Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Lucas 24: Por qué buscais entre los muertos al que vive

La madrugada del domingo, las mujeres fueron a la tumba con las especias aromáticas que habían preparado, con algunas mujeres más; y se encontraron la piedra que cerraba la tumba quitada de su sitio. Entraron, y no encontraron el cuerpo del Señor Jesús. Y, fijaos: cuando estaban ahí sin saber qué pensar de aquello, de pronto se les presentaron dos varones con ropa deslumbrante. Ellas se llevaron tal susto que no se atrevían ni a levantar la mirada del suelo; pero los varones les dijeron:

-¿Cómo es que estáis buscando donde se ponen los muertos al Que está vivo? ¡No está aquí, porque ha resucitado! Acordaos de lo que os dijo cuando estaba con vosotras en Galilea: que era menester que el Hijo del Hombre fuera entregado a la jurisdicción de los pecadores, que le crucificarían; pero que al tercer día resucitaría.

Entonces se acordaron ellas de lo que les había dicho Jesús. De vuelta de la tumba les dieron la noticia a los once apóstoles y a todos los demás; fueron María Magdalena, Juana, María la madre de Santiago y las otras que habían ido con ellas las que trataron de decírselo todo a los apóstoles; pero a ellos les sonaba todo aquello a locura, y no lo tomaban en serio.

Sin embargo Pedro se puso en pie de un salto y sali o corriendo en dirección a la tumba; y cuando llegó, y entró, vio el sudario sin el cuerpo. Luego se volvi o a casa maravillado de lo que había sucedido.

El shabat judío, nuestro sábado, es el séptimo día de la semana, y conmemora el descanso de Dios cuando complet o la Creación: El domingo cristiano es el primer día de la semana, y conmemora la Resurrección de Jesús. Aquel primer domingo cristiano, las mujeres fueron a la tumba para llevar a cabo los últimos quehaceres del amor y embalsamar el cuerpo de su amado muerto con aromas y ungüentos. En Oriente, las tumbas se hacían muchas veces en la roca. El cadáver se envolvía en largas tiras de lino, como vendas, y se colocaba en un poyo de la roca. Luego se cerraba la tumba con una gran piedra circular. Cuando llegaron las mujeres se encontraron con que la piedra no estaba en su sitio, y la tumba abierta.

Aquí nos encontramos con una de esas discrepancias en los relatos de la Resurrección a las que dan tanta importancia los que no quieren creer. En Marcos, el mensajero de la tumba es un joven con una túnica larga blanca (16:5); en Mateo, es un ángel del Señor (28:2). Aquí son dos varones con vestiduras deslumbrantes; y en Juan son dos ángeles (20:12). Es cierto que hay algunas diferencias de detalle; pero también es cierto que lo que importa está muy claro y siempre igual: el hecho de la tumba vacía. Si, como algunos sugieren, todos estos relatos se inventaron para presentar algo que no había ocurrido, habría sido facilísimo ponerse de acuerdo en los detalles también. Ningún juez espera que los testigos presenciales coincidan en todos los detalles de su testimonio. Si dos firmas son exactamente iguales, una por lo menos es falsa. Las diferencias son una prueba de la honradez de los evangelistas, y de la verdad de la Resurrección.

Las mujeres volvieron con la mejor noticia de la Historia, pero los apóstoles no las creyeron. Aquello les sonaba a cuento. La palabra que se usa en el original se emplea en las historias médicas para referirse a las tonterías que se dicen en un estado febril agudo o de locura. Sólo Pedro se lanz o a comprobar si aquello era cierto. Esto dice mucho de Pedro. El que negara a su Maestro no se podía haber mantenido oculto; y, sin embargo, tenía el coraje moral necesario para enfrentarse con los que conocían su vergüenza. El que había actuado como «una paloma incauta», se iba convirtiendo en «una roca».

La pregunta ineludible y desafiante de esta historia es la que dirigieron a las mujeres los mensajeros: «¿Cómo es que estáis buscando donde se ponen los muertos al que está vivo?»

Todavía hay muchos que buscan a Jesús entre los muertos.

(i) Hay quienes le consideran el hombre más grande y el más noble héroe que haya habido jamás, y el que vivi o la vida más encantadora que se haya vivido en la Tierra pero que muri o hace mucho tiempo. Eso no es. Jesús no está muerto: ¡está vivo! No es meramente un héroe del pasado, sino una realidad viviente del: presente.

(ii) Hay quienes consideran a Jesús meramente como un hombre cuya vida hay que estudiar, cuyas palabras hay que examinar y cuya enseñanza hay que analizar. Esto se ve claramente en los muchos grupos de estudio que proliferan mientras desaparecen las reuniones de oración. Sin duda, el estudio es necesario; pero Jesús no es meramente un objeto de estudio, sino Alguien con quien puede uno encontrarse y vivir cada día. No es meramente el personaje de un libro, ni siquiera del mayor libro del mundo, sino una presencia viva.

(iii) Hay quienes ven en Jesús el modelo y ejemplo perfecto. Y lo es; pero un ejemplo perfecto puede ser algo descorazonador. A algunos de nosotros nos daban en el «cole» un cuaderno de caligrafía a la cabecera de cuyas páginas había una línea de escritura perfecta que teníamos que reproducir. ¡Qué pobre era el resultado que lográbamos en nuestro esfuerzo para reproducir aquel modelo perfecto! Pero, a veces, el maestro se nos acercaba, se sentaba a nuestro lado, nos cogía la mano en la suya, y nos guiaba los trazos. ¡Qué bien nos salían entonces, y con qué concentración nos mordíamos la lengua! Eso hace Jesús con nosotros: no se limita a ser un dechado perfecto que nunca podremos reproducir, sino que nos guía y fortalece para que podamos seguir su ejemplo. No es sólo un modelo de vida; es también una presencia que nos ayuda a vivir.

Podría ser que nuestra vida cristiana careciera de este elemento esencial porque hemos estado buscando al que está vivo entre los muertos.

EL OCASO QUE SE CONVIRTI o EN AMANECER

Lucas 24:13-35

Ahora, mirad: aquel mismo domingo iban dos de los amigos de Jesús de camino a la aldea de Emaús, que estaba a unos doce kilómetros de Jerusalén, e iban hablando de todo lo que había pasado. Y mientras hablaban y discutían entre sí, ¡Jesús en persona se les acerc o y sé puso a caminar con ellos! Pero ellos estaban ofuscados, y no le reconocieron.

-¿Qué es lo que vais hablando en el camino? -les pregunt o Jesús.

Entonces se detuvieron, reflejando en sus rostros la amargura de su corazón; y uno de ellos, que se llamaba Cleofás, le dijo a Jesús:

-¡Tú debes de ser el único forastero que ha estado en Jerusalén que no se ha enterado de lo que ha pasado allí estos días!

-Pues, ¿qué ha pasado? -les pregunt o Jesús.

-Pues lo de Jesús de Nazaret, que era un profeta que hablaba y actuaba con el poder de Dios en medio del pueblo; y que nuestros principales sacerdotes y gobernadores le entregaron para que le condenaran a muerte, y le crucificaron. ¡Y nosotros que habíamos creído que El era el que había de redimir a Israel! Pero no result o así; y, además, ya hace tres días que pas o todo. Es verdad que unas mujeres de nuestro grupo nos dieron una noticia increíble: habían ido a la tumba de madrugada, y no consiguieron encontrar el cadáver; y volvieron diciendo que si habían visto visiones de ángeles, y que si les habían dicho que Él está vivo. Algunos de los nuestros fueron a la tumba, y se la encontraron vacía como habían dicho las mujeres; pero no vieron a Jesús:

A esos les dijo Jesús:

–¡Pero qué torpes y qué cortos de entendederas sois para creer todo lo que los profetas habían anunciado! ¿Es que no era menester que el Mesías padeciera todo eso antes de entrar en su gloria?

