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Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Cuando nuestra fe nos cuesta algo estamos más cerca que nunca de la comunión con Jesucristo; y, si participamos de la comunión de Sus padecimientos, también experimentaremos el poder de Su resurrección.

LA LIBERACIÓN DEL MIEDO DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:26-31

Así que no les tengáis miedo; porque no hay nada que esté velado que no haya de ser desvelado, ni nada escondido que no llegue a saberse. Lo que os digo en la oscuridad, decidlo a la luz del día; lo que se os susurra al oído, proclamadlo desde las azoteas.

No les tengáis miedo a los que pueden matar el cuerpo, pero no el alma; temed más bien al Que tiene poder para destruir tanto el cuerpo como el alma en la gehena.

¿No es verdad que se venden dos pajarillos por una pesetas, y ni uno de ellos se posará en el suelo sin que lo sepa vuestro Padre? Dios lleva la cuenta hasta de los pelos que tenéis en la cabeza; así que no tengáis miedo: vosotros valéis más que muchos pajarillos.

Tres veces en este breve pasaje Jesús exhorta a Sus discípulos que no tengan miedo. El mensajero del Rey tiene que tener una cierta intrepidez valerosa que le distinga de otras personas.

(i) La primera orden está en los versículos 26 y 27, y habla de una doble intrepidez.

(a) No tienen que tener miedo, porque no hay nada encubierto que no haya de ser descubierto, ni escondido que no llegue a saberse. El sentido de esto es que la verdad triunfará. «Grande es la verdad -decía un proverbio latino-, y prevalecerá.» Cuando Jaime VI de Inglaterra amenazó a Andrew Melville con desterrarle o ahorcarle, la respuesta del reformador fue: «Tú no puedes desterrar o ahorcar la verdad.» Cuando el cristiano se encuentra atacado por el sufrimiento, el sacrificio y aun el martirio por su fe, debe recordar que llegará un día cuando se verán las cosas como son en realidad; y entonces el poder del perseguidor y el heroísmo del testigo cristiano se apreciarán en su justo valor, y cada uno recibirá su merecido.

(b) No tienen que tener miedo de proclamar con coraje el mensaje que han recibido. Lo que Jesús les había dicho, tenían que decírselo a todo el mundo. Aquí en este versículo único (el 27) se encuentra la verdadera función del predicador.

En primer lugar, el predicador debe escuchar; debe estar en el consejo secreto con Cristo, para que en las horas tenebrosas Cristo le hable, y para que en la soledad Cristo le susurre al oído. Nadie puede hablar por Cristo a menos que Cristo le haya hablado; nadie puede proclamar la verdad a menos que haya escuchado a la verdad; porque nadie puede comunica a otros lo que no sabe.

En los grandes días en que la Reforma estaba llegando a nacer, Colet invitó a Erasmo a que fuera a Oxford a dar una serie de conferencias sobre Moisés o Isaías; pero Erasmo sabía que no estaba listo, y le mandó su respuesta: «Pero yo, que he aprendido a vivir conmigo mismo, y sé cuán escaso es mi bagaje, no puedo pretender la preparación que se requiere para esa tarea, ni creo poseer la fuerza de mente para resistir los celos de tantos que estarán ansiosos por mantener su propio terreno. Esa campaña es tal que requiere, no un novato, sino un experto general. Ni tampoco quiero que me consideres inmodesto por declinar una posición que sería más inmodesto aceptar. No estás actuando sabiamente, Colet, al pedirle agua a una roca pómez, como decía Plauto. ¿Con qué cara voy yo a enseñar lo que nunca he aprendido? ¿Cómo voy a calentar a otros cuando yo mismo estoy tiritando de frío?»

En segundo lugar, el predicador debe hablar lo que Le ha escuchado a Cristo, y debe hablar aunque lo que diga le granjee el odio de muchos; y aun si, por hablar, tiene que tomar su vida en sus manos.

A la gente no le gusta la verdad; porque, como decía Diógenes, la verdad es como la luz para los ojos irritados. Una vez estaba predicando Latimer en presencia del rey. Sabía que iba a decir algo que al rey no le agradaría; así es que en el púlpito mantuvo un soliloquio consigo mismo: «¡Latimer, Latimer, Latimer! – se decía – Cuidado con lo que dices: El Rey Enrique VIII está aquí.» Hizo. una pausa, y luego prosiguió: «¡Latimer, Latimer, Latimer! Ten cuidado con lo que dices. ¡El Rey de reyes está aquí!»

El que tiene un mensaje habla a los hombres, pero habla en la presencia de Dios. Se dijo del gran reformador escocés John Knox cuando le estaban enterrando: «Aquí yace uno que temía a Dios tanto que nunca tuvo el más mínimo temor delante de ningún hombre.»

El testigo cristiano es alguien que no conoce el miedo, porque sabe que el juicio de la eternidad corregirá los juicios del tiempo. El predicador y maestro cristiano es una persona que escucha con reverencia y luego habla con coraje; porque sabe que, ya sea que escuche o que hable, está en la presencia de Dios.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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