Ahora, al volver a la comunión con Dios, el salmista también vuelve a mirar con la perspectiva bíblica. Entiende el asunto en términos de largo alcance. Entiende la inseguridad y falta de esperanza que padecen los impíos. Lo que ve en cuanto a ellos incluye:
1) el fin de ellos, la ira de Dios Son inestables para confrontar problemas cuando vienen y no tienen respuesta a la muerte; y
2) sus valores son pasajeros.
Vemos en el párrafo la importancia de la perspectiva bíblica. La pregunta que importa es: “¿Cómo podemos tener esta perspectiva?” Ofrecemos cuatro claves para ir desarrollando una perspectiva bíblica:
1) la comunión con Dios
2) la meditación para aplicar la Palabra de Dios a los detalles cotidianos de la vida;
conocer y usar la Palabra de Dios;
la comunión con los creyentes, pues en la iglesia nos apoyamos unos a los otros.
La fe reafirmada
Lo primero que el salmista muestra es su arrepentimiento por haber dudado. Lo mismo pasó a Jeremías. El salmista ahora entiende cuan torpe fue de pensar que los impíos tienen la buena vida. A pesar de lo que nos dicen, es evidente que las estrellas que mencionamos no llevan una vida feliz.
Ahora reconoce el salmista que a pesar de sus dudas, Dios no le abandonó, yo siempre estuve contigo. Aun en ese tiempo cuando se tambaleaba Dios le tenía por la mano. ¡Qué fiel es Dios! El salmista alaba a Dios por su fidelidad;
1) su presencia;
2) su ayuda
3) su dirección en la vida y
4) la esperanza de gloria futura (versículo 24).
Los versículos 25 y 26 son una linda declaración de confianza en Dios. Como creyentes en Cristo podemos decir que en verdad Jesús es nuestra vida.
La conclusión del salmista
Los versículos 27 y 28 muestran el contraste entre los impíos y los creyentes. Para el salmista el bien es estar cerca a Dios. Termina con una alabanza a Dios quien dirige a sus hijos a través del sufrimiento a la gloriosa victoria.
Este Salmo nos enseña a confiar en tiempos de desánimo y duda y nos enseña a no codiciar los valores del mundo.
