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Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Y una vez que reunió a Sus doce discípulos, les dio poder para expulsar los espíritus inmundos y para curar todas las enfermedades y dolencias.

Estos son los nombres de los doce apóstoles: el primero y principal era Simón, también llamado Pedro, y su hermano Andrés; Santiago hijo de Zebedeo, y su hermano Juan; Felipe y Bartolomé; Tomás, y el publicano Mateo; Santiago hijo de Alfeo, y Tadeo; Simón el Celota y Judas Iscariote, que además fue el que Le traicionó.

Metódicamente, pero también dramáticamente, Mateo va desarrollando la historia de Jesús. En el relato del bautismo, Mateo nos muestra a Jesús aceptando Su misión. En el relato de las tentaciones, Mateo nos muestra a Jesús decidiendo el método que usará al embarcarse en Su tarea. En el Sermón del Monte escuchamos las palabras de sabiduría de Jesús. En Mateo 8 vemos las obras de poder de Jesús. En Mateo 9 vemos la creciente oposición concentrándose contra Jesús. Y ahora vemos a Jesús escogiendo Sus hombres.

Cuando un líder está a punto de embarcarse en una gran empresa, lo primero que tiene que hacer es escoger su personal. De ellos dependerá el efecto presente y el éxito futuro de su trabajo. Aquí Jesús está escogiendo Su equipo de personal, los hombres de Su mano derecha, Sus ayudantes en los días de Su humanidad, y los que continuarían Su trabajo cuando Él dejara la Tierra y volviera a Su gloria.

Advertimos dos cosas en estos hombres que no pueden por menos de sorprendernos inmediatamente.

(i) Eran personas normales y corrientes. No tenían riqueza; ni una educación académica; ni posición social. Los escogió de entre la gente, hombres que hacían las cosas ordinarias, que no tenían una educación especial ni compromisos sociales.

Se ha dicho que Jesús .no busca tanto hombres extraordinarios como hombres corrientes que puedan hacer las cosas ordinarias extraordinariamente bien. Jesús ve en cada persona, no sólo lo que es, sino también lo que Él la puede hacer. Jesús escogió a estos hombres, no sólo por lo que eran, sino también por lo que podrían llegar a ser bajo Su influencia y por Su poder.

Nadie tiene por qué pensar que no tiene nada que ofrecer a Jesús, porque Él puede tomar lo que Le pueda ofrecer la persona más corriente y usarlo en grande.

(ii) Eran la mezcla más extraordinaria. Ahí estaba, por ejemplo, Mateo, el ex-cobrador de impuestos. Todo el mundo le consideraría un colaboracionista; alguien que se había vendido por dinero a los invasores de su país, lo contrario de un patriota que amara a su país. Y con Mateo estaba .Simón el Cananita. Lucas (Luk_6:16 ) le llama Simón Zélátés, que quiere decir Simón el Celota (D.R.A.E.).

Josefo (Antigüedades 8.1.6) describe a estos celotas; los llama el cuarto partido judío; los otros tres eran los fariseos, los saduceos y los esenios. Dice que tenían «una inviolable adscripción a la libertad,» y que decían que «Dios había de ser su único Gobernador y Señor.» Estaban dispuestos a arrostrar cualquier clase de muerte por su país y no se acobardaban al ver a sus seres queridos morir en la lucha por la libertad. Se negaban a darle a ningún hombre el nombre y el título de Rey. Tenían una voluntad inamovible que podía soportar cualquier dolor. Estaban preparados hasta a cometer asesinatos secretos para tratar de liberar a su país del dominio extranjero. Eran los patriotas par excellence entre los judíos, los más nacionalistas, que los Romanos consideraban sencillamente terroristas.

Lo natural es que si Simón el Celota se hubiera encontrado con Mateo el Publicano en cualquier otro sitio que no hubiera sido la compañía de Jesús, le habría metido la daga en el cuerpo. Aquí tenemos la estupenda verdad de que hombres que se odian pueden aprender a amarse cuando ambos aman a Jesucristo. Demasiado a menudo la religión ha sido y es un medio para causar divisiones. Estaba diseñada para ser -y en la presencia viva de Jesús era- el- medio para unir a los que sin Cristo estarían irremisiblemente separados.

Podríamos preguntar por qué Jesús escogió doce Apóstoles especiales. La razón es probablemente porque había doce tribus; como en la antigua dispensación había habido doce patriarcas del pueblo de Dios, así en la nueva dispensación hay doce Apóstoles en el nuevo. Israel. El mismo Nuevo Testamento no nos dice gran cosa de estos hombres. Como dice Plummer: «En el Nuevo Testamento es la obra, y no los obreros, lo que se glorifica.» Pero, aunque no sabemos casi nada de ellos, el Nuevo Testamento es muy consciente de su importancia en la Iglesia, porque Apocalipsis nos dice que sus nombres están inscritos en las doce piedras fundacionales de la Santa Ciudad. (Rev_21:14 ). Estos hombres, hombres sencillos sin especial trasfondo, hombres de muchas esferas divergentes, fueron las mismas piedras fundacionales sobre las que se edificó la Iglesia. Es en la casta de hombres y mujeres normales donde se funda la Iglesia de Cristo.

EL ENTRENAMIENTO DE LOS MENSAJEROS

Cuando vemos juntos los tres relatos del llamamiento de los Doce (Mat_10:1-4 ; Mar_3:13-19 ; Luk_6:13-16 ) surgen algunos Hechos iluminadores.

(i) Jesús los escogió. Luk_6:13 dice que Jesús llamó a Sus discípulos, y escogió de entre ellos a doce. Es como si Jesús hubiera recorrido con la mirada las multitudes que le seguían, y el grupo más pequeño que se quedaba con Él cuando se iba la mayoría, y como si todo el tiempo estuviera buscando los hombres a los que podía confiar Su obra. Se ha dicho: «Dios está siempre buscando manos para usar.» Dios está diciendo«¿A quién enviaré y quién irá por Nosotros?» (Isa_6:8 ).

Hay muchas tareas en el Reino: la tarea del que tiene que ir muy lejos y la del que tiene que quedarse en casa, la tarea del que tiene que usar las manos y la tarea del que tiene que usar la mente, la tarea que concentrará las miradas de todos en el que la realice y la tarea que nadie verá. Y siempre la mirada de Jesús está recorriendo las multitudes en busca de los que han de hacer Su obra.

(ii) Jesús los llamó. Jesús no obliga a nadie a hacer Su obra; ofrece trabajo. Jesús no impone; invita. Jesús no llama a filas; busca voluntarios. Como se ha dicho todos somos libres para ser fieles y libres para ser infieles. Pero a todos nos llega la invitación que podemos aceptar o rechazar.

(iii) Jesús los nombró. La palabra que traducimos por nombrar es la sencilla palabra griega poiein, que quiere decir hacer, pero que se usa a menudo con el sentido técnico de nombrar a una persona para un cargo. Jesús era como un rey que estuviera nombrando sus ministros; era como un general asignando sus puestos a sus oficiales. No se daba el caso de entrar casualmente en el servicio de Jesucristo; era el caso de ser nombrados expresamente para él. Una persona podría sentirse orgullosa si fuera nombrada para algún cargo público por algún rey terrenal; ¡cuánto más cuando el Que la nombra es el Rey de reyes!

(iv) Estos hombres fueron nombrados de entre los discípulos. La palabra discípulo quiere decir aprendiz. Las personas que Jesús necesita y desea son las que están dispuestas a aprender. La mente cerrada no Le sirve. El siervo de Cristo debe desear aprender más cada día. Cada día debe estar un paso más cerca de Jesús y un poco más cerca de Dios.

(v) Las razones por las que estos hombres fueron escogidos son igualmente significativas. Fueron escogidos para estar con Él (Mar_3:14 ). Si habían de hacer Su trabajo en el mundo, tendrían que vivir en Su presencia antes de salir al mundo; tendrían que ir de la presencia de Jesús a la humanidad.

Se dice que en una ocasión Alexander Whyte predicó un sermón maravillosamente poderoso y conmovedor. Después del culto le dijo un amigo: «Hoy has predicado como si vinieras directamente de la presencia de Jesucristo.» Whyte respondió: «Tal vez fue así.»

Ninguna obra de Cristo la puede hacer nunca más que uno que viene de la presencia de Cristo. Algunas veces, en la complejidad de las actividades de una iglesia moderna, estamos tan ocupados con juntas y comités y administración y haciendo que todo siga su curso que corremos peligro de olvidar que ninguna de estas cosas importa si las llevan a cabo personas que no han estado con Cristo antes de estar con los demás.

(vi) Fueron llamados para ser apóstoles (Mar_3:14 ; Luk_6:13

LA COMISIÓN DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:5-8a

Jesús envió a estos doce, y estas fueron las instrucciones que les dio:

No sigáis ningún camino que vaya hacia los gentiles, ni entréis en ninguna ciudad de los samaritanos, sino limitaos a las ovejas de la casa de Israel que están descarriadas. Por donde vayáis, haced esta proclamación: « ¡El Reino del Cielo está cerca!» Sanad a los enfermos, resucitad a los muertos, limpiad a los leprosos, expulsad a los demonios»

Aquí tenemos el principio de la comisión del Rey a Sus mensajeros. La palabra que se usa en griego para mandar Jesús a Sus hombres, o darles órdenes, es interesante e iluminadora. Es la palabra parangueLlein. Esta palabra tiene en griego cuatro usos especiales. (i) Es la palabra corriente para las órdenes en el ejército; Jesús era como un general mandando a sus oficiales en campaña y dándoles las órdenes oportunas. (ii) Es la palabra que se usa para llamar a los amigos de uno para que le ayuden. Jesús era como un hombre que tuviera un gran proyecto y reuniera a sus amigos para que le ayudaran a hacer que llegara a ser realidad. (iii) Es la palabra que se usa de un maestro que les da reglas e instrucciones a sus alumnos. Jesús era como un maestro que mandara a sus estudiantes al mundo equipados con su enseñanza y su mensaje. (iv) Es la palabra que se usa corrientemente para una orden o un decreto del emperador. Jesús era como un rey que estuviera enviando a sus embajadores al mundo a realizar su programa y hablar en su nombre.

Este pasaje empieza con lo que a uno le parecería una instrucción muy difícil. Empieza prohibiéndoles a los Doce que fueran a los gentiles o a los samaritanos. A muchos les resulta muy difícil creer que Jesús dijera esto nunca. Este aparente exclusivismo no nos suena a Jesús; y hasta se ha sugerido que este dicho lo pusieron en Su boca los que en días posteriores querían reservar el Evangelio para los judíos, los mismos que se opusieron vigorosamente a Pablo cuando quería llevar el Evangelio a los gentiles.

Pero hay ciertas cosas que hay que recordar. Este dicho es tan opuesto a la actitud de Jesús que nadie lo podría haber inventado; tiene que haberlo dicho, así que tiene que tener alguna explicación.

Podemos estar completamente seguros de que éstas no fueron unas órdenes permanentes. En los mismos evangelios vemos a Jesús hablando con gracia e intimidad con una mujer samaritana y revelándose a ella (Joh_4:4-42 ). Le vemos contando una de Sus historias inmortales acerca del Buen Samaritano (Luk_10:30-37 ); Le vemos sanando a la hija de una mujer sirofenicia (Mat_15:28 ); y Mateo mismo nos dice que la comisión final de Jesús a Sus hombre fue que fueran a todo el mundo y trajeran a todas la naciones al Evangelio (Mat_28:19 s). ¿Cuál es entonces la explicación?

Les prohibió a los Doce ir a los gentiles; eso quería decir que no debían ir a Siria al Norte, ni a la Decápolis al Este, que era una región mayoritariamente gentil. No podían ir a Samaria al Sur porque se lo prohibió. El efecto de esta orden era de hecho limitar los primeros viajes de los Doce a Galilea. Había tres buenas razones para esto.

(i) Los judíos ocupaban un lugar muy especial en el esquema divino de las cosas; en la justicia de Dios tenían que recibir la primera invitación del Evangelio. Es verdad que la rechazaron; pero la totalidad de la Historia estaba diseñada para concederles la primera oportunidad de aceptar.

