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Apocalipsis 4: El cielo y la puerta se abren

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

El simbolismo de los seres vivientes

No pasó mucho tiempo antes de que la Iglesia primitiva encontrara ciertos simbolismos en los cuatro seres vivientes, en particular el de los cuatro evangelistas -una representación que se suele encontrar en las vidrieras de colores de las iglesias.

La primera y la más completa identificación la hizo Ireneo hacia el año 170 d.C. Mantenía que los cuatro seres vivientes representaban cuatro aspectos de la obra de Jesucristo, que a su vez están representados en los cuatro evangelios.

El león representa la Obra poderosa y efectiva del Hijo de Dios, Su señorío y poder soberano. El buey representa la proyección sacerdotal de Su Obra, porque es el animal del sacrificio. El hombre representa Su Encarnación. El águila representa el don del Espíritu Santo, con Sus alas desplegadas sobre la Iglesia. Juan representa «la generación original, efectiva y gloriosa del Hijo desde el Padre,» y nos dice que todas las cosas fueron hechas por Él; y por tanto está simbolizado en el león. Lucas empieza con la escena del sacerdote Zacarías, y nos cuenta la historia del ternero cebado que mataron para celebrar haber encontrado al hijo menor; y por tanto está representado en el buey. Mateo empieza dándonos la ascendencia humana de Jesús y «el carácter de un hombre manso y humilde se mantiene a lo largo de todo este evangelio;» y está simbolizado por el hombre. Marcos empieza con una referencia ‹al Espíritu de la profecía descendiendo de lo Alto sobre los hombres, lo que «apunta al carácter alado de este evangelio;» y por tanto está simbolizado en el águila.

Ireneo sigue diciendo que los cuatro seres vivientes representan los cuatro pactos principales que hizo Dios con la raza humana. El primero lo hizo con Adán, antes del diluvio. El segundo, con Noé, después del diluvio. El tercero, al dar la Ley a Moisés. El cuarto es el que renueva al hombre en Cristo «resucitando y llevando a los hombres en Sus alas al Reino celestial.» Pero, como ya hemos dicho, había una variedad de identificaciones diferentes.

El esquema de Atanasio era: Mateo = el hombre Marcos = el buey Lucas = el león Juan = el águila El esquema de Victorino era: Mateo = el hombre Marcos = el león Lucas = el buey Juan = el águila El esquema de Agustín era: Mateo = el león Marcos = el hombre Lucas = el buey Juan = el águila

Se puede decir que, en conjunto, la identificación de Agustín llegó a aceptarse generalmente, porque responde mejor a los hechos. Mateo está mejor representado por el león, porque presenta a Jesús como el León de la tribu de Judá, Aquel en Quien se cumplieron las expectaciones de los profetas. Marcos está mejor representado por el hombre, porque es el que más se parece a un reportaje de la vida humana de Jesús. Lucas está mejor representado por el buey, porque nos presenta a Jesús como el sacrificio por todas las clases y condiciones de hombres y mujeres en todas partes. Juan está mejor representado por el águila, porque es el ave que vuela más alto, y se dice que es la única criatura viviente que puede mirar al Sol sin deslumbrarse; y Juan es el evangelio que se remonta más a las alturas.

El himno de alabanza

Noche y día, los seres vivientes no dejaban nunca de entonar su doxología de alabanza: ¡Santo, Santo, Santo es el Señor, el Todopoderoso, Que era, y Que es, y Que ha de venir! Aquí se nos presenta la incesante alabanza de la Naturaleza. « El hombre descansa el domingo, y cuando duerme, y cuando llega a su final con la muerte; pero el ciclo de la Naturaleza es ininterrumpido e incesante en su alabanza.» No hay nunca ningún tiempo en que el mundo que Dios ha hecho no Le esté alabando.

La doxología recoge tres atributos de Dios.

(i) Le alaba por Su santidad (cp. Isaías 6: 3). Ya hemos visto repetidas veces que la idea básica de la santidad es la diferencia.

Eso es supremamente cierto de Dios. Él es diferente de los seres humanos. Precisamente por eso somos movidos a adorarle. Si no fuera más que una persona humana glorificada, no Le podríamos alabar. Como expresaba un poeta: «¿Cómo podría alabar, si tal cual soy pudiera comprender?» El mismo misterio de Dios nos mueve a la reverente admiración en Su presencia y a un alucinado amor, el que esa grandeza se rebajara hasta ese punto por nosotros y para salvarnos. Le alaba por Su omnipotencia. Dios es omnipotente. Las personas a las que iba dirigido el Apocalipsis vivían bajo la amenaza de Imperio Romano, un poder que ninguna persona ni nación podía desafiar impunemente. Figuraos lo que significaría para los cristianos estar seguros de que con ellos estaba el Todopoderoso. El mismo hecho de darle ese título a Dios afirma la certeza de la seguridad del cristiano; no una seguridad que quisiera decir liberación de los problemas, sino que hacía que uno se sintiera seguro así en la vida como en la muerte.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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