Se usan tres nombres para Dios:
(1) ‘el o ‘elohim; (la forma plural con sentido de singular cuando se trata del Dios verdadero) es el término general usado por los pueblos semíticos que significa “dios”. Puede aplicarse a los dioses paganos. El vocablo probablemente proviene de un verbo que significa “ser fuerte”, o “tener fuerza”. Es un símbolo de poder tal como se ve en Génesis.
(2) Shaddai, de la combinación ‘el-shaddai, probablemente proviene del asirio shadu y significa “montaña”. Sin embargo, se traduce con una palabra que significa “Todopoderoso”, y la Vulgata sigue usando el término “omnipotente”. Hay un verbo hebreo, sadad, que significa “tratar con violencia”, o “demostrar gran poder”. Aunque la raíz de la palabra Shaddai, es incierta, las dos posibilidades tratan de un sentir de potencia. Si el término proviene de shadu, que quiere decir “El Dios de la montaña”, indica un concepto de altura y de firmeza, e incluye un sentir de misterio y poder (por ej.: las nubes y tormentas violentas que se forman repentinamente alrededor de las montañas. El término aumenta el concepto de ‘elohim.
(3) JHVH o YHWH H viene probablemente del verbo “ser” y es una forma personal. No se trata aquí de la existencia de Jehová , sino que se concentra sobre su presencia con, o entre los que han entrado en el pacto con él.
El pacto y la promesa de Jehová.
El Señor reafirma el pacto hecho con los patriarcas; vuelve a asegurar a Moisés que escucha el gemido del pueblo y que no se ha olvidado el pacto. Los patriarcas eran peregrinos y forasteros en la tierra de Canaán; ahora la tierra se dará a Israel de acuerdo con la promesa hecha. El pueblo ha de vivir en su propio país con título de propiedad segura. El nombre de Jehová es la fianza o garantía de la promesa, y les librará con brazo extendido y con grandes actos justicieros.
Lo que Jehová hará por el pueblo está basado en su naturaleza. Aunque la revelación nueva del nombre viejo fue el primer paso, los acontecimientos venideros la confirmarían. En el texto, y de antemano, el Señor anuncia lo que hará:
(1) Yo os libraré de las cargas de Egipto
(2) os libertaré de su esclavitud
(3) Os redimiré
(4) os tomaré como pueblo mío
(5) yo seré vuestro Dios
(6) Yo os llevaré a la tierra [prometida]
(7) Yo os la daré en posesión. Otra vez, el nombre de Jehová es la garantía de lo que ha de ocurrir; la afirmación comienza y termina con la fórmula, Yo soy Jehová.
La acción de Jehová puede dividirse en tres categorías:
(1) La redención: librar, libertar y redimir,
(2) la oferta del pacto y
(3) la promesa de darles una tierra en posesión.
Se emplea el yo dieciocho veces. Cinco veces está escrito independientemente del verbo (nótese que en el hebreo se incluye la persona en la conjugación del verbo) lo cual hace énfasis gramaticalmente en la persona. La libertad vendrá de parte de Jehová ; él lo hará. Por esta razón los escritos bíblicos posteriores siempre se refieren al éxodo de Egipto como una liberación divina.
Teológicamente el pacto se une con la redención. En el pacto Dios se revela por medio del hecho de la redención, y en ello se encuentra tanto la demanda como la promesa. Jehová demanda que Israel sea su pueblo y promete que él será el Dios de ellos. Más adelante, con la ratificación del pacto de parte del pueblo, el Señor revelará cómo cumplir con su voluntad con la entrega de la ley. Trágicamente la historia revelará el fracaso de Israel en cumplir con el pacto; sin embargo, Dios siempre es fiel en cumplir su palabra.
Para que Israel fuese el pueblo de Dios, Jehová tendría que redimirlo. Consecuentemente, le pertenecería a él. En la época de Moisés se creía comúnmente que cada zona geográfica tenía su dios que ejercía poder sobre su dominio. Se consideraba que la gente que vivía en tal lugar automáticamente le pertenecía al dios y era pueblo de él. Pero no fue así con Israel. Jehová no era un Dios dentro de límites geográficos y la redención no era asunto de residencia. Jehová entró en una tierra extraña y libertó a los suyos de la opresión. Además, la redención de Jehová y el pacto ofrecido por él requerían fe y obediencia de parte del pueblo.
