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Lucas 2: El viaje a Belén

Por aquel entonces se promulgó un edicto de parte de Augusto César mandando empadronarse a todos los habitantes del imperio romano. Este fue el primer censo que se hizo, y tuvo lugar cuando Cirenio era gobernador de Siria. Y todos se desplazaron a su lugar de origen para empadronarse.

Por esa razón también José tuvo que ir desde el pueblo de Nazaret de Galilea a Belén de Judasa, que era el pueblo de su antepasado el rey David; e hizo el viaje con su prometida María, que estaba embarazada.

Cuando estaban allí se le cumplió el tiempo a María, y dio a luz a su primer hijo; y le puso unos pañales y le acostó en el pesebre, porque no habían encontrado habitación en la posada del pueblo.

En el Imperio Romano se hacían censos periódicos con el doble objetivo de fijar los impuestos y de descubrir a los que tenían que hacer el servicio militar obligatorio. Los judíos estaban exentos del servicio militar, así es que en su caso el censo se hacía para los impuestos. En relación con estos censos disponemos de suficiente información de lo- que sucedió en Egipto, y suponemos que en la provincia de Siria, de la que formaba parte Palestina, sucedería algo parecido. Esa información proviene de los mismos documentos del censo escritos en papiros, que se descubrieron en los basureros de los pueblos y aldeas de Egipto y en la arena del desierto.

Los censos se hacían cada catorce años, y tenemos documentos de todos los que hubo entre el año 20 y el 270 d C. Según el ritmo de catorce años que se seguía en Siria, este censo se haría en el año 8 a C., y ese sería el año que nació Jesús. Puede que Lucas cometiera un error sin importancia, porque Cirenio no fue gobernador de Siria hasta el año 6 a C.; pero había tenido cargos oficiales en aquella región desde el año 10 hasta el 7 a C., y fue en esos años cuando se hizo el primer censo.

Algunos críticos han puesto en duda el hecho de que todos los hombres tuvieran que desplazarse a su lugar de origen para empadronarse; pero aquí tenemos un edicto gubernamental de Egipto:

Ordena Gayo Vibio Máximo, prefecto de Egipto: «Como ha llegado el momento de hacer el censo de casa en casa, es necesario obligar a todos los que por cualesquiera causas residan fuera de su distrito de origen a que vuelvan a sus casas para cumplir con los requisitos del censo y también para atender diligentemente al cultivo de sus parcelas.»

Si así se hizo en Egipto, es probable que se hiciera igual en Judasa, donde todavía se mantenían los antiguos lazos tribales y familiares, y los hombres tendrían que ir a los respectivos lugares de origen de sus antepasados. Aquí tenemos uno de esos casos en los que los hallazgos históricos han demostrado la exactitud del Nuevo Testamento.

Habría unos 130 kilómetros de Nazaret a Belén. El alojamiento de los viajeros era muy primitivo. La posada oriental consistía en una serie de habitaciones que daban a un patio común. Los viajeros llevaban sus provisiones, y lo único que proveía el posadero era forraje para los animales y fuego para hacerse la comida. El pueblo estaba abarrotado, y José y María no encontraron alojamiento; así es que fue en el patio comunal donde María tuvo que dar a luz. Los pañales eran trozos cuadrados de paño con una tira como una venda quo salía diagonalmente de uno de los picos. Se envolvía al bebé en el paño cuadrado, y luego se le iban dando vueltas alrededor del cuerpo con la tira de tela para que quedara bien sujetito. La palabra que traducimos como pesebre era el lugar donde se echaba de comer a los animales; así que puede querer decir el establo o el pesebre.

El que no encontraran habitación en la posada fue sintomático de lo que había de sucederle a Jesús. No hubo sitio para él nada más que en una cruz. Trató de entrar en los abarrotados corazones de los hombres, pero no pudo; y todavía sigue buscando, y se le rechaza, igual que entonces.

LOS PASTORES Y LOS ÁNGELES

En aquel distrito había pastores que pasaban toda la noche cuidando de sus rebaños por los campos de alrededor. De pronto se les apareció un ángel del Señor, y la gloria del Señor los rodeó de resplandor. Los pastores sintieron un temor muy grande; pero el ángel les dijo:

-¡No tengáis miedo! Os traigo una noticia tan buena que os llenará de alegría a vosotros y a todo el mundo: que hoy mismo os ha nacido en el pueblo de David un Salvador que es el Mesías, el Señor. Y le reconoceréis por lo siguiente: encontraréis al bebé en pañales y acostadito en un pesebre.

De pronto apareció acompañando al ángel una gran compañía del ejército celestial, cantando alabanzas a Dios:

-¡Gloria a Dios en las alturas del Cielo, y paz en la Tierra a la humanidad sobre la que desciende el favor de Dios!

Cuando los ángeles se volvieron al Cielo y desaparecieron, se dijeron los pastores:

-¡Vamos a Belén a ver lo que Dios nos ha dicho que ha pasado!

Y dicho y hecho, fueron a toda prisa a Belén, y encontraron a María, a José y al bebé acostadito en el pesebre; y tan pronto como le vieron se pusieron a contarle a todos los que estaban por allí lo que los ángeles les habían dicho del bebé, y todos los escuchaban entusiasmados.

María atesoraba todo esto en su memoria, y meditaba luego lo que querría decir cada detalle. Y en cuanto a los pastores, se volvieron al campo dando gloria y gracias a Dios, porque todo lo que habían oído y visto era exactamente como Dios se lo había anunciado.

Es maravilloso que los primeros a los que Dios comunicó la buena noticia fueron unos sencillos pastores. Los más religiosos de aquellos tiempos despreciaban a los pastores porque no podían cumplir todos los detalles de la ley ceremonial; no se podían lavar las manos meticulosamente, ni observar todos los otros preceptos y reglas. Tenían que atender a las necesidades de los rebaños, así es que los religiosos los despreciaban. Fueron hombres sencillos que estaban trabajando en el campo los primeros que recibieron el mensaje de Dios.

Pero es probable que estos fueran unos pastores bastante especiales. Ya hemos visto que en el templo se ofrecía en sacrificio a Dios un cordero sin mancha ni defecto todos los días por la mañana y por la tarde. Para proveer los corderos perfectos para estos sacrificios, las autoridades del templo tenían sus rebaños particulares, y sabemos que los sacaban a pastar en los alrededores de Belén. Es probable que estos pastores se encargaran de cuidar de los rebaños de los que se escogían los sacrificios del templo. Es hermoso pensar que los pastores que cuidaban de los corderos que se sacrificaban en el templo fueron los primeros en ver al Cordero de Dios que había venido a llevar los pecados del mundo.

Ya hemos visto que cuando nacía un niño se reunían los músicos del pueblo para celebrarlo y darle la bienvenida con su sencilla música. Jesús nació en un establo de Belén, que no era donde residían sus padres, así es que no se pudo llevar a cabo la fiesta; pero es hermoso pensar que, aunque no había músicos del pueblo, los músicos del Cielo ocuparon su lugar, y los ángeles le cantaron a Jesús la bienvenida que no pudieron cantarle los hombres.

En estas lecturas nos hemos venido dando cuenta de la ruda sencillez que rodeó al nacimiento del Hijo de Dios. Tal vez habríamos esperado que, si era necesario que naciera en la Tierra, nacería en un palacio o en una mansión señorial.

Hubo una vez un monarca europeo que sorprendía y preocupaba a su guardia desapareciendo de vez en cuando para mezclarse de incógnito con la gente de su pueblo. Cuando le advirtieron que no lo hiciera por razones de seguridad, contestó:

-No puedo gobernar a mis súbditos a menos que sepa cómo viven.

Es una verdad preciosa del Evangelio que tenernos un Dios que sabe cómo vivimos, porque ha asumido nuestra vida sin reservarse ningún privilegio.

CUMPLIENDO LAS ANTIGUAS CEREMONIAS

Cuando pasaron los ocho días que había que esperar para circuncidar al niño, le pusieron «Jesús», que era el nombre que había dicho el ángel antes de que María quedara embarazada. Y cuando se cumplieron los cuarenta días que fijaba la Ley de Moisés, trajeron a Jesús a Jerusalén para presentarle al Señor cumpliendo lo que dispone la Ley del Señor de que todos los primogénitos pertenecen al Señor, y presentaron el sacrificio que prescribe la Ley para la purificación de la madre, que eran dos pichones o palomas.

En este pasaje vemos que se cumplieron después del nacimiento de Jesús las tres antiguas ceremonias relativas al nacimiento del primer hijo varón de una familia judía.

(i) La circuncisión. Todos los niños judíos se circuncidaban a los ocho días de nacer. Esta ceremonia era tan sagrada que se podía llevar a cabo hasta en sábado, aunque la ley prohibía que se hiciera ese día nada que no fuera absolutamente esencial. Ese día se le ponía nombre al niño.

(ii) La redención del primogénito. Según la ley Exo_13:2 ), todo primogénito varón, o macho en el caso del ganado, estaba consagrado al Señor. Esta ley puede ser el reconocimiento del poder misericordioso de Dios que es el que da la vida, o tal vez sea el equivalente de la ley de otros pueblos que sacrificaban a los hijos primogénitos a sus dioses. No cabe duda de que, si se hubiera cumplido literalmente, habría desbaratado la vida. Por eso había una ceremonia que se llamaba la Redención del Primogénito (Num_18:16 ), y que consistía en pagar cinco siclos para, como si dijéramos, que los padres pudieran seguir teniendo a su hijo. Esa suma se tenía que hacer efectiva a los sacerdotes, y no se podía pagar antes de los treinta y un días después del nacimiento, ni diferir mucho más.

(iii) La purificación después del parto. La mujer quedaba impura cuarenta días si había tenido un hijo varón, y ochenta en el caso de una hembra. Podía vivir normalmente en su casa y hacer sus trabajos diarios, pero no podía entrar en el templo ni participar en ceremonias religiosas. Al cumplirse ese tiempo tenía que traer al templo un cordero de un año para holocausto y un pichón para expiación. Era un sacrificio bastante costoso, así es que la ley establecía que si no se podía ofrecer un cordero se podía traer otro pichón. La ofrenda de los dos pichones en vez de la del cordero y el pichón se llamaba técnicamente la ofrenda de los pobres, y esa fue la que ofreció María. De nuevo vemos aquí que Jesús nació en un hogar sencillo y humilde, y sin lujos; un hogar en el que se tenía que tener cuidado con el dinero, en el que se sabía lo difícil que es a veces ganarse la vida y esquivar sus dificultades. Cuando nos asedien las preocupaciones de la vida, acordémonos de que Jesús también las experimentó.

Estas tres ceremonias nos parecerán extrañas y antiguas; pero las tres expresaban la convicción de que un hijo es un don de Dios. Los estoicos solían decir que los niños no se les dan a los padres, sino se les prestan. De todos los dones de Dios, del que más se nos van a pedir cuentas es del de un hijo.

 

UN SUEÑO QUE SE HACE REALIDAD

Había en Jerusalén un hombre que se llamaba Simeón. Cumplía meticulosamente la Ley de Dios y era profundamente piadoso. Esperaba las bendiciones que traería la venida del Mesías, y el Espíritu Santo dirigía su vida. El Espíritu Santo le había revelado que no se moriría sin haber visto al Mesías prometido por Dios.

Aquel día, cuando los padres del niño Jesús le trajeron al templo para cumplir todo lo que mandaba la ley, el Espíritu Santo había movido a Simeón a ir al templo, y se dirigió a ellos y tomó a Jesús en sus brazos y dio gracias a Dios diciendo: -Señor, ya puedes dar a este tu siervo el saludo de despedida, acabando de cumplir lo que me has prometido, porque ya he visto con mis propios ojos la salvación que tenías preparada para todos los pueblos: es una luz que te revelará a todos los gentiles y la gloria de tu pueblo Israel.

Los padres de Jesús estaban maravillados de oír todo lo que se decía de su hijo. Simeón los bendijo, y dijo a María:

-En cuanto a este niño, Dios le ha puesto para que muchos de Israel caigan, y muchos se levanten, y para ser el mensaje de Dios que rechazarán los hombres, y que hará que salgan a la luz los anhelos de muchos corazones. Y en cuanto a ti, una espada te atravesará el alma…

