Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Hebreos 7 : El sumo sacerdote de la orden de Melquisedec

Ahora resumimos brevemente lo que estaba en la mente del autor de Hebreos cuando pensaba en Jesús como el prometido Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec. Tengamos presente que estas son sólo las ideas principales.

(i) Jesús es el Sumo Sacerdote Cuyo ministerio no depende de Su genealogía sino de Él mismo.

(ii) Jesús es el Sumo Sacerdote Que vive para siempre.

(iii) Jesús es el Sumo Sacerdote sin pecado, Que no tiene por tanto que ofrecer sacrificio por su propio pecado.

(iv) Jesús es el Sumo Sacerdote Que, al ofrecerse a Sí mismo, hizo el Sacrifcio perfecto que abrió de una vez para siempre el camino hacia Dios. Ya no hay que hacer más sacrificios.

Habiendo visto las ideas generales que tenía en mente el autor de Hebreos sobre Jesús como Sumo Sacerdote de la orden de Melquisedec, ahora vamos a estudiar este capítulo en más detalle por secciones.

El rey y sacerdote auténtico

Ahora bien, este Melquisedec era rey de Salem y sacerdote del Dios Altísimo. Le salió al encuentro a Abraham, que volvía de derrotar a los reyes, y le bendijo; y Abraham apartó para él una décima parte del botín. En primer lugar, la interpretación de su nombre es Rey de Justicia; y, en segundo lugar, Rey de Salem quiere decir Rey de Paz. No se mencionan los nombres de su padre y de su madre, ni hay ningún dato de su genealogía; tampoco se menciona cuándo empezó su vida, ni cuándo terminó; se nos presenta cómo una figura del Hijo de Dios, que queda como Sacerdote para siempre.

Como ya hemos visto, los dos pasajes en los que el autor de Hebreos basa su argumento son Salmo 110:4 y Génesis 14:18-20. En la historia del Génesis, Melquisedec es una figura extraña y casi misteriosa. Aparece como llovido del cielo; no se dice nada da su vida, nacimiento, muerte o genealogía. Sencillamente, aparece. Le da a Abraham pan y vino, cosa que, para nosotros que leemos la historia desde el Nuevo Testamento, tiene un matiz sacramental. Bendice a Abraham. Y seguidamente, se desvanece de la escena de la Historia tan repentinamente como había entrado. No nos sorprende que el autor de Hebreos haya encontrado en él un símbolo de Cristo.

Melquisedec era por su nombre Rey de Justicia, y por su reino Rey de Paz. El orden es tanto significativo como inevitable. La justicia debe siempre preceder a la paz. Sin justicia no puede haber verdadera paz. Como dice Pablo en Romanos 5:1: « Justificados, pues, por la fe, tenemos paz para con Dios por medio de nuestro Señor Jesucristo» (R-V). Y otra vez en Roma nos 14:17: « El Reino de Dios es… Justicia, paz y gozo en el Espíritu Santo. El orden es siempre el mismo: primero justicia, y luego paz (Cp. Salmos 72:7; 85:10; Isaías 32:17).

Podría decirse que toda la vida es -una búsqueda de la paz, y también que los hombres insisten en buscarla donde no puede encontrarse.

(i) Buscan la paz en el escape. Pero lo malo del escape es que siempre tenemos que volver al punto de partida. A. J. Gossip traza un cuadro de una mujer descuidada, que vivía en una casa destartalada. Salía una tarde de su casa, y se. iba al cine. Se escapaba una o dos horas al mundo del lujo y el encanto de las películas… y luego tenía que volver a casa. Es verdad que era un escape; pero tenía que volver ala realidad. W. M. Macgregor cuenta de una anciana que vivía en un suburbio terrible de Edimbugo que se llama Pans. Cada cierto tiempo se sentía tan asqueada de su barrio que hacía un recorrido por las casas de sus amigas, y les sacaba uno o dos peniques a cada una. Con el producto cogía una borrachera de muerte. Cuando se lo echaban en cara, contestaba: «¿Me vais a discutir la única oportunidad que tengo de salir de Pans con un sorbo de whisky?» Era un escape, pero tenía que volver. Siempre es posible encontrar una cierta clase de paz por la vía del escape, pero no dura mucho. El doctor Johnson solía insistir en que todas las personas debemos tener un «hobby», porque debemos poder apartarnos un poco de los quehaceres y problemas; pero ya se supone que es para volver a ellos con nuevo vigor. El escape no tiene por qué ser malo; puede qué sea hasta necesario para conservar la salud física y mental; pero es siempre un paliativo, y no una cura.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar