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Hebreos 7 : El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Una vez ordenado tenía que cumplir muchas abluciones con agua y unciones con óleo; tenía que cortarse el pelo de cierta manera. El sacerdocio aarónico dependía de cosas físicas desde el principio hasta el fin. El carácter, la habilidad y la personalidad no entraban para nada. Pero el nuevo sacerdocio dependía de una vida que es indestructible. El sacerdocio de Cristo no dependía de cosas físicas, sino de lo Que Él era en Sí mismo. Aquí tenemos una verdadera revolución; ya no eran las ceremonias ni las observancias externas lo que hacía al Sacerdote, sino el valor interior.

Además, había otro gran cambio de consecuencias fundamentales. La Ley era tajante en cuanto a que todos los sacerdotes tenían que ser de la tribu de Leví y descendientes de Aarón. Pero Jesús pertenecía a la tribu de Judá. Por tanto, el hecho de que Él es el nuevo Sumo Sacerdote implica que la Ley se ha cambiado; se ha suprimido. La palabra que se usa para la cancelación es athetésis; es la que se usa para la anulación de un tratado, la abrogación de una promesa, la supresión de un nombre del registro y para dejar una ley o regla sin efecto. Toda la parafernalia de la ley ceremonial quedó borrada en el sacerdocio de Jesús.

Por último, Jesús puede hacer lo que el antiguo sacerdocio no podía: puede darnos acceso a Dios. ¿Cómo? ¿Qué es lo que le impide al hombre el acceso a Dios?

(i) El miedo. Mientras Dios le inspire terror al hombre, éste no puede confiar en Dios. Jesús vino para mostrarles a los hombres el amor infinito y tierno del Dios cuyo Nombre es Padre… ¡y el horrible terror desapareció! Ahora sabemos que Dios quiere que volvamos a casa, no para castigarnos, sino para recibirnos con los brazos abiertos.

(ii) El pecado. Jesús ofreció en la Cruz el Sacrificio perfecto que expía el pecado. El miedo ha desaparecido; el pecado ha sido conquistado; el camino hacia Dios está abierto para todos.

El sacerdocio supremo

Y como en todo esto se interpuso un juramento porque los sacerdotes levíticos se ordenaban sin juramento, pero Él con un juramento, como dice la Escritura refiriéndose a Él: «El Señor lo juró, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre «»-Jesús es el garante de un mejor Pacto. Además, en el Antiguo Pacto había que seguir ordenando más y más sacerdotes levíticos porque la muerte les impedía seguir ejerciendo; mientras que Él tiene un sacerdocio que no se acabará nunca, porque Él permanece para siempre. Por eso mismo Le es posible en todas las circunstancias y en todo tiempo, ya que está vivo para siempre, salvar a los que vienen a Dios por medio de Él.

El autor de Hebreos acumula pruebas de la superioridad del sacerdocio de la orden de Melquisedec, el de Jesús, sobre el antiguo sacerdocio levítico. Aquí aduce otras dos pruebas.

Primera: hace hincapié en el hecho de que la institución del sacerdocio de la orden de Melquisedec fue confirmada por un juramento de Dios, cosa que no había sucedido con el levítico. La cita es del Salmo 110:4: «El Señor ha jurado, y no se volverá atrás: «Tú eres Sacerdote para siempre de la orden de Melquisedec.»» La idea de que Dios haga un juramento ya es alucinante. Hace mucho, ya Filón lo había advertido. Señaló que la única razón para hacer un juramento es porque la palabra de un hombre a secas no es garantía de credibilidad; pero si se jura, entonces sí. Dios no necesita nunca hacer un juramento, porque es imposible que no sea creíble Su palabra. Por tanto, si Dios llega a confirmar Su palabra con un juramento, lo que dice debe de ser de importancia capital. Así que es posible que desaparezca el sacerdocio ordinario; pero el sacerdocio de Jesucristo nunca podrá dejar de existir, porque Dios ha jurado que será para siempre.

Como Su sacerdocio ha sido confirmado con un juramento, Jesús es garante de un Pacto mejor. Recordemos que la misión del sacerdote y de toda religión es abrir el camino de acceso a Dios. Aquí nos encontramos con la palabra pacto. Pronto tendremos que examinarla en más detalle; de momento es suficiente decir que un pacto es en esencia un acuerdo entre dos personas o partes que se comprometen a cumplir mutuamente ciertas condiciones.

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