No había judío que no creyera que su nación era el pueblo escogido de Dios. Pero los judíos no podían por menos de darse cuenta de que no sería por medios humanos por los que su nación llegara a alcanzar la suprema grandeza que creían que le estaba reservada. Con mucho la mayoría de ellos creía que, como los judíos eran el pueblo escogido, estaban destinados a llegar a ser algún día los amos del mundo y los señores de todas las naciones. Para traer ese día, algunos creían que vendría del Cielo algún gran campeón; otros creían que surgiría otro rey de la dinastía de David que devolvería al pueblo toda su antigua grandeza, y otros creían que Dios mismo intervendría directamente en la historia de manera sobrenatural. En contraste con todos esos había unos pocos a los que llamaban los reposados de la tierra: no tenían sueños de grandeza, violencia o poder de ejércitos con banderas; creían en una vida de constante oración y de reposada pero vigilante espera hasta que Dios interviniera. Pasaban la vida esperando tranquila y pacientemente en Dios. Así era Simeón: en oración, en adoración, en humilde y fiel expectación, esperaba el día en que Dios había de consolar a su pueblo. Dios le había prometido por medio del Espíritu Santo que no llegaría al final de su vida sin haber visto al ungido Rey de Dios. En el niño Jesús reconoció al Rey prometido, y se sintió feliz. Ahora estaba preparado para partir de esta vida en paz, y su cántico se conoce como el Nunc Dimittis, por sus dos primeras palabras en latín, y es otro de los grandes himnos de la Iglesia Cristiana.

En el versículo 34 Simeón da una especie de resumen de la obra y el destino de Jesús:

(i) Será la causa de que muchos caigan. Este es un dicho duro y extraño, pero cierto. No es tanto Dios el que juzga a un hombre, sino que es el hombre el que se juzga a sí mismo; y su juicio es su reacción a Jesucristo. Si cuando se encuentra ante esa bondad y esa maravilla su corazón reacciona con una respuesta de amor, está dentro del Reino. Si ante ese encuentro continúa fríamente insensible o se vuelve activamente hostil, queda excluido. Hay un gran rechazo, lo mismo que una gran aceptación.

(ii) Será la causa de que muchos se levanten. Hace mucho tiempo, el gran filósofo español Séneca dijo que lo que los hombres necesitaban más que nada era que se les tendiera una mano para levantarlos. Es la mano de Jesús la que levanta al hombre de la vieja vida a la nueva vida, del pecado a la bondad, de la vergüenza a la gloria.

(iii) Se enfrentará con mucha oposición. Ante Jesucristo no cabe la neutralidad: o nos rendimos a Él o estamos en guerra con Él. Y lo trágico de la vida es que el orgullo no nos deja hacer la rendición que conduce a la victoria.

UNA PRECIOSA ANCIANIDAD

También estaba allí una profetisa que se llamaba Ana hija de Fanuel, de la tribu de Aser. Era de edad muy avanzada, porque no había estado casada más que siete años y había vivido viuda hasta los ochenta y cuatro. Nunca se alejaba del templo, y adoraba a Dios continuamente con oraciones y ayunos de día y de noche.

Entonces se acercó a ellos y se puso a dar gracias a Dios y a hablar de Jesús a todos los que esperaban la liberación de Jerusalén.

Cuando cumplieron todo lo que manda la ley del Señor, se volvieron a su pueblo de Nazaret de Galilea.

Allí fue creciendo Jesús y poniéndose fuerte y llenándose de sabiduría, y la gracia de Dios era con Él.

Ana también era una de los «reposados de la tierra.» De ella no sabemos nada más que lo que nos dicen estos versículos; pero Lucas nos traza en ellos un verdadero boceto de su carácter.

(i) Ana era viuda. Sabía lo que era el sufrimiento, pero no estaba amargada. El sufrimiento puede producir en nosotros una de dos cosas: o nos hace duros, amargados, resentidos y rebeldes a Dios, o nos hace más amables, tiernos y compasivos; puede hacernos perder la fe, o arraigarla aún más en nuestro corazón. Todo depende de lo que pensemos de Dios: si le consideramos un tirano, seremos unos resentidos; si le tenemos como nuestro Padre, estaremos seguros de que nunca hace que sus hijos derramen lágrimas innecesarias.

(ii) Tenía ochenta y cuatro años. Era anciana, pero no había perdido la esperanza. La edad puede despojarnos del encanto y del vigor de nuestro cuerpo; y aun puede producir un efecto peor: los años pueden llevarse la vida del corazón hasta el punto de que se nos mueren las esperanzas que hemos abrigado antes, y nos contentamos y resignamos con las cosas tal y como son. También en esto todo depende de lo que pensamos de Dios: si creemos que es distante y desinteresado, podremos caer en la desesperación; pero si creemos que está interesado y conectado con la vida, y que no retira la mano del timón, estaremos seguros de que lo mejor está todavía por venir, y los años no nos harán nunca perder la esperanza.

¿Cómo es que Ana era así?

(i) Nunca dejaba de adorar a Dios. Pasaba la vista en la casa de Dios y con el pueblo de Dios. Dios nos ha dado su iglesia para que sea nuestra madre en la fe. Nos privamos de un tesoro incalculable cuando descuidamos el ser parte de un pueblo que da culto a Dios.

(ii) Nunca dejaba de orar. El culto de la iglesia es algo grande; pero no lo es menos el culto privado y personal. Como ha dicho alguien, « los que oran mejor con los demás son los que antes oran a solas.» Los años habían dejado a Ana sin amargura y con una esperanza inquebrantable, porque día tras día se mantenía en contacto con el Que es la fuente de toda fuerza, y en cuya fuerza se perfecciona nuestra debilidad.

LA AURORA DE LA CONCIENCIA

Los padres de Jesús iban todos los años a Jerusalén para la fiesta de la Pascua. Cuando Jesús tenía doce años, fueron como de costumbre, y se quedaron hasta el fin de la fiesta. Cuando emprendieron el viaje de regreso, Jesús se les quedó en Jerusalén sin que se dieran cuenta. Creían que él iría en la caravana, y al final del primer día de viaje se pusieron a buscarle entre los parientes y amigos; pero, como no le encontraron, se volvieron otra vez a Jerusalén buscándole por todas partes. Pasaron tres días hasta que por fin le encontraron en los recintos del templo, sentado entre los maestros, escuchándolos y haciéndoles preguntas. Y todos los que estaban escuchando se admiraban de su inteligencia y de sus contestaciones.

Sus padres se sorprendieron mucho de encontrarle allí.

-¿Por qué nos has hecho esto, hijo mío? -le dijo María-. Tu padre y yo hemos estado muy preocupados, buscándote por todas partes.:

-¿Por qué tuvisteis que buscarme? -contestó Jesús-. ¿Es que no sabíais que estaría en la casa de mi Padre?

Ellos no entendieron lo que les decía.

Jesús volvió con ellos a Nazaret, y los obedecía en todo. Su madre atesoraba todo esto en la memoria, y no dejaba de pensar en ello.

Jesús fue haciéndose mayor en carácter y en estatura, y se ganaba el aprecio de Dios y de los hombres.

Este es un pasaje muy importante de los evangelios. La ley establecía que todo judío adulto que viviera a no más de veinticinco kilómetros de Jerusalén tenía que asistir a la Pascua. De hecho, todos los judíos que vivían más lejos querían ir a la fiesta por lo menos una vez en la vida.

Un joven judío alcanzaba la mayoría de edad a los doce años. Entonces llegaba a ser hijo de la ley, y tenía que cumplir todas las obligaciones que imponía la ley. Es posible que Jesús fuera entonces a Jerusalén por primera vez. Podemos figurarnos la impresión que le harían la santa ciudad, el templo y todas las ceremonias sagradas.

Cuando sus padres iniciaron la vuelta, Jesús se quedó atrás. No fue por descuido por lo que no le echaron de menos. Lo corriente era que las mujeres de la caravana se pusieran en camino bastante antes que los hombres, porque iban más despacio. Los hombres salían después, y las alcanzaban donde habían decidido pasar la noche. Esta era probablemente la primera Pascua de Jesús, y lo más probable es que José pensara que estaba con María, y viceversa, así es que no se dieron cuenta de que faltaba hasta que llegaron al campamento de la tarde.

Como no le encontraron entre los parientes y vecinos, se volvieron a Jerusalén. En el tiempo de la Pascua el sanedrín tenía costumbre de reunirse en los atrios del templo para discutir cuestiones teológicas en presencia de todos los que quisieran escuchar. Y fue allí donde encontraron a Jesús sus padres. No se trataba de un niño precoz que dejaba apabullados con su inteligencia a los más sabios. Escuchar y hacer preguntas era la manera en que los judíos expresaban la relación de los alumnos que aprendían de sus maestros. Jesús estaba escuchando las discusiones y mostrando mucho interés en conocer y comprender, como ávido estudiante.

Y ahora viene uno de los pasajes clave de la vida de Jesús. María le dijo: « Tu padre y yo hemos estado muy preocupados, buscándote por todas partes.» « ¿Por qué tuvisteis que buscarme? -contestó Jesús-. ¿Es que no sabíais que estaría en la casa de mi Padre?»