(ii) Los Doce no estaban equipados para predicar a los gentiles. No tenían ni el trasfondo, ni el conocimiento, ni la técnica. Antes que el Evangelio pudiera ser presentado eficazmente a los gentiles tenía que surgir un hombre con la vida y la educación de Pablo. Un mensaje tiene pocas posibilidades de éxito si el mensajero está insuficientemente preparado para transmitirlo. Si un predicador o maestro es sabio, se dará cuenta de sus limitaciones y verá claramente lo que puede y lo que no puede hacer.

(iii) Pero la gran razón para esta orden es sencillamente la siguiente: Cualquier general consciente sabe que tiene que limitar sus objetivos. Tiene que dirigir su ataque a un punto determinado. Si dispersa sus fuerzas por aquí y por allá y por todos los frentes, disipa sus fuerzas y se arriesga a la derrota. Cuanto más limitadas sean sus fuerzas más limitados tendrán que ser sus objetivos inmediatos. Intentar atacar en un frente demasiado extenso es arriesgarse a la derrota. Jesús lo sabía, y por eso concentró esta primera campaña a Galilea, porque Galilea era, como ya hemos visto, la que más abierta estaba al nuevo mensaje del Evangelio (cp. Mat_4:12-17 ). Esta orden de Jesús era coyuntural. Jesús era el sabio general que se negaba a desparramar Sus fuerzas, y concentraba Su ataque hábilmente a un objetivo limitado para obtener una victoria definitiva y universal.

LAS PALABRAS Y LAS OBRAS DEL MENSAJERO DEL REY

Había palabras y obras que los mensajeros del Rey tenían que decir y hacer.

(i) Tenían que anunciar la inminente llegada del Reino. Como ya hemos visto (cp. Mat_6:10 s), el Reino de Dios es una sociedad en la Tierra en la que la voluntad de Dios se cumple tan perfectamente como en el Cielo. De todas las personas que han vivido en el mundo, Jesús era, y es, la única Persona que siempre hizo perfectamente, y obedeció, y cumplió, la voluntad de Dios. Por tanto, en El había venido el Reino. Es como si los mensajeros del Rey hubieran de decir: «¡Fijaos! Habéis soñado con el Reino, y habéis anhelado el Reino. Aquí está el Reino, en la vida de Jesús. Miradle a Él, y ved lo que quiere decir estar en el Reino.» En Jesús, el Reino de Dios había venido a la humanidad.

(ii) Pero. la tarea de los Doce no se limitaba a decir palabras: también implicaba realizar obras. Tenían que sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos y expulsar a los demonios. Todas estas instrucciones hay que tomarlas en un doble sentido. Hay que tomarlas físicamente, porque Jesucristo vino a traer salud y sanidad a los cuerpos de las personas; pero hay que tomarlas también espiritualmente: describen el cambio que obra Jesucristo en las almas de las personas.

(a) Habían de sanar a los enfermos. La palabra que se usa para enfermos es muy sugestiva. Es una parte del verbo asthenein, cuyo sentido primario es ser o estar débil. Asthenés es el adjetivo normal para débil -cp. en español astenia, asténico y sus derivados y compuestos-. Cuando Cristo vine a una persona, fortalece la voluntad débil, fortifica la débil resistencia, infunde fuerza al débil brazo para la lucha, reafirma la débil resolución. Jesucristo llena nuestra debilidad humána con Su poder divino.

(b) Habían de resucitar a los muertos. Una persona puede estar muerta en el pecado. Puede tener quebrantada la voluntad para resistir; puede tener oscurecida la visión para el bien hasta haberla perdido del todo; puede estar desesperada e irremisiblemente en las garras del pecado, ciego para la bondad y sordo para Dios. Cuando Jesucristo viene a la vida de una persona, la resucita para la bondad, revitalizando la bondad en nuestro interior que había matado el pecado.

(c) Habían de limpiar a los leprosos. Como ya hemos visto, a los leprosos se los consideraba ritualmente impuros. Levítico dice: « Todo el tiempo que tenga las llagas será impuro. Estará impuro y habitará solo; fuera del campamento vivirá» (Lev_13:46).2Ki_7:3

EQUIPAMIENTO DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:8b-10

No os ha costado nada lo que habéis recibido, así es que dadlo de la misma manera. No os propongáis recibir oro o plata o bronce en vuestras carteras; no llevéis bolsa para el viaje, ni muda de túnicas, ni calzado, ni bastón. El obrero merece su sustento.

Este es un pasaje en el que cada oración y cada frase les sonaría familiar a los judíos que lo escucharon. En él Jesús está dándoles a Sus hombres las instrucciones que daban los mejores rabinos a; sus estudiantes y discípulos.

«De gracia recibisteis -les dice Jesús-, dad de gracia.» Un rabino estaba obligado por la ley a dar su enseñanza gratuitamente y sin cobrar nada; al rabino le estaba prohibido terminantemente recibir dinero por enseñar la Ley que Moisés había recibido gratuitamente de Dios. Sólo en un caso podía un rabino aceptar que se le pagara: por enseñar a un niño, porque eso era la obligación de los padres, y a ningún otro se le podía exigir que dedicara tiempo y trabajo haciéndoles a los padres lo que era su obligación; pero la enseñanza más elevada tenían que darla sin dinero y sin precio.

En la Misncí la Ley establece que si un hombre acepta dinero por actuar como juez, su sentencia no es válida; que si recibe una paga por dar evidencia como testigo, su testimonio no ha de tenerse en cuenta. Rabí Sadoc decía: «No hagas de la Ley una corona para engrandecerte, ni una azada con la que cavar.» Hil.lel decía: «El que hace un uso mundano de la corona de la Ley se desvanecerá. De ahí debes colegir que el que desea obtener un provecho material de las palabras de la Ley está contribuyendo a su propia destrucción.» Estaba establecido: «Como Dios le enseño a Moisés gratis, así hazlo tú.»

Se cuenta una anécdota de Rabí Tarfón. Al final de la recolección de los higos iba paseando por un huerto, y comió algunos de los higos que habían dejado por el suelo. Los vigilantes se le echaron encima y le golpearon. Él les dijo quién era, y como era un rabino famoso le dejaron ir en paz. Toda su vida tuvo remordimientos por haber usado su posición como rabino en su propio provecho. «Todos sus días se sintió avergonzado, porque decía: «¡Ay de mí, porque he usado la corona de la Ley en mi propio provecho!»»

Jesús les dijo a los Doce que no se les ocurriera recibir oro o plata o bronce para sus bolsas; la palabra griega quiere decir literalmente para sus cintos. El cinturón que llevaban los judíos a la cintura era más bien ancho; y era doble por los dos extremos, para llevar allí el dinero; así es que el cinturón era el equivalente del monedero o la cartera. Jesús les dijo también a los Doce que no llevaran bolsa para el viaje. Esto se puede referir a una de dos cosas. Puede que fuera como una mochila en la que se llevaban corrientemente provisiones; pero hay otra posibilidad. La palabra original es péra, que puede querer decir la bolsa de un mendigo; a veces los filósofos ambulantes recogían una colecta después de dirigirse al público.

En todas estas instrucciones Jesús no estaba imponiéndoles a Sus hombres incomodidades deliberadas y calculadas. Les estaba diciendo cosas que les sonarían familiares, como judíos que eran. El Talmud nos dice: «Nadie puede ir al recinto del templo con bastón, cinturón con dinero o pies polvorientos.» La idea era que, cuando se entraba en el templo, se tenía que haber dejado atrás todo lo que tuviera que ver con su trabajo o negocio u ocupación temporal. Lo que Jesús les estaba diciendo a Sus hombres era: «Tenéis que tratar todo el mundo como el templo de Dios. Si sois hombres de Dios, no debéis nunca dar la impresión de que sois hombres de negocios y vais buscando ganancias materiales.» Las instrucciones de Jesús quieren decir que un hombre o una mujer de Dios debe mostrar en su actitud hacia las cosas materiales que no le interesa nada más que Dios.

Para terminar, Jesús dice que el obrero merece su sustento. También esto les sonaría familiar a los judíos. Es verdad que a un rabino no se le permitía recibir salario por enseñar, pero también es verdad que se consideraba un privilegio y una obligación el mantener a un rabino si era de veras un hombre de Dios. Rabí Eliezer ben Yaqob decía: «El que recibe a un rabino en su casa, o como su huésped, y le deja disfrutar de sus posesiones, la Escritura dice que eso se le cuenta como si hubiera ofrecido el sacrificio continuo.» Rabí Yojanán estableció que era la obligación de todas las comunidades judías el mantener a sus rabinos, especialmente porque los rabinos suelen descuidar sus propios negocios para dedicarse a los negocios de Dios.

Así que aquí hay una doble verdad. El hombre de Dios no debe estar excesivamente pendiente de las cosas materiales, pero el pueblo de Dios no debe nunca faltar a su deber de asegurarse que el hombre o la mujer de Dios recibe un apoyo razonable. Este pasaje impone una obligación tanto en el obrero del Señor como en los que se benefician de su servicio.

LA CONDUCTA DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:11-15

Cuando lleguéis a una ciudad o aldea, informaos de quién hay que tenga buena fama, y quedaos en su casa hasta que salgáis de aquel lugar. Cuando entréis en una casa, dadle vuestro saludo. Si la casa es digna, que vuestra paz repose sobre ella; y si no lo es, que vuestra paz se vuelva a vosotros. Si nadie os recibe, ni quiere escuchar vuestras palabras, cuando salgáis de aquella casa o ciudad sacudid de vuestros pies el polvo de allí. Os aseguro que lo tendrá más fácil la tierra de Sodoma y Gomorra el Día del Juicio que esa ciudad.

Aquí tenemos un pasaje lleno de consejos de lo más prácticos para los mensajeros del Rey.

Cuando entraban en una ciudad o pueblo tenían que buscar una casa que fuera digna. La punta de esto está en que si se albergaban en una casa de mala reputación por su moral o por su conducta o por su gente eso dañaría seriamente su utilidad. No tenían que identificarse con nadie que pudiera suponerles un obstáculo. Eso no quiere decir ni por un momento que no debieran tratar de ganar a tales personas para Cristo, pero sí quiere decir que el mensajero de Cristo debe tener cuidado con quién se relaciona.

Cuando se albergaran en una casa tenían que quedarse allí hasta que pasaran a otro lugar. Esto es una cuestión de cortesía. Podrían estar tentados, después de ganar a algunos conversos o simpatizantes en un lugar, a mudarse a una casa que les ofreciera más comodidades, más lujo y mejor compañía. El mensajero de Cristo nunca debe dar la impresión de que busca a las personas para conseguir cosas materiales, y que lo que le dicta sus movimientos es la búsqueda de su propia comodidad.

El pasaje acerca de dar un saludo y de recibir la respuesta de rigor es típicamente oriental. En Oriente, una palabra que se dice se considera que tiene una especie de existencia activa e independiente. Salió de la boca como la bala de un arma de fuego. Esta idea surge regularmente en el Antiguo Testamento, especialmente en relación con las palabras que dice Dios. Isaías oyó decir a Dios: «Por Mí mismo hice juramento, de Mi boca salió palabra en justicia y no será revocada» (Isa_45:23 ). «Así será Mi palabra que sale de Mi boca: No volverá a Mí vacía, sino que hará lo que Yo quiero y será prosperada en aquello para lo cual la envié» (Isa_55:11 ). Zacarías ve el rollo volador y oye la voz: «Esta es la maldición que se extiende sobre la faz de toda la Tierra» (Zec_5:3).

Hasta el día de hoy en Oriente, si una persona le da su bendición a un viandante y luego descubre que es de otra religión, vuelve a pedirle que le devuelva su bendición. Aquí la idea es que los mensajeros del Rey pueden enviar su bendición para que descanse sobre la casa; y si la casa es indigna de ella, pueden recuperarla.

Si se rechaza su mensaje en algún lugar, los mensajeros del Rey deben sacudirse el polvo de aquel lugar que se les haya pegado a los pies y seguir su camino. Para un judío, el polvo de un pueblo o de una carretera gentiles era contaminante; por tanto, cuando un judío cruzaba la frontera de Palestina y entraba en su patria después de un viaje por tierras gentiles, se sacudía el polvo de las carreteras gentiles de los pies para librarse hasta de la última partícula de contaminación. Así es que Jesús dijo: «Si alguna ciudad o pueblo no os recibe, debéis tratarlos como si fueran lugares gentiles.» De nuevo debemos tener claro lo que Jesús está diciendo. En este pasaje encontramos una verdad coyuntural y una verdad eterna.