Y Jesús empez o por Moisés y sigui o con todos los Profetas, haciéndoles ver todo lo que decían de Él las Escrituras.

Ya estaban cerca del pueblo adonde iban, y Jesús hizo como que iba más lejos. Pero ellos le insistieron en que, se, quedara, y le dijeron:

-¡Quédate con nosotros, que ya es tarde y está oscureciendo!

Así es que entr o en la casa, y se qued o con ellos. Y fijaos: cuando se sentaron a la mesa, Jesús cogi o el pan y dio gracias a Dios, y lo parti o y se lo dio. ¡Y entonces se dieron cuenta, y le reconocieron! Y Él desapareció. Y se dijeron:

-¡Ahora comprendemos por qué nos emocionábamos tanto en el camino cuando nos hablaba y nos descubría el sentido oculto de las Escrituras!

E inmediatamente se levantaron de la mesa y se pusieron en camino para volver a Jerusalén. Cuando llegaron, encontraron reunidos a los once apóstoles y a los que estaban con ellos, que decían:

-¡Es un hecho que ha resucitado el Señor, y se le ha aparecido a Simón!

Y los dos de Emaús contaron lo que les había pasado en el camino, y cómo habían reconocido a Jesús cuando les parti o el pan.

Esta es otra de las historias breves inmortales del mundo. (i) Nos habla de dos personas que iban caminando hacia el ocaso. Se ha sugerido que esa fue la causa de que no reconocieran a Jesús. Emaús está al Oeste de Jerusalén. Era por la tarde, y el Sol iba descendiendo de forma que los cegaba. Fuera por lo que fuera, está claro que el cristiano no camina hacia el ocaso, sino hacia el amanecer. Se ha dicho que, hace mucho, los israelitas iban caminando por el desierto hacia el amanecer (Num_21:11 ). El cristiano tiene delante, no una noche que se le echa encima, sino una aurora que rompe y eso fue algo de lo que, en el dolor de su desilusión, los dos que iban camino de Emaús no se habían dado cuenta.

(ii) Nos habla de la habilidad de Jesús para hacer que las cosas tengan sentido. La situación les parecía a aquellas dos personas que no tenía explicación. Los sueños y las ilusiones se les habían hecho añicos. Se refleja toda la desilusión más dolorosa y el sentimiento más hondo de frustración del mundo en sus palabras: «¡Y nosotros que habíamos creído que Él era el que había de redimir a Israel!» Eran las palabras de personas cuyas esperanzas estaban muertas y enterradas. Pero entonces vino Jesús, y habl o con ellos, y se les aclararon las tinieblas y el sentido de la vida. Cierto narrador hace decir a uno de sus personajes: “Yo no sabía lo que era la vida hasta que la vi en tus ojos.» Cuando se cierne sobre nosotros el desaliento, sólo en Jesús podemos comprender todo lo que encierra la vida.

(iii) Nos habla de la cortesía de Jesús. Hizo como que iba para más lejos. No quería que se sintieran obligados, y esper o que fueran ellos los que le invitaran. Dios nos ha dado a los hombres el regalo más valioso y más peligroso del mundo: la libertad; podemos usarla para invitar a Cristo a nuestra vida, o para dejarle que se aleje.

(iv) Nos habla de cómo se les dio a conocer en el partimiento del pan. Esto siempre suena como una alusión a la Comunión, pero no tenemos por qué limitarlo así. Fue en una comida normal, en una casa normal, en la que se parti o un pan corriente, en la que aquellas dos personas reconocieron a Jesús. Se ha hecho la sugerencia hermosa de que tal vez aquellos dos habían estado en la multiplicación de los panes y los peces y, cuando Jesús parti o el pan en su casita, recordaron y reconocieron su gesto. No es sólo en la mesa de la Comunión donde nos podemos encontrar con Cristo; también puede ser a la mesa en nuestro comedor.

1 ¡Bendita casa, do te han recibido, amigo de las almas, Salvador; do huésped moras sin igual querido, y todo lo bendices con tu amor!

2 Do todos alrededor de Ti se juntan, los ojos a Ti vuelven con afán, los labios por tus órdenes preguntan, las manos prontas a tu voz están.

El cristiano vive siempre y en todas partes en un mundo que está lleno de Cristo.

(v) Nos habla de cómo estas personas, cuando recibieron tan gran alegría, se apresuraron a compartirla. Eran otros doce kilómetros de vuelta a Jerusalén, y ya de noche; pero no podían guardarse la Buena Noticia. El Evangelio no es nunca del todo nuestro hasta que lo hemos compartido con otros.

(vi) Nos habla de cómo, cuando por fin llegaron a Jerusalén, encontraron a otros que habían tenido una experiencia parecida. La gloria de los cristianos es que viven en una compañía de gente que ha tenido la misma experiencia. Se ha dicho que la verdadera amistad empieza cuando las personas comparten un recuerdo común, y se pueden decir: «¿Te acuerdas?» Cada uno de nosotros los cristianos formamos parte de una comunidad de personas que comparten una experiencia y un recuerdo común de su Señor.

(vii) Nos dice que Jesús se le apareci o a Pedro. Esa seguirá siendo una de las grandes historias jamás contadas; pero es maravilloso el que Jesús dedicara una de sus primeras apariciones precisamente al hombre que le había negado. Es la gloria de Jesús que Él puede devolverle la dignidad a un pecador arrepentido.

EN EL APOSENTO ALTO

Lucas 24:36-49

No habían acabado de contar su historia cuando Jesús se puso en medio de todos ellos y los saludó:

-¡La paz sea con vosotros!

Todos se llenaron de miedo y de espanto, porque pensaban que estaban viendo un fantasma.

-¿De qué os asustáis y por qué se os ocurren esas cosas? ¡Miradme las manos y los pies! ¡Mirad! ¡Soy Yo! ¡Tocadme y miradme! Un fantasma no es una persona de carne y hueso como, veis que soy Yo.

Cuando les dijo eso, les enseñ o las manos y los pies. Y, como todavía ellos creían que aquello era demasiado bueno para ser verdad, y estaban como alucinados, les dijo:

-¿Tenéis algo de comida?

Entonces le dieron un trozo de pescado asado; y lo cogi o y se lo comi o delante de ellos. Y les dijo:

-Cuando estaba con vosotros ya os decía Yo que era menester que se cumpliera todo lo que se había dicho de Mí en la Ley de Moisés, y en los Profetas, y en los Salmos. .

A continuación les ayud o a entender las Escrituras, y les dijo:

-Ya veis que estaba escrito que el Mesías había de padecer, y que resucitaría al tercer día, y que se proclamaría en. su Nombre el arrepentimiento que conduce al perdón de los pecados en todas las naciones, empezando por Jerusalén. Y vosotros sois los que tenéis que decirle todo esto al mundo entero. Fijaos bien: Yo os enviaré al Que el Padre os ha prometido; pero esperad en Jerusalén hasta que seáis revestidos de un poder de lo Alto.

Aquí leemos cómo vino Jesús a los suyos que estaban en el aposento alto. En este pasaje resuenan algunas de las notas características de la fe cristiana. Escuchémoslas.

