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Apocalipsis 19: El tedéum de los ángeles

La palabra de Dios en acción

Estaba vestido con una ropa empapada de sangre, y el nombre por el que se Le conoce es La Palabra de Dios. Aquí hay otras dos figuras más. del Cristo guerrero.

(i) Está vestido con una ropa empapada de sangre, no la Suya propia, sino la de Sus enemigos. Como dice R. H. Charles, hemos de tener presente que el Jefe Celestial no es en esta escena el Inmolado, sino el Inmolador. Como de costumbre, Juan toma esta imagen del Antiguo Testamento, de la escena terrible de Isaías 63:1-3, donde el profeta describe a Dios volviendo de destruir a Edom: «Los aplasté con ira, los pisoteé con furor; su sangre salpicó Mis vestidos y manché todas Mis ropas.» Este es el Mesías de la esperanza apocalíptica judía mucho más que el Mesías que dijo ser Jesús.

(ii) Su nombre es La Palabra de Dios. Aunque las palabras son las del capítulo primero del Cuarto Evangelio, el sentido es completamente diferente y mucho más sencillo. Aquí tenemos la idea puramente judía de la Palabra de Dios. Para un judío una palabra no era simplemente un sonido; hacía cosas. Como dice el doctor John Paterson en The Book that is Alive -El Libro que está vivo: « La palabra hablada era en hebreo aterradoramente viva. No era simplemente un vocablo o un sonido que se deja caer descuidadamente de los labios. Era una unidad de energía cargada de poder. Está cargada para bien o para mal.» Podemos ver esto en la vieja historia de cuando Jacob le birló a Esaú la bendición de Isaac (Génesis 27). La bendición, una vez dada, no se podía revocar.

Si es así con las palabras humanas, ¡cuánto más lo será con las divinas! Por la Palabra de Dios fueron creados los cielos y la tierra y todo lo que hay en ellos. Y dijo Dios es la frase que se repite en el relato de la Creación (Génesis 1: 3, 6, 9, 14, 26). La Palabra de Dios, como dijo gráficamente el profeta Jeremías, es como un fuego, y como un martillo que quebranta la piedra (Jeremías 23:29).

En el Libro de la Sabiduría hay una descripción de las plagas de Egipto, y especialmente de la de la muerte de los primogénitos de los egipcios: «Tu Palabra Todopoderosa saltó hacia abajo desde el Cielo, desde Tu regio trono, como un feroz hombre de guerra, en medio de una tierra de destrucción, blandiendo Tu indiscutible mandamiento como espada aguda, y poniéndose en pie lo llenó todo de muerte; y tocaba el Cielo, pero estaba de pie sobre la tierra» (Sabiduría de Salomón 18:1 Ss).

Fue la Palabra activa la que cumplió el mandamiento de Dios. Encontramos la misma idea en Hebreos 4:12: « La Palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que ninguna espada de doble filo.»

Cuando Juan llama aquí al Cristo guerrero La Palabra de Dios quiere decir que aquí está en acción todo el poder de la Palabra de Dios; todo lo que Dios ha dicho, y advertido, y prometido, está incorporado en Cristo.

La ira vengadora

Los ejércitos que están en el Cielo Le seguían en caballos blancos, vestidos de lino fino, blanco y puro: Por Su boca sale una espada afilada de doble filo, con la que hiere a las naciones, controlándolas con un cetro de hierro. Él pisará el lagar del ardor de la ira del Dios Todopoderoso. Y en Su vestidura y en Su muslo tiene escrito un nombre: Rey de reyes y Señor de señores. La descripción del Cristo guerrero se va completando.

Tiene consigo los ejércitos celestiales. Con esto podemos comparar las palabras de Jesús cuando fue arrestado, cuando dijo que podía haber tenido doce legiones de ángeles peleando por El (Mateo 26:53). Los ejércitos celestiales son ejércitos de ángeles.

Por Su boca sale una espada aguda de doble filo (cp. 1:16). Esta descripción del Cristo guerrero procede de dos pasajes del Antiguo Testamento tomados en conjunto. Isaías dice del Rey celestial: « Herirá la tierra con la vara de Su boca, y con el aliento de Sus labios matará al impío» (Isaías 11:4). Y el salmista dice del Rey mesiánico: « Los quebrantarás con vara de hierro, como vasija de alfarero los desmenuzarás» (Salmo 2:9). De nuevo debemos recordar que esta figura está trazada en términos judíos.

Él pisará el lagar del ardor de la ira de Dios. La alegoría describe al Cristo guerrero pisando las uvas para producir el vino de la ira de Dios que han de beber Sus enemigos para su perdición.

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