(i) La verdad coyuntural es ésta: Jesús no estaba diciendo que hubiera que dejar a nadie fuera del mensaje del Evangelio y del alcance de la gracia. Éstas eran unas instrucciones como las que dio al principio acerca de no ir a los gentiles y a los samaritanos. Se referían a la situación en que se dieron. Esto se debía exclusivamente al factor tiempo; el tiempo era corto; todos los posibles debían oír la proclamación del Reino; así es que no había tiempo para discutir con los diletantes o para tratar de ganar a los testarudos; eso llegaría más tarde. De momento, los discípulos tenían que recorrer el país lo más rápido posible, y por tanto tenían que pasar a otro lugar cuando no se recibía el mensaje que llevaban.

(ii) La verdad permanente es la siguiente. Es uno de los grandes Hechos básicos de la vida que la oportunidad llega a una persona una y otra vez -y ya no se presenta más. Para aquellas personas de Palestina llegaba la oportunidad dé recibir el Evangelio; pero si no la aceptaban, podría ser que no volviera nunca. como dice el proverbio: «Hay tres cosas que nunca vuelven: la palabra hablada, la flecha lanzada y la oportunidad perdida.»

Esto sucede en todas las esferas de la vida. En su autobiografía, Chiaroscuro, Augustus John cuenta un incidente y añade un comentario lacónico. Estaba en Barcelona: «Era hora de salir para Marsella. Había mandado mi equipaje por delante, e iba andando a la estación cuando me encontré a tres gitanas ocupadas en comprar flores en un puesto. Me impresionaron de tal manera su belleza y su elegancia deslumbrante que casi perdí el tren. Hasta cuando llegué a Marsella y me encontré con mi amigo, aquella visión me seguía fascinando, y no tuve más remedio que volver. Pero ya no encontré a las tres gitanas. Eso nunca pasa.» El artista estaba siempre buscando atisbos de belleza que trasladar al lienzo -pero sabía muy bien que si no pintaba la belleza cuando la encontraba, todas las probabilidades estaban en contra de que volviera a captar esa vislumbre otra vez. Lo más trágico de la vida es a menudo la oportunidad perdida.

Por último, dice que lo tendrán más fácil Sodoma y Gomorra en el Día del Juicio que los pueblos y aldeas que rechacen el mensaje de Cristo y el Reino. Sodoma y Gomorra se mencionan en el Nuevo Testamento como el arquetipo de la maldad (Mat_11:23 s; Luk_10:12 s; 17:29; Rom_9:29 ; 2Pe_2:6 ; Jud_1:7 ). Es interesante y pertinente notar que precisamente antes de su destrucción Sodoma y Gomorra habían sido culpables de quebrantar grave y viciosamente las leyes de la hospitalidad (Gen_19:1 -I1). Ellas también habían rechazado a los mensajeros de Dios. Pero hasta en su peor momento, Sodoma y Gomorra nunca habían tenido la oportunidad de recibir el mensaje de Cristo y de Su Reino. Por eso es por lo que lo tendrían más fácil al final que los pueblos y aldeas de Galilea; porque siempre es verdad que cuanto más grande ha sido el privilegio mayor es la responsabilidad.

EL DESAFÍO DEL REY A SUS MENSAJEROS

Mateo 10:16-22

Fijaos: Soy Yo Quien os envía como ovejas en medio de lobos. Demostrad que sois tan prudentes como las serpientes, y tan inocentes como las palomas. ¡Cuidado con la gente! Porque os entregarán a los concilios, y os azotarán en sus sinagogas. Os llevarán ante los gobernadores y los reyes por causa de Mí para que podáis darles vuestro testimonio a ellos y a los gentiles. Pero cuando os entreguen, no os preocupéis de cómo habéis de hablar o de lo que habéis de decir. Lo que hayáis de hablar os será dado en aquel momento; porque no seréis vosotros los que hablaréis, sino que será el Espíritu de vuestro Padre el Que hablará por vosotros. El hermano entregará a la muerte a su hermano, y el padre a su propio hijo. Los hijos se levantarán contra los padres, y los matarán; y os odiarán todos por causa de Mi nombre. Pero el que resista hasta lo último, ese estará a salvo.

Antes de estudiar este pasaje en detalle debemos notar dos cosas acerca de él en general.

Cuando estábamos estudiando el Sermón del Monte (páginas 102-332), ya vimos que una de las grandes características de Mateo era su interés en la disposición ordenada de su material. Vimos que Mateo tenía la costumbre de reunir en un lugar todo el material referente a un tema, aunque Jesús lo hubiera dicho en diferentes ocasiones. Mateo era sistematizador. Este pasaje es uno de los ejemplos en que Mateo reúne su material de diferentes tiempos. Aquí recoge las cosas que dijo Jesús en distintas ocasiones acerca de la persecución.

No cabe duda que, hasta cuando Jesús envió a Sus hombres por primera vez, les dijo lo que podían esperar. Pero al principio Mateo relata que Jesús les dijo a Sus hombres que no fueran esa vez a los gentiles o a los samaritanos; y sin embargo en este pasaje Mateo nos presenta a Jesús anunciando persecución y proceso ante gobernadores y reyes, es decir, muy lejos de Palestina. La explicación es que Mateo recoge las referencias de Jesús a la persecución y reúne tanto lo que Jesús dijo cuando envió a Sus hombres en su primera expedición como lo que Jesús les dijo después de Su resurrección, cuando los estaba enviando por todo el mundo. Aquí tenemos las palabras, no sólo de Jesús en Galilea, sino también del Cristo Resucitado.

Además, debemos notar que en estas palabras Jesús estaba haciendo uso de ideas e imágenes que formaban parte del pensamiento judío. Ya hemos visto una y otra vez que era la costumbre de los judíos en sus descripciones del futuro el dividir el tiempo en dos edades. Estaba la edad presente, totalmente mala, y la edad por venir, que sería la edad de oro de Dios; y entre las dos estaría el Día del Señor, que sería un tiempo terrible de caos y destrucción y juicio. Ahora bien, uno de los rasgos que aparecían frecuentemente en el pensamiento judío acerca del Día del Señor era que dividiría a los amigos y a los familiares en dos bandos, y que los vínculos más estrechos de la Tierra se destruirían en amargas enemistades.

«Todos los amigos se destruirán entre sí» (2 Ezr_5:9 ). «En ese tiempo los amigos se harán la guerra unos contra otros como enemigos» (2 Ezr_6:24 ). «Y se pelearán entre sí, los jóvenes con los viejos, y los viejos con los jóvenes, los pobres con los ricos, y los humildes con los grandes, y los mendigos con los príncipes» (Jubileos 23:19). «Y se aborrecerán unos a otros, y se provocarán para luchar; y los miserables gobernarán sobre los honorables, y los de baja estofa serán alabados más que los famosos» (Apocalipsis de Baruc 70:3). «Y empezarán a pelear entre ellos, y su mano derecha será fuerte contra ellos, y ninguno reconocerá a su hermano, ni un hijo a su padre o a su madre, hasta que sean innumerables los cadáveres de sus matanzas» (Enoc 56:7). «Y en aquellos días los marginados se irán y se llevarán a sus niños y los abandonarán, de forma que sus niños perecerán por su culpa; sí, abandonarán a sus niños todavía de pecho y no volverán a ellos; y no tendrán lástima de sus seres queridos» (Enoc 99:5). «Y en aquellos días, en un mismo lugar, los padres juntamente con sus hijos serán heridos, y los hermanos unos con otros caerán muertos hasta que fluyan arroyos con su sangre. Porque un hombre no retendrá su mano de matar a sus hijos y a los hijos de sus hijos, y el pecador no retendrá su mano de su hermano respetable; desde el amanecer hasta el ocaso se matarán unos a otros» (Enoc 100: 1 s).

Todas estas citas se han tomado de los libros que los judíos escribían y conocían y amaban, y con los que alimentaban sus corazones y sus esperanzas en los días entre el Antiguo y el Nuevo Testamento. Jesús conocía estos libros; Sus hombres también los conocían; y cuando Jesús hablaba de los terrores por venir, y de las divisiones que rasgarían los lazos más íntimos de la Tierra, estaba diciéndoles en efecto: «El Día del Señor ha llegado.» Y Sus hombres sabrían lo que les estaba diciendo, y saldrían convencidos de que estaban viviendo los días más grandes de la Historia.

LA HONESTIDAD DEL REY CON SUS MENSAJEROS

No podemos leer este pasaje sin quedar profundamente impresionados con la honestidad de Jesús. Él nunca se resistió a decirles a las personas lo que podrían esperar si Le seguían. Es como si dijera: «Tengo una tarea para vosotros -es de lo más horrible y de lo peor- ¿la aceptáis?» Plummer comenta: «Ésta no es la manera que tiene el mundo de ganar adeptos.» El mundo le ofrece a una persona un sendero de rosas, comodidad, tranquilidad, progreso, el cumplimiento de sus ambiciones mundanas. Jesús les ofreció a los Suyos tribulación y muerte. Y sin embargo la Historia demuestra que Jesús estaba en lo cierto. En lo más íntimo de nuestro corazón a todos nos encanta una invitación a la aventura.

Después del sitio de Roma, en 1849, Garibaldi hizo la siguiente proclamación a sus seguidores: «Soldados, todos nuestros esfuerzos contra fuerzas superiores han sido inútiles. No tengo para ofreceros más que hambre y sed, sufrimiento y muerte; pero llamo a todos los que aman su país a que se me unan.» Y se le unieron a millares.

Después de Dunkerque, Churchill le ofreció a su país «sangre, brega, sudor y lágrimas.» Prescott cuenta que. Pizarro, aquel inveterado aventurero ofreció a su pequeña banda la tremenda elección entre la seguridad conocida de Panamá y el esplendor todavía desconocido del Perú. Echó mano a su espada y trazó con ella una raya en la arena de Este a Oeste: «¡Amigos y camaradas! -les dijo- A ese lado está la brega, el hambre, la falta de ropa, las tormentas que calan hasta los huesos, la destitución y la muerte; a este lado, la facilidad y el placer. Ahí está Perú con sus riquezas aquí Panamá con su pobreza. Que escoja cada hombre lo que le corresponde mejor a un bravo castellano. Por mi parte, yo voy al Sur.» Y cruzó la línea. Trece hombres escogieron la aventura con él.

Cuando Shackleton propuso dirigirse al Polo Sur, pidió voluntarios para la marcha entre ventiscas a través del hielo polar. Esperaba tenerlo difícil; pero le inundaron con cartas, de jóvenes y viejos, ricos y pobres, los de más arriba y los de más abajo, todos deseando participar en esa gran aventura.

Puede que la Iglesia tenga que aprender otra vez que no atraeremos nunca a las personas a una vida fácil; es la llamada de lo heroico la que habla a fin de cuentas al corazón.

Jesús ofreció a sus hombres tres clases de adversidades:

(i) El Estado los perseguiría; los llevarían a los consejos, y a los reyes y a los gobernadores. Mucho antes de esto Aristóteles se había preguntado si un hombre bueno podía ser realmente un buen ciudadano; porque, decía, el deber de un ciudadano es dar su apoyo y obediencia al Estado, y hay veces en que a un hombre bueno eso le resultaría imposible. Cuando llevaran a los hombres de Cristo a tribunales y a juicios no tendrían que preocuparse por lo que habían de decir; porque Dios les daría las palabras. «Yo estaré en tu boca y te enseñaré lo que has de hablar,» le prometió Diosa Moisés (Exo_4:12 ). No era la humillación lo que los primeros cristianos temían; ni tampoco los dolores crueles y la agonía. Pero muchos de ellos temían que su falta de habilidad en el uso de las palabras y la defensa dejara en mal lugar su fe. La promesa de Dios es que cuando uno de los Suyos está enjuicio por su fe, le vendrán las palabras que deba usar.

(ii) La Iglesia los perseguiría; los azotarían en las sinagogas. A la Iglesia no le gusta que la inquieten, y tiene su forma de lidiar a los que alteran la tranquilidad. Los cristianos eran, y somos, los que ponen el mundo patas arriba (Act_17:6 ). Ha sucedido muchas veces que uno que venía con un mensaje de Dios tuviera que arrostrar el odio y la enemistad de una ortodoxia fosilizada.

