Pablo exhorta a Timoteo a que se presente, entre los falsos maestros, como verdadero maestro de la verdad. La palabra que usa para presentarse es parastésai, que se usa especialmente con el sentido de presentarse uno para un servicio. Las siguientes palabras y frases todas desarrollan esta idea de utilidad para el servicio.
El original para uno que ha pasado la prueba es dókimos, que describe cualquier cosa que ha sido probada y hallada útil para el servicio. Por ejemplo, describe oro o plata que han sido purificados de toda aleación en el fuego. Aplicada esta palabra al dinero quiere decir que es genuino o, como diríamos, de curso legal. Es la palabra que se usa para una piedra que vale para colocarse en un cierto lugar del edificio. Una piedra que tuviera un defecto se marcaría con una A mayúscula que representaba adókimastos, que quiere decir probada y encontrada defectuosa. Timoteo había de ser probado para poder ser un instrumento idóneo para la obra de Cristo, y por tanto un obrero que no tiene de qué avergonzarse.
Además, se exhorta a Timoteo con una famosa frase a dividir rectamente la palabra de la verdad. La palabra griega que traducimos por dividir rectamente es interesante. Es orthotomein, que quiere decir literalmente cortar correctamente. Tiene muchas referencias. Calvino la conectaba con un padre repartiendo la comida y haciendo las particiones para que cada miembro de la familia recibiera la porción correcta. Beza la conectaba con cortar las víctimas sacrificiales para que cada parte se destine correctamente al altar o al sacerdote. Los griegos mismos usaban la palabra en tres contextos diferentes. La usaban para trazar una carretera recta a través del campo, para arar un surco derecho en un terreno, y para el trabajo de un mampostero consistente en cortar y ajustar una piedra para que encajara correctamente en un lugar de la estructura del edificio. Así es el que el hombre que divide rectamente la palabra de la verdad traza una carretera derecha a través de la verdad y se niega a dejarse seducir por senderos agradables pero irrelevantes; ara un surco derecho en el campo de la verdad; toma cada sección de la verdad y la coloca en su posición correcta, como un mampostero hace con una piedra, no permitiendo que ninguna parte usurpe o se coloque indebidamente desequilibrando toda la estructura.
Por otra parte, el falso maestro se dedica a lo que Pablo llama «charlas impías.» A continuación Pablo usa una frase muy gráfica. Los griegos tenían una palabra favorita para hacer un progreso, (prokóptein). Quiere decir literalmente cortar debidamente delante; quitar los obstáculos de una carretera para que sea posible el progreso recto e ininterrumpido. Pablo dice de estos conversadores insensatos que su progreso avanza más y más hacia la impiedad. Progresan al revés. Cuanto más hablan más lejos se sitúan de Dios. Así que aquí está la prueba. Si al acabar nuestra conversación estamos más cerca unos de otros y de Dios, entonces está bien; pero si hemos erigido barreras entre nosotros y hemos puesto a Dios más distante, entonces no está bien. El objetivo de toda discusión cristiana y de toda acción cristiana es traer al hombre cada vez más cerca de sus semejantes y de Dios.
Perderse la resurrección
Entre los falsos maestros Pablo menciona especialmente a Himeneo y Fileto. No sabemos quiénes eran estos hombres, pero se nos menciona un punto de sus enseñanzas: decían que la resurrección ya había tenido lugar. Esto no se refiere, por supuesto a la resurrección de Jesús; se refiere a la resurrección de los cristianos después de la muerte. Sabemos de dos falsos puntos de vista acerca de la resurrección de los cristianos que tuvieron alguna influencia en la Iglesia primitiva.
(i) Se pretendía que la verdadera resurrección del cristiano tenía lugar en el Bautismo. Es verdad que en Romanos 6 Pablo había escrito gráficamente acerca de cómo el cristiano muere en el momento del bautismo y surge a una nueva vida. Había algunos que enseñaban que la resurrección tenía lugar en ese momento del bautismo y que era la resurrección a una nueva vida en Cristo aquí y ahora, no después de la muerte.
(ii) Había algunos que enseñaban que el sentido de la resurrección individual no era nada más que el que una persona seguía viviendo en sus hijos.
El problema era que esta clase de enseñanza encontraba un eco tanto en el lado judío de la Iglesia como en el lado griego. En el lado judío, los fariseos creían en la resurrección del cuerpo, pero los saduceos no. Cualquier enseñanza que suprimiera la idea de una vida después de la muerte atraería a los saduceos; el problema con los saduceos era que eran materialistas ricos, que tenían tantos intereses en este mundo que no estaban interesados en ningún mundo por venir.
Por el lado griego, el problema era mucho más grande. En los primeros días del Cristianismo, los griegos, hablando en general, creían en la inmortalidad pero no en la resurrección del cuerpo. La fe más elevada era la de los estoicos. Creían que Dios era lo que podría llamarse un espíritu de fuego. La vida de la persona era una chispa de ese espíritu, una chispa de Dios mismo, una scintilla de la deidad. Pero creían que cuando la persona moría esa chispa volvía a Dios y era reabsorbida en Él. Ésa era una noble creencia, pero abolía la supervivencia personal después de la muerte. Además, los griegos creían que el cuerpo era totalmente malo. Tenían como lema un juego de palabras: «Sóma séma,» «el cuerpo es una tumba.» Lo último que deseaban o creían era la resurrección del cuerpo; y por tanto ellos también estaban abiertos para recibir cualquier enseñanza acerca de la resurrección que encajara en sus creencias.
