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Lucas 19: El huésped del que todos necesitaban

Jamás menospreciemos el día de los «pequeños principios.» Zec_4:10. Para toda obra se necesita un principio, y en las operaciones espirituales es muchas veces muy pequeño. ¿Observamos que uno de nuestros hermanos empieza a hacer uso de loa medios de gracia que antes desdeñaba? ¿Lo vemos concurrir a la iglesia a oír la predicación del evangelio, después de haber profanado el domingo por mucho tiempo? Cuando percibamos tales cosas traigamos a la memoria la historia de Zaqueo, y abriguemos buenas esperanzas de su cambio de vida. No lo tratemos con desabrimiento porque los incentivos que lo impelan a concurrir a la iglesia no sean de buen carácter. Es mejor oír el Evangelio por mera curiosidad, que no oírlo absolutamente.

Estos versículos nos enseñan, en tercer lugar, que Cristo se compadece de los pecadores y tiene poder para cambiar los corazones. Un ejemplo más asombroso que el de que tratamos es difícil de concebir. Sin ser solicitado, nuestro Señor se detiene y habla a Zaqueo. Sin ser solicitado a ello, se ofrece como huésped en la casa de un pecador. Sin ser solicitado, hace penetrar en el corazón de un publicano la gracia renovadora del Espíritu, y le da ese mismo día un lugar entre los hijos de Dios. Jer_3:19.

Á vista de un pasaje como este no es posible ensalzar debidamente la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Ni podemos afirmar de la manera que debiéramos, que siempre tiene voluntad y poder sin límites para salvar a los pecadores y que la salvación no se obtiene por medio de las obras, sino por medio de la gracia. Si alguna alma se ha salvado sin haber ejecutado nada que la hiciese merecedora del cielo, esa alma fue la de Zaqueo. Penetrémonos bien de estas doctrinas y no las arrojemos al olvido; son más valiosas que los rubíes. La gracia de Dios es lo único que puede dar descanso al hombre a la hora de la muerte. Démoselas a conocer a todos a quienes hablemos sobre asuntos espirituales y recordémosles aquellas palabras de Jesucristo: «He aquí yo estoy parado a la puerta y llamo; si alguno oyere mi voz, y me abriere la puerta, entraré a él y cenaré con él, y él conmigo..

El pasaje de que tratamos nos enseña, por ultimo, que los que experimentan el cambio de corazón dan siempre a conocer su conversión por medio de manifestaciones exteriores. Zaqueo, según nos refiere la Escritura, dijo al Señor: «La mitad de mis bienes doy a los pobres; y si en algo he defraudado a alguno, se lo vuelvo con los cuatro tantos. Había algo real en esas palabras; ellas contienen una prueba inequívoca de que Zaqueo había cambiado de sentimientos y de vida. Cuando un rico empieza a distribuir sus riquezas, y un concusionario empieza a indemnizar, podemos decir con seguridad, que «lo viejo se pasó ya, y que todo es hecho nuevo.» 2Co_6:19. Esas palabras indicaban una resolución firme. «Doy,» «vuelvo,» dice Zaqueo. No se refiere a propósitos que ha hecho para el porvenir. Habiendo sido perdonado sin merecerlo, y habiendo sido transportado de la muerte a la vida, Zaqueo pensó que debía empezar al punto a mostrar en manos de quien se había entregado y a quien servia.

El cristiano que desee dar a conocer que es creyente verdadero, debe seguir el ejemplo de Zaqueo. Como este, debe abandonar los pecados que más lo hayan dominado, y practicar las virtudes cristianas que más haya descuidado. De todos modos, el cristiano debe vivir de manera que todos sepan que es creyente. La fe que no purifique el corazón y la vida es una fe espuria. La virtud que no se puede ver como la luz, no es verdadera virtud sino hipocresía. El corazón que realmente ha experimentado la gracia de Cristo, aborrece el pecado como por instinto.

Antes de terminar la consideración do este pasaje meditemos sobre el último versículo: «El Hijo del hombre vino a buscar y a salvar lo que se había perdido.» Es como Salvador más bien que como juez que Jesús quiere que sus criaturas lo reconozcan. Esforcémonos por conocerlo bajo ese carácter. Aseguremos la salvación de nuestras almas, y cuando nos hayamos convertido, exclamemos: « ¿Qué pagaremos a Jehová por todos sus beneficios sobre nosotros?.

Lucas 19:11-27

Es bien claro cuál fue el objeto que se propuso nuestro Señor al pronunciar la parábola que acabamos de transcribir. Fue el de poner un dique a las infundadas esperanzas que los apóstoles se habían formado respecto a su reino. El bosquejo que en ella hizo del presente y del futuro ofrece asunto para serias meditaciones.

En estos versículos se nos enseña, primeramente, en qué lugar mora actualmente Jesucristo. La parábola lo describe como un noble que partió a una tierra remota con el fin de tomar para sí un reino, y volver después.

Cuando Jesús partió de este mundo, ascendió al cielo, coronado con la victoria y «llevando cautiva la cautividad;» y al presente está allí sentado, a la diestra de Dios, haciendo las veces de sumo sacerdote de su pueblo, e intercediendo por éste constantemente. Empero, no permanecerá siempre en ese lugar, mas saldrá de él, del santo de los santos, para bendecir a su pueblo, y revestido de poder y gloria poner a sus enemigos debajo de sus plantas y establecer su reino universal.

Este pasaje nos da a conocer, en seguida, que lugar ocupan los que hayan profesado la fe cristiana. Nuestro Señor los compara con unos siervos a quienes había sido encomendada una cantidad de dinero con órdenes estrictas de emplearla bien: «Negociad entre tanto que vengo..

Los privilegios de que gozan los cristianos en comparación con los paganos, son otras tantas minas que Cristo les ha dado, y de las cuales algún día tendrán que dar cuenta. En el último día no se pesarán nuestras acciones en la misma balanza que las del Cafre o del chino que jamás vieron la Biblia ni oyeron hablar de la trinidad y de la crucifixión. Por lo común nos olvidamos que sobre nosotros pesa una inmensa responsabilidad. a quien mucho se le ha dado mucho le será exigido.

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