2.36, 37 Ana era llamada profetisa, lo que significa que tuvo un acercamiento a Dios poco común. Los profetas y profetisas no necesariamente predecían el futuro. Su papel principal era hablar de parte de Dios y proclamar su verdad.
2.39 ¿Regresaron María y José de inmediato a Nazaret o permanecieron en Belén por un tiempo (como deja implícito Mateo 2)? Al parecer, hay un vacío de varios años entre los versículos 38 y 39, suficiente para que encontraran casa en Belén, escaparan a Egipto de la ira de Herodes y regresaran a Nazaret cuando la situación fuera segura.
2.40 No sorprende que Jesús demostró más sabiduría de la acostumbrada con su edad, puesto que permaneció en contacto con su Padre celestial. Dios dice, en Jam_1:5, que está dispuesto a conceder sabiduría en abundancia a los que la piden. Como Jesús, podemos crecer en sabiduría caminando con Dios.
2.41, 42 De acuerdo a las leyes de Dios, a cada hombre se le requería que fuera a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas (Deu_16:16). La Pascua se celebraba en la primavera, le seguía de inmediato toda una semana, la Fiesta de los Panes sin Levadura. La Pascua conmemora la noche de la huida de los judíos de Egipto, cuando el ángel del Señor dio muerte a los primogénitos de Egipto y pasó por alto los hogares de los israelitas (Exo_12:21-36). La Pascua era la más importante de las tres fiestas anuales.
2.43-45 A los doce años de edad, a Jesús lo consideraron casi un adulto, de ahí que no pasó mucho tiempo con sus padres en la fiesta. Los que asistían a estas festividades, a menudo viajaban en caravanas para protegerse de los asaltos en los caminos de Palestina. Se acostumbraba que mujeres y niños viajaran al frente de la caravana y que los hombres cerraran la marcha. A los doce años, un niño podía participar en cualquiera de los dos grupos y María y José pensaron que Jesús estaba en el grupo del otro. Pero cuando la caravana dejaba Jerusalén, Jesús se quedó cautivado en su discusión con los líderes religiosos.
2.46, 47 La escuela del templo, una clase de seminario, fue famosa a través de Judea. El apóstol Pablo estudió allí bajo la enseñanza de Gamaliel, uno de los maestros más famosos (Act_22:3). Durante la Pascua, los más destacados rabinos de la tierra se reunían para enseñar y discutir las grandes verdades. La venida del Mesías, sin duda, era un tópico de discusión popular para todo el mundo que esperaba su pronta aparición. Jesús era lo suficiente maduro como para escuchar y responder preguntas. No era su juventud, sino la profundidad de sus pensamientos lo que asombraba a estos maestros.
2.48 María tuvo que dejar ir a su hijo y permitirle que se convirtiera en un hombre, el Hijo de Dios, el Mesías. Temerosa de no ser lo bastante cuidadosa con el niño que Dios le dio, lo buscó desesperada. Pero ella buscaba a un niño, no al joven que sorprendía a los líderes religiosos con sus preguntas. Es difícil dejar ir a personas o proyectos que hemos forjado. Es tierno y doloroso a la vez ver a nuestros hijos convertidos en adultos, nuestros alumnos en profesores, nuestros subordinados en jefes, nuestras inspiraciones en instituciones. Pero cuando llega el tiempo en que debemos dejar ir, hay que hacerlo a pesar de nuestro dolor. Luego nuestros protegidos pueden ejercitar sus alas, y alzar el vuelo y elevarse al Dios altísimo destinado para ellos.
2.49, 50 Esta es la primera insinuación de que Jesús era el Hijo de Dios. Sin embargo, a pesar de dar a entender que conocía a su verdadero Padre, Jesús no rechazaba sus padres terrenales. Volvió a Nazaret con María y José y vivió bajo su autoridad por otros dieciocho años. El pueblo de Dios no desprecia las relaciones humanas ni las responsabilidades familiares. Si el Hijo de Dios, Jesucristo, obedeció a sus padres humanos, ¡cuánto más nosotros debiéramos honrar a los miembros de nuestra familia! El ser enviado para trabajar en la obra de Dios no justifica la negligencia con la familia.
