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Lucas 24: Por qué buscais entre los muertos al que vive

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Aquí leemos cómo vino Jesús a los suyos que estaban en el aposento alto. En este pasaje resuenan algunas de las notas características de la fe cristiana. Escuchémoslas.

(i) Se hace hincapié en la realidad de la Resurrección. El Señor Resucitado no era un fantasma o una alucinación: era realmente Él. El Jesús que muri o era el mismo Cristo que resucitó. El Evangelio no está basado en sueños de mentalidades fantasiosas o en visiones calenturientas, sino en uno que en realidad se enfrent o y luch o con la muerte, y la venció, y resucitó.

(ii) Se hace hincapié en la necesidad de la Cruz. Era a la Cruz a lo que apuntaban todas las Escrituras. La Cruz no fue una emergencia que Dios se vio obligado a aceptar porque otras medidas le habían fallado y su plan había fracasado. Era una parte esencial del plan de Dios, porque es el único lugar en todo el universo en el que podemos ver, en un instante, el amor eterno de Dios.

(iii) Se hace hincapié en la urgencia de la misión. Tiene que llegar a todos los hombres la llamada al arrepentimiento y la oferta del perdón. La Iglesia no se podía quedar indefinidamente en el aposento alto; tenía que ir a todo el mundo. Después del aposento alto vino la misión universal de la Iglesia. Habían pasado los días de aflicción, y había que llevar la Nueva de gran gozo a todos los hombres.

(iv) Se hace hincapié en el secreto del poder. Tenían que esperar en Jerusalén hasta que viniera sobre ellos el poder de lo Alto. Hay ocasiones en las que los cristianos parece que están perdiendo el tiempo, esperando pasivamente. Pero la acción sin preparación, a menudo falla. Hay un tiempo para esperar en Dios, y un tiempo para trabajar para Dios.

Hasta en medio de tareas apremiantes y problemas agobiantes es menester buscar un tiempo para esperar en Dios. No es un tiempo perdido, porque cuando nos apartamos un momento de las tareas y preocupaciones recibimos de lo Alto las fuerzas para cumplirlas y asumirlas.

EL FINAL FELIZ

Lucas 24:50-53

Jesús sac o a los suyos hasta Betania; y allí, levant o los brazos y los bendijo. Así como estaba, bendiciéndolos, empez o a separarse de ellos, hasta que fue elevado al Cielo, mientras ellos le adoraban.

Después se volvieron a Jerusalén rebosando de alegría, y allí pasaban todo el tiempo en el templo, alabando a Dios.

La Ascensión del Señor es algo que rebasa nuestra comprensión, porque es algo que no se puede expresar con palabras. Pero es algo que era esencial que sucediera. Sería inconcebible que las apariciones de Jesús fueran desapareciendo paulatinamente hasta dejar de producirse totalmente. Eso sí que habría hecho naufragar la fe de la humanidad. Tenía que llegar el día que marcara la separación entre el ministerio terrenal de Jesús de Nazaret y el ministerio celestial de Cristo. Pero para los discípulos, la Ascensión quería decir tres cosas:

(i) Era un final. Hasta ese momento su fe había estado puesta en una persona de carne y hueso, y había dependido de su presencia física. Desde este momento estarían en relación con Alguien que era independiente del espacio y del tiempo ya para siempre.

(ii) Pero también era un principio. Los discípulos no abandonaron la escena apesadumbrados, sino rebosando de alegría, porque ahora sabían que tenían un Maestro de quien nada ni nadie los podría separar ya. Don Carlos Araujo contrastaba el gozo de los apóstoles después de la Ascensión con la impresión contraria de desamparo y tristeza de la famosa poesía de Fray Luis de León a la Ascensión:

¿Y dejas, Pastor santo, tu grey en este valle hondo, oscuro, con soledad y llanto, y Tú, rompiendo el puro aire, te vas al inmortal seguro?

¡Cuán pobres, .y, cuán ciegos ¡ay! nos dejas!

«Estoy seguro -decía Pablo- de que nada, ni en la vida ni en la muerte, nos puede separar del amor de Dios que se ha hecho realidad en Cristo Jesús” (Rom_8:38-39 ).

(iii) Más aún: la Ascensión les dio a los discípulos la seguridad de que tenían un amigo en el Cielo, y no sólo en la Tierra. Gabriel Mir o hace decir a la Samaritana en sus Figuras de la Pasión del Señor: “¡Rábbi, Rábbi! ¡Por qué has resucitado para subirte al cielo…!» Pero no hay duda de que es maravilloso saber que en el Cielo nos espera el mismísimo Jesús que vivi o y actu o tan maravillosamente en la Tierra, y que sufri o una muerte horrible para que nosotros pudiéramos estar con Él para siempre en su Reino. Morir no es ya perdernos en la oscuridad, sino entrar en terreno conquistado por el Vencedor de la muerte, para estar ya siempre con Él.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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