Hay aquí dos dichos bastante distintos.
(i) El primero contiene una advertencia, el anuncio de un juicio inevitable. La vida se dirige a alguna parte, y habrá de enfrentarse a un juicio. En cualquier esfera de la vida se llega inevitablemente al momento de rendir cuentas. No hay más remedio que reconocer el hecho de que el Cristianismo enseña que después de la vida en el mundo viene el juicio; y si tomamos este pasaje en relación con el que le precede vemos inmediatamente cuál es el criterio del juicio. El que acapara la vida para sí mismo egoístamente, el que no se interesa más que en su propia seguridad y salvación y comodidad, a los ojos del Cielo ha fracasado aunque parezca haber conseguido muchos éxitos y riquezas y prosperidad. El que se da a sí mismo a los demás y vive la vida como una generosa aventura es el que recibe la aprobación del Cielo y la recompensa de Dios.
(ii) El segundo es una promesa. Según nos transmite la frase Mateo, parece como si Jesús hablara como si esperara que Su Segunda Venida tuviera lugar durante la vida de algunos de los que Le estaban escuchando. Si fue eso lo que quiso decir, y de la manera que nosotros lo entendemos, entonces Se equivocó. Pero vemos el sentido real de lo que dijo Jesús cuando leemos cómo nos lo transmite Marcos, que nos dice: «También les dijo: –De cierto os digo que algunos de los que están aquí no gustarán la muerte hasta que hayan visto el Reino de Dios venir con poden» (Mar_9:1 ).
Jesús está hablando del poderoso obrar de Su Reino; y lo que Él dijo resultó divinamente cierto. Había algunos allí presentes que habían de ver la venida del Espíritu el día de Pentecostés. Había allí algunos que habían de ver a judíos y gentiles entrar en tromba en el Reino; habían de ver la marea del Evangelio inundar las tierras de Asia Menor y pasar a Europa hasta llegar a Roma. Durante la vida de muchos de los que oyeron hablar a Jesús, el Reino vino con poder.
De nuevo tenemos que tomar esto en estrecha relación con lo que hay antes. Jesús advirtió a Sus discípulos que tenía que ir a Jerusalén, y sufrir allí muchas cosas, y morir. Esa era la vergüenza; pero la vergüenza no sería el fin. Después de la Cruz vino la Resurrección. La Cruz no habría de ser el final; solo el principio del desatamiento de ese poder que había de inundar a todo el mundo. Esta es la promesa que Jesús les hizo a Sus discípulos: que nada que el mundo pueda hacer podrá impedir el avance del Reino de Dios.
Mareo 16:1-28
16.1 Los fariseos y saduceos eran líderes religiosos judíos de dos diferentes partidos y sus puntos de vista eran diametralmente opuestos en muchos aspectos. Los fariseos seguían con cuidado sus normas y tradiciones religiosas, creyendo que ese era el camino a Dios. También creían en la autoridad de todas las Escrituras y en la resurrección. Los saduceos sólo aceptaban los libros de Moisés como Escrituras y no creían en la vida después de la muerte. En Jesús, sin embargo, los dos grupos tenían un enemigo común y unieron fuerzas para darle muerte. Si desea mayor información ellos, véase la información en Mateo 3 y Marcos 2.
16.1 Los fariseos y saduceos demandaban señales en el cielo. Intentaban explicar los milagros de Jesús como experta manipulación, casualidad o uso de poderes malignos, pero creían que sólo Dios podría hacer señales en los cielos. Estaban seguros que esa sería una proeza que Jesús no podría realizar. A pesar de que Jesús pudo impresionarlos con facilidad, no quiso hacerlo. Sabía que ni un milagro en el cielo lograría convencerlos de que era el Mesías. Ya de antemano habían decidido no creer en El.
16.4 En respuesta a la demanda de una señal del cielo, alguna acción milagrosa que probara su autoridad divina, Jesús respondió que no le será dada, sino la señal de Jonás. En Luk_11:29-32, se dice que así como Jonás había sido señal de destrucción para la gente de Nínive si no se arrepentían, el Hijo del Hombre era señal a su generación. En Mat_12:39-40, la señal de Jonás se explica como referencia a los días y noches que Cristo pasó en la tumba. En Mar_8:11-13, Jesús se niega a dar señal alguna (no se dará señal a esta generación).
16.4 Mucha gente, como estos líderes judíos, quieren ver un milagro para creer. Pero Jesús sabía que los milagros no los convencerían. Jesús había sanado, resucitado personas y alimentado a miles, y todavía demandaban que probara su identidad. ¿Duda usted de Jesús porque no ha visto un milagro? ¿Espera que Jesús le dé pruebas de su identidad para creer en El? Jesús dice: «¡Bienaventurados los que no vieron, y creyeron!» (Joh_20:29). Tenemos registrados todos los milagros en el Antiguo y Nuevo Testamento, dos mil años de historia de la Iglesia y el testimonio de miles. Con toda esta evidencia, los que no creen son orgullosos o tercos. ¡Si usted da un simple paso de fe y cree, empezará a notar los milagros que tienen lugar en su propia vida!
16.12 La levadura se usa para hacer crecer la masa de pan. Con sólo una pequeña cantidad de la misma se leuda la totalidad de la masa. Jesús usó la levadura como ejemplo de cómo una pequeña cantidad de maldad puede afectar a una multitud. Las enseñanzas erróneas de los fariseos y saduceos desviaban a muchas personas. Tenga cuidado con decir: «¿Cómo puede esta falta insignificante afectar a alguien?»