Fijémonos con cuánta cortesía, pero también con cuánta claridad Jesús toma el nombre de padre que María ha usado refiriéndose a José, y se lo aplica a Dios. En algún momento Jesús tiene que haber descubierto su relación única y exclusiva con Dios. No podía saberlo cuando era un bebé acostado en el pesebre, o en los brazos de su madre. Pero conforme avanzaban los años, Jesús pensaría; y en aquella primera Pascua, en la aurora de la mayoría de edad, manifestó que ya se había dado cuenta de que era el Hijo de Dios en un sentido único y exclusivo.

En este relato podemos ver que Jesús ya sabía quién era. Pero, fijémonos en que el descubrimiento no le hizo orgulloso, ni mirar por encima del hombro a sus humildes padres terrenales, la gentil María y el laborioso José. «Jesús volvió con ellos a Nazaret, y los obedecía en todo.» El hecho de ser el Hijo de Dios le hizo ser el hijo perfecto de sus padres humanos. El verdadero hombre de Dios no desprecia los lazos terrenales, sino que precisamente porque es un hombre de Dios cumple sus deberes humanos con una fidelidad suprema.

Lucas 2:1-52

2.1 Lucas es el único escritor de los Evangelios que relaciona los acontecimientos que narra con la historia mundial. Su obra se dirigía especialmente a una audiencia griega, la que estaba interesada y familiarizada con la situación política. Palestina vivía bajo el gobierno del Imperio Romano; Augusto César, el primer emperador romano, estaba a su cargo. Las autoridades romanas consideradas dioses, se erguían en contraste rígido con el bebé del pesebre, que en realidad era Dios hecho carne.

2.1 El censo romano se llevaba a cabo como una ayuda al reclutamiento militar o la recaudación de impuestos. Los judíos no tenían que servir en el ejército romano, pero no podían evitar pagar los impuestos. El decreto de Augusto César salió en el tiempo de Dios y de acuerdo a su plan perfecto para traer a su Hijo al mundo.

2.3-6 El gobierno forzó a José a recorrer una larga distancia solo para pagar su impuesto. Su prometida, que tenía que ir con él, iba a tener su bebé en cualquier momento. Pero cuando llegaron a Belén, no hallaron lugar donde hospedarse. Cuando hacemos la voluntad de Dios, no tenemos la garantía de que llevaremos una vida cómoda; se nos ha prometido que aun lo incómodo tiene significado en el plan de Dios.

2.4 Dios controla toda la historia. Por el decreto de Augusto César, Jesús nació en el pueblo profetizado (Mic_5:2) a pesar de que sus padres no vivían allí.

2.4 José y María eran descendientes del rey David. El Antiguo Testamento está lleno de profecías que anuncian que el Mesías nacería de la línea real de David (véanse, por ejemplo, Isa_11:1; Jer_33:15; Eze_37:24; Hos_3:5).

2.7 Esta mención del pesebre es la base de la creencia tradicional de que Jesús nació en un establo. A menudo, los establos eran cuevas con depósitos cavados en las paredes rocosas (pesebres) para dar de comer a los animales. A pesar de lo que se dibuja en las tarjetas populares de Navidad, los alrededores eran oscuros y sucios. Esta no era la atmósfera que los judíos esperaban para el nacimiento del Rey Mesías. Pensaban que el Mesías prometido nacería en un ambiente real. No debemos limitar a Dios con nuestras expectativas. El obra donde se necesita, en la oscuridad del pecado y en lo sucio del mundo.

2.7 Los pañales mantenían a la criatura abrigada y le daban un sentido de seguridad. Creían que debían proteger sus órganos internos. La costumbre de poner pañales a los bebés sigue vigente en algunos países del Medio Oriente.

2.7 Aunque nuestra primera impresión de Jesús es la de un bebé en un pesebre, no debe ser la final. El niño Cristo en el pesebre ofrece una hermosa escena de Navidad, pero no debemos dejarlo allí. Esta pequeña e indefensa criatura tuvo una vida maravillosa, murió por nosotros, ascendió a los cielos y volverá a la tierra como el Rey de reyes. Gobernará el mundo y juzgará a todas las personas de acuerdo a la decisión que hayan tomado acerca de El. ¿Qué imagen tiene usted de Jesús, la de un bebé en el pesebre o la de su Señor? Asegúrese de no subestimar a Jesús. Permítale crecer en su vida.

