Características de los malvados
En el versículo 16 Judas especifica tres últimas características de los malvados.
(i) Son protestones, permanentemente descontentos con la vida que Dios les ha asignado. En este cuadro Judas usa dos palabras, una de las cuales que les sería muy familiar a sus lectores judíos, y la otra, a los griegos.
(a) La primera es gonguystés. Esta palabra describe las voces descontentas de los murmuradores y es la misma que aparece frecuentemente en la traducción griega del Antiguo Testamento para las murmuraciones de los israelitas contra Moisés cuando los guiaba por el desierto (Éxodo 15:24; 17: 3; Números 14:29). Parece reproducir onomatopéyicamente el susurro de descontento resentido que surgía del pueblo rebelde. Estos malvados del tiempo de Judas eran la contrapartida moderna de los murmuradores israelitas del desierto, personas llenas de quejas malhumoradas contra la mano guiadora de Dios.
(b) La segunda es mempsímoiros. Está formada por dos palabras griegas: mémfesthai, que quiere decir echar las culpas, y moira, la suerte o la vida de uno. Un mempsímoiros era un hombre que estaba siempre quejándose de la vida en general. Teofrasto, el gran maestro en la descripción de personajes, tiene un estudio cómico y burlesco del mempsímoiros que vale la pena citar completo:
El quejumbroso es el que se pasa de quejarse indebidamente de su suerte en todos los casos. El quejumbroso le dirá al amigo que le trae una porción de su propia mesa: «Esto es una muestra de lo tacaño que eres conmigo, porque no has querido invitarme a comer contigo en persona. » Cuando su amante le está dando un beso, él le dice: «Me pregunto si me estarás besando de corazón, o porque quieres algo de mí. » Está disgustado con Zeus, no porque no le mande la lluvia, sino porque ha tardado algo en mandársela. Cuando se encuentra una cartera en la calle, se pone: «¡Ah! No me encuentro nunca un tesoro que valga la pena. » Cuando ha comprado un esclavo barato después de regatearle el precio al vendedor hasta agotarle, exclama: «¡No será una ganga cuando me lo ha dejado tan barato!» Cuando le dan la buena noticia de que le ha nacido un niño, entonces es que: « Si me dices que esto me va a costar la mitad de mi fortuna me habrás dicho la verdad.» Si gana un pleito mediante un veredicto unánime, está seguro de encontrarle faltas al que ha hecho su defensa por omitir muchas circunstancias que le eran favorables. Y si se ha hecho una suscripción a su favor entre sus amigos, y uno de ellos le dice: «¡Alegra esa cara 1, » él le responde: «¿De qué, si se lo voy a tener que devolver a todos y el chollo será para ellos?»
Aquí, trazado hábilmente por la pluma sutil de Teofrasto, tenemos el retrato de uno de esos que encuentran siempre algo de que quejarse en cada situación. Puede encontrarle alguna pega al mejor dé los negocios, al más amable de los gestos, al más redondo de los éxitos, a la buena suerte más voluminosa. «Gran ganancia es la piedad acompañada de contentamiento» (1 Corintios 6:6); pero los malvados están siempre descontentos con la vida y con todo lo que Dios les asigna. Hay pocas personas que sean menos populares que el quejica crónico, y los tales harían bien en tener presente que su actitud equivale a un insulto a Dios.
(ii) Judas reitera un detalle de estos malvados, que ya ha señalado una y otra vez: su conducta está gobernada por sus deseos. Para ellos la disciplina y el dominio propio no sirven para nada. Para ellos la ley moral no es más_que una carga y un fastidio; el honor y el deber no les incumben; no tienen ningún deseo de servir, ni ningún sentido de responsabilidad; no valoran más que el placer, y su única dinámica es el deseo. Si todo el mundo fuera así, el mundo sería un completo caos.
(iii) Hablan con orgullo y arrogancia, y sin embargo al mismo tiempo están dispuestos a halagar a los grandes si piensan creen que pueden obtener algún beneficio. Es perfectamente posible que una persona sea al mismo tiempo un tipo rimbombante con las personas a las que trata de impresionar, y un adulador halagüeño con las personas que considera importantes. Los oponentes de Judas se ensalzaban a sí mismos y adulaban a los demás según demandara la ocasión; y su progenie se encuentra a veces entre nosotros.
