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Apocalipsis 19: El tedéum de los ángeles

Nuestra tarea más difícil aquí es descubrir lo que se oculta tras la afirmación de que el Cristo guerrero tiene escrito el nombre Rey de reyes y Señor de señores en Su vestidura y en Su muslo. Se han hecho diversas sugerencias. Una de ellas, que lleva el nombre, o bordado en el cinto, o grabado en la empuñadura de la espada. Se sugiere que está en la falda de su túnica de general, porque allí sería donde se pudiera ver mejor cuando fuera cabalgando. Se sugiere que lo lleva escrito en el muslo, porque era donde se grababan a veces los títulos en las estatuas. Parece claro que el nombre está a la vista de todos; y, por tanto, probablemente la mejor solución es que estaba escrito en la falda de la túnica del Cristo guerrero, cayéndole sobre el muslo cuando iba montado en el caballo blanco. En cualquier caso, el nombre Le identifica como el más grande de todos los señores y como el único Ser divino y Rey universal.

La condenación de los enemigos de Cristo

Y vi a un ángel que estaba de pie en el Sol, que llamaba con voz potente a todas las aves que vuelan por en medio del cielo, y les decía: -¡Venid a reuniros para la gran fiesta que Dios os dará para que comáis carne de reyes, y de capitanes, y de hombres fuertes, y de caballos y de sus jinetes, y carne de todos los hombres, libres y esclavos, grandes y pequeños! Y vi a la bestia y a los reyes de la tierra con sus ejércitos reunirse para hacerle la guerra al Que montaba el caballo y a Su ejército. Y la bestia fue hecha prisionera, y con ella el falso profeta que realizaba en su presencia señales con las que engañaba a todos los que habían recibido la señal de la bestia y adoraban su imagen. Esos dos fueron arrojados vivos al lago de fuego ardiendo con azufre; y el resto fueron muertos a espada por el Que cabalga sobre el caballo, la espada que sale de Su boca; y todas las aves se saciaron de las carnes de ellos.

Aquí tenemos una escena macabra de aves de presa que son invitadas a venir de todos los cielos a hartarse de carne de cadáveres. De nuevo notamos que esta es una escena tomada directamente del Antiguo Testamento, de la descripción que hace Ezequiel de la derrota y matanza de las fuerzas de Gog y Magog: « Di a las aves de toda especie y a toda fiera del campo… «Comeréis carne de los fuertes, y beberéis la sangre de los soberanos de la tierra -le carneros, corderos, cabras y toros… Comeréis grasa hasta hartaros, y beberáis sangre hasta emborracharos en la fiesta sacrificial que os he preparado»» (Ezequiel 39:17-19). Esta escena sanguinaria está, de nuevo decimos, más de acuerdo con las expectaciones apocalípticas del Antiguo Testamento que con el Evangelio de Jesucristo.

Aquí tenemos una repetición de la imaginería del capítulo 13. La bestia es Noro redivivus; el falso profeta es la organización provincial que administraba el culto al césar; los que tienen la señal de la bestia son los que se han sometido ante el altar del césar; los reyes de la tierra y sus ejércitos son los ejércitos partos que había de dirigir Nerón contra Roma y contra todo el mundo.

Así es que todas las fuerzas hostiles a Dios se reúnen; pero el Cristo guerrero ha de vencer. El Anticristo y sus aliados son arrojados al lago de fuego; y todos sus partidarios son muertos, para esperar en el Seol el Juicio Final.

El drama cósmico se acerca a su fin. Nada se ha dicho todavía de la suerte de Satanás, que es algo que vamos a ver ahora.

El reino milenario de Cristo y de sus santos

Puesto que la gran importancia de este capítulo consiste en que es lo que podría llamarse el documento fundacional del Milenarismo, será mejor leerlo en conjunto antes de estudiarlo en detalle.

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