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Juan 20: Amor alucinado

(iii) No pudo reconocer a Jesús porque no hacía más que mirar hacia el otro lado. No podía apartar los ojos de la tumba, así es que Le estaba dando la espalda. También eso nos sucede a menudo. En esos casos nuestros ojos están fijos en la fría tierra de la tumba; pero tenemos que arrancarlos de ahí: ahí no es donde están nuestros seres queridos; sus cuerpos desgastados puede que sí, pero su persona real está en los lugares celestiales en comunión con Cristo y en la gloria de Dios.

Cuando viene la aflicción, no debemos dejar que las lágrimas nos cieguen a la gloria, ni tampoco fijar nuestros ojos en la tumba olvidando el Cielo. Alan Walker, en su Calvario de todo el mundo, nos cuenta que una vez estaba oficiando en un funeral ante personas para las que el culto no era más que una fórmula, y que no tenían ni fe cristiana ni ningún contacto con la iglesia. «Cuando se terminó el oficio, una joven miró hacia la tumba y dijo quebrantada: «¡Adiós, padre!» La palabra «Adiós» es el final para los que no tienen la fe cristiana.» Pero para nosotros ese momento es literalmente «¡A Dios!», con lo que queremos decir: «¡Hasta la vista!»

COMPARTIENDO LA BUENA NOTICIA

Hay una dificultad innegable en este pasaje. Cuando se ha completado la escena del reconocimiento, a primera vista, en cualquier caso, Jesús le dijo a María: «No me toques, porque todavía no he ascendido al Padre.» Y unos pocos versículos más adelante nos encontramos con. que Jesús invita a Tomás a que Le toque (Joh_20:27 ). Lucas también nos presenta a Jesús invitando a Sus aterrados discípulos: «¡Miradme las manos y los pies! ¡Mirad, soy Yo! ¡Tocadme y miradme! Un fantasma no es una persona de carne y hueso como veis que soy Yo» (Luk_24:39 ). En el relato de Mateo leemos que «ellas se Le acercaron, se abrazaron a Sus pies y Le adoraron» (Mat_28:9 ). La expresión de Juan también es difícil de entender. Pone en boca de Jesús: «No Me sujetes, que todavía no he ascendido a Mi Padre,» como diciendo que se Le podría tocar después de ascender. No hay ninguna explicación que sea totalmente satisfactoria.

(i) Se le ha dado una explicación espiritual a todo esto. Se ha afirmado que el único contacto real con Jesús es posible solamente después de la Ascensión; que no es el contacto físico con las manos lo verdaderamente importante, sino el que establecemos por la fe con el Señor Resucitado y Viviente. Eso es indudablemente cierto y precioso, pero no parece ser el sentido de este pasaje.

(ii) Se ha sugerido que el griego es realmente una traducción inexacta de un original arameo. Es verdad que Jesús hablaría en arameo, y no en griego; y que lo que nos dice Juan aquí es la traducción de lo que dijo Jesús. Se sugiere que lo que Jesús dijo realmente fue: «¡No me retengas; sino, antes de que Yo ascienda a Mi Padre, ve a decirles a Mis hermanos…» Sería corno si Jesús hubiera dicho: «No te detengas tanto adorándome con el gozo de tu nuevo descubrimiento. Ve a darles la noticia a los demás discípulos.» Puede que sea esta la mejor explicación. El imperativo griego es un imperativo presente, y en estricta literalidad quiere decir: «¡Deja de agarrarme!» Puede que Jesús le estuviera diciendo a María: «No sigas sujetándome egoístamente para ti sola. Dentro de poco vuelvo a Mi Padre. Antes quiero pasar con Mis discípulos el mayor tiempo posible. Ve a darles la buena noticia para que no perdamos nada del tiempo que ellos y Yo podemos compartir.» Así se obtiene un sentido excelente, y de hecho eso fue lo que hizo María.

(iii) Queda otra posibilidad. En los otros tres evangelios se hace hincapié en el temor de los que reconocieron a Jesús de pronto. En Mat_28:10 , las palabras de Jesús son: «¡No tengáis miedo!» En Mar_16:8 , el relato termina: «…se había apoderado de ellas un temblor y un miedo terrible… porque estaban atemorizadas.» En Luk_24:5 se nos dice que «se llevaron tal susto que no se atrevían ni a levantar la mirada del suelo.» En el relato de Juan no se menciona ese miedo paralizador. Ahora bien: a veces los que copiaban los manuscritos antiguos cometían errores, porque no era nada fácil leerlos. Algunos investigadores creen que lo que Juan escribió no era ME MOY APTOY, «no Me toques», sino ME PTOOY, «no tengas miedo» (El verbo PTOEIN quiere decir «estremecerse de miedo»). En ese caso, Jesús le estaba diciendo a María: «No tengas miedo; todavía no Me he ido a Mi Padre; todavía estoy aquí con vosotros.»

Como ya dijimos, ninguna de estas explicaciones es totalmente satisfactoria; pero tal vez la segunda es la mejor de las tres que hemos considerado.

Lo que está claro es que Jesús le dijo a María que volviera a los discípulos con el mensaje de que lo que les había dicho a menudo estaba a punto de suceder: Jesús volvía a Su Padre; y María llegó con la noticia: «¡He visto al Señor!»

El mensaje de María contiene la esencia del Evangelio, porque un cristiano es el que puede decir: «He visto al Señor.» El Cristianismo no quiere decir saber de Jesús, sino conocer a Jesús. No es poder discutir acerca de Jesús, sino encontrarse con Él. Quiere decir tener la certeza de que Jesús está vivo.

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