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Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Este pasaje empieza con lo que a uno le parecería una instrucción muy difícil. Empieza prohibiéndoles a los Doce que fueran a los gentiles o a los samaritanos. A muchos les resulta muy difícil creer que Jesús dijera esto nunca. Este aparente exclusivismo no nos suena a Jesús; y hasta se ha sugerido que este dicho lo pusieron en Su boca los que en días posteriores querían reservar el Evangelio para los judíos, los mismos que se opusieron vigorosamente a Pablo cuando quería llevar el Evangelio a los gentiles.

Pero hay ciertas cosas que hay que recordar. Este dicho es tan opuesto a la actitud de Jesús que nadie lo podría haber inventado; tiene que haberlo dicho, así que tiene que tener alguna explicación.

Podemos estar completamente seguros de que éstas no fueron unas órdenes permanentes. En los mismos evangelios vemos a Jesús hablando con gracia e intimidad con una mujer samaritana y revelándose a ella (Joh_4:4-42 ). Le vemos contando una de Sus historias inmortales acerca del Buen Samaritano (Luk_10:30-37 ); Le vemos sanando a la hija de una mujer sirofenicia (Mat_15:28 ); y Mateo mismo nos dice que la comisión final de Jesús a Sus hombre fue que fueran a todo el mundo y trajeran a todas la naciones al Evangelio (Mat_28:19 s). ¿Cuál es entonces la explicación?

Les prohibió a los Doce ir a los gentiles; eso quería decir que no debían ir a Siria al Norte, ni a la Decápolis al Este, que era una región mayoritariamente gentil. No podían ir a Samaria al Sur porque se lo prohibió. El efecto de esta orden era de hecho limitar los primeros viajes de los Doce a Galilea. Había tres buenas razones para esto.

(i) Los judíos ocupaban un lugar muy especial en el esquema divino de las cosas; en la justicia de Dios tenían que recibir la primera invitación del Evangelio. Es verdad que la rechazaron; pero la totalidad de la Historia estaba diseñada para concederles la primera oportunidad de aceptar.

(ii) Los Doce no estaban equipados para predicar a los gentiles. No tenían ni el trasfondo, ni el conocimiento, ni la técnica. Antes que el Evangelio pudiera ser presentado eficazmente a los gentiles tenía que surgir un hombre con la vida y la educación de Pablo. Un mensaje tiene pocas posibilidades de éxito si el mensajero está insuficientemente preparado para transmitirlo. Si un predicador o maestro es sabio, se dará cuenta de sus limitaciones y verá claramente lo que puede y lo que no puede hacer.

(iii) Pero la gran razón para esta orden es sencillamente la siguiente: Cualquier general consciente sabe que tiene que limitar sus objetivos. Tiene que dirigir su ataque a un punto determinado. Si dispersa sus fuerzas por aquí y por allá y por todos los frentes, disipa sus fuerzas y se arriesga a la derrota. Cuanto más limitadas sean sus fuerzas más limitados tendrán que ser sus objetivos inmediatos. Intentar atacar en un frente demasiado extenso es arriesgarse a la derrota. Jesús lo sabía, y por eso concentró esta primera campaña a Galilea, porque Galilea era, como ya hemos visto, la que más abierta estaba al nuevo mensaje del Evangelio (cp. Mat_4:12-17 ). Esta orden de Jesús era coyuntural. Jesús era el sabio general que se negaba a desparramar Sus fuerzas, y concentraba Su ataque hábilmente a un objetivo limitado para obtener una victoria definitiva y universal.

LAS PALABRAS Y LAS OBRAS DEL MENSAJERO DEL REY

Había palabras y obras que los mensajeros del Rey tenían que decir y hacer.

(i) Tenían que anunciar la inminente llegada del Reino. Como ya hemos visto (cp. Mat_6:10 s), el Reino de Dios es una sociedad en la Tierra en la que la voluntad de Dios se cumple tan perfectamente como en el Cielo. De todas las personas que han vivido en el mundo, Jesús era, y es, la única Persona que siempre hizo perfectamente, y obedeció, y cumplió, la voluntad de Dios. Por tanto, en El había venido el Reino. Es como si los mensajeros del Rey hubieran de decir: «¡Fijaos! Habéis soñado con el Reino, y habéis anhelado el Reino. Aquí está el Reino, en la vida de Jesús. Miradle a Él, y ved lo que quiere decir estar en el Reino.» En Jesús, el Reino de Dios había venido a la humanidad.

(ii) Pero. la tarea de los Doce no se limitaba a decir palabras: también implicaba realizar obras. Tenían que sanar a los enfermos, resucitar a los muertos, limpiar a los leprosos y expulsar a los demonios. Todas estas instrucciones hay que tomarlas en un doble sentido. Hay que tomarlas físicamente, porque Jesucristo vino a traer salud y sanidad a los cuerpos de las personas; pero hay que tomarlas también espiritualmente: describen el cambio que obra Jesucristo en las almas de las personas.

(a) Habían de sanar a los enfermos. La palabra que se usa para enfermos es muy sugestiva. Es una parte del verbo asthenein, cuyo sentido primario es ser o estar débil. Asthenés es el adjetivo normal para débil -cp. en español astenia, asténico y sus derivados y compuestos-. Cuando Cristo vine a una persona, fortalece la voluntad débil, fortifica la débil resistencia, infunde fuerza al débil brazo para la lucha, reafirma la débil resolución. Jesucristo llena nuestra debilidad humána con Su poder divino.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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