(i) Se hace hincapié en la realidad de la Resurrección. El Señor Resucitado no era un fantasma o una alucinación: era realmente Él. El Jesús que muri o era el mismo Cristo que resucitó. El Evangelio no está basado en sueños de mentalidades fantasiosas o en visiones calenturientas, sino en uno que en realidad se enfrent o y luch o con la muerte, y la venció, y resucitó.

(ii) Se hace hincapié en la necesidad de la Cruz. Era a la Cruz a lo que apuntaban todas las Escrituras. La Cruz no fue una emergencia que Dios se vio obligado a aceptar porque otras medidas le habían fallado y su plan había fracasado. Era una parte esencial del plan de Dios, porque es el único lugar en todo el universo en el que podemos ver, en un instante, el amor eterno de Dios.

(iii) Se hace hincapié en la urgencia de la misión. Tiene que llegar a todos los hombres la llamada al arrepentimiento y la oferta del perdón. La Iglesia no se podía quedar indefinidamente en el aposento alto; tenía que ir a todo el mundo. Después del aposento alto vino la misión universal de la Iglesia. Habían pasado los días de aflicción, y había que llevar la Nueva de gran gozo a todos los hombres.

(iv) Se hace hincapié en el secreto del poder. Tenían que esperar en Jerusalén hasta que viniera sobre ellos el poder de lo Alto. Hay ocasiones en las que los cristianos parece que están perdiendo el tiempo, esperando pasivamente. Pero la acción sin preparación, a menudo falla. Hay un tiempo para esperar en Dios, y un tiempo para trabajar para Dios.

Hasta en medio de tareas apremiantes y problemas agobiantes es menester buscar un tiempo para esperar en Dios. No es un tiempo perdido, porque cuando nos apartamos un momento de las tareas y preocupaciones recibimos de lo Alto las fuerzas para cumplirlas y asumirlas.

EL FINAL FELIZ

Lucas 24:50-53

Jesús sac o a los suyos hasta Betania; y allí, levant o los brazos y los bendijo. Así como estaba, bendiciéndolos, empez o a separarse de ellos, hasta que fue elevado al Cielo, mientras ellos le adoraban.

Después se volvieron a Jerusalén rebosando de alegría, y allí pasaban todo el tiempo en el templo, alabando a Dios.

La Ascensión del Señor es algo que rebasa nuestra comprensión, porque es algo que no se puede expresar con palabras. Pero es algo que era esencial que sucediera. Sería inconcebible que las apariciones de Jesús fueran desapareciendo paulatinamente hasta dejar de producirse totalmente. Eso sí que habría hecho naufragar la fe de la humanidad. Tenía que llegar el día que marcara la separación entre el ministerio terrenal de Jesús de Nazaret y el ministerio celestial de Cristo. Pero para los discípulos, la Ascensión quería decir tres cosas:

(i) Era un final. Hasta ese momento su fe había estado puesta en una persona de carne y hueso, y había dependido de su presencia física. Desde este momento estarían en relación con Alguien que era independiente del espacio y del tiempo ya para siempre.

(ii) Pero también era un principio. Los discípulos no abandonaron la escena apesadumbrados, sino rebosando de alegría, porque ahora sabían que tenían un Maestro de quien nada ni nadie los podría separar ya. Don Carlos Araujo contrastaba el gozo de los apóstoles después de la Ascensión con la impresión contraria de desamparo y tristeza de la famosa poesía de Fray Luis de León a la Ascensión:

¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto, y Tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro?

¡Cuán pobres, .y, cuán ciegos ¡ay! nos dejas!

«Estoy seguro -decía Pablo- de que nada, ni en la vida ni en la muerte, nos puede separar del amor de Dios que se ha hecho realidad en Cristo Jesús” (Rom_8:38-39 ).

(iii) Más aún: la Ascensión les dio a los discípulos la seguridad de que tenían un amigo en el Cielo, y no sólo en la Tierra. Gabriel Mir o hace decir a la Samaritana en sus Figuras de la Pasión del Señor: “¡Rábbi, Rábbi! ¡Por qué has resucitado para subirte al cielo…!» Pero no hay duda de que es maravilloso saber que en el Cielo nos espera el mismísimo Jesús que vivi o y actu o tan maravillosamente en la Tierra, y que sufri o una muerte horrible para que nosotros pudiéramos estar con Él para siempre en su Reino. Morir no es ya perdernos en la oscuridad, sino entrar en terreno conquistado por el Vencedor de la muerte, para estar ya siempre con Él.

Los Apóstoles volvieron a Jerusalén rebosando de gozo, y estaban en el Templo alabando a Dios. No es casualidad que el Evangelio según san Lucas acabe donde había empezado: en la Casa de Dios.

Lucas 24:1-53

24.1 Las mujeres trajeron ungüentos a la tumba, de la misma manera que acostumbramos llevar flores en muestra de amor y respeto. Las mujeres fueron a sus casas y guardaron el día de reposo como ordenaba la Ley, desde el atardecer del viernes hasta el atardecer del sábado, antes de volver a la tumba para llevar juntas sus especias y perfumes.

24.1-9 Los dos ángeles (en apariencia de “dos varones con vestiduras resplandecientes”) preguntaron a las mujeres por qué buscaban en la tumba al que vive. A menudo vemos personas que buscan a Dios entre los muertos. Estudian la Biblia como si fuera un simple documento histórico y van a la iglesia como si asistieran a un servicio fúnebre. Pero Jesús no está entre los muertos, ¡El vive! Reina en los corazones de los cristianos y es la cabeza de su Iglesia. ¿Busca a Jesús entre los que viven? ¿Considera que está activo en el mundo y en la Iglesia? Examine las pruebas de su poder, abundan a su alrededor.

24.4 Inferimos por la información que nos dan los Evangelios de Mateo y Juan, que estos varones con vestiduras resplandecientes eran ángeles. Cuando los ángeles aparecen a la gente toman semejanza de hombres.

24.6, 7 Los ángeles recordaron a las mujeres que Jesús anunci o con detalles todas las cosas que le sucederían (9.22, 44; 18.31-33).

24.6, 7 La resurrección de Jesús de la muerte es el hecho central de la historia cristiana. Sobre ella, la Iglesia está construida; sin ella, no existiría hoy la Iglesia cristiana. La resurrección de Jesús es única. Otras religiones tienen sistemas éticos sólidos, conceptos acerca del paraíso y escrituras sagradas. Solo los cristianos tienen un Dios que se hizo hombre, literalmente muri o por su pueblo y resucit o en poder y gloria para gobernar a su Iglesia para siempre.

¿Por qué la resurrección es tan importante? (1) Como Cristo resucit o de la muerte sabemos que el reino de los cielos irrumpi o en la historia. Nuestro mundo ahora se dirige a la redención, no a la perdición. El poder de Dios está empeñado en destruir el pecado, al crear vidas nuevas y preparadas para la Segunda Venida de Jesús. (2) Gracias a la resurrección sabemos que la muerte se ha conquistado y que nosotros también resucitaremos para vivir por siempre con Cristo. (3) La resurrección da autoridad al testimonio de la Iglesia en el mundo. Mire la predicación de los primeros evangelistas en Hechos: ¡El mensaje más importante de los apóstoles fue la proclamación de que Jesucristo resucit o de la muerte! (4) La resurrección da sentido a la fiesta cotidiana de la Iglesia, la cena del Señor. Como los discípulos en el camino a Emaús, partimos el pan con nuestro Señor resucitado que viene en poder para salvarnos. (5) La resurrección nos ayuda a encontrar significado aun en medio de la más grande tragedia. No importa qué llegue a sucedernos, a medida que caminamos con el Señor, la resurrección nos da esperanza para el futuro. (6) La resurrección nos asegura que Cristo vive y gobierna su Reino. El no es una leyenda, realmente vive. (7) El poder de Dios que hizo que Jesús resucitara está a nuestra disposición, al grado que podemos vivir para El en un mundo malo.