2.8 Dios continúa revelando a su Hijo, pero no a los que esperaríamos. Lucas narra que el nacimiento de Jesús se les anunció a los pastores de la región. Estos quizás eran los abastecedores de ovejas para los sacrificios en el templo, ofrecidos para el perdón de los pecados. Los ángeles invitaron a estos pastores a recibir al Cordero de Dios (Joh_1:36) que quitaría los pecados de todo el mundo para siempre.

2.8-15 ¡Qué anuncio de nacimiento! Los pastores se aterrorizaron, pero su temor se convirtió en gozo al recibir de los ángeles el anuncio del nacimiento del Mesías. Primero corrieron a ver a la criatura; luego divulgaron la noticia. Jesús es su Mesías, su Salvador. ¿Procura reunirse con El cada día mediante la oración y la Palabra? ¿Ha descubierto usted a un Dios tan maravilloso que no puede dejar de testificar de su gozo a sus amigos?

2.9, 10 ¡Ya ocurrió el hecho más grande de la historia! ¡El Mesías nació! Por siglos los judíos lo esperaron y cuando al fin sucedió, el anuncio vino a los humildes pastores. Las buenas nuevas acerca de Jesús es que El va a todos, tanto al rico como al pobre. Llega a cualquiera que tenga corazón humilde y desee aceptarlo. No importa quién sea, ni lo que haga, usted puede tener a Jesús en su vida. No piense que necesita cualidades extraordinarias, El lo acepta tal como es.

2.11-14 Algunos de los judíos esperaban al Mesías para que los librara del poder romano, otros esperaban que los librara de limitaciones físicas. Pero Jesús, al mismo tiempo que curaba enfermedades y establecía su reino espiritual, los libraba del pecado. Dejó atrás todas sus expectativas. Pagó el precio del pecado y abrió el camino hacia Dios. El nos ofrece más que cambios superficiales, políticos o físicos. Nos ofrece nuevos corazones que serán nuestros por la eternidad.

2.14 La historia del nacimiento de Jesús resuena con música que ha servido de inspiración a los compositores durante dos mil años. El cántico de los ángeles aún es favorito. A menudo llamado Gloria, es la primera palabra usada en la traducción latina de este verso, la base de obras corales modernas, villancicos tradicionales de Navidad y melodías litúrgicas antiguas.

2.21-24 Las familias judías acostumbraban llevar a cabo ceremonias luego del nacimiento de una criatura. (1) Circuncisión. A cada niño se le circuncidaba y se le ponía nombre después del octavo día de su nacimiento (Lev_12:3; Luk_1:59-60). La circuncisión simbolizaba la separación de judíos y gentiles y su relación especial con Dios (véase nota a 1.59). (2) Redención del primogénito. El hijo primogénito se presentaba un mes después de su nacimiento (Exo_13:2, Exo_13:11-16; Num_18:15-16). La ceremonia incluía volver a comprar «redimir», el niño de Dios mediante una ofrenda. Además, los padres tenían en mente que el niño pertenecía a Dios, quien es el único que tiene poder para dar vida. (3) Purificación de la madre. Cuarenta días después del nacimiento de un hijo y ochenta días después del nacimiento de una hija, la madre permanecía impura ceremonialmente y no podía entrar al templo. Al final del tiempo de separación, los padres iban y traían un cordero para ofrecerlo y una paloma en ofrenda por el pecado. El sacerdote podía sacrificar estos animales y declarar su pureza. Si un cordero era caro, los padres podían traer una segunda paloma en su lugar. Esto es lo que María y José hicieron.

Jesús era el Hijo de Dios y su familia llevó a cabo estas ceremonias de acuerdo a las leyes de Dios. El no nació bajo la Ley, en cambio y a pesar de esto, la cumplió a la perfección.

2.28-32 Cuando María y José llevaron a Jesús al templo para dedicarlo a Dios, se encontraron con un anciano que les dijo lo que este niño sería. El cántico de Simeón se le llama a menudo Nunc Dimitis, expresión que viene de las primeras palabras de la traducción latina de este mensaje. Simeón pudo morir en paz porque vio al Mesías.

2.32 Los judíos estaban al tanto de las profecías del Antiguo Testamento que hablