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Mateo 10: Los Mensajeros del Rey

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

(ii) Es dudoso que los mismos paganos creyeran realmente estas acusaciones calumniosas. Pero había otras que eran más serias. Se acusaba a los cristianos de deshacer los vínculos familiares. Era verdad que el cristianismo a veces dividía familias, como ya hemos visto; y a los paganos les parecía que era algo que enfrentaba a los padres con los hijos y a los maridos con sus mujeres.

(iii) Una dificultad auténtica la presentaba la posición de los esclavos en la Iglesia Cristiana. En el imperio romano había 60,000,000 de esclavos. Siempre era uno de los temores del imperio el que se rebelaran los esclavos. Si la estructura del imperio había de permanecer intacta, había que mantener a los esclavos en su lugar; no se debía hacer nada para animarlos a rebelarse, o las consecuencias serían más terribles de lo que se podía imaginar.

Ahora bien: la Iglesia Cristiana no trataba de liberar a los esclavos, o de condenar la esclavitud; pero sí trataba a los esclavos como iguales dentro de la Iglesia. Clemente de Alejandría mantenía que «los esclavos son como nosotros,» y a ellos también se les aplicaba la – regla de oro. Lactancio escribió: «Los esclavos no son esclavos para nosotros. Los consideramos hermanos en el Espíritu, consiervos en la fe.» Es un hecho notable que, aunque había millares de esclavos en la Iglesia Cristiana, la palabra esclavo nunca aparece en las inscripciones de las tumbas cristianas romanas.

Y peor todavía: Era perfectamente posible que un esclavo tuviera cargos en la Iglesia Cristiana. Dos obispos de Roma de principios del siglo II, Calixto y Pío, habían sido esclavos. Y no era raro encontrar ancianos y diáconos que eran esclavos.

Y todavía peor: En el año 220 d.C. Calixto, que como ya hemos visto había sido esclavo, decidió que a partir de entonces la Iglesia Cristiana consentiría el matrimonio de una joven de la clase alta con un liberto, un matrimonio que era de hecho ilegal bajo la ley romana, y por tanto no era considerado matrimonio.

Por su manera de tratar a los esclavos, la Iglesia Cristiana debe de haber parecido a las autoridades romanas una fuerza que estaba resquebrajando las bases mismas de la civilización y amenazando la misma existencia del imperio al dar a los esclavos una posición que no debieran haber tenido nunca según la ley romana.

(iv) No cabe duda que el Cristianismo afectó seriamente algunos intereses creados en relación con la religión pagana. Cuando el Cristianismo llegó a Éfeso la industria de los plateros recibió un golpe mortal, porque cada vez eran menos los que deseaban comprar las imágenes que ellos fabricaban (Act_19:24-27 ). Plinio fue gobernador de Bitinia en el reinado de Trajano, y en una carta al emperador (Plinio: Cartas 10:96) le dice que había tomado medidas para arrestar el rápido crecimiento del Cristianismo para que «los templos que habían sido desertados cierto tiempo volvieran a ser frecuentados; los festivales sagrados, interrumpidos hacía tiempo, revivieran; mientras que hay una demanda general de sacrificios animales que hacía algún tiempo que tenían pocos compradores.» Está claro que la extensión del Cristianismo suponía la abolición de algunas industrias y actividades;* y los que perdían su negocio y su dinero no es extraño que se quejaran.

El Cristianismo predica una visión de la persona que no puede aceptar un Estado totalitario. El Cristianismo se proponía deliberadamente obliterar algunos negocios y profesiones y maneras de hacer dinero. Todavía sigue siendo así; y por tanto es probable que el cristiano sufra persecución por su fe.

LA PRUDENCIA DEL MENSAJERO DEL REY

Mateo 10:23

Cuando os persigan en una ciudad, huid a otra. Os aseguro que no completaréis vuestro recorrido a las ciudades de Israel antes que llegue el Hijo del Hombre.

Este pasaje aconseja una prudencia cristiana y sabia. En los días de persecución siempre amenazaba al testigo cristiano un cierto peligro. Siempre hubo algunos que cortejaban el mar tirio; habían llegado a tal intensidad de entusiasmo fanático e histérico que hacían lo que fuera para convertirse en mártires de la fe. Jesús era sabio. Les dijo a Sus hombres que no tenía que haber un desperdicio caprichoso de vidas cristianas; que no debían malgastar sus vidas sin necesidad ni sentido. Como ha dicho alguien, la vida de todo testigo cristiano es preciosa, y no hay que tirarla por la borda. « La bravata no es el martirio.» A menudo los cristianos tenían que morir por su fe, pero no debían perder sus vidas de una manera que no ayudaba realmente a la fe. Como se dijo en tiempo posterior uno debe contender legalmente por la fe.

Cuando Jesús decía esto, estaba hablando de una manera que los judíos reconocerían y entenderían. No ha habido nunca ningún pueblo que haya sido más perseguido que los judíos; y ningún pueblo ha tenido nunca más claro en qué consistían los deberes del mártir. La enseñanza de los grandes rabinos era muy clara. Cuando era una cuestión de santificación pública o profanación abierta del nombre de Dios, la obligación estaba clara: había que estar dispuesto a dar la vida. Pero cuando esa declaración pública no estaba en cuestión; uno podía salvar la vida quebrantando la Ley; pero no había justificación posible para cometer idolatría, adulterio o asesinato.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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