Los cristianos pueden verse unos a otros en forma diferente: defender una gran variedad de creencias en relación con la política, estilo de vida e incluso teología. Pero hay una creencia central que une e inspira a todos los verdaderos cristianos: ¡Jesucristo resucit o de la muerte! (Si desea más información referente a la importancia de la resurrección, véase 1Co_15:12-58.)

24.11, 12 Las personas que oyen acerca de la resurrección por primera vez quizás necesiten tiempo antes de entender del todo esta historia maravillosa. Como los discípulos, pueden atravesar cuatro etapas diferentes de creencia: (1) Pensar que es una historia de hadas, imposible de creer. (2) Como Pedro, analizar los hechos, pero sin llegar a convencerse del todo. (3) Solo cuando tengan un encuentro personal con Cristo aceptarán el hecho de la resurrección. (4) Luego, a medida que se entreguen a El y le dediquen sus vidas sirviéndole, empezarán a comprender por completo la realidad de su presencia.

24.12 Por Joh_20:3-4 concluimos que Juan también corri o a la tumba con Pedro. Es casi seguro que “el otro discípulo” fue Juan, el autor del cuarto Evangelio.

24.13ss Los dos discípulos que venían de Emaús erraron en su comprensión de la más grande historia porque se preocupaban demasiado de sus desalientos y problemas. Por eso no se dieron cuenta que la persona que iba con ellos era Jesús. Para colmo, iban en la dirección equivocada, lejos del compañerismo de los creyentes en Jerusalén. Nosotros también estamos a punto de perder a Jesús y propensos a alejarnos de la fortaleza que se halla en otros creyentes, cuando nos preocupan nuestras esperanzas y planes frustrados. Solo cuando reconocemos a Jesús en medio de otros, será posible experimentar el poder y la ayuda que El puede darnos.

24.18 La noticia de la crucifixión de Jesús se esparci o por toda Jerusalén ya que era la semana de Pascua y peregrinos judíos visitaban la ciudad provenientes de todo el Imperio Romano, así se enteraron de su muerte. Este no era un acontecimiento de poca importancia, que afectara solo a los discípulos, toda la nación estaba interesada.

24.21 Los discípulos de Emaús esperaban que Jesús libraría a Israel de sus enemigos. Muchos judíos creían que las profecías del Antiguo Testamento señalaban a un Mesías político o militar; no se dieron cuenta que el Mesías vino para rescatar a la gente de la esclavitud del pecado. Cuando Jesús murió, por lo tanto, perdieron toda ilusión. No entendieron que la muerte de Jesús ofrecía la más grande esperanza.

24.24 Estos hombres sabían que la tumba estaba vacía, pero seguían sin advertir la resurrección de Jesús porque estaban muy tristes. A pesar de las evidencias, del testimonio de las mujeres y de las profecías bíblicas que se ocupaban de este hecho, no creían. Hoy la resurrección sigue sorprendiendo a muchas personas. A pesar de dos mil años de evidencia y testimonio, mucha gente aún se resiste a creer. ¿Qué más hacía falta? Para estos discípulos fue necesario que el Cristo viviente se pusiera en medio de ellos. Para muchas personas hoy se requiere la presencia viva de los cristianos.

24.25 ¿Por qué llam o Jesús insensatos a estos hombres? A pesar de que conocían muy bien las profecías bíblicas, fallaron en entender que el Cristo sufriente era la senda a la gloria. No podían entender por qué Dios no intervino para salvar a Jesús de la cruz. Estaban tan atados a la idea de la admiración de un mundo de poder político y militar, que no estaban preparados para los valores antagónicos del Reino de Dios, donde el último será primero y donde la vida emana de la muerte. El mundo no ha cambiado sus valores: el concepto de un siervo sufriente es tan impopular hoy como lo fue hace dos mil años. Pero no tenemos solamente el testimonio del Antiguo Testamento que los profetas dieron, tenemos además el de los apóstoles en el Nuevo Testamento y el de la historia de la Iglesia cristiana que señalan la victoria de Cristo sobre la muerte. ¿Podemos pasar por alto los valores de nuestra cultura y depositar nuestra fe en Jesús? ¿O seguiremos insensatos y confundidos ante sus buenas nuevas?

24.25-27 Después que los dos discípulos dijeron a Jesús que estaban tristes y confundidos, El les contest o abriendo las Escrituras y las aplic o a su ministerio. Cuando estamos confundidos con preguntas o problemas, podemos también recurrir a las Escrituras y hallar la ayuda oportuna. Si como estos dos discípulos no entendemos lo que la Biblia dice, podemos buscar a otros creyentes que la conocen y tienen sabiduría para aplicarla a nuestra situación.

24.27 Desde la simiente prometida en el Génesis (3.15), a través del siervo sufriente en Isaías (cap. 53), al que traspasaron en Zacarías (12.10) y el ángel del pacto en Malaquías (3.1), Jesús vuelve a referir a estos discípulos al Antiguo Testamento. Cristo es el hilo que atraviesa todas las Escrituras, el tema central que las enlaza. A continuación incluimos varios pasajes clave que Jesús tal vez mencion o en el camino hacia Emaús: Génesis 3; 12; Salmos 22; 69; 110; Isaías 53; Jeremías 31; Zacarías 9; 13; Malaquías 3.

24.33, 34 Pablo también menciona que Jesús apareci o a Pedro solo (1Co_15:5). Este hecho no se incluye en los Evangelios. Jesús mostr o interés personal por Pedro porque este se sinti o completamente indigno después de negar a su Señor. A pesar de que Pedro se arrepintió, Jesús se acerc o a él y lo perdonó. Muy pronto Dios lo usaría en la edificación de su Iglesia (véase la primera mitad del libro de Hechos).

24.36-43 El cuerpo de Jesús no fue una simple visión ni un fantasma. Los discípulos lo tocaron y El comió. Por otro lado, su cuerpo humano no se restaur o como el de Lázaro (Juan 11), El podía aparecer y desaparecer. Su cuerpo resucitado era mucho más real que antes, ahora era inmortal. Esta clase de cuerpo se nos dará en la resurrección de los muertos (véase 1Co_15:42-50).

24.44 Podemos suponer que pasaron muchos días entre los versículos 43 y 44, porque Jesús y sus seguidores viajaron a Galilea y regresaron antes de que El volviera al cielo (Mat_28:16; Juan 21). En su segundo libro, Hechos, Lucas deja en claro que Jesús emple o cuarenta días con sus discípulos entre su resurrección y ascensión.

24.44, 46 “La ley de Moisés, en los profetas y en los salmos” es una manera de referirse al Antiguo Testamento. En otras palabras, todo el Antiguo Testamento señala al Mesías. Por ejemplo, su papel como profeta se predice en Deu_18:15-20; sus sufrimientos se profetizaron en el Salmo 22 e Isaías 53; su resurrección en el Psa_16:9-11 e Isa_53:10-11.

