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2 Timoteo 2: La cadena de la enseñanza

Hace mucho dijo Tertuliano: «El hombre que tiene miedo de sufrir no puede pertenecer a Aquel Que sufrió» (Tertuliano: De Fuga, 14). Jesús murió para ser leal a la voluntad de Dios; y el cristiano debe seguir esa misma voluntad, brille la luz o caigan las sombras.

El peligro de las palabras

Recuérdale a los tuyos estas cosas y encárgales delante del Señor que no se enzarcen en batallas de palabras -cosa que no sirve para nada y que solamente puede contribuir a deshacer a los que se dedican a escucharlo.

De nuevo vuelve Pablo a tratar de la inutilidad de las .palabras. Debemos recordar que las Epístolas Pastorales se escribieron frente al trasfondo de aquellos gnósticos que inventaban palabras largas y teorías fantásticas y trataban de convertir el Cristianismo en una filosofía esotérica en vez de en una aventura de fe.

Las palabras pueden producir fascinación y traer peligros al mismo tiempo. Se pueden convertir en un sustituto de las obras. Hay personas que tienen más interés en hablar que en actuar. Si se hubieran podido resolver los problemas del mundo mediante discusiones, ya se habrían resuelto hace mucho. Pero las palabras no pueden sustituir a las obras. El doctor Johnson fue uno de los grandes conversadores de todo tiempo; John Wesley fue uno de los grandes hombres de acción de todo tiempo.

Se conocían el uno al otro, y Johnson no tenía más que una queja de Wesley: « La conversación de John Wesley es buena, pero nunca tiene tiempo. Siempre tiene que irse a una cierta hora. Esto es muy desagradable para uno al que le encanta cruzar las piernas y desplegar su conversación como hago yo.» Pero el hecho es que Wesley, el hombre de acción escribió su nombre por toda Inglaterra de una manera que no consiguió Johnson, el hombre de palabras.

No es ni siquiera verdad que la conversación y la discusión puedan resolver totalmente los problemas intelectuales. Una de las cosas más sugestivas que dijo Jesús fue: « Si uno quiere hacer Su voluntad, sabrá si la enseñanza es de Dios (Juan 7:17). Muchas veces hablando no se entiende la gente, pero sí haciendo. Según la vieja frase latina, solvitur ambulando, la cosa se resolverá sola sobre la marcha. Sucede a menudo que la mejor manera de entender las profundidades dei Cristianismo es embarcarse en los inconfundibles deberes de la vida cristiana.

Todavía nos queda algo por decir. El hablar más de la cuenta y el discutir en exceso tiene dos efectos peligrosos. Primero, puede que den la impresión de que el Cristianismo no es nada más que una colección de temas de discusión y de problemas en busca de una solución. El círculo de discusión es un fenómeno característico de esta edad. Como dijo una vez G.K. Chesterton: « Ya hemos hecho todas las preguntas que se pueden hacer. Ya es hora de que dejemos de buscar preguntas, y empecemos a buscar respuestas.» En cualquier sociedad, el círculo de discusión debe equilibrarse con un grupo de acción.

Segundo, la discusión puede ser vigorizadora para los que quieren acceder a la fe cristiana por la vía intelectual, para los que tienen un trasfondo de conocimiento y de cultura, o los que tienen un conocimiento real o un interés en la teología. Pero algunas veces sucede que una persona sencilla se encuentra en un grupo que está barajando herejías y proponiendo preguntas incontestables, y su fe, lejos de recibir ayuda, es inquietada. Bien puede ser que fuera eso lo que Pablo quería decir cuando hablaba de esas batallas de palabras que pueden deshacer a los que las escuchan. La palabra que se usa normalmente para edificar a una persona en la fe cristiana es la misma que se usa para edificar una casa; la palabra que usa Pablo aquí para deshacer (katastrofé) es la que podríamos usar para la demolición de una casa. Y puede que suceda que la discusión inteligente, sutil, especulativa, intelectualmente despiadada tenga el efecto de demoler y no de edificar la fe de alguna persona sencilla que resulte que está involucrada en la discusión. Como en todas las cosas, hay un tiempo para discutir y un tiempo para guardar silencio.

El camino de la verdad y el del error

Moviliza todo esfuerzo para presentarte a Dios habiendo pasado la prueba, como obrero que no tiene de qué avergonzarse, como el que divide rectamente la palabra de la verdad.

Evita esas charlas impías, porque los que se involucran en ellas solamente progresan más y más en la impiedad, y su habla se introduce en la Iglesia como una úlcera engangrenada.

Entre tales personas están Himeneo y Fileto, que, por lo que se refiere a la verdad, han perdido el camino, cuando dicen que la resurrección ya ha tenido lugar, y que por tales afirmaciones trastruecan la fe de algunos.

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