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2 Timoteo 2: La cadena de la enseñanza

Está claro que el cristiano no cree en la resurrección de este cuerpo. Nadie podría concebir que una persona que ha sido destrozada en un accidente, o que ha muerto de cáncer, despertara en el Cielo con el mismo cuerpo. Pero el cristiano sí cree en la supervivencia de la identidad personal; cree con absoluta firmeza que después de la muerte uno continúa siendo el mismo.

Cualquier enseñanza que aparta esa certeza de la supervivencia personal de cada individuo atenta contra las mismas raíces de la fe cristiana.

Cuando Himeneo y Fileto y sus semejantes enseñaban que la resurrección ya había tenido lugar, ya fuera en el momento del bautismo o en los hijos, estaban enseñando algo que los judíos saduceos y los filósofos griegos no encontrarían repugnante ni mucho menos aceptar; pero también estaban enseñando algo que minaba una de las creencias centrales de la fe cristiana.

El fundamento firme

Pero el firme fundamento de Dios permanece inalterable con esta inscripción: «El Señor conoce a los que son suyos, » y «Que todo aquel que invoque el nombre del Señor se aparte de la impiedad.»

En español usamos la palabra fundamento en un doble sentido. La usamos para referirnos al cimiento sobre el que se erige un edificio; y también en relación con una asociación, una institución, una ciudad que ha sido fundada por alguien. Fundar, fundación y fundamento pertenecen a la misma familia de palabras, y tienen esa doble referencia. Los griegos usaban la palabra themélios en los mismos dos sentidos; y la fundación de Dios aquí quiere decir la Iglesia, la asociación que Él ha fundado.

Pablo pasa a decir que la Iglesia tiene una cierta inscripción. La palabra que usa es sfraguís cuyo sentido primario es sello.

La sfraguís es el sello que prueba que algo es genuino o que pertenece a alguien. El sello en un saco de mercancías demostraba que el contenido era genuino y que no había sufrido manipulaciones; y también indicaba quién era el propietario y la fuente y el origen de la mercancía. Pero sfraguís tenía otros usos. Se usaba para designar la marca que nosotros llamaríamos la marca registrada. El médico griego Galeno habla de la sfraguís que había en un cierto recipiente de colirio, refiriéndose a la marca que mostraba la clase de colirio que contenía el frasco. Además, la sfraguís era la marca del arquitecto. En un monumento o estatua o edificio el arquitecto siempre ponía su marca para mostrar que él era el responsable del diseño. La sfraguís puede también ser la inscripción que indica el propósito para el que se construyó un edificio.

La Iglesia tiene una sfraguís que muestra claramente para lo que está diseñada. El signo de la Iglesia nos lo da Pablo con dos citas. Pero la manera en que se hacen estas dos citas es muy iluminadora en relación con la manera en que usaban la Escritura Pablo y la Iglesia Primitiva. Las dos citas son: « El Señor conoce a los que son Suyos,» y «Que todo el que invoque el nombre del Señor se aparte de la injusticia.» Lo interesante es que ninguna de las dos frases es una cita literal de ninguna parte de la Escritura.

La primera es una reminiscencia de un dicho de Moisés a los amigos y asociados rebeldes de Coré en los días del desierto. Cuando todos se reunieron en contra de él, Moisés dijo: «El Señor mostrará quién es Suyo» (Números 16:5). Pero ese texto del Antiguo Testamento se leyó a la luz del dicho de Jesús en Mateo 7:22: «Muchos me dirán en aquel día: «Señor, Señor, ¿no profetizamos en Tu nombre, y echamos fuera demonios en Tu nombre, e hicimos muchos milagros en Tu nombre?» Y entonces yo les declararé: «Yo no os conozco de nada.

¡Apartaos de Mí, malhechores!»» El texto del Antiguo Testamento se presenta de nuevo, como si dijéramos, en las palabras de Jesús.

La segunda es otra reminiscencia de la historia de Coré. El mandamiento de Moisés al pueblo fue: «Apartaos, os ruego, de las tiendas de estos malvados, y no toquéis nada suyo» (Números 16:26). Pero eso, también, se lee a la luz de las palabras de Jesús en Lucas 13:27, donde dice a los que pretenden falsamente ser Sus seguidores: « ¡Apartaos de Mí, todos vosotros, obradores de iniquidad!»

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