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Hebreos 7 : El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Estos son los pasajes en los que el autor de Hebreos describe a Jesús como Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec.

Vamos a ver ahora lo que está tratando de decir cuando usa esa terminología.

Debemos empezar por entender la posición general en la que empieza. Empieza por la idea básica de que religión es acceso a Dios. Era para hacer posible ese acceso a Dios para lo que existían dos cosas. En primer lugar, la Ley. La idea básica de la Ley es que, siempre que el hombre cumpla fielmente sus mandamientos, está en una posición de amistad con Dios y tiene la puerta abierta a Su presencia. Pero los hombres no pueden cumplir la Ley y, por tanto, están interrumpidos el acceso a Dios y la amistad con Él. Y era precisamente para resolver esa situación de extrañamiento para lo que existía la segunda cosa: el sacerdocio y todo el sistema de sacrificios. La palabra latina para sacerdote es pontifex, que quiere decir el que establece un puente; el sacerdote era un hombre cuya función era construir un puente entre los hombres y Dios por medio del sistema de sacrificios. Una persona quebrantaba la Ley; su comunión con Dios quedaba interrumpida e impedido su acceso a Dios; mediante el ofrecimiento del sacrificio correcto se hacía expiación por esa ofensa, y así se restablecía la comunión y se quitaba la barrera.

Esa era la teoría del asunto. Pero, en práctica, la vida demostraba que eso era precisamente lo que no podían hacer el sacerdocio y los sacrificios. La separación de Dios que era la consecuencia del pecado del hombre no tenía salida; y el problema era que todos los esfuerzos del sacerdocio y todos los sacrificios del mundo no podían restablecer la relación perdida. Por tanto, el argumento del autor de Hebreos es que, lo que se necesita, es un nuevo y diferente sacerdocio y un Sacrificio nuevo y eficaz.

Y ve en Jesucristo el único Sumo Sacerdote que puede abrir el camino hacia Dios; y llama al sacerdocio de Jesús el sacerdocio de la orden de Melquisedec.

Esta idea la sacó de dos pasajes del Antiguo Testamento. El primero es el Salmo 110:4, donde está escrito: El Señor ha jurado, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.» El segundo es Génesis 14:17-20, donde se nos relata la historia del Melquisedec original: Y el rey de Sodoma le salió al encuentro (a Abraham) en el valle de Save (que es el valle del rey). Y Melquisedec, el rey de Salem, trajo pan y vino; era sacerdote del Dios Altísimo. Y bendijo a Abraham diciendo: «¡Bendito sea Abram del Dios Altísimo, Creador del Cielo y de la Tierra, y bendito sea el Dios Altísimo que te ha entregado a tus enemigos en tus manos!» YAbram le dio una décima parte de todo.

El autor de Hebreos hace aquí lo que haría cualquier rabino judío experto, y sigue el método rabínico de interpretación de la Escritura. Para entender ese método tenemos que tener presentes dos cosas.

(i) Para un judío versado en las Escrituras, cualquier pasaje tenía cuatro sentidos, a cada uno de los cuales daba un nombre.

(a) El primero, peshat, que quiere decir el sentido literal y concreto. (b) Segundo, remaz, que es el sentido figurado que se sugiere. (c) Tercero, derush, que es el sentido al que se llega después de una seria investigación. (d) Cuarto, sod, que es el sentido alegórico o espiritual. El sentido más importante para los judíos era, con mucho, el sod, el sentido profundo. No estaban tan interesados en el sentido literal y material de un pasaje como en el sentido alegórico y místico que pudiera encerrar, aunque no tuviera nada que ver con el sentido literal. Eso es lo que hace aquí el autor de Hebreos.

(ii) En segundo lugar, debemos darnos cuenta de que los intérpretes judíos consideraban totalmente justificado el sacar conclusiones, no sólo de las palabras, sino también de los silencios de la Escritura; es decir, de lo que se dice y de lo que no se dice. De hecho, el autor de Hebreos basa su argumento por lo menos tanto en lo que no se dice en este pasaje como en lo que se dice acerca de Melquisedec.

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