La ruina de Nínive provoca el regocijo de las naciones.
Todas las naciones aborrecían que los crueles asirios las gobernaran, pero querían ser como Asiria (poderosamente ricas y famosas) y procuraban su amistad. De la misma manera, no nos gusta la idea de que nos gobiernen con dureza, así que hacemos lo que podemos para permanecer en buenos términos con un líder poderoso. Y en lo profundo, quisiéramos tener esa clase de poder. El pensamiento de estar en la cima puede ser seductor. Sin embargo, el poder nos seduce y por tanto no debemos planear obtenerlo, ni asirnos de él. Los que tienen hambre de poder serán grandemente destruidos, como lo fue el poderoso Imperio Asirio.
La venganza de Dios como señal de su señorío
La humillación de Nínive
En los siguientes versículos el profeta destaca la presencia de Jehová en todos estos acontecimientos. Jehová es poderoso y soberano por encima de cualquier imperio. Aquí es presentado como el que está contra Nínive para hacer justicia de todos sus agravios (versículo 13). Luego el sarcasmo de los versículos 11 y 12, en el versículo 13 está la respuesta clara por parte de Dios. Nínive será retribuida exactamente como lo que hacía, pero mucho más, nunca más se oirá de los que iban a las diferentes naciones oprimidas por ella para llevar mensajes, que por lo general eran malas noticias. La voz opresora ya no se oirá más.
¡Ay de la ciudad sanguinaria!… es una expresión de lamento por la suerte que correrá Nínive, y al mismo tiempo resume el carácter de la ciudad sanguinaria, así de sencillo. La característica de las ciudades comerciales de la antigüedad era el engaño debido al afán de lucro, el cual debía ser saciado por cualquier medio aún la muerte de personas y pueblos que opusieran resistencia a sus fines. Los versículos 2-4 describen una batalla en contra de Nínive. “No hay ningún pasaje en la literatura hebrea que sobrepase a este en su vívida descripción” (Pfeiffer). La descripción de Nínive como ramera sin duda hace referencia a la idolatría realizada en lo oculto y relacionada con hechicerías. El profeta introduce en estos versículos una expresión propia del Dios de Judá, Jehová de los Ejércitos, con la que señala la intervención de Jehová en estos acontecimientos como parte de su plan para el mundo. Para la mentalidad cristiana de hoy se levantan interrogantes como: ¿Puede un Dios de amor hacer esto? El profeta Nahúm responde que sí. El Dios de Judá es el mismo de hoy y es por amor que él no tolera la maldad, es por amor que no permitirá que imperios se enseñoreen sobre los demás pueblos pequeños conduciéndolos a la perdición. Ahora Dios hará manifestar quién es realmente Nínive y todos podrán ver su vergüenza (versículos 5-7).
Nínive caerá como Tebas
El profeta compara a Nínive con Tebas (versículos 9, 10), ciudad egipcia de mucho poder por su posición estratégica para el comercio, y ante la cual otros pueblos llegaban para pedir ayuda creando una dependencia ruinosa para sus pobladores. Tebas (lit. Noamón) era considerada como una gran obra de arquitectura y era llamada “Ciudad de Dios”, y era el centro de adoración de Amón. Además tenía relativamente buenas relaciones con sus vecinos. No fue una ciudad que se conocía por su violencia despiadada. Tebas parece ser considerada como más poderosa que Nínive y sin embargo terminó en cautiverio. De la misma manera terminará Nínive y quizá peor, pues la situación de Nínive es comparada con la de una prostituta (versículos 4-7) que basa su poder en la seducción y el engaño ofreciendo placeres pasajeros, y que es colocada ante el público en ridículo en un espectáculo burlesco para quienes lo observan. Allí se darán cuenta de que su belleza es fantasía y apariencia, por lo cual serán desengañados y nadie se compadecerá de ella. Esta imagen muestra la debilidad de Nínive, su fragilidad a tal punto que aquella ciudad dominante y exótica se esconderá por causa del enemigo (versículo 11). Nada se supo de la ubicación de Nínive hasta 1842 d. de J.C.