(iii) La familia los perseguiría; los que tenían más cerca y les eran más queridos los tomarían por locos, y les cerrarían la puerta de su casa en la cara. En todos los tiempos se da a veces el caso de que el cristiano tiene que enfrentarse con la disyuntiva más terrible: la de escoger entre su lealtad a Cristo, y su lealtad a su familia y amigos.

Jesús les advirtió a Sus hombres que en los días por venir podría ser que se confabularan contra ellos el Estado y la Iglesia y la familia.

LAS RAZONES PARA LA PERSECUCIÓN DE LOS MENSAJEROS DEL REY

Mirando las cosas desde nuestro punto de vista encontramos difícil de entender por qué cualquier gobierno podría querer perseguir a los cristianos, cuyo único propósito era vivir en pureza, en caridad y en respeto. Pero en días posteriores el gobierno romano tuvo lo que consideraba buenas razones para perseguir a los cristianos (ver sobre esto páginas 135-138).

(i) Corrían algunas calumnias sobre los cristianos. Los acusaban de ser caníbales por las palabras de la Santa Cena que hablan de comer el cuerpo de Cristo y beber Su sangre. Los acusaban de inmoralidad, porque el nombre que le daban a su fiesta semanal era agapé, la fiesta del amor. Los acusaban de incendiarios, por el cuadro que los predicadores cristianos pintaban del fin del mundo. Los acusaban de ser ciudadanos desleales y desafectos al régimen porque se negaban a confesar la divinidad del emperador.

(ii) Es dudoso que los mismos paganos creyeran realmente estas acusaciones calumniosas. Pero había otras que eran más serias. Se acusaba a los cristianos de deshacer los vínculos familiares. Era verdad que el cristianismo a veces dividía familias, como ya hemos visto; y a los paganos les parecía que era algo que enfrentaba a los padres con los hijos y a los maridos con sus mujeres.

(iii) Una dificultad auténtica la presentaba la posición de los esclavos en la Iglesia Cristiana. En el imperio romano había 60,000,000 de esclavos. Siempre era uno de los temores del imperio el que se rebelaran los esclavos. Si la estructura del imperio había de permanecer intacta, había que mantener a los esclavos en su lugar; no se debía hacer nada para animarlos a rebelarse, o las consecuencias serían más terribles de lo que se podía imaginar.

Ahora bien: la Iglesia Cristiana no trataba de liberar a los esclavos, o de condenar la esclavitud; pero sí trataba a los esclavos como iguales dentro de la Iglesia. Clemente de Alejandría mantenía que «los esclavos son como nosotros,» y a ellos también se les aplicaba la – regla de oro. Lactancio escribió: «Los esclavos no son esclavos para nosotros. Los consideramos hermanos en el Espíritu, consiervos en la fe.» Es un hecho notable que, aunque había millares de esclavos en la Iglesia Cristiana, la palabra esclavo nunca aparece en las inscripciones de las tumbas cristianas romanas.

Y peor todavía: Era perfectamente posible que un esclavo tuviera cargos en la Iglesia Cristiana. Dos obispos de Roma de principios del siglo II, Calixto y Pío, habían sido esclavos. Y no era raro encontrar ancianos y diáconos que eran esclavos.

Y todavía peor: En el año 220 d.C. Calixto, que como ya hemos visto había sido esclavo, decidió que a partir de entonces la Iglesia Cristiana consentiría el matrimonio de una joven de la clase alta con un liberto, un matrimonio que era de hecho ilegal bajo la ley romana, y por tanto no era considerado matrimonio.

Por su manera de tratar a los esclavos, la Iglesia Cristiana debe de haber parecido a las autoridades romanas una fuerza que estaba resquebrajando las bases mismas de la civilización y amenazando la misma existencia del imperio al dar a los esclavos una posición que no debieran haber tenido nunca según la ley romana.

(iv) No cabe duda que el Cristianismo afectó seriamente algunos intereses creados en relación con la religión pagana. Cuando el Cristianismo llegó a Éfeso la industria de los plateros recibió un golpe mortal, porque cada vez eran menos los que deseaban comprar las imágenes que ellos fabricaban (Act_19:24-27 ). Plinio fue gobernador de Bitinia en el reinado de Trajano, y en una carta al emperador (Plinio: Cartas 10:96) le dice que había tomado medidas para arrestar el rápido crecimiento del Cristianismo para que «los templos que habían sido desertados cierto tiempo volvieran a ser frecuentados; los festivales sagrados, interrumpidos hacía tiempo, revivieran; mientras que hay una demanda general de sacrificios animales que hacía algún tiempo que tenían pocos compradores.» Está claro que la extensión del Cristianismo suponía la abolición de algunas industrias y actividades;* y los que perdían su negocio y su dinero no es extraño que se quejaran.

El Cristianismo predica una visión de la persona que no puede aceptar un Estado totalitario. El Cristianismo se proponía deliberadamente obliterar algunos negocios y profesiones y maneras de hacer dinero. Todavía sigue siendo así; y por tanto es probable que el cristiano sufra persecución por su fe.

LA PRUDENCIA DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:23

Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Os aseguro que no completaréis vuestro recorrido a las ciudades de Israel antes que llegue el Hijo del Hombre.

Este pasaje aconseja una prudencia cristiana y sabia. En los días de persecución siempre amenazaba al testigo cristiano un cierto peligro. Siempre hubo algunos que cortejaban el mar tirio; habían llegado a tal intensidad de entusiasmo fanático e histérico que hacían lo que fuera para convertirse en mártires de la fe. Jesús era sabio. Les dijo a Sus hombres que no tenía que haber un desperdicio caprichoso de vidas cristianas; que no debían malgastar sus vidas sin necesidad ni sentido. Como ha dicho alguien, la vida de todo testigo cristiano es preciosa, y no hay que tirarla por la borda. « La bravata no es el martirio.» A menudo los cristianos tenían que morir por su fe, pero no debían perder sus vidas de una manera que no ayudaba realmente a la fe. Como se dijo en tiempo posterior uno debe contender legalmente por la fe.

Cuando Jesús decía esto, estaba hablando de una manera que los judíos reconocerían y entenderían. No ha habido nunca ningún pueblo que haya sido más perseguido que los judíos; y ningún pueblo ha tenido nunca más claro en qué consistían los deberes del mártir. La enseñanza de los grandes rabinos era muy clara. Cuando era una cuestión de santificación pública o profanación abierta del nombre de Dios, la obligación estaba clara: había que estar dispuesto a dar la vida. Pero cuando esa declaración pública no estaba en cuestión; uno podía salvar la vida quebrantando la Ley; pero no había justificación posible para cometer idolatría, adulterio o asesinato.

El caso que los rabinos citaban era el siguiente: Supongamos que a un judío le detiene un soldado romano que se pone a decirle burlonamente y sin otra intención que la de humillar y dejar por tonto a un judío: «Come de este cerdo.» En tal caso el judío puede comer, porque «las leyes de Dios se dan para la vida y no para la muerte.» Pero supongamos que el romano dice: «Come de este cerdo en señal de que abjuras del judaísmo; come de este cerdo en señal de que estás dispuesto a dar culto a Júpiter y al emperador,» entonces el judío debe morir antes que comer. En cualquier tiempo de persecución oficial. el judío debe morir antes que abjurar de su fe. Como decían los rabinos: «Las palabras de la Ley son solamente firmes para el hombre que está dispuesto a morir por ellas.»

Al judío se le prohibía perder la vida en un acto innecesario de martirio; pero cuando era cuestión de verdadero testimonio, tenía que estar preparado a morir.

Haremos bien en recordar que, aunque estamos obligados a aceptar el martirio por nuestra fe, se nos prohíbe cortejar el martirio. Si el sufrir por la fe nos llega en el cumplimiento de nuestro deber, hay que aceptarlo; pero no hay que invitarlo innecesariamente; el invitarlo causa más daño que bien a la fe que confesamos. El constituirse a uno mismo como mártir es muy corriente en todos los asuntos humanos.

Se ha dicho que hay a veces más heroísmo en atreverse a huir del peligro que en esperarlo. Requiere verdadera sabiduría el reconocer cuándo hay que escapar. André Maurois, en Por qué cayó Francia, cuenta una conversación que tuvo con Winston Churchill. Hubo un tiempo al principio de la II Guerra Mundial cuando Gran Bretaña parecía extrañamente inactiva e indispuesta a actuar. Churchill le dijo a Maurois: «¿Ha observado usted los hábitos de las langostas?» «No,» respondió Maurois a esta sorprendente pregunta. Churchill prosiguió: «Bueno, pues si tiene usted oportunidad, estúdielas. En ciertos períodos de su vida la langosta pierde su caparazón protector. Cuando está mudando el caparazón hasta el más bravo crustáceo se retira a una grieta de la roca y espera pacientemente hasta que el nuevo caparazón haya tenido tiempo de salirle. Tan pronto como esta nueva armadura está fuerte, sale de su escondite y vuelve a ser el luchador dueño de los mares. Inglaterra, por culpa de ministros imprevisores, ha perdido su caparazón; debemos esperar en nuestra gruta hasta que esté fuerte de nuevo.» Ese era un tiempo en el que la inacción era más sabia que la acción; y cuando el huir era más sabio que el atacar.

Si uno es débil en la fe, hará bien en evitar las discusiones acerca de cosas dudosas, y no lanzarse a ellas. Si uno sabe que es vulnerable a cierta tentación, hará bien en evitar los lugares en que puede esperar que se le presente, y no frecuentarlos. Si uno sabe que hay personas que le ponen nervioso y le fastidian y que le provocan a lo que no debe hacer, será sabio evitar esa compañía en vez de buscarla. El valor no es la temeridad; no es nada bueno correr riesgos innecesarios; la gracia de Dios no está para proteger a los temerarios sino a los prudentes.

LA LLEGADA DEL REY

Este pasaje contiene un extraño dicho que honradamente no podemos pasar por alto. Mateo nos describe a Jesús enviando a Sus hombres y diciéndoles: «No completaréis vuestro recorrido de las ciudades de Israel antes de que llegue el Hijo del Hombre.» A primera vista esto parece querer decir que antes de qué Sus hombres hubieran completado su campaña de evangelización, llegaría Su día de gloria y Su vuelta al poder. La dificultad está precisamente en que eso no sucedió; y, sí Jesús lo esperaba, se equivocó. Si dijo esto en ese sentido, predijo algo que no sucedió. Pero hay una explicación perfectamente buena y suficiente de esta aparente dificultad.

La Iglesia Primitiva creía intensamente en la Segunda Venida de Jesús, y creía que iba a suceder pronto, en su misma generación. No podía haber nada más natural que, como estaban viviendo días de salvaje persecución, anhelaran el día de su liberación y su gloria. El resultado era que se aferraban a cualquier posible dicho de Jesús que se pudiera interpretar como alusión a Su vuelta triunfante y gloriosa; y a veces y con toda naturalidad usaron cosas que Jesús había dicho, leyendo en ellas algo distinto de lo que decían originalmente.

Podemos observar cómo tuvo lugar este proceso en las páginas del Nuevo Testamento. Hay tres versiones de un único dicho de Jesús. Vamos a colocarlas una detrás de otra:

Os aseguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver al Hijo del Hombre que viene en Su Reino (Mat_16:28 ). Os aseguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver el Reino de Dios venir con poder (Mar_9:1 ). Os digo de seguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver el Reino de Dios (Luk_9:27 ).

Está bien claro qué .-éstas son tres versiones del mismo dicho. Marcos es el -más primitiva de los tres, y por tanto la versión de Marcos es la que tiene más probabilidades de ser estrictamente exacta. Marcos dice que había algunos de los que estaban escuchando a Jesús que no morirían antes de ver el Reino de Dios viniendo con poder. Eso fue gloriosamente cierto, porque a los treinta años de la Cruz el mensaje del Cristo Crucificado y Resucitado se había extendido por todas partes y había llegado a Roma, la capital dei mundo. Era cierto que muchos estaban entrando en el Reino; era cierto que el Reino estaba viniendo con poder. Lucas transmite el dicho en la misma forma que Marcos.

