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1 de Samuel 17: David mata a Goliat

El hecho de que Goliat hubiera desafiado a Israel por cuarenta días tiene significado. Cuarenta en las Escrituras tiene que ver con prueba. Se menciona por primera vez en la Biblia en Genesis 7:12 donde llueve por cuarenta días y noches. Son nueve las ocasiones en la Biblia donde se menciona, la última vez en Hechos 1:3 donde Jesús continuaba con los discípulos por cuarenta días después de su resurrección, como una prueba de su vida en cuerpo glorificado. Aquí en 1 Samuel el enemigo prueba la fe de Israel y esa fe falla. Jesucristo fue probado en el desierto por cuarenta días y salió victorioso sobre su enemigo. Ante semejante prueba, el joven David responde con fe y sale victorioso.

La fe de David

David pregunta a varios allí acerca de que se haría por el que venciera al gigante, y a la vez afirma el hecho de que Dios es el Dios viviente. Con estas palabras intenta animar o motivar a alguien que salga a vencer al filisteo y quitar así el oprobio de Israel. Se ve que su idea no obedece ninguna intención malévola. Pero su hermano mayor le malentiende y le acusa de descuidar sus obligaciones en Belén, de ser arrogante, malo y entremetido. Frente a este reproche, David responde: ¿No fue sólo una palabra? En otras palabras: “Fue una pregunta no más.” Pero ¡qué pregunta! Fue una pregunta inocente y a la vez acusadora. Eliab sentía la fuerza de su palabra y se defendía difamando el carácter de David. Es una técnica que en el estudio de la lógica se llama ad hominem, frase latina que quiere decir “al hombre”. Ataca el argumento desacreditando el carácter de la persona que lo adelanta. Eliab en efecto está afirmando que David por su persona no tiene derecho de ser escuchado. Los enemigos de Jesucristo usaban la misma táctica al difamar el carácter del Hijo de David. Aun sus hermanos eran culpables de este pecado. Observamos que David no respondió con maldición ni amenazaba, sino que encomendaba su causa al que juzga justamente.

David usa dos nombres para Dios. En los versículos 26 y 36 le llama el Dios viviente, término que aparece 29 veces en la Biblia y hace resaltar la gran diferencia entre el Dios de Israel y los dioses de los paganos, especialmente los filisteos. El Dios nuestro vive. Los dioses de ellos ni poseen vida ni dan vida. El otro nombre que usa es Jehová de los ejércitos. Aparece casi igual número de veces en la Biblia y da énfasis al hecho que Dios creó todo y está sobre toda su creación. Puesto que Dios vive y es soberano, ningún enemigo puede resistirle. ¡Siendo el Dios de Israel, tiene que haber victoria!

Llamado a comparecer ante el rey Saúl, David se ofrece a pelear con Goliat. No fue su intención original pero haciendo falta un guerrero que lo hiciera, se ofrece. Se puede imaginar que David se siente indignado y conmovido por la condición lastimera en que se encuentran los hombres de Israel. Se atreve a confiar en Dios y valientemente entrar en el conflicto con los incircuncisos. Su oferta se recibe con protestas, en primer lugar porque es un muchacho. Esta palabra no es un término técnico que establece la edad de uno. Más bien lleva la idea de ternura o la falta de experiencia como se ve claramente del argumento que ofrece Saúl. Goliat es un hombre de experiencia en la guerra. Esta misma palabra se le aplica a José en Egipto, a Salomón al subir al trono de Israel, y a Jeremías al comenzar su ministerio.

Pero David levanta su propia protesta. Tiene experiencia; no en guerra pero en la lucha mortal con animales. Nos sorprendemos de que hubieran sido un peligro en aquellos días el oso y el león. Deuteronomio 7:22 pinta un cuadro del peligro que existía en los días de Moisés. Dios había sido fiel en librarle de las garras (lit. mano que significa el poder) de las fieras. También le podría librar de la mano de Goliat. Con esto Saúl consiente en dejarle ir. Pero le quiere vestir de armadura. Su querer salió siendo una comedia, una parodia. La armadura le empequeñecía más y “robotizaba” sus movimientos. Habiendo hecho comparación entre David y el Hijo de David, el Señor Jesucristo, en cuanto a su obra libertadora, podemos observar aquí que el Señor Jesucristo no necesitaba la ayuda del hombre para vencer al enemigo. Y tampoco necesita nuestra ayuda para podernos salvar de nuestros pecados. Saúl, resignándose al hecho de que David se destruyera, le dice:  ¡Vé, y que Jehová sea contigo! Se lo dice como si fuera el último recurso cuando en realidad era todo lo que a él le hacía falta.

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