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Apocalipsis 4: El cielo y la puerta se abren

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

(iii) Le alaba por Su eternidad. Los imperios surgen y desaparecen; aun los cielos y la tierra perecerán; pero Dios es siempre el Mismo, y Sus años no se acabarán. Por lo cual Sus siervos habitarán seguros (Salmo 102:25-28).

Dios, el Señor y el Creador

Cada vez que los seres vivientes den gloria y honor y acción de gracias al Que está sentado en el trono y vive para siempre jamás, los veinticuatro ancianos se postrarán delante del Que está sentado en el trono y adorarán al Que vive por siempre jamás arrojando sus coronas delante del trono y diciendo: -¡Señor y Dios nuestro, Tú mereces recibir la gloria y el honor y el poder, porque Tú has creado todas las cosas, y por Tu voluntad existen y han sido creadas!

Aquí está la otra sección del coro de acción de gracias. Ya hemos visto que los seres vivientes representan a la Naturaleza en toda su grandeza, y los veinticuatro ancianos a la gran Iglesia unida en Jesucristo. Así es que cuando los seres vivientes y los ancianos se unen en alabanza se simboliza la Naturaleza y la Iglesia unidas alabando a Dios. Hay comentadores que han hallado dificultades aquí. En el versículo 8, la alabanza de los seres vivientes es ininterrumpida día y noche, y en este pasaje se nos presentan brotes de alabanza en los que los ancianos responden siempre postrándose y adorando. Pero el decir que hay una inconsecuencia es dar muestras de una crítica sin imaginación; no esperamos lógica en la poesía y sinfonía de la adoración.

Juan usa aquí una figura que conocía muy bien el mundo antiguo: Los ancianos rendían sus coronas ante el trono de Dios.

En el mundo antiguo aquel gesto era la expresión de una sumisión total. Cuando un rey se rendía a otro, echaba su corona a los pies del vencedor. Algunas veces los romanos llevaban consigo una imagen de su emperador; y, cuando sometían a un monarca, hacían una ceremonia en la que el vencido tenía que rendir su corona ante la imagen del emperador. Esta escena presenta a Dios como el Conquistador de las almas, y a la Iglesia como el Cuerpo de creyentes que se Le han rendido. No puede haber fe sin sumisión.

La doxología de los ancianos alaba a Dios por dos cosas.

(i) Él es su Señor y Dios. Aquí hay algo que sería más comprensible para los del tiempo de Juan que para nosotros. La frase original para Señor y Dios es Kyrios kcai Theós, que era el título oficial del emperador romano Domiciano. Era, sin duda, porque los cristianos no reconocían aquella pretensión del emperador por lo que los perseguían y mataban. Llamar sencillamente a Dios Señor y Dios era una confesión triunfante de fe, una proclamación de que Él ocupa el lugar supremo en todo el universo, en lo que se hacía mayor hincapié al ponerle el artículo determinado ho y el pronombre posesivo hémón a estos títulos: Él es el Señor y el Dios nuestro.

(ii) Dios es el Creador. Es por Su voluntad y propósito por lo que existían todas las cosas aun antes de la Creación y fueron por último traídas al ser real. El ser humano ha adquirido muchos poderes, pero no posee el de crear. Puede alterar y reformar, hacer cosas con materiales ya existentes; pero únicamente Dios puede crear de la nada. Esta gran verdad quiere decir que en su sentido más real todo el universo Le pertenece, y no hay nada que el ser humano pueda usar a menos que Dios se lo haya dado.

El libro en la mano de Dios

Y en la mano derecha del Que estaba sentado en el trono vi un rollo escrito por las dos caras y sellado con siete sellos. Debemos tratar de visualizar la escena que nos describe Juan. Tiene un antecedente en la visión de Ezequiel: «Miré, y vi una mano extendida hacia mí, y en ella un libro enrollado. Lo extendió delante de mí, y estaba escrito por delante y por detrás; y había escritos en él cantos fúnebres, gemidos y ayes» (Ezequiel 2: 9s).

Debemos fijarnos en que era un rollo y no un libro lo que Dios tenía en la mano. En el mundo antiguo, hasta el siglo II d.C., la forma en que se presentaba un escrito era el rollo, no el códice o libro tan como lo conocemos nosotros actualmente. El rollo se hacía de papiro, que se fabricaba en hojas de 20 x 14 cm. que se unían horizontalmente hasta alcanzar la longitud necesitada.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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