Ahora fijaos en Mateo. Su versión es ligeramente diferente: dice que hay algunos que no morirán hasta que hayan visto al Hijo del Hombre viniendo con poder. Eso, literalmente, no sucedió. La explicación es que Mateo estaba escribiendo entre los años 80 d.C. y 90 d.C., cuando estaba teniendo lugar una terrible persecución. Los cristianos se aferraban a todo lo que recordara la prometida liberación de la agonía; y él tomó el dicho que anunciaba la difusión del Reino y lo expresó de una manera que anunciaba la Segunda Venida de Cristo en la vida de una persona… ¿Y quién se lo reprocharía?

Eso es lo que ha hecho aquí Mateo. Tomad este dicho de nuestro pasaje y escribidlo como lo habrían escrito Marcos y Lucas: «No completaréis vuestro recorrido de las ciudades de Israel antes que venga el Reino de Dios.» Esa fue una verdad bendita; porque a medida que iban avanzando en su misión, los corazones se iban abriendo a Jesucristo y recibiéndole como Maestro y Señor.

En un pasaje como este no debemos pensar que Jesús se equivocó, sino más bien que Mateo interpretó la promesa de la venida del Reino como una promesa de la Segunda Venida de Jesucristo. Y lo hizo porque en días de terror los creyentes se aferraban a la esperanza de Cristo; y Cristo vino para ellos en el Espíritu, porque nadie sufrió jamás por Cristo a solas.

EL MENSAJERO DEL REY Y LOS SUFRIMIENTOS DEL REY

Mateo 10:24-25

El alumno no está por encima de su maestro, ni el esclavo por encima de su amo. Ya es bastante para el alumno el ser como su maestro, y para el esclavo ser como su amo. Si al Amo de la casa Le han llamado Beelzebul, ¡cuánto más se lo llamarán a los de Su casa!

Jesús advirtió a Sus discípulos que debían esperar que les sucediera a ellos lo que Le sucedió a El. Los judíos conocían muy bien el dicho: « Bástele al esclavo ser como su amo.» En años sucesivos habrían de usarla con un sentido especial. En el año 70 d.C. Jerusalén fue destruida, y de tal manera que se pasó un arado por sus ruinas. El templo de Dios y la ciudad de Dios quedaron en ruinas. Los judíos se dispersaron por todo el mundo, y muchos de ellos lamentaron e hicieron duelo de la suerte terrible que les había correspondido a ellos personalmente. Fue entonces cuando los rabinos les dijeron: «Cuando el templo de Dios ha sido destruido, ¿cómo puede ningún judío lamentar sus propias desgracias personales?»

En este dicho de Jesús hay dos cosas.

(i) Hay una advertencia: la de que, como Jesús tuvo que llevar una cruz, también cada cristiano individual debe llevar una cruz. La palabra que se usa para los miembros de su casa es una sola en griego, oikiakoi. Esta palabra tiene un sentido técnico: se refiere a los miembros de la casa oficial de un gobierno: es decir, los miembros del gobierno. Es como si Jesús dijera: «Si Yo, el supremo dignatario y jefe del ejército, debo sufrir, vosotros que estáis a mis órdenes en mi gobierno no podéis salir mejor parados.» Jesús nos llama a participar, no sólo de Su gloria, sino también de Su sacrificio. Cuando el ser cristiano conlleva dificultades, nos podemos decir, no sólo: «Hermanos, estamos recorriendo el camino que anduvieron los santos,» sino también: «Hermanos, vamos por el camino que hollaron los mismos pies de Cristo.»

Siempre es emocionante pertenecer a una noble compañía. Eric Linklater cuenta en su autobiografía su experiencia en la desastrosa marcha de retirada de la Primera Guerra Mundial. Estaba en la compañía Black Watch, que después de la batalla había quedado reducida a un oficial, treinta soldados y un gaitero. «Al día siguiente, marchando pacíficamente a la luz de la mañana de Francia por un camino vecinal, nos encontramos con los fragmentos deshilachados de un batallón de los Foot Guards; y el gaitero, dándole aliento a su gaita, y tañéndola de tal manera que llenaba todo el aire como si fuera toda la banda de la División de las Highlands, saludó a los altos Coldstreamers, a los que les quedaban un tambor o dos y algunos instrumentos de bronce que también iban haciendo una música gallarda. Tiesos nos pasamos, hinchando el pecho, mirando a la derecha, con las faldas escocesas balanceándose en respuesta al contoneo de los Guards, y con el pompón rojo en las boinas en prueba de una fe machacada pero en recuperación. Estábamos sin afeitar y llenos de barro. Los Guards -los cincuenta que quedaban del batallón- estaban con los botones brillantes y bien afeitados -nosotros parecíamos mineros recién salidos de las minas de carbón de Fife o de las chabolas de Dundee, pero pisábamos a paso rápido al compás marcial de nuestra canción escocesa «Hielan› Laddie», y de pronto me encontré gritando de pura juerga y alegría de encontrarme en tal compañía.» Una de las grandes emociones de la vida es estar en buena compañía y pertenecer a una gran comunidad.

Cuando nuestra fe nos cuesta algo estamos más cerca que nunca de la comunión con Jesucristo; y, si participamos de la comunión de Sus padecimientos, también experimentaremos el poder de Su resurrección.

LA LIBERACIÓN DEL MIEDO DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:26-31

Así que no les tengáis miedo; porque no hay nada que esté velado que no haya de ser desvelado, ni nada escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz del día; lo que se os susurra al oído, proclamadlo desde las azoteas.

No les tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no el alma; temed más bien al Que tiene poder para destruir tanto el cuerpo como el alma en la gehena.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una pesetas, y ni uno de ellos se posará en el suelo sin que lo sepa vuestro Padre? Dios lleva la cuenta hasta de los pelos que tenéis en la cabeza; así que no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

Tres veces en este breve pasaje Jesús exhorta a Sus discípulos que no tengan miedo. El mensajero del Rey tiene que tener una cierta intrepidez valerosa que le distinga de otras personas.

(i) La primera orden está en los versículos 26 y 27, y habla de una doble intrepidez.

(a) No tienen que tener miedo, porque no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni escondido que no llegue a saberse. El sentido de esto es que la verdad triunfará. «Grande es la verdad -decía un proverbio latino-, y prevalecerá.» Cuando Jaime VI de Inglaterra amenazó a Andrew Melville con desterrarle o ahorcarle, la respuesta del reformador fue: «Tú no puedes desterrar o ahorcar la verdad.» Cuando el cristiano se encuentra atacado por el sufrimiento, el sacrificio y aun el martirio por su fe, debe recordar que llegará un día cuando se verán las cosas como son en realidad; y entonces el poder del perseguidor y el heroísmo del testigo cristiano se apreciarán en su justo valor, y cada uno recibirá su merecido.

(b) No tienen que tener miedo de proclamar con coraje el mensaje que han recibido. Lo que Jesús les había dicho, tenían que decírselo a todo el mundo. Aquí en este versículo único (el 27) se encuentra la verdadera función del predicador.

En primer lugar, el predicador debe escuchar; debe estar en el consejo secreto con Cristo, para que en las horas tenebrosas Cristo le hable, y para que en la soledad Cristo le susurre al oído. Nadie puede hablar por Cristo a menos que Cristo le haya hablado; nadie puede proclamar la verdad a menos que haya escuchado a la verdad; porque nadie puede comunica a otros lo que no sabe.

En los grandes días en que la Reforma estaba llegando a nacer, Colet invitó a Erasmo a que fuera a Oxford a dar una serie de conferencias sobre Moisés o Isaías; pero Erasmo sabía que no estaba listo, y le mandó su respuesta: «Pero yo, que he aprendido a vivir conmigo mismo, y sé cuán escaso es mi bagaje, no puedo pretender la preparación que se requiere para esa tarea, ni creo poseer la fuerza de mente para resistir los celos de tantos que estarán ansiosos por mantener su propio terreno. Esa campaña es tal que requiere, no un novato, sino un experto general. Ni tampoco quiero que me consideres inmodesto por declinar una posición que sería más inmodesto aceptar. No estás actuando sabiamente, Colet, al pedirle agua a una roca pómez, como decía Plauto. ¿Con qué cara voy yo a enseñar lo que nunca he aprendido? ¿Cómo voy a calentar a otros cuando yo mismo estoy tiritando de frío?»

En segundo lugar, el predicador debe hablar lo que Le ha escuchado a Cristo, y debe hablar aunque lo que diga le granjee el odio de muchos; y aun si, por hablar, tiene que tomar su vida en sus manos.

A la gente no le gusta la verdad; porque, como decía Diógenes, la verdad es como la luz para los ojos irritados. Una vez estaba predicando Latimer en presencia del rey. Sabía que iba a decir algo que al rey no le agradaría; así es que en el púlpito mantuvo un soliloquio consigo mismo: «¡Latimer, Latimer, Latimer! – se decía – Cuidado con lo que dices: El Rey Enrique VIII está aquí.» Hizo. una pausa, y luego prosiguió: «¡Latimer, Latimer, Latimer! Ten cuidado con lo que dices. ¡El Rey de reyes está aquí!»

El que tiene un mensaje habla a los hombres, pero habla en la presencia de Dios. Se dijo del gran reformador escocés John Knox cuando le estaban enterrando: «Aquí yace uno que temía a Dios tanto que nunca tuvo el más mínimo temor delante de ningún hombre.»

El testigo cristiano es alguien que no conoce el miedo, porque sabe que el juicio de la eternidad corregirá los juicios del tiempo. El predicador y maestro cristiano es una persona que escucha con reverencia y luego habla con coraje; porque sabe que, ya sea que escuche o que hable, está en la presencia de Dios.

LA LIBERACIÓN DEL MIEDO Y EL CORAJE DE LA JUSTICIA DEL MENSAJERO DEL REY

La segunda orden está en el versículo 28. Para decirlo sencillamente, lo que Jesús está diciendo aquí es que ningún castigo que los hombres puedan imponer se puede comparar con el destino final del que haya sido culpable de infidelidad y desobediencia a Dios. Es verdad que los hombres pueden matar el cuerpo físico; pero Dios puede condenar a muerte el alma. Hay tres cosas en que debemos fijarnos aquí.

(a) Algunas personas creen en lo que se llama inmortalidad condicional. Esta creencia sostiene que la recompensa de la bondad es que el alma se eleva más y más hasta que es una con toda la inmortalidad, la bienaventuranza y la bendición de Dios; y que el castigo del malvado que se niegue a enmendar sus caminos a pesar de las llamadas de Dios es que su alma irá cayendo cada vez más hasta que al final desaparezca y deje de ser. No podernos construir una doctrina basándonos en un solo texto; pero eso es algo muy parecido a lo que Jesús está diciendo aquí.

Los judíos sabían que el castigo de Dios era algo terrible.

Porque Tú tienes potestad sobre la vida y la muerte. Y Tú guías hacia abajo hasta las puertas del Hades; y otra vez de -vuelta hacia arriba. Pero, aunque el hombre puede matar en su malignidad, sin embargó no puede traer de nuevo el espíritu que ha marchado, ni liberar al alma que el Hades ha recibido. (Sabiduría de SalomóNum_16:13

LA GUERRA DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:34-39

No creáis que he venido a traer la paz a la Tierra: no he venido a traer la paz, sino la espada. He venido a poner a un hombre en desacuerdo con su padre, a una hija con su madre, a una nuera con su suegra… y los enemigos de una persona serán los miembros de su propia familia. El que ame a su padre o a su madre más que a Mí, no merece ser Mi seguidor; y el que no tome su cruz y Me siga, no merece ser Mi seguidor. El que piense en encontrar la vida será el que la pierda; y el que pierda la vida por causa de Mí será el que la halle.

En ningún otro pasaje se despliega más claramente que en éste la absoluta honestidad de Jesús. Aquí coloca el listón de la demanda cristiana en lo más alto y menos asequible. Dice a los suyos exactamente lo que pueden esperar si aceptan la comisión de mensajeros del Rey. Jesús ofrece .aquí en este pasaje cuatro cosas.

(i) Ofrece la guerra; y en esa guerra sucederá a menudo que los enemigos de una persona serán los de su propia casa.