24.45 Jesús abri o el entendimiento de estas personas para que comprendiesen las Escrituras. El Espíritu Santo tiene hoy esa tarea en nuestras vidas cuando estudiamos la Biblia. ¿Se ha preguntado alguna vez cómo lograr entender un pasaje difícil de la Biblia? Aparte de leer el pasaje en su contexto, consultar a otras personas y obras de referencias, ore que el Espíritu Santo le abra su entendimiento para comprender y le dé el discernimiento necesario para poner en acción la Palabra de Dios en su vida.

24.47 Lucas escribi o al mundo de habla griega. Quería que supieran que el mensaje de Cristo de amor y perdón de Dios debía difundirse por todo el mundo. No debemos pasar por alto el alcance del evangelio de Cristo. Dios quiere que todo el mundo oiga las buenas nuevas de salvación.

24.50-53 Mientras los discípulos estaban parados y mirando, Jesús empez o a ascender en el aire y pronto desapareci o en el cielo. Ver partir a Jesús debi o haber sido terrible, aunque sabían que mantendría su promesa de estar con ellos a través del Espíritu Santo. Este mismo Jesús, que vivi o con los discípulos, que muri o y resucit o de entre los muertos, nos ama y ha prometido estar con nosotros siempre. Podemos conocerle cada vez más mediante el estudio de las Escrituras, de la oración y por dejar que el Espíritu Santo nos ayude a ser como El es.

24.51 Cuando Jesús volvi o al cielo, su presencia física abandon o a los discípulos (Act_1:9), pero el Espíritu Santo lleg o muy pronto para consolarles y darles el poder que necesitaban para esparcir las buenas nuevas de salvación (Act_2:1-4). Hoy, la obra de salvación de Jesús está consumada y El está sentado a la diestra de Dios donde posee toda autoridad, en el cielo y en la tierra.

24.53 El Evangelio de Lucas describe a Jesús como el ejemplo perfecto de una vida conforme al plan de Dios: su niñez la vivi o en obediencia a sus padres y asombr o a los líderes religiosos en el templo, como adulto sirvi o a Dios y a otros a través de la predicación y la sanidad, y finalmente sufri o sin quejarse cuando lo condenaron. Este énfasis se ajustaba muy bien a la mentalidad de una audiencia griega que admiraba los altos valores relacionados con el ejemplo y el autodesarrollo, y que a menudo discutía el tema de la perfección. A los griegos, sin embargo, les era difícil entender la importancia espiritual del mundo físico. Para ellos, lo espiritual fue siempre más importante que lo físico. Para ayudarles a comprender al Dios-Hombre, que unía lo físico y lo espiritual, Lucas enfatiza que Jesús no fue un fantasma, sino realmente un ser humano que aliment o y san o gente porque le preocupaba tanto su salud física como el estado de sus almas.

Como creyentes que vivimos de acuerdo al plan de Dios, también debiéramos obedecer a nuestro Señor en cada detalle, en nuestra preocupación de restaurar el cuerpo de las personas, así como también sus almas, para que tengan la sanidad y la salvación de Dios que les está reservada. Si queremos saber cómo tener una vida perfecta, miremos a Jesús como nuestro ejemplo.

Lucas 24:13-35

La historia que estos versículos contienen ha sido referida solamente en el Evangelio de S. Lucas. De todas las once apariciones que Cristo efectu o después de su resurrección, ninguna es tan interesante como la de que trata el pasaje de que nos ocupamos.Notemos el estímulo que en estos versículos se presenta a los creyentes para que hablen entre sí acerca de Jesucristo. Se nos dice que dos discípulos iban de camino para Emmaús, y hablaban de la crucifixión de su Maestro. Y después encontramos estas palabras notables: “Y preguntándose el uno al otro, el mismo Jesús se llegó, e iba con ellos juntamente.”

La conversación sobre asuntos espirituales es un medio de gracia de la mayor importancia. Así como con el hierro se aguza el hierro, la mente de los creyentes recibe un impulso de la comunicación recíproca de sus pensamientos. Todos los que practican ese canje de ideas reciben bendiciones especiales. Las siguientes palabras de Malaquías fueron escritas para provecho de la iglesia en todos los siglos: “Entonces los que temen a Jehová hablaron cada uno a su compañero. Y Jehová escuchó, y oyó, y fue escrito libro de memoria delante de él para los que temen a Jehová, y para los que piensan en su nombre. Y serán míos, dijo Jehová de los ejércitos, en el día que yo tengo de hacer tesoro.”…. Mal_3:16-17.

¿Tenemos entrevistas con los demás cristianos para conversar sobre asuntos espirituales? Quizá leemos la Biblia, oramos en secreto y concurrimos a los actos del culto público. Todo esto es bueno, muy bueno; mas si no pasamos de ahí dejamos de hacer uso de un gran privilegio. Debemos “considerarnos los unos a los otros para provocarnos a amor y a buenas obras.” Debemos “exhortarnos” y ‘’edificarnos” mutuamente. Heb_10:24; 1 Tes.

Heb_5:11. ¿O es que no tenemos tiempo para semejantes entrevistas? Meditémoslo bien: pensemos en el tiempo que gastamos en conversaciones frívolas, ociosas, de ningún provecho: ¿O es que no hallamos nada que decir sobre asuntos espirituales, y que sentimos que somos mudos y la lengua nos pesa para hablar acerca de Jesucristo? Si así fuere, algo de malo debe existir en nuestro interior. El que tiene un corazón recto delante de Dios por lo general tendrá como expresarse. “De la abundancia del corazón habla la boca.” Mat_12:34.

Aprovechemos la lección que contiene la historia de los dos viandantes que iban a Emmaús. Hablemos acerca de Jesús cuando estemos en la casa, cuando andemos por el camino, y siempre que nos encontremos con algún discípulo con quien podamos conversar. Si creemos que estamos encaminándonos al cielo donde Cristo será el objeto principal de nuestro pensamiento, acostumbrémonos desde acá en la tierra a las prácticas del cielo.

Observemos, en segundo lugar, cuan ligero e imperfecto era el conocimiento de algunos de los discípulos de nuestro Señor. Se nos cuenta que los dos discípulos confesaron francamente que la crucifixión de Cristo había frustrado sus esperanzas. “Nosotros esperábamos,” dijeron, “que él era el que habían de redimir a Israel.” Según parece, lo que ellos esperaban era una especie de redención política de la nación judía por medio de un conquistador. La redención espiritual por medio de una muerte expiatoria era una idea que ellos no comprendían del todo.

Una ignorancia corno esta es a primera vista bien sorprendente en verdad. No es extraño que nuestro Señor pronunciara las siguientes palabras de reconvención: “¡O insensatos y tardos de corazón para creer!” Y sin embargo, esa misma ignorancia nos enseña una lección útil, pues nos demuestra que tenemos muy poca razón para admirarnos de la oscuridad espiritual que ofusca la mente de los cristianos indiferentes. Millares y millares de los que nos rodean están tan en completa ignorancia respecto del significado de la pasión de Cristo como los viandantes que iban a Emmaús.

Alabado sea Dios por que bajo mucha ignorancia puede ocultarse la gracia divina. Es sin duda muy útil poseer conocimientos claros y exactos, pero no es indispensable para la salvación; y muchos poseen conocimientos sin poseer la gracia divina. Sentir una convicción profunda del pecado, someterse humilde y voluntariamente al plan divino de salvación, estar dispuesto a abandonar toda preocupación que choque con ese plan—he aquí lo que principalmente se debe hacer. Los discípulos practicaron eso, y por lo tanto nuestro Señor sigui o con ellos y los gui o al conocimiento de la verdad.

