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Apocalipsis 19: El tedéum de los ángeles

Cuando los judíos se convertían al Cristianismo, algunas veces llevaban consigo esta reverencia especial hacia los ángeles, olvidando que con la venida de Jesús no se necesita ningún otro intermediario entre Dios y la humanidad.

(ii) Un griego se incorporaba a la Iglesia viniendo de un mundo de pensamiento que hacía el culto a los ángeles especialmente peligroso. Primero, venía de un mundo en el que había muchos dioses -Zeus, Hera, Afrodita y todos los demás. Lo más fácil era conservar sus antiguos dioses convertidos en ángeles. Segundo, venía de un mundo en el que se creía que Dios no tenía interés, sino que mantenía contacto con el mundo por medio de daímones, por medio de los cuales controlaba las fuerzas naturales y actuaba en la Historia. Era la cosa más fácil del mundo el convertir los viejos daímones en ángeles, y luego considerarlos objeto de culto.

Juan insiste en que los ángeles no son más que siervos de Dios; y que Dios es el único que debe ser adorado. Y Jesucristo es el único Mediador.

El espíritu de la profecía

El testimonio de Jesús es el espíritu de la profecía. Tomamos esta frase aisladamente porque es tan ambigua como importante. La ambigüedad surge del hecho de que el testimonio de Jesús se puede entender en dos sentidos.

(i) Puede querer decir el testimonio que da el cristiano de Jesucristo. En ese sentido lo toma H. B. Swete, que dice: « La posesión del espíritu profético, lo que le hace a uno verdadero profeta, se muestra en una vida de testimonio de Jesús, lo que perpetúa Su testimonio del Padre y de Sí mismo.» El mensaje de un profeta radica en el testimonio personal de su vida, aún más que en el testimonio hablado de sus palabras.

(ii) También puede querer decir el testimonio que da Jesucristo a las personas. En este caso la frase querrá decir que ninguno puede hablar a otros hasta haber escuchado a Jesucristo. Se decía de un gran predicador: « Primero escuchaba a Dios, y luego hablaba a los hombres.»

Esta es la clase de doble sentido que se da a veces en griego. Bien puede ser que Juan se propusiera ese doble sentido; y que no tengamos por qué escoger uno y rechazar el otro, sino aceptar los dos. En este caso podemos definir al verdadero profeta como el que ha recibido de Cristo el mensaje que trae a las personas, y cuyas palabras y obras son al mismo tiempo un acto de testimonio de Cristo.

El Cristo conquistador

Entonces vi que se abría el Cielo, y, fijaos: había un caballo blanco, y el Que lo monta Se llama Fiel y Verdadero,

Que juzga y hace la guerra con integridad. Aquí tenemos uno de los momentos más dramáticos del Apocalipsis: el surgimiento de Cristo, el Conquistador.

(i) Juan ve a Cristo como el Conquistador. Cristo es, como dice H. B. Swete, « un general en jefe con un séquito alucinante. »Aquí tenemos una presentación que es típicamente judía. Los sueños judíos estaban llenos del Mesías guerrero, que conduciría al pueblo de Dios a la victoria y arrasaría a sus enemigos. En los Salmos de Salomón .encontramos esta figura: Mira, oh Señor, y suscítales su rey, el Hijo de David, cuando Tú veas, oh Dios, que ha de reinar sobre Tu siervo Israel. Y cíñele de fuerza para que pueda sacudir a los gobernadores injustos, y purgar a Jerusalén de las naciones que la pisotean para destruirla. Sabiamente, justamente, arrojará a los pecadores de la heredad, destruirá el orgullo del pecador como vasija de alfarero, con vara de hierro quebrantará en piezas toda su sustancia, destruirá las naciones impías con la palabra de su boca; a su reprensión huirán las naciones delante de él, y él reprenderá a los pecadores por los pensamientos de sus corazones. (Salmos de Salomón 17:23-27). Una descripción rabínica pinta así al Mesías: « ¡Qué hermoso es el Rey Mesías, que está a punto de brotar de la casa de Judá! Ha ceñido sus lomos y salido a la batalla contra los que le aborrecen; reyes y príncipes matará; enrojecerá los ríos con la sangre de los muertos… Sus vestiduras estarán empapadas de sangre.» El caballo blanco es el símbolo del conquistador, porque un general romano cabalgaba en un caballo blanco cuando desfilaba en triunfo por Roma. Será bueno recordar que todo el trasfondo de esta escena se apoya en las esperanzas judías del futuro, y tiene poco que ver con el Cristo de los evangelios, Que es manso y humilde de corazón.

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