todo lo que encierra la vida.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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