Observemos, en tercer lugar, al leer estos versículos, cuan llena está el Antiguo Testamento de alusiones a Cristo. Se nos dice quo nuestro Señor, “comenzando desde Moisés y de todos los profetas, les declaraba en todas las Escrituras las cosas tocantes a él.”

¿Cómo habremos de explicar estas palabras? ¿De qué modo declar o nuestro Señor las cosas que, acerca de él, contiene el Antiguo Testamento? La contestación es corta y sencilla. Cristo fue la realidad que simbolizaban todos los sacrificios establecidos por la ley de Moisés ; Cristo fue el verdadero Libertador y el verdadero Rey que los jueces y libertadores de Israel no hicieron más que prefigurar ; Cristo fue aquel Profeta más “grande que Moisés, aquel Profeta de que trataban tanto las páginas de las antiguas profecías; Cristo era la verdadera simiente de la mujer que habían de quebrantar la cabeza de la serpiente, la verdadera simiente en la cual habían de ser benditas todas las naciones, el verdadero Siloh ante el cual se congregarían los pueblos, el verdadero Azazel, la verdadera serpiente de bronce, el verdadero Cordero del cual habían sido emblemas todas las ofrendas diarias, el verdadero Sumo Sacerdote representado por todos los descendientes de Aarón. Estas y otras cosas análogas fueron sin duda las que explic o nuestro Señor en el camino de Emmaús.

No olvidemos, al leer la Biblia, que Cristo es la figura céntrica de todo el libro. En tanto que lo tengamos ante los ojos no hay riesgo de que nos extraviemos en la adquisición de conocimientos espirituales. Más si lo perdemos de vista, la Biblia nos parecerá oscura y difícil de comprender. La clave de la Biblia es Jesucristo.

Observemos, por último, cuánto agrada a Cristo que sus discípulos le dirijan súplicas. Se nos dice que, cuando los discípulos se acercaban a Emmaús, nuestro Señor hizo como que iba más lejos El deseaba ver si estaban cansados de su conversación. Pero no lo estaban, pues lo detuvieron por fuerza, diciendo: “Quédate con nosotros, porque se hace tarde, y está ya declinando el día. Y entr o para quedarse con ellos.”

Sucesos como este no son raros en las páginas de la Sagrada Escritura. Nuestro Señor tiene a veces a bien poner a prueba nuestro amor, y con este fin reserva sus mercedes hasta tanto que se las pidamos. No es con frecuencia que nos concede dones sin que los hayamos pedido o solicitado. El se complaci o en hacer que expresemos nuestros deseos y que pongamos en ejercicio nuestras facultades espirituales, y por lo tanto aguarda hasta que le dirijamos nuestras plegarias. Así lo hizo en Panuel con Jacob. “Déjame,” le dijo, “que el alba sube.” Entonces Jacob le dijo en respuesta estas palabras bien dignas de encomio: “No te dejaré ir, si no me bendices.” La historia de la madre Cananea, la de los dos ciegos de Jericó, la del príncipe de Cafarnaum, y la parábola del juez injusto y del amigo a medía noche enseñan otro tanto.

Con esta inteligencia procedamos en nuestros ruegos, si es que acostumbramos orar. Supliquemos mucho y con frecuencia, no sea que dejemos de obtener la bendición del cielo por falta de pedir. No seamos como aquel rey judío que hiri o la tierra tres veces y luego cesó. 2Ki_13:18. Bien al contrario, recordemos aquellas palabras del Salmista: “Ensancha tu boca, y henchirla he.” Psa_81:10.

Lucas 24:36-43

Observemos en este pasaje las palabras de extraordinaria, bondad con que nuestro Señor se present o ante sus discípulos después de la resurrección. Se nos dice que de súbito se puso en medio de ellos y les dijo: “Paz a vosotros.”

Estas palabras son sorprendentes si se considera a quiénes fueron dirigidas. Fueron dirigidas a once discípulos que tres días antes habían abandonado a su Maestro y huido; que habían violado sus promesas; que habían olvidado los votos que habían hecho de morir por la fe; que se habían ido a sus respectivos hogares, y habían dejado que su Maestro muriese solo. Uno de ellos hasta lo había negado tres veces: todos ellos se habían portado como desleales y cobardes. Y sin embargo, ved lo que el Señor hace en vista de semejante conducta. No les dirige ni una palabra de reconvención: ni una sola expresión de desagrado se desprende de sus divinos labios. Con calma y con serenidad se presenta en medio de ellos, y empieza por hablarles de paz. “¡Paz a vosotros!”En estas palabras conmovedoras se deja ver una prueba más de que el amor de Cristo sobrepuja todo entendimiento. él se complace en perdonar al que le ofende. él “se deleita en la misericordia.” Está más pronto a conceder el perdón que el hombre a recibirlo. Aunque nuestros pecados sean como la grana, está siempre dispuesto a emblanquecerlos como la nieve, a borrarlos, a cargarlos sobre sus hombros, a sepultarlos en las profundidades del mar, a olvidarlos para siempre. Todas estas son frases bíblicas que enseñan la misma verdad. El hombre en su estado natural rehúsa entenderlas. Ni debe esto sorprendernos. Un perdón gratuito, completo e inmerecido no concuerda con el carácter del hombre, pero sí con la naturaleza de Jesucristo.

¿Quién es el pecador, que por grandes que sean sus pecados, deba temer allegarse a semejante Salvador? Jesucristo posee misericordia en abundancia. ¿Quién es el reincidente, que, por mucho que se haya apartado del buen camino, deba temer volver sobre sus pasos? “En Cristo no hay enojo.” Isa_27:4. El tiene voluntad de recobrar y atraer hacia sí aun a los más malos. ¿Quién es el santo que no ha de amar a semejante Salvador, y tributarle santa obediencia? Hay perdón acerca de él; para que sea temido. Psa_130:4. ¿Qué cristiano no ha de perdonar a sus hermanos? Los discípulos de un Salvador cuyas palabras expresaban tanta paz deben ser pacíficos, suaves, blandos de corazón. Col_3:13.

Observemos, además, hasta qué punto cedi o nuestro Señor a la falta de valor y de fe de sus discípulos. Refiéresenos que como sus discípulos se espantasen de verlo y no creyesen que era él, les dijo: “Mirad mis manos y mis pies que yo mismo soy. Palpad y ved.”

Nuestro Señor pudo con justicia haber mandado a sus discípulos que creyesen en él. Pudo haberles preguntado: “¿Qué ha venido a ser de vuestra fe? ¿Por qué no creéis en mi resurrección, siendo así que me estáis viendo con vuestros propios ojos?” Mas no lo hizo así. Su condescendencia fue todavía mayor: apel o a los sentidos corporales de los once, y les mando que lo tocasen con sus propias manos, y que se satisficiesen que él era algo tangible y no un espíritu o un fantasma.

Esta circunstancia entraña un gran principio que haremos bien en atesorar en nuestro corazón. Nuestro Señor quiere que empleemos los sentidos en materias religiosas para juzgar de la certeza de un hecho o la verdad de un aserto. Es cierto que el Cristianismo encierra verdades que están fuera del alcance de la razón humana. Pero en cuanto a lo que es opuesto a la razón, o contrario a los sentidos, nuestro Señor enseñ o que no debemos creerlo. Una doctrina que contradiga los sentidos no dimana de Aquel que mand o a los once que le tocasen las manos y los pies.

Recordemos este principio cuando tratemos de la doctrina romanista del cambio del pan y del vino en la Cena del Señor. Tal cambio no tiene lugar. Nuestros propios ojos y nuestro propio paladar nos dicen que el pan es pan y el vino, vino, después de la consagración lo mismo que antes. La doctrina de la transubstanciación es falsa y contraria a la Escritura.

