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Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

El caso que los rabinos citaban era el siguiente: Supongamos que a un judío le detiene un soldado romano que se pone a decirle burlonamente y sin otra intención que la de humillar y dejar por tonto a un judío: «Come de este cerdo.» En tal caso el judío puede comer, porque «las leyes de Dios se dan para la vida y no para la muerte.» Pero supongamos que el romano dice: «Come de este cerdo en señal de que abjuras del judaísmo; come de este cerdo en señal de que estás dispuesto a dar culto a Júpiter y al emperador,» entonces el judío debe morir antes que comer. En cualquier tiempo de persecución oficial. el judío debe morir antes que abjurar de su fe. Como decían los rabinos: «Las palabras de la Ley son solamente firmes para el hombre que está dispuesto a morir por ellas.»

Al judío se le prohibía perder la vida en un acto innecesario de martirio; pero cuando era cuestión de verdadero testimonio, tenía que estar preparado a morir.

Haremos bien en recordar que, aunque estamos obligados a aceptar el martirio por nuestra fe, se nos prohíbe cortejar el martirio. Si el sufrir por la fe nos llega en el cumplimiento de nuestro deber, hay que aceptarlo; pero no hay que invitarlo innecesariamente; el invitarlo causa más daño que bien a la fe que confesamos. El constituirse a uno mismo como mártir es muy corriente en todos los asuntos humanos.

Se ha dicho que hay a veces más heroísmo en atreverse a huir del peligro que en esperarlo. Requiere verdadera sabiduría el reconocer cuándo hay que escapar. André Maurois, en Por qué cayó Francia, cuenta una conversación que tuvo con Winston Churchill. Hubo un tiempo al principio de la II Guerra Mundial cuando Gran Bretaña parecía extrañamente inactiva e indispuesta a actuar. Churchill le dijo a Maurois: «¿Ha observado usted los hábitos de las langostas?» «No,» respondió Maurois a esta sorprendente pregunta. Churchill prosiguió: «Bueno, pues si tiene usted oportunidad, estúdielas. En ciertos períodos de su vida la langosta pierde su caparazón protector. Cuando está mudando el caparazón hasta el más bravo crustáceo se retira a una grieta de la roca y espera pacientemente hasta que el nuevo caparazón haya tenido tiempo de salirle. Tan pronto como esta nueva armadura está fuerte, sale de su escondite y vuelve a ser el luchador dueño de los mares. Inglaterra, por culpa de ministros imprevisores, ha perdido su caparazón; debemos esperar en nuestra gruta hasta que esté fuerte de nuevo.» Ese era un tiempo en el que la inacción era más sabia que la acción; y cuando el huir era más sabio que el atacar.

Si uno es débil en la fe, hará bien en evitar las discusiones acerca de cosas dudosas, y no lanzarse a ellas. Si uno sabe que es vulnerable a cierta tentación, hará bien en evitar los lugares en que puede esperar que se le presente, y no frecuentarlos. Si uno sabe que hay personas que le ponen nervioso y le fastidian y que le provocan a lo que no debe hacer, será sabio evitar esa compañía en vez de buscarla. El valor no es la temeridad; no es nada bueno correr riesgos innecesarios; la gracia de Dios no está para proteger a los temerarios sino a los prudentes.

LA LLEGADA DEL REY

Este pasaje contiene un extraño dicho que honradamente no podemos pasar por alto. Mateo nos describe a Jesús enviando a Sus hombres y diciéndoles: «No completaréis vuestro recorrido de las ciudades de Israel antes de que llegue el Hijo del Hombre.» A primera vista esto parece querer decir que antes de qué Sus hombres hubieran completado su campaña de evangelización, llegaría Su día de gloria y Su vuelta al poder. La dificultad está precisamente en que eso no sucedió; y, sí Jesús lo esperaba, se equivocó. Si dijo esto en ese sentido, predijo algo que no sucedió. Pero hay una explicación perfectamente buena y suficiente de esta aparente dificultad.

La Iglesia Primitiva creía intensamente en la Segunda Venida de Jesús, y creía que iba a suceder pronto, en su misma generación. No podía haber nada más natural que, como estaban viviendo días de salvaje persecución, anhelaran el día de su liberación y su gloria. El resultado era que se aferraban a cualquier posible dicho de Jesús que se pudiera interpretar como alusión a Su vuelta triunfante y gloriosa; y a veces y con toda naturalidad usaron cosas que Jesús había dicho, leyendo en ellas algo distinto de lo que decían originalmente.

Podemos observar cómo tuvo lugar este proceso en las páginas del Nuevo Testamento. Hay tres versiones de un único dicho de Jesús. Vamos a colocarlas una detrás de otra:

Os aseguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver al Hijo del Hombre que viene en Su Reino (Mat_16:28 ). Os aseguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver el Reino de Dios venir con poder (Mar_9:1 ). Os digo de seguro que hay algunos de los que están aquí que no gustarán la muerte antes de ver el Reino de Dios (Luk_9:27 ).

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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