(iv) Se exhorta a Timoteo a cumplir con su responsabilidad sin favoritismos ni prejuicios. B. S. Easton escribe: « El bienestar de cualquier comunidad depende de la disciplina imparcial.» No hay nada que origine mayores perjuicios que el que algunas personas sean tratadas como si no pudieran hacer nada malo y otras como si no pudieran hacer nada bien. La justicia es una virtud universal, y la Iglesia debe asegurarse de no caer por debajo de los niveles imparciales que hasta el
mundo exige.
(v) A Timoteo se le advierte que no se precipite «en imponerle las manos a ninguno.» Eso puede querer decir una de dos cosas.
(a) Puede que quiera decir que no ha de ser demasiado rápido en imponerle las manos a nadie para ordenarle para una responsabilidad en la iglesia. Antes de conseguir un ascenso en los negocios, o en la enseñanza, o en el ejército, la marina o las fuerzas aéreas, uno tiene que demostrar que lo merece. Nadie debería nunca empezar en la cima. Esto es doblemente importante en la Iglesia; porque el que ocupa un lugar importante y fracasa, desacredita, no sólo a sí mismo, sino también a la Iglesia. En un mundo crítico, la Iglesia no puede pasarse en relación con la clase de personas que elige como sus dirigentes.
(b) En la Iglesia Primitiva había la costumbre de imponerle las manos a un pecador penitente que había dado pruebas de la sinceridad de su arrepentimiento y había vuelto al rebaño de la iglesia. Se establece: «Cuando un pecador se arrepiente, y muestra frutos de arrepentimiento, imponle las manos mientras todos oran por él.» Eusebio nos dice que era la costumbre antigua el que los pecadores arrepentidos fueran recibidos otra vez mediante la imposición de manos y la oración.
Si ése es el sentido aquí, sería una advertencia a Timoteo para que no se precipitara en recibir otra vez a uno que hubiera traído descrédito a la iglesia; el esperar hasta que mostrara que su penitencia era genuina, y que estaba decidido a remodelar su vida de acuerdo con su profesión de arrepentimiento. Eso no quiere decir ni un momento que tal persona había de mantenerse a cierta distancia y tratarse con suspicacia; tenía que tratarse con toda simpatía y con toda ayuda y dirección en este período de prueba.
Pero sí es decir que la membresía de la iglesia no se ha de tratar nunca con ligereza y que una persona debe dar muestras de su arrepentimiento por el pasado y de su determinación para el futuro antes de ser recibida, no en la compañía de la iglesia, sino en su membresía. La compañía de la iglesia existe para ayudar a tales personas a redimirse, pero su membresía es para las que han comprometido sus vidas de veras a Cristo.
Consejo a Timoteo
Deja de beber el agua sola, y usa un poco de vino por causa de tu estómago, para que te ayude en tus frecuentes enfermedades.
Esta frase muestra toda la intimidad de estas cartas. Entre los asuntos de la Iglesia y los problemas de la administración, Pablo encuentra el momento para introducir un detalle de consejo cariñoso para Timoteo acerca de su salud. Siempre había habido una vena de ascetismo en la religión judía. Siempre que un hombre asumía el voto nazareo (Números 6:1-21) se comprometía a no probar ninguna bebida fermentada (Números 6:3s). Los recabitas también se habían comprometido a abstenerse del vino. El Libro de Jeremías nos cuenta que Jeremías fue a ofrecerles a los recabitas vino, y ellos se lo rechazaron por fidelidad a su tradición ancestral (Jeremías 35:5-7). Ahora bien, Timoteo era judío por una parte -su madre era judía (Hechos 16:1)- y puede que hubiera heredado de su madre esta tendencia ascética. Por parte de su padre era griego. Ya hemos visto que en el trasfondo de las Pastorales se descubre la herejía del gnosticismo, que consideraba toda la materia como mala, y que conducía a veces al ascetismo; y bien puede ser que Timoteo estuviera influenciado inconscientemente por este ascetismo griego también.
Aquí encontramos una gran verdad que los cristianos olvidamos a veces para nuestro riesgo: Que no debemos desentendernos del cuerpo, porque el sopor y la aridez espiritual les proceden a menudo del hecho de que el cuerpo está cansado o abandonado. No hay máquina que funcione debidamente si no se la cuida; y lo mismo pasa con el cuerpo. No podemos hacer bien la obra de Cristo a menos que nos encontremos en la debida forma físicamente. No es ninguna virtud -sino más bien lo contrario- el olvidarse del cuerpo o el despreciarlo. Mens sana in corpore sano, una mente sana en un cuerpo sano, era un antiguo ideal latino, que coincide perfectamente con el ideal cristiano.