Recordemos también este principio cuando tratemos de la doctrina romanista de la regeneración del bautismo. No hay relación íntima entre el bautismo y la regeneración del hombre. Nuestros propios ojos y nuestros propios sentidos nos están diciendo que hay millares de bautizados que no tienen el Espíritu de Dios, que carecen de la gracia divina y que son siervos del demonio y del mundo. Nuestro Señor no nos exige que creamos lo que es contrario a nuestros sentidos. Por lo tanto, la doctrina de que la regeneración sigue invariablemente al bautismo, no merece crédito. La conducta del Señor con sus discípulos nos enseña, por otra parte, una lección de aplicación práctica. Esa lección es que debemos tratar con suavidad a los discípulos débiles, y que los instruyamos en proporción a lo que puedan comprender. a semejanza de nuestro Señor, debemos ser pacientes y longánimes. No debemos dejar de enseñar a persona alguna, porque no lo comprenda todo de una vez. Ni hemos de desdeñar medios que parezcan pequeños y pueriles, si con ellos podemos persuadir a los hombres a que adopten la verdadera fe. Acaso para ello se necesite de mucha paciencia. Pero el que no puede tratar así a los de tierna edad, a los ignorantes, a los personas iliteratas, no posee el espiritu de Cristo. Bueno sería que los creyentes recordasen con más frecuencia las siguientes palabras de S. Pablo: “Me he hecho para los flacos como flaco, por ganar a los flacos.” 1Co_9:22.

Lucas 24:44-49

Advirtamos, primeramente, qué don otorgó nuestro Señor a sus discípulos inmediatamente antes de su partida de este mundo. Se nos dice que “les abrió el entendimiento para que entendiesen las Escrituras.”

No vayamos a dar una inteligencia errada a estas palabras. No es de suponerse que hasta entonces los discípulos no sabían nada del Antiguo Testamento, y que la Biblia es un libro que una persona de capacidad ordinaria no alcance a comprender. Lo que se nos da a entender es que Jesús reveló a sus discípulos el completo significado de pasajes que hasta entonces habían sido confusos para ellos. Sobre todo, les comunicó cuál era la verdadera interpretación de muchos pasajes profetices que se refieren al Mesías.

Todos tenemos necesidad de que se nos ilumine de igual manera. “Mas el hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque le son insensatez; ni las puede conocer, porque son espiritualmente examinadas.” 1Co_2:14. El orgullo, la preocupación y el amor del mundo entenebrecen nuestro entendimiento, y arrojan un velo sobre muchas páginas de la Sagrada Escritura. No es sino cuando recibimos auxilio de lo alto que podemos entender con perfección.

El que desee leer la Biblia con provecho, debe, ante todo, suplicarle al Señor que le ilumine el entendimiento por medio del Espíritu Santo. Los comentarios de origen humano son útiles hasta cierto punto. Las explicaciones de hombres piadosos y eruditos no deben recibirse con desprecio. Pero no hay comentario que pueda compararse con lo que Cristo mismo enseña. Los de corazón humilde y los que hacen oraciones fervientes, perciben muchas cosas en la Biblia, que los orgullosos y jactanciosos no alcanzan a discernir.

Notemos, en segundo lugar, de qué manera tan notable aludió nuestro Señor a su propia muerte. No dijo que hubiese sido una desgracia, o un acontecimiento que debiera deplorarse, sino una necesidad. He aquí sus palabras: “Así fue menester que el Cristo padeciese y resucitase de los muertos al tercer día.”

La muerte de Cristo era necesaria para que obtuviéramos la salvación. Su carne y su sangre ofrecidas en la cruz como sacrificio frieron la vida del mundo. Joh_6:51. Según lo que nos es dado a nosotros penetrar, sin esa muerte la ley de Dios habría quedado sin cumplirse, el pecado no habría sido perdonado, el hombre no habría sido nunca justificado ante Dios, y Dios no habría ejercido misericordia con el hombre. La crucifixión resolvió un problema complicadísimo, desató un nudo muy enmarañado. Fue por ella que Dios se hizo al mismo tiempo “justo y justificador de los pecadores.” Es por ella que el hombre puede allegarse a Dios sin temor, abrigando la esperanza de que aunque es culpable no será desechado. Jesucristo, habiendo sufrido como Sustituto nuestro, el Justo por los injustos, ha abierto el camino que conduce al trono del Eterno. Aunque tenemos que reconocer que, como criaturas caídas, somos culpables y merecedores de la muerte eterna, sin embargo, podemos osadamente decir que Jesús murió por nosotros, y que por amor suyo, pedimos se nos conceda vida y absolución.

Gloriémonos siempre en la cruz de Cristo. Considerémosla como la fuente de todas nuestras esperanzas y la base de nuestra paz. Los ignorantes y los incrédulos tal vez no alcanzan a percibir en los sufrimientos de Calvario otra cosa que el cruel martirio de un inocente. La fe penetra más allá, y percibe que con la muerte de Jesús se pagó a Dios una enorme deuda y se obtuvo completa salvación para los que creen.

Observemos, en tercer lugar, cuáles fueron las grandes verdades que Jesús mandó a sus discípulos que predicasen después que él partiera de este mundo. Dijo que “el arrepentimiento y la remisión de los pecados habían de ser anunciados en su nombre a todas las naciones.”

Es, pues, al arrepentimiento y a la remisión de los pecados que se debe primeramente llamar la atención de todos los hombres que habiten sobre la faz de la tierra. A todos se les debe decir que el arrepentimiento es indispensable: todos son por naturaleza extremadamente malos, y sin el arrepentimiento y la conversión no pueden entrar en el reino de Dios. a todos se les debe recordar, con no menos empeño, que el arrepentimiento y la remisión de los pecados están ligados de una manera inseparable. No porque el arrepentimiento pueda hacernos dignos del perdón: pues este es un don gratuito que Dios otorga a todo el que cree en Jesucristo; sino porque el que permanece impenitente no puede ser perdonado.

Es menester que el que desee ser verdadero cristiano sepa por experiencia propia lo que es el arrepentimiento y la remisión le los pecados. Estas son las dos doctrinas cardinales de la religión que salva. Pertenecer a una iglesia, oír predicar el Evangelio, y participar de los sacramentos son sin duda grandes privilegios mas ¿nos hemos convertido? ¿Hemos sido justificados? Si no podemos contestar afirmativamente, somos réprobos ante Dios. Dichoso el cristiano que jamás pierde de vista estas dos doctrinas. Aquel hombre es más recto y piadoso que tiene una convicción muy íntima de culpabilidad y de haber sido aceptado por medio de Jesucristo.

Notemos, en cuarto lugar, cual era el lugar en que los discípulos habían de empezar a predicar. Habían de empezar en Jerusalén.

Este es un hecho instructivo y bien digno de atención. Por él se deja ver que a ningún se le niega la salvación, por malvado que sea; y que no hay enfermedad de gravedad tan grande que no pueda ser curada por medio del Evangelio. Jerusalén era la ciudad más impía del mundo cuando nuestro Señor ascendió a los cielos. Esa ciudad había apedreado a los profetas y dado muerte a los que Dios había enviado para que la llamaran al arrepentimiento; esa ciudad estaba llena de orgullo, incredulidad, hipocresía y obstinación; esa ciudad acababa de coronar la serie de sus crímenes crucificando al Señor de la gloria. ¡Y sin embargo, Jerusalén era el lugar en que primero se habían de proclamar el arrepentimiento y el perdón! El precepto de Cristo fue perentorio: “Comenzad en Jerusalén.”