El caso es que Jesús estaba usando un lenguaje que les era perfectamente familiar a los judíos. Los judíos creían que una de las características del Día del Señor, el día en que Dios intervendría en la Historia, sería la división de las familias. Los rabinos decían: «En el tiempo cuando venga el Hijo de David, una hija se levantará contra su madre, una nuera contra su suegra.» «El hijo desprecia al padre, la hija se rebela contra su madre, la nuera contra su suegra, y los enemigos de un hombre son los de su propia familia.» Es como si Jesús dijera: «El fin que habéis estado esperando ha llegado, y la intervención de Dios en la Historia ya está dividiendo las familias y los grupos y los hogares.»

Cuando surge una gran causa, la gente se divide irremisiblemente; no se puede evitar que haya quienes acepten, y quienes rechacen el desafío. El encontrarse cara a cara con Jesús supone tener que decidir si se Le acepta o se Le rechaza; y el mundo siempre estará dividido entre los unos .y los otros.

Lo más amargo de esta guerra era que los enemigos de una persona fueran los de su propia casa. Puede suceder que el amor que uno tenga a su esposa y a su familia le haga renunciar a alguna gran aventura, a algún curso de servicio, a alguna llamada al sacrificio; ya sea porque no se quiere separar de ellos o porque no quiere someterlos a ningún peligro.

T. R. Glover cita una carta de Oliver Cromwell al lord Wharton del 1 de enero de 1649, y Cromwell tenía en mente la sospecha de que Wharton estuviera tan unido a su esposa y hogar que se negara a escuchar la llamada a la aventura y a la lucha y decidiera quedarse en casa: «Mis respetos a la querida señora; querría que no la convirtieras en una tentación mayor de lo que es. Guárdate- de todos los parientes. Las misericordias no deben ser tentaciones; pero a veces es en eso en lo que las convertimos.»

A veces sucede que uno desoye la llamada de Dios a algún servicio arriesgado porque se deja inmovilizar por los lazos familiares. Esta es una disyuntiva frecuente. Puede que uno pase por la vida sin tener que arrostrarla; pero es un hecho que es posible que los más queridos se conviertan en los peores enemigos si son ellos los que de alguna, manera le impiden a uno hacer lo que Dios quiere que haga.

(iii),Les ofrece una elección; y una persona tiene que escoger a veces entre los lazos más íntimos de la Tierra y la lealtad a Jesucristo.

Bunyan experimentó dramáticamente este dilema. Lo que más le angustiaba en la cárcel era el efecto que tendría en su esposa e hijos. ¿Qué sería de ellos, privados de su apoyo? « El separarme de mi mujer y de mis pobres hijitos se me hacía en este lugar algo tan desgarrador como si me arrancaran la carne de los huesos; y eso, no sólo porque aprecio en gran manera esas bendiciones, sino también porque me venían a menudo a la mente las muchas dificultades, miserias y necesidades que tendría que soportar mi pobre familia si me separaran de ella, especialmente mi pobre hijita ciega, que pesaba en mi corazón más que todo lo demás. ¡Oh, la idea de las adversidades que tendría que pasar mi cieguecita me destrozaba el corazón… ! Pero, volviendo en mí, pensé que lo tenía que aventurar todo por Dios, aunque fuera como separar la uña de la carne. ¡Oh, al verme en esta condición me comparaba con un .hombre que estuviera derribando su casa encima de su esposa e hijos! Pero pensé: Lo tengo que hacer, lo tengo que hacer.» Es verdad que esta terrible disyuntiva no es muy frecuente; por la misericordia de Dios, puede que no se nos presente nunca a muchos de nosotros; pero sigue siendo un hecho que todas las lealtades deben ceder el paso a la lealtad a Dios.

EL PRECIO DE SER UN MENSAJERO DEL REY

(iii) Jesús ofrece una cruz. Los habitantes de Galilea sabían muy bien lo que era una cruz. Cuando el general romano Varo aplastó el levantamiento de Judas el Galileo, crucificó a dos mil judíos; colocando las cruces al borde de todas las carreteras que conducían a Galilea. En la antigüedad, los criminales llevaban a cuestas el travesaño de la cruz al lugar de la ejecución, y los hombres a los que hablaba Jesús habían visto a los reos marchar tambaleándose bajo el peso de las cruces y muriendo en agonía sobre ellas.

Los grandes hombres cuyos nombres están en el cuadro de honor de la fe sabían muy bien lo que estaban haciendo. Después de ser juzgado -en el castillo de Scarborough, George Fox escribió: «Y los oficiales me amenazaban a menudo con que me iban a ahorcar en la muralla… hablaban mucho de ahorcarme. Pero yo les dije que si eso era lo que querían, y los dejaban hacerlo, yo estaba preparado.» Cuando trajeron a Bunyan a presencia del magistrado, dijo: «Señor, la ley de Cristo ofrece dos formas de obediencia: la una, hacer lo que creo en conciencia que estoy obligado a hacer, activamente; y cuando no puedo obedecer activamente, estoy dispuesto a yacer y sufrir lo que me hayan de hacer.»

El cristiano puede que tenga que sacrificar sus ambiciones personales, la tranquilidad y la comodidad que podría haber disfrutado, la carrera que podría haber completado; puede que tenga que renunciar a sus sueños, puede que tenga que darse cuenta de que las cosas luminosas que había vislumbrado no serían nunca para él. Seguramente tendrá que sacrificar su voluntad, porque ningún cristiano puede nunca hacer lo que a él le agrade; tiene que hacer lo que a Cristo Le agrada. En el Cristianismo hay siempre una cruz, porque por eso es la religión de la Cruz.

(iv) Jesús ofrece aventura..Les dijo que el que encuentra su vida es el que la pierde; y el que la pierde, – la encuentra.

Una y otra vez eso ha sido verdad en el sentido más literal. Siempre ha sido verdad que muchas personas hubieran podido salvar la vida fácilmente; pero, si la salvaban, la habrían perdido, porque nunca habría oído nadie hablar de ellos, y habrían perdido el lugar que- ocupan en, la Historia..

Epicteto decía de Sócrates: «Muriendo, se salvó, porque no huyó.» Podría haber salvado la vida; pero en ese- caso, el verdadero Sócrates habría muerto, y no se le habría recordado. Cuando acusaron a Bunyan de negarse a acudir a los cultos de la religión oficial y de celebrar reuniones prohibidas por su cuenta, pensó muy en serio si su deber era salir huyendo para salvar la vida, o mantenerse firme en lo que creía que era la verdad. Como todo el mundo sabe, escogió esto último. T. R. Glover concluye su estudio sobre Bunyan manifestando: «Y suponiendo que le habían comido el coco, y que él había dado su consentimiento a dejar de «abstenerse perniciosa y diabólicamente de ir a la iglesia para escuchar el culto divino,» y dejar de ser «promotor de ciertas reuniones ilegales y conventículos que causaban gran confusión y desviación a los buenos ciudadanos del reino contra las leyes de nuestro soberano señor el rey», Bedford habría preferido mantener a un quinqui antes que a él -y posiblemente no uno- de los mejores, porque no hay nada que demuestre que los renegados resultan buenos pensadores-; pero ¿cuánto habría perdido Inglaterra?»

No hay lugar para una táctica de seguridad en la vida cristiana. El que busca en primer lugar la tranquilidad y la comodidad y la seguridad y el cumplimiento de sus ambiciones personales, puede que obtenga todo eso, pero no será un hombre feliz; porque vino a este mundo para servir a Dios y a sus semejantes. Uno puede amasar la vida, si es eso lo que quiere; pero de esa manera perderá todo lo que hace valiosa la vida para los demás, y digna de vivir para sí mismo. El camino del servicio a sus semejantes, el camino de cumplir el propósito de Dios en nuestra vida, el camino de la verdadera felicidad consiste en gastar la vida generosamente, porque sólo así podemos encontrar la vida, aquí y en el más allá.

LA RECOMPENSA DE LOS QUE RECIBEN AL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:40-42

El que os reciba a vosotros es como si Me recibiera a Mí en persona; y el que Me reciba a Mí, recibirá realmente al Que Me envió. El que reciba a un profeta como tal, recibirá la recompensa de un profeta; y el que reciba a un hombre justo como lo que es, recibirá la recompensa de un hombre justo. Y el que le dé a uno de estos pequeñitos un trago de agua fresca porque es Mi discípulo y esto que os digo es la pura verdad no se quedará sin su recompensa.

Cuando Jesús dijo esto, estaba hablando de una manera que era comente entre los judíos. Los judíos creían que el recibir al enviado o mensajero de una persona era como recibir a la misma persona. El hacer los honores a un embajador era lo mismo que hacérselos al rey que le había enviado. El recibir con amor al mensajero de un amigo era lo mismo que recibir al amigo mismo. Los judíos siempre creyeron que el honor que se hacía al representante de una persona era el mismo que el honor que se hacía a la persona cuyo era el representante. Esto era particularmente cierto en relación con los sabios y con los que enseñaban la verdad de Dios. Los rabinos decían: «El que da hospitalidad a los sabios es como si trajera las primicias de sus frutos a Dios.» «El que recibe con afecto a los instruidos es como si recibiera a Dios.» Si uno es un verdadero hombre de Dios, el recibirle es recibir al Dios que le envió.

Este pasaje define los cuatro eslabones de la cadena de la salvación. (i) Está Dios, en Cuyo amor empezó todo el proceso de la salvación. (ii) Está Jesús, Que trajo ese mensaje a la humanidad. (iii) Está el mensajero humano, el profeta que habla, el hombre bueno que es un ejemplo, el discípulo que aprende, quienes a su vez pasan a otros la buena noticia que han recibido. (iv) Está el creyente que recibe a los hombres y el mensaje de Dios y que así encuentra la vida para su alma. Aquí hay algo muy precioso para toda alma sencilla y humilde.

(i) No todos podemos ser profetas, y predicar y proclamar la palabra de Dios, pero el que ofrece al mensajero de Dios el sencillo don de la. hospitalidad recibirá no menos recompensa que el mismo profeta. Hay muchas personas que han sido grandes figuras públicas; hay muchas personas cuya voz ha inflamado los corazones de millares; hay muchas personas que han asumido una carga casi insoportable de responsabilidad y servicio público, todas las cuales habrían dado testimonio con gusto de que no podrían haber sobrevivido al esfuerzo y las exigencias de su tarea si no hubiera sido por el amor y el cuidado y la simpatía y el servicio de alguien en casa de quien el público no sabía nada. Cuando la verdadera grandeza se mida a los ojos de Dios se verá una y otra vez que la persona que movió el mundo dependía totalmente de otra que, por lo que concierne al mundo, era una desconocida. Hasta el profeta tiene que tomar el desayuno, y que su ropa esté lista. Que las que tienen la ingrata tarea de hacer un hogar, preparar comidas, lavar la ropa, hacer la compra, cuidar de los niños… no lo consideren una rutina o un aburrimiento. Es la mayor tarea de Dios; y será más probable que reciban la recompensa del profeta ellas que otros cuyo horario está lleno de reuniones de comités y cuyos hogares son inhóspitos.

(ii) No todos podemos ser ejemplos luminosos de bondad; no todos podemos descollar a los ojos del mundo por nuestra integridad; pero la persona que ayuda a una persona buena a ser buena recibe la recompensa de una persona buena.

H. L. Gee tiene una historia preciosa. Había un chico en una aldea que, después de una gran lucha, llegó al ministerio pastoral. El que le ayudó en sus estudios era el zapatero de la aldea. El zapatero, como muchos de su profesión, era un hombre muy leído y buen pensador, y había hecho mucho por el otro. A su debido tiempo el joven fue ordenado. Y ese día el zapatero le dijo: « Siempre he deseado ser ministro del Evangelio, pero las circunstancias de mi vida lo hicieron imposible. Pero tú estás logrando lo que estuvo cerrado para mí; y quiero que me prometas una cosa: Quiero que me permitas hacer y arreglar tus zapatos, sin pagarme nada, y que te los pongas para subir al púlpito a predicar; y entonces yo sabré que estás predicando el Evangelio que yo siempre quise predicar con mis zapatos puestos.» (En inglés «estar en los zapatos de otro» es como en español «estar en el pellejo de otro».) El zapatero estaba sirviendo a Dios lo mismo que el predicador, y su recompensa sería un día la misma.

