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Apocalipsis 4: El cielo y la puerta se abren

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Aunque hay ciertas diferencias innegables, no cabe la menor duda de que encontramos a los antepasados de estos cuatro seres vivientes en las visiones de Ezequiel. En la visión de Ezequiel cada uno de los cuatro seres vivientes tenía cuatro caras -las de hombre, león, buey y águila; y sostenían el firmamento (Ezequiel 1:6,10,22,26); las llantas de las ruedas estaban llenas de ojos (Ezequiel 1:18). En Ezequiel tenemos todos los detalles de las figuras del Apocalipsis, aunque se distribuyen y asignan de manera diferente. A pesar de las diferencias es obvio el parecido de familia.

En Ezequiel los cuatro seres vivientes se identifican claramente como querubines. Esta identificación se hace en Ezequiel 10:20,22). Los querubines formaban parte de la decoración del templo de Salomón en el lugar de la oración y en las paredes (1 Reyes 6:23-30; 2 Crónicas 3:7). Estaban representados en el velo colgante que aislaba el Lugar Santísimo del Lugar Santb (Éxodo 26:31). Había dos querubines en la tapa del arca, llamada el propiciatorio; y estaban colocados el uno frente al otro, extendiendo las alas a manera de dosel sobre el propiciatorio (Éxodo 25:18-21). Una de las más frecuentes representaciones de Dios es sentado entre los querubines, y así es como se Le menciona en las oraciones (2 Reyes 19:25; Salmo 80:1; 99:1; Isaías 37:16). A Dios se Le representa volando sobre los querubines y sobre las alas del viento (Salmo 18:10). Eran los querubines los que guardaban el acceso al Huerto del Edén cuando Adán y Eva fueron expulsados de él (Génesis 3:24). En libros posteriores escritos entre los dos Testamentos, tales como Henoc, los querubines están en guardia junto al trono de Dios (Henoc 71:7).

De todo esto surge claramente una cosa: los querubines son seres angélicos que están cerca de Dios y son los guardianes de Su trono.

¿Qué simbolizan estos cuatro seres vivientes?

(i) Es obvio que forman parte dé la escenografía del Cielo; y que no son figuras que el autor del Apocalipsis creara, sino que las heredó de descripciones previas. Puede que tuvieran su origen en fuentes babilónicas, o que representaran a los cuatro signos del zodíaco o a los cuatro vientos que vienen de las cuatro esquinas de los cielos. Pero el Juan que escribió el Apocalipsis no era consciente de eso, y los usaba sencillamente como parte de la escenografía del Cielo al que había sido introducido.

(ii) ¿Cómo veía el mismo Juan el simbolismo de estos seres vivientes? Creemos que Swete ofrece la explicación correcta.

Los cuatro seres vivientes representan todo lo más noble, fuerte, sabio y veloz de la Naturaleza. Cada uno tiene la preeminencia en su propia esfera particular: el león es supremo entre las fieras; el buey, entre el ganado; el águila, entre las aves, y el hombre entre todas las criaturas. Los animales representan toda la grandeza y la fuerza y la belleza de la Naturaleza, a la que vemos aquí sirviendo y alabando á Dios. En los versículos que siguen vemos a los veinticuatro ancianos alabando a Dios; y cuando unimos los dos cuadros obtenemos el de la Naturaleza y la Humanidad aplicadas en una adoración constante a Dios. «La incesante actividad de la Naturaleza bajo la mano de Dios es un incesante tributo de alabanza.»

La idea de la Naturaleza alabando a Dios aparece más de una vez en el Antiguo Testamento. «Los cielos cuentan la gloria de Dios y el firmamento anuncia la obra de Sus manos» (Salmo 19:Is). « ¡Bendecid al Señor, vosotras todas Sus obras, en todos los lugares de Su señorío!» (Salmo 103:22). El Salmo 148 es una cita imponente a toda la Naturaleza a que se una a la alabanza de Dios.

Hay aquí una tremenda verdad. La idea básica tras todo esto es que todo lo que está cumpliendo la misión para la que fue creado está alabando a Dios. Una de las concepciones básicas del estoicismo era que en todos los seres hay una chispa divina, scintilla. «Dios -decía Séneca- está cerca de ti, contigo, en ti; un espíritu santo se asienta en nuestro interior.» Como señala Gilbert Murray, los escépticos se reían de esto, y se burlaban de toda esta idea. « ¿Qué? decía el escéptico- ¿Está Dios en los gusanos? ¿Y en los escarabajos peloteros?» « ¿Y por qué no?» contestaban los estoicos.

¿Es que un gusano no puede servir a Dios? Acordaos del del Libro de Jonás, 4: 7 ¿Es que sólo puede ser un buen soldado el general? ¿No puede el soldado raso pelear lo mejor posible? ¡Dichoso tú si estás sirviendo a Dios y cumpliendo Su propósito tan fielmente como un gusano! Lo que quiera que cumpla la función para la que fue creado está así adorando a Dios. Este es un pensamiento que despliega el panorama más magnífico. La actividad más humilde e ignorada del mundo puede ser un acto de verdadero culto a Dios. El trabajo y el culto se convierten literalmente en una sola cosa. El fin principal del hombre es glorificar a Dios y gozar de Él para siempre; y el hombre cumple su cometido cuando hace lo que Dios le envió a hacer en el mundo. Un trabajo bien hecho se eleva al Cielo como un himno de alabanza a Dios.

Esto quiere decir que el médico en su consulta, el hombre de ciencia en su laboratorio, el profesor en su aula, el músico en su concierto, el pintor en su estudio, el dependiente tras su mostrador, el mecanógrafo a su máquina, el ama de casa en sus quehaceres -todos los que están haciendo el trabajo del mundo como Dios manda participan en un acto de culto cósmico.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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