Estas admirables palabras revelan cuan profunda y cuan extensa es la compasión del Salvador. No hay que perder las esperanzas de la salvación de persona alguna, por corrompida que sea. Señalemos la puerta del arrepentimiento aun a los más grandes pecadores. Exhortemos aun a los hombres más impíos a que se arrepientan y crean para que reciban la vida eterna.

Observemos, por último, cuáles son las funciones peculiares que se han mandado a los creyentes y especialmente a los ministros, desempeñar en este mundo. Nuestro Señor las definió en pocas y expresivas palabras. El dijo: “Vosotros sois testigos.”

Si somos verdaderos discípulos de Jesucristo, es preciso que demos un testimonio constante en presencia de un mundo malvado, es preciso que atestigüemos la verdad del Evangelio, la misericordia de nuestro Maestro, la felicidad de que gozan los que se consagran a su servicio, la excelencia de las reglas que ha prescrito para nuestra guía; y también la maldad de lo que el mundo enseña. Ese testimonio nos acarreará tal vez el disgusto de los hombres. El mundo nos aborrecerá como aborreció a nuestro Maestro, porque “damos testimonio de él, que sus obras son malas.” Acaso suceda que pocos sean los que crean ese testimonio, y que a muchos les parezca insultante en extremo; mas, en nuestra calidad do testigos, tenemos que darlo, ya sea que nos crean o no.

¿Cuál es nuestra conducta sobre este particular? ¿Qué especie de testimonio es el que damos? ¿Qué pruebas presentamos de que somos discípulos del Redentor que fue crucificado, y que como él, no “somos del mundo?” Joh_18:7. ¿Qué indicaciones damos de que pertenecemos a Aquel que dijo: “Yo he venido al inunde para dar testimonio a la verdad?” Joh_18:37. Feliz el que pueda contestar estas preguntas satisfactoriamente.

Lucas 24:50-53

Con estos versículos termina la historia que escribió S. Lucas de la vida de nuestro Señor. La conclusión es en armonía con un Evangelio, que por los pasajes conmovedores que contiene y por la manera con que pone en relieve la gracia de Cristo, ocupa el primer lugar entre los cuatro libros que contienen los dichos y hechos de Jesús.

Notemos, en primer lugar, de que modo tan significativo se separó nuestro Señor de sus discípulos. Se nos dice: “Alzando sus manos los bendijo. Y aconteció, que bendiciéndoles, se fue de ellos, y era llevado arriba al cielo.” En una palabra, se separó de ellos en el acto de bendecidlos.

Esta circunstancia sirvió, sin duda, para traer a la memoria de los discípulos cuál era la misión que Jesús habían venido a desempeñar en este mundo, y que haría por los creyentes después que ascendiese a lo alto. El había venido al mundo para bendecir y no para maldecir, y bendiciendo se fue del mundo. Había venido lleno de amor, no de enojo, y lleno de amor dej o la tierra. Había descendido, no como el juez que condena, sino como un Amigo tierno y compasivo, y como Amigo de la humanidad regresó al trono del Padre. Había sido para su pequeño rebaño, en tanto que con él moraba, un Salvador clemente y benigno; y después de su separación continuaría siendo el mismo Salvador.

Confiemos en todo tiempo en el corazón de Jesús si es que profesamos la verdadera religión. No hay corazón más .tierno, más amoroso, más paciente, más compasivo, más misericordioso. Decir que la Virgen María es más compasiva que Cristo es una prueba de crasa ignorancia. Acudir a los santos para obtener consuelo, cuando no hay nada que nos impida acudir a Cristo, es cometer una insensatez y un sacrilegio, y conceder a otros la gloria que solo el Redentor merece.

Notemos, en seguida, a qué lugar se fue nuestro Señor cuando partió de este mundo. Se nos refiere que fue “llevado al cielo.”

A nosotros no nos es dado comprender de un todo el significado de esas palabras. Acerca del lugar en que se encuentra el cuerpo glorificado de Cristo fácil seria hacer preguntas que el teólogo más erudito no podría contestar. Mas ¿A qué fin gastar el tiempo en cuestiones poco edificantes, o “meternos en cosas que nunca vimos”? Col_2:18. Bástenos saber que nuestro Señor Jesucristo ha ido al trono de Dios en nombre de todos los que creen en él, en calidad de Precursor y de Sumo Sacerdote.

Como Precursor, Jesús ha ascendido al cielo a preparar moradas para todos sus discípulos. La verdadera Cabeza de la iglesia ha tomado posesión de una herencia gloriosa en nombre de su cuerpo místico (los creyentes) y la conserva hasta el día en que ese cuerpo llegue a la perfección. Como Sumo Sacerdote, Jesús ha ascendido al cielo para interceder por todos los que crean en él. Allí, en el santo de los santos, presenta los méritos de su sacrificio, y obtiene diariamente gracia y misericordia a favor de los creyentes. El gran secreto de la perseverancia de estos es la convicción que tienen de que Cristo medía por ellos en el cielo. Tienen un Abogado ante el Padre, y por lo tanto jamás se desalientan. Heb_9:24; 1Jo_2:1.

Notemos, por último, en este pasaje, qué sentimientos experimentaron los discípulos de nuestro Señor cuando él se separó de ellos y fue llevado al cielo. Se nos dice que volvieron a Jerusalén con gran gozo, y estaban siempre en el templo, alabando y bendiciendo a Dios.

¿A qué pueden atribuirse estos sentimientos de júbilo? ¿A qué puede atribuirse el hecho singular de que estos discípulos débiles como eran y dejados como hablan sido en medio de un mundo que los aborrecía, no desmayaron sino que estaban llenos de júbilo ? La contestación es corta y sencilla: esos discípulos se regocijaron porque entonces fue que, por primera vez, entendieron con claridad todo lo concerniente a su Maestro. El velo que les cubría los ojos fue levantado: disipadas fueron las tinieblas: el significado de la humillación de Cristo; el de su agonía, de su pasión y muerte; el significado del hecho de que fuera Mesías y sin embargo se ofreciera, de que fuera el Hijo de Dios y sin embargo fuera crucificado—todo, todo les fue descubierto y explicado. Todo lo vieron, todo lo entendieron; ya no tenían dudas ni encontraban piedras de tropiezo. Al fin vinieron a poseer claros conocimientos, y por eso sentían gran gozo.

A menudo acontece que los creyentes sienten poco júbilo solo por falta de conocimientos. Sin duda que una fe débil y una conducta desarreglada tienden a turbar la paz del espíritu; mas es de sospecharse que la inquietud de muchos creyentes proviene que las nociones que tienen del Evangelio son muy confusas.

Al terminar el examen del Evangelio de S. Lucas hagamos firme resolución de procurar aumentar cada año los conocimientos que poseamos en asuntos espirituales. Escudriñemos las Escrituras más a fondo, y pidamos a Dios con más fervor que bendiga el estudio que de ellas hagamos. Muchos creyentes hay que solo hacen una lectura superficial de la Biblia y jamás penetran hasta las profundidades en que se encuentran ocultos sus tesoros. Instruyámonos más en la Palabra. Leamos la Biblia con mayor constancia. Si así lo hiciéremos es seguro que experimentaremos más gozo y paz con motivo de nuestra fe, y que nos sentiremos más dispuestos a bendecir y alabar a Dios continuamente.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar