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2 Timoteo 2: La cadena de la enseñanza

(ii) El soldado está comprometido a obedecer. La primera instrucción de un soldado está diseñada para hacerle obedecer incuestionablemente la palabra de mando. Puede que llegue el momento en que tal obediencia instintiva salve su vida y las vidas de otros. En un sentido no es parte del deber del cristiano «saber la razón por la cual.» Implicado como está en medio de la batalla, no puede ver el plan total. Debe dejarle las decisiones al cuerpo de mando que ve todo el campo. El primer deber cristiano es la obediencia a la voz de Dios, y el aceptar hasta lo que no se puede entender.

(iii) El soldado está llamado al sacrificio. A. J. Gossip cuenta que, como capellán en la guerra de 1914-1918 se dirigía por primera vez a la primera línea. La guerra y la sangre, las heridas y la muerte eran cosas nuevas para él. De camino vio al borde de la carretera, abandonado después de la batalla, el cuerpo de un joven con la típica falda escocesa. Sorprendentemente tal vez se le pasaron por la mente las palabras de Cristo: «Esto es mi cuerpo quebrantado por vosotros.» El cristiano debe estar siempre dispuesto a sacrificarse a sí mismo, sus deseos y su fortuna, por Dios y por sus semejantes.

(iv) El soldado está comprometido a la lealtad. Cuando el soldado romano se alistaba hacía el sacramentum, el juramento de lealtad al emperador. Algún reportero ha trasmitido la conversación entre el mariscal Foch y un oficial en la guerra de 1914-1918. « No te puedes retirar -decía Foch-, debes mantenerte cueste lo que cueste.» «Entonces -dijo el oficial solemnemente-, eso quiere decir que debemos morir todos.» Y Foch respondió: «¡Precisamente!» La suprema virtud del soldado es que es fiel hasta la muerte. El cristiano también debe ser leal a Jesucristo en todos los azares y avatares de la vida hasta las mismas puertas de la muerte.

El atleta de Cristo

Y si uno se inscribe en una competición atlética, no puede ganar a menos que observe las reglas del juego. Pablo acaba de usar la imagen del soldado como figura del cristiano, y ahora usa otras dos -las del atleta y del labrador del campo. Usa las mismas tres alegorías de forma muy parecida en 1 Corintios 9:6s, 24-27.

Pablo dice que el atleta no gana la corona de la victoria a menos que observe las reglas de la competición. Hay un detalle muy interesante aquí en el original que es difícil reflejar en la traducción. La Reina-Valera habla de pelear legalmente. En griego es athlein nomímós. De hecho esa es la frase griega que usaban los escritores posteriores para describir a un atleta profesional en contraposición a otro amateur. El que peleaba nomímós era el hombre que se concentraba totalmente en su lucha.

Su lucha no era un pasatiempo momentáneo, como lo era para el amateur; era una dedicación a pleno tiempo de toda su vida para alcanzar la excelencia en la contienda que había escogido. Aquí, pues, tenemos la misma idea que en el ejemplo del cristiano como soldado. La vida de un cristiano debe estar concentrada en su Cristianismo de la misma manera que la de un atleta profesional está concentrada en el deporte que ha escogido. Un cristiano de tiempo libre es una contradicción en términos.

Toda la vida de una persona debe ser un esfuerzo para vivir su Cristianismo. ¿Cuáles son entonces las características del atleta que Pablo tenía en mente cuando escribió esto?

(i) Un atleta es una persona bajo disciplina y autonegación. Debe mantener un sistema de entrenamiento y no dejar que nada se le interponga. Habrá días cuando le gustaría dejar el entrenamiento y relajar la disciplina, pero no debe hacerlo. Habrá placeres e indulgencias que querría permitirse; pero debe rechazarlos. El atleta que quiere llegar al podio sabe que no debe permitir que nada se interfiera en el programa de forma física que se ha impuesto. Tiene que haber disciplina en la vida cristiana. Hay veces cuando un camino más fácil es muy atractivo; hay veces cuando lo correcto es lo más difícil; hay veces cuando estamos tentados a bajar el listón. El cristiano debe entrenarse para no relajar nunca en la vida el intento de hacer su alma limpia y fuerte.

(ii) El atleta es una persona que cumple las reglas. Después de la disciplina y de las reglas de entrenamiento llega la competición con sus reglas. Un atleta no puede ganar a menos que tome parte en la competición. El cristiano, también, se encuentra a menudo obligado a competir con sus semejantes. Debe defender su fe; debe tratar de convencer y de persuadir; tendrá que discutir y entrar en debate. Debe hacerlo conforme a las reglas cristianas. No importa lo ardiente que sea la discusión; no debe nunca olvidar la cortesía. No debe nunca ser otra cosa que honesto acerca de su posición y justo con la de su oponente. El odium theologicum, el odio de los teólogos, se ha convertido en un refrán. A menudo no hay rencor como el religioso. Pero el verdadero cristiano sabe que la regla suprema de la vida cristiana es el amor, y aportará ese amor a cualquier debate en que intervenga.

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