(iii) No todos podemos enseñar a un niño; pero hay maneras de servir al niño que nos son asequibles a todos. Puede que no tengamos ni los conocimientos ni la técnica para enseñar, pero hay que hacer otras muchas cosas sencillas sin las cuales el niño no podría vivir. Puede que en este pasaje no sea en los niños en edad en los que Jesús está pensando sino en los niños en la fe. Parece muy probable que los rabinos llamaban a sus discípulos los pequeñitos. Puede que no podamos enseñar en el sentido técnico y académico; pero hay una enseñanza mediante la vida y el ejemplo que hasta la persona más sencilla puede impartir a los demás.

(iv) La gran belleza de este pasaje está en su insistencia en cosas sencillas. La Iglesia y Cristo siempre necesitarán grandes oradores, ejemplos luminosos de santidad, grandes maestros, cuyos nombres se conocerán en todos los hogares; pero la Iglesia y Cristo siempre necesitarán también a aquellos en cuyos hogares se ofrece hospitalidad, cuyas manos están siempre dispuestas a los servicios que hacen un hogar, y de cuyos corazones fluye el cuidado que es esenencial en el amor cristiano; y, como decía la señora Browning: «Todo servicio cuenta igual para Dios.»

Mateo 10:1-42

10.1 Jesús llamó a sus discípulos. No los presionó, ni los forzó ni les pidió que fueran voluntarios. Ser llamado significa ser elegido para servir a Cristo en una forma especial. Si usted lo conoce de veras, no puede hacer otra cosa. Cristo nos llama hoy. El no nos tuerce el brazo ni nos obliga a actuar en contra de nuestra voluntad. Podemos elegir unirnos a El o quedarnos atrás. Cristo lo está llamando a usted para que lo siga. ¿Responde a su llamado?

10.2-4 La lista de los doce discípulos de Jesús no nos proporciona muchos detalles, tal vez porque no eran muy impresionantes. Jesús llamó a personas que estaban de diferentes oficios: pescadores, activistas políticos, recaudadores de impuestos. Llamó a hombres comunes y a líderes; ricos y pobres; educados y analfabetos. Hoy, muchas personas piensan que solo cierto tipo de persona es digna de seguir a Cristo, pero esa no fue la actitud del Maestro. Dios puede usar a cualquiera por insignificante que parezca. El usa personas ordinarias para llevar a cabo su obra extraordinaria.

10.4 En esta lista, Bartolomé es quizás Natanael el que aparece en Joh_1:45-51. Tadeo es además conocido como Judas, hijo de Santiago. Los discípulos también son dados a conocer en Mar_3:16-19; Luk_6:14-16; y Act_1:14.

10.4 Simón el cananista era zelote. Los zelotes eran un partido político radical que luchaba por librar a Israel del yugo romano.

10.5, 6 ¿Por qué Jesús no envió a los discípulos a los gentiles o a los samaritanos? Un gentil es uno que no es judío. Los samaritanos eran una raza que tuvo su origen en el matrimonio entre judíos y gentiles, después de las cautividades en el Antiguo Testamento (véase 2Ki_17:24). Jesús pidió a sus discípulos que fueran sólo a los judíos porque El vino primero a los judíos. Dios había elegido a los judíos para que hablaran de El ante el mundo. Y eso es lo que en realidad sucedió: discípulos y apóstoles judíos predicaron las buenas nuevas del Cristo resucitado en todo el Imperio Romano y muy pronto los gentiles se añadieron a la Iglesia. La Biblia enseña con claridad que el mensaje de salvación de Dios es para todos, sin importar raza, sexo ni nacionalidad (Gen_12:3; Isa_25:6; Isa_56:3-7; Mal_1:11; Act_10:34-35; Rom_3:29-30; Gal_3:28).

10.7 Los judíos estaban esperando que el Mesías estableciera su reino. Esperaban un reino político y militar que los libertara del gobierno romano y que los hiciera volver a los días de gloria bajo el reinado de David y Salomón. Pero Jesús hablaba de un reino espiritual. Las buenas nuevas de hoy es que el Reino todavía está cerca. Jesús, el Mesías, ya empezó a reinar en la tierra en el corazón de sus seguidores. Un día su reinado será total. Luego el maligno será destruido y todos viviremos en paz.

10.8 Jesús enseñó a sus discípulos un principio que debía guiarlos al salir a predicar: «De gracia recibisteis, dad de gracia». Como Dios ha derramado sus bendiciones sobre nosotros, debemos dar a otros con generosidad nuestro tiempo, amor y posesiones.

10.10 Jesús dice que los siervos de Dios deben ser objeto de cuidado; los discípulos debían esperar alimentos y amparo a cambio del servicio espiritual que ofrecían. ¿Quién lo ayuda a usted espiritualmente? Vele siempre por los pastores, misioneros y maestros que sirven a Dios al servirlo a usted (véase 1Co_9:9-10 y 1Ti_5:17).

10.10 En la narración de Marcos (6.8) dice que deben llevar bordón, y en Mateo y Lucas (9.3) dice que no. Jesús pudo haber querido decir que no llevaran un par extra de sandalias, ni bastón ni bolsa. Sea como fuere, el principio era que debían salir, listos para la tarea y para el viaje, sin trabas por el exceso de bienes materiales.

10.14 ¿Por qué dijo Jesús que debían sacudirse el polvo de los pies si una ciudad u hogar no los recibía? Cuando los judíos piadosos salían de las ciudades gentiles, con frecuencia se sacudían el polvo de los pies para mostrar su separación de las prácticas gentiles. Si los discípulos se sacudían de los pies el polvo de un pueblo judío, indicaban que se separaban de los judíos que habían rechazado a su Mesías. Este gesto demostraba a la gente que estaban eligiendo mal, que la oportunidad para escoger a Cristo no se presentaría otra vez. ¿Es usted receptivo a la enseñanza de Dios? Si no sigue el impulso del Espíritu, puede que no vuelva a tener otra oportunidad.

10.15 Las ciudades de Sodoma y Gomorra fueron destruidas por fuego del cielo a causa de la maldad de sus moradores (Gen_19:24-25). Jesús dijo que el castigo de los que rechazan las buenas nuevas sería mayor que el de aquellas ciudades que fueron destruidas sin haber oído ese mensaje.

10.16 En su oposición al evangelio, los fariseos serían como lobos rapaces. La única esperanza de los discípulos sería buscar protección en su Pastor. Nosotros podemos ser confrontados con una hostilidad similar. Así como los discípulos, no debemos tener una actitud apocada, sino una actitud sensible y prudente. No debemos ser crédulos, pero tampoco entrar en confabulaciones.

10.17, 18 Más tarde los discípulos experimentarían estas dificultades (Act_5:40; Act_12:1-3), no sólo con los de afuera (gobiernos, tribunales), sino también con los de adentro (amigos, familia) (Act_10:21). Vivir por Dios con frecuencia trae consigo persecución pero con ella viene la oportunidad de anunciar las buenas nuevas de salvación. En medio de la persecución, podemos actuar con confianza porque Jesús ha vencido al mundo (Joh_16:33). Y el que «persevere hasta el fin, éste será salvo» (Joh_10:22).

10.19, 20 Jesús dijo a sus discípulos que cuando fueran arrestados por predicar el evangelio, no se preocuparan de lo que deben decir en su defensa: el Espíritu de Dios hablaría por medio de ellos. Esta predicción se cumplió en Act_4:8-14 y se cumple en todo lugar. Algunos piensan que esto significa que no tenemos que prepararnos para presentar el evangelio porque Dios se encarga de todo. Las Escrituras enseñan, sin embargo, que debemos presentar declaraciones bien pensadas y cuidadosamente preparadas (Col_4:6). Jesús no dice que no debemos prepararnos, sino que no debemos preocuparnos.

10.22 Permanecer hasta el fin no es la manera de alcanzar la salvación sino la evidencia de que uno se ha entregado de veras a Jesús. La persistencia no es un medio de asegurar nuestra salvación, sino el resultado de una vida rendida al Señor.

10.23 Cristo advirtió a sus discípulos que debían evitar el martirio prematuro. Debían irse antes de que la persecución fuera demasiado grande. Tenemos mucho por hacer y muchas personas por alcanzar. Nuestro trabajo no terminará hasta que Cristo regrese. Y sólo después de que El regrese el mundo descubrirá realmente quién es El (véase Mat_24:14; Rom_14:9-12).

10.25 Beelzebú es también conocido como la potestad de los aires y príncipe de los demonios. Los fariseos acusaron a Jesús de valerse del poder de Beelzebú para expulsar demonios (véase 12.24). Algunas veces lo bueno es rotulado como malo. Si a Jesús, que es perfecto, lo llamaron malo, sus seguidores pueden esperar acusaciones similares. Pero los que permanecen firmes serán vindicados (10.22).

10.29-31 Jesús dice que Dios cuida de los pajarillos y nosotros somos mucho más importantes para Dios que cualquier ave. Tan valiosos somos que Dios envió a su único Hijo a morir por nosotros (Joh_3:16). Usted es de gran valor para Dios. Usted nunca se ha extraviado en el inventario de Dios. Por tanto, no hay que temer las afrentas ni las aflicciones. Estas jamás podrán separarnos del amor de Dios, ni desalojar al Espíritu de Dios que mora en nosotros. Pero no piense que por ser valioso Dios va a librarle de todos sus problemas (véase 10.16). La calidad se demuestra con el uso, el mal trato y el abuso diario. Los que son fieles a Cristo a pesar de sus problemas son personas de verdadero valor y recibirán grandes recompensas (véase 5.11, 12).

10.34 Jesús no vino a traer la paz que brilla sobre diferencias profundas sólo por dar armonía superficial. Los conflictos y el desacuerdo se levantarán entre aquellos que escogen seguir a Cristo y aquellos que no lo hacen. Sin embargo, podemos divisar el día cuando todos los conflictos serán resueltos. Para más información sobre Jesús como pacificador véanse Isa_9:6; Mat_5:9; Joh_14:27.

10.34-39 La dedicación cristiana puede alejarnos de amigos y seres queridos. Al decir esto, Jesús no estaba alentando la desobediencia a los padres ni los conflictos en el hogar. Estaba afirmando que su presencia demanda una decisión. Ya que algunos lo seguirían y otros no, sería inevitable que surgieran conflictos. Al «tomar nuestra cruz y seguirle», nuestras metas, valores, moralidad y propósitos diferentes en forma inevitable nos separarán de los demás. No descuide su familia, pero al mismo tiempo no descuide su misión sublime. Dios debe tener siempre el primer lugar.

10.37 Cristo nos llama a una misión sublime antes que a una vida tranquila y cómoda. Amar a la familia es un mandato de Dios, pero aún ese amor puede ser una excusa para no servir a Dios.

10.38 Tomar nuestra cruz y seguirle es identificarnos con El públicamente y estar dispuestos a enfrentar por su causa el sufrimiento y la muerte.

10.39 Este versículo es una declaración positiva y negativa de la misma verdad. Si nos apegamos a esta vida podemos perder lo mejor de Cristo en este mundo y en el venidero. Cuanto más amemos las recompensas de esta vida (placer, poder, popularidad, seguridad económica) más descubriremos cuán vacías son. La mejor manera de disfrutar de la vida es perder nuestro apetito voraz por las recompensas terrenales a fin de quedar libre para seguir a Cristo (Mat_16:25). Al hacerlo, vamos a heredar la vida eterna, y empezaremos de inmediato a experimentar los beneficios de seguirle.

10.42 Nuestro amor a Dios será medido por cómo tratamos a los demás. El ejemplo de Jesús en cuanto a dar un vaso de agua a un niño nos ilustra lo que es servir desinteresadamente. Un niño por lo general no puede pagar favores. Dios toma las buenas obras que hacemos o que no hacemos como si se lo hiciéramos a El. ¿Hay algo que usted desinteresadamente podría hacer hoy a favor de alguien? Aunque nadie lo vea, no pasará inadvertido para Dios.
Mateo 10:1-15

He aquí la historia de la primera ordenación que ha tenido lugar en el mundo. He aquí una relación de las primeras instrucciones dadas a los ministros cristianos. Jamás ha habido una ordenación más importante: jamás se han dado instrucciones tan sagradas.

Tres son las observaciones que más naturalmente se desprenden de este pasaje. Examinémoslas en debido orden.

1. No todo ministro es necesariamente un hombre bueno. Nuestro Señor eligió como apóstol a Judas Iscariote, sabiendo, como sabia, que era un hombre avariento.

Bueno será que tengamos presente ese hecho. Las órdenes no comunican la gracia salvadora del Espíritu Santo, y los que las reciben puede ser que no sean verdaderos cristianos. Con mayor razón, pues, debemos guardarnos de considerar a los ministros como infalibles, ya sea en materias de doctrina o de costumbres, y de convertirles en ídolos y hacer que reemplacen en nuestros corazones al mismo Salvador. Siendo como son hombres de las mismas pasiones y sujetos a idénticas tentaciones que los demás, hombres que necesitan diariamente de la gracia que de lo alto desciende, no hay que considerarlos como si estuviesen fuera del alcance de la adulación, la avaricia y los halagos del mundo. Es preciso comparar sus enseñanzas con las de la palabra de Dios, y separarnos de ellos tan luego como se aparten de Jesucristo. Ante todo, debemos pedir a Dios que se conduzcan como sucesores no de Judas Iscariote sino de Santiago y Juan. ¡Los deberes del ministro aparejan una responsabilidad tremenda! El que recibe las órdenes sagradas necesita mucho de que se ore por él.

2. La gran tarea del ministro del Evangelio es hacer bien a sus semejantes. Su misión es buscar las ovejas perdidas; proclamar las buenas nuevas del Evangelio; aliviar a los que sufren; consolar a los tristes; y hacer todo esfuerzo por promover la felicidad y el contento. Tócale dar, más bien que recibir.

Es claro, pues, que el ministro fiel no puede tener una vida de holganza: debe estar pronto a emplear todas sus fuerzas, físicas é intelectuales, en el cumplimiento de sus deberes. La desidia y la frivolidad son malas en todas las profesiones, mas son todavía peor en la del pastor de las almas. Es también claro que los ministros de Jesucristo no ocupan la posición que la gente ignorante suele darles, y que ellos, por desgracia, asumen a veces. No es tanto para regir que se les ordena, sino para servir. 2Co_1:24. Feliz será para la causa de la verdadera religión el día en que se entiendan mejor estas verdades. La mitad de los males que han afligido al Cristianismo han surgido de las ideas erradas acerca de la dignidad del ministro.

3. Peligrosa cosa es desdeñar las ofertas que el Evangelio entraña. El castigo será más tolerable para Sodoma y Gomorra el día del juicio que para los que hubieren oído la verdad divina y no la hubieren aceptado.

Esta doctrina merece maduro examen. No son solo los pecados escandalosos que precipitan a los hombres en la ruina eterna. Si oyen y no creen, si escuchan sin arrepentirse, si se acercan a la iglesia pero no se acercan espiritualmente a Jesucristo, sus almas están en un peligro inminente. Todos seremos juzgados de acuerdo con los conocimientos que hayamos poseído: todos tendremos que rendir cuenta del uso que hayamos hecho de nuestros privilegios religiosos. Oír las doctrinas del Cristianismo, y sin embargo permanecer indiferente, es uno de los peores pecados que el hombre

Mateo 10:16-23

Estos versículos contienen verdades sobre las cuales debieran meditar todos los que deseen hacer algún bien en el mundo. Al egoísta, al que solo se cuida de sus propias comodidades, tal vez le parezca que ellos no contienen nada de particular. Para el ministro del Evangelio y para los que deseen la salvación de las almas, están llenos de interés. Desde luego se comprende que se refieren con especialidad a los días de los apóstoles; mas, también es cierto que contienen muchas cosas que en todo tiempo tienen aplicación.

Se nos enseña, por una parte, que los que quieren hacer bien a las almas han de contentarse con esperar módicos resultados. No deben figurarse que sus esfuerzos han de tener necesariamente un éxito brillante y universal. Antes bien, deben resignarse a ser aborrecidos, perseguidos y ultrajados, y eso hasta por sus parientes más íntimos. a menudo se verán como ovejas en medio de lobos Tengamos esto presente constantemente. La naturaleza humana es peor de lo que se cree. El influjo del mal es más poderoso de lo que comúnmente se supone.

Vano es pensar que todos comprenderán al punto lo que es para su bien y creerán lo que les digamos. ¡Feliz el cristiano que se penetra de esta verdad desde el principio y no tiene que aprenderla por medio de una amarga experiencia! Enséñasenos, por otra parte, que los que desearen hacer bien a sus semejantes necesitan pedir a Dios que los dé sabiduría, sensatez y sanas ideas. Nuestro Señor les recomendó a sus discípulos que fuesen prudentes como serpientes y sencillos como palomas; y les dijo que cuando fuesen perseguidos en un lugar podían lícitamente ir a otro.

Hay pocos preceptos de Jesucristo que sean más difíciles de obedecer con acierto que éste. El camino que se nos señala media entre dos extremos; y se necesita de mucho tino para determinarlo. El un extremo consiste en guardar silencio y mantener secretas nuestras convicciones religiosas a fin de evitar toda persecución. El otro consiste en cortejar la persecución y querer imponer nuestras convicciones religiosas a todo el que encontramos, sin tomar en consideración el lugar, la hora ni las circunstancias. De ambos extremos debemos precavernos. ¿Alcanzaremos a hacerlo? Para ello debemos implorar el auxilio divino. Mas el extremo a que más expuestos están hoy los hombres es al primero. Lo que ellos llaman prudencia degenera en el silencio, la cobardía, la indiferencia, la infidelidad; y se disculpan su falta de interés en hacer bien a las almas de los demás diciendo que aquello seria indiscreción o importunidad, y que causaría molestias innecesarias. Guardémonos de dar cabida a semejantes ideas.

Por otra parte, imposible seria negar que a menudo se ejerce un celo recto y santo que no se armoniza con la prudencia.

Pueden causarse muchas molestias, incurrir en graves errores y despertar mucha oposición, cuando todo eso podría haberse evitado con un poco de tino, cordura y. discreción. Cuidemos pues de no pecar tampoco por esa parte, y recordemos que existe una virtud muy distinta de la astucia jesuítica o la sagacidad mundana, que se llama prudencia cristiana.

Mateo 10:24-33

Hacer bien a las almas de los demás en este mundo es muy difícil. Se necesita mucho valor, fe, paciencia y perseverancia, pues Satanás pelea con empeño por defender su reino, y la naturaleza humana es mala en extremo. Perjudicar es fácil; reformar difícil.

Nuestro Señor Jesucristo no ignoraba esto cuando envió a sus discípulos a predicar el Evangelio. El sabia lo que se les esperaba, y tuvo cuidado de decirles palabras que los animasen cuando se sintiesen abatidos. Examinemos lo que les enseñó.

1. Que los que se esfuerzan en hacer bien a las almas no deben esperar que les vaya mejor que a su Maestro. «El discípulo no es más que su Maestro, ni el siervo más que su Señor.» Nuestro Señor Jesucristo fue vilipendiado y rechazado por aquellos a quienes vino a bendecir. No enseñó ningún error. Su método de instruir no tenía defecto alguno. Sin embargo, muchos lo aborrecían y lo llamaban Beelzebub, y pocos creían en El o se cuidaban de lo que decía. En verdad, no tenemos por que sorprendernos si nosotros, que hacemos toda de una manera tan imperfecta, somos recibidos de la misma manera que Jesucristo.

2. Que los que quieren hacer bien deben con paciencia dirigir sus miradas hacia el día de juicio. «Nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; y nada oculto que no haya de saberse.» Preciso es que se resignen a que se les comprenda mal, se les injurie, vilipendie y calumnie; y que no abandonen por eso su noble tarea. En el último día todo se arreglará: los secretos de todos los corazones serán entonces revelados. «Y sacará, como la lumbre, tu justicia, y tus derechos como el medio día.» Psa_37:6. La pureza de sus intenciones, el acierto de sus procedimientos y la justicia de su causa, serán al fin manifestados ante todo el mundo. Trabajemos, pues, con ahínco y con calma.

3. Que los que procuran hacer bien han de temer a Dios más que a los hombres. Los hombres pueden dañar el cuerpo, mas ahí tiene que terminar su encono.

Dios puede destruir el cuerpo y el alma en el infierno. Acaso se nos amenace con la pérdida de nuestra reputación, nuestros bienes y todas las comodidades de la vida, si seguimos en el camino de la rectitud. Mas, una vez que percibamos con claridad cuál es nuestro deber, debemos mirar con desprecio tales amenazas. A semejanza de Daniel y los tres niños debemos someternos a cualquier cosa por no ofender a Dios. Difícil es sobrellevar la ira de los hombres, pero más difícil es arrostrar la de Dios. El temor a los hombres es un escollo, mas debemos hacer que desaparezca ante otro principio más poderoso : el temor de Dios. Bellas fueron aquellas palabras que pronunció el Coronel Gardiner: « emo a Dios, y por lo tanto no hay otro ser que me amedrente..

4. Que los que procuren hacer bien deben tener presente que la divina providencia los protege. Nada puede acontecer en el mundo sin el permiso de Dios.

Viéndolo bien, nada es obra del acaso o de la casualidad. Hasta los cabellos de su cabeza están contados. El cumplimiento de su deber los expone muchas veces a grandes peligros; mas deben consolarse con la idea de que el brazo de Dios los sostiene en todo lugar. Nada puede dañarlos si El no lo permite.

5. Que los que quieran hacer bien deben fijar sus miradas en el día en que han de aparecer ante su Señor para recibir su eterna herencia. Si quieren que El los reconozca como discípulos y los confiese ante el trono de su Padre, es preciso que ellos no se avergüencen de reconocerlo y confesarlo ante el mundo. Eso les costará a veces muchos sacrificios: talvez tengan que ser víctimas de la irrisión, el escarnio, la burla y la persecución. Mas su deber es recordar el día en que se arreglen todas las cuentas y manifestar a los demás que aman a Cristo, y que quieren que ellos también lo conozcan y lo amen.

Mateo 10:34-42

Con estos versículos el Jefe de la iglesia puso término a las primeras instrucciones que dio a los que envió a anunciar el Evangelio. Tres son las verdades que expresó.

1. Que el Evangelio no produciría paz y concordia en donde quiera que se anunciase. El fin que se propuso en su primera venida no fue establecer un reino como el del milenio en que todos los súbditos fuesen de un mismo modo de pensar, sino introducir el Evangelio, el cual había de crear disensiones y contiendas. No debemos, pues, sorprendernos, si la religión cristiana causa separaciones en las familias, y desavenencia entre los parientes más íntimos. Más esto no depende de defecto alguno en la religión, sino de la corrupción del corazón del hombre.

2. Que los verdaderos cristianos deben resignarse a pasar trabajos en este mundo. Ora seamos ministros, ora oyentes; ora maestros, ora discípulos, tendremos que llevar una cruz a cuestas. Es preciso que nos resignemos a perder aun la misma vida por amor de Cristo. Es preciso que nos conformemos a perder las simpatías de los hombres, a sufrir muchas penalidades, a hacer muchos sacrificios, o de lo contrario jamás entraremos en el cielo. Esto tendrá que ser así en tanto que el mundo, el demonio y la carne continúen lo mismo.

3. Que Dios observa y recompensa el más pequeño servicio que se haga a los que trabajan en su causa. El que diere a un creyente aunque sea solamente un jarro de agua fría, en nombre de discípulo, no perderá su recompensa.

Hay algo muy bello en esa promesa. Enséñanos que el Maestro divino está velando constantemente a los que están empeñados en su causa y procuran hacer bien. El observa quien los trata con bondad, como Lidia a Pablo; y quien estorba sus pasos, como Diotréfes a Juan. Todos los sucesos de su vida se registran: todo está escrito en el libro de sus recuerdos, y será revelado en el último día. El copero mayor olvidó a José cuando le devolvieron su destino; mas nuestro Señor Jesucristo no olvida jamás a ninguno de sus discípulos. En la mañana de la resurrección universal dirá a muchos que poco lo esperaba: «Tuve hambre y me disteis de comer; tuve sed y me disteis de beber..

Antes de terminar este capítulo pregúntemelos qué parte tomamos nosotros en la causa de Cristo. ¿Coadyuvamos en ella o estorbamos su progreso? Estas son preguntas de grande trascendencia. Los que dan un jarro de agua siempre que tienen oportunidad obran bien y con cordura: mas los que trabajan activamente en la viña del Señor obran todavía mejor.

Cooperemos a fin de que el mundo sea mejor cuando partamos de él que cuando vinimos a él. Ese fue el espíritu de Jesucristo

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