(ii) Jesús le prometió a Pedro además que lo que él atara, quedaría atado, y lo que él desatara, quedaría desatado. Richard Glover toma esto en el sentido de que Pedro expondría los pecados humanos, los ataría, a las conciencias de las personas, y que luego las desataría de sus pecados notificándoles el amor y el perdón de Dios. Ese es un pensamiento precioso, y sin duda cierto, porque tal es el deber de todo predicador y maestro cristiano; pero aquí hay todavía más que eso.
Desatar y atar eran palabras que se usaban corrientemente con sentido figurado entre los judíos. Se referían frecuentemente a las decisiones de los grandes maestros y de los grandes rabinos. El sentido corriente que cualquier judío reconocería era permitir y prohibir. Atar algo era declararlo prohibido; desatar era declararlo permitido. Eran expresiones corrientes en relación con la ley. Era de hecho lo único que podían querer decir en ese contexto. Así que lo que Jesús le estaba diciendo a Pedro era: «Pedro, vas a tener responsabilidades graves y pesadas sobre ti. Vas a tener que hacer decisiones que afectarán al bienestar de toda la Iglesia. Serás el guía y el director de la joven Iglesia. Y las decisiones que harás serán tan importantes que afectarán a las almas de las personas en el tiempo y en la eternidad.»
El privilegio de las llaves quería decir que Pedro sería el mayordomo de la casa de Dios, abriéndoles la puerta a las personas para que entraran en el Reino. El deber de atar y desatar quería decir que Pedro tendría que hacer decisiones sobre la vida y la práctica de la Iglesia que tendrían las consecuencias más amplias. Y por supuesto, cuando leemos los primeros capítulos de Hechos, vemos que eso fue precisamente lo que tuvo que hacer Pedro en Jerusalén.
Si parafraseamos este pasaje que ha causado tantas discusiones y controversias vemos que trata, no de formas eclesiásticas, sino de cosas que corresponden a la Salvación. Jesús le dijo a Pedro: «Pedro, tu nombre quiere decir roca, y tu destino será ser una roca. Eres la primera persona que Me ha reconocido como el Que soy, y por tanto eres la primera piedra del edificio de la comunión de los Míos. Contra esa comunión, las aguerridas fuerzas del mal no podrán prevalecer, como tampoco Me podrán mantener cautivo en el reino de la muerte. Y en días por venir serás el mayordomo que abrirá las puertas del Reino para que entren los judíos y los gentiles; pero debes ser un sabio administrador y guía que resuelva los problemas y dirija la obra de la Iglesia naciente y creciente.»
Pedro había hecho el gran descubrimiento; y a Pedro se le concedió un gran privilegio y una gran responsabilidad. Es un descubrimiento que cada persona ha de hacer por sí misma; y cuando lo haya hecho, se le impondrán el mismo privilegio y la misma responsabilidad que a Pedro.
LA GRAN REPRENSIÓN
Mateo 16:20-23
Jesús les dio órdenes a Sus discípulos de que no le dijeran a nadie que Él era el Ungido de Dios.
A partir de ese momento Jesús empezó a enseñar a Sus discípulos que ÉL tenía que ir a Jerusalén, que sufrir mucho de parte de los ancianos y los principales sacerdotes y los escribas, y que Le darían muerte, y que resucitaría al tercer día.
Pedro Le agarró, y se puso a advertirle:
-¡No quiera Dios que .Te pase nada de eso! ¡Eso no Te tiene que suceder nunca!
Jesús se volvió a Pedro y le dijo:
-¡Quítate de en medio y ponte detrás de Mí, Satanás! Estás poniéndome obstáculos en el camino. Tu manera de pensar no es la de Dios, sino la de los hombres.
Aunque los discípulos habían captado el hecho de que Jesús era el Mesías de Dios, todavía no habían comprendido todas las implicaciones de aquel gran hecho. Ellos estaban pensando todavía en términos de un Mesías conquistador, un rey guerrero, que barrería a los Romanos de Palestina y conduciría a Israel al poder. Por eso fue por lo que Jesús les mandó que guardaran silencio. Si se hubieran dirigido a la gente y hubieran predicado sus propias ideas, todo lo que habrían logrado habría sido suscitar una trágica rebelión; no podrían haber producido más que otro levantamiento violento condenado al desastre. Antes de predicar que Jesús era el Mesías, tenían que aprender lo que aquello quería decir. De hecho, la reacción de Pedro muestra lo lejos que estaban todavía los discípulos de darse cuenta precisamente de lo que Jesús quiso decir cuando se presentó como el Mesías y el Hijo de Dios.
Así es que Jesús empezó a buscar la manera de abrirles los ojos al hecho de que para Él no había más camino que el de la Cruz. Les dijo que tenía que ir, a Jerusalén a sufrir bajo el poder de «los ancianos y principales sacerdotes y escribas.» Estos tres grupos eran de hecho los que componían el sanedrín. Los ancianos eran hombres respetados por el pueblo; los principales sacerdotes eran principalmente saduceos; y los escribas eran fariseos. En efecto, Jesús estaba diciendo que había de sufrir bajo el poder de los dirigentes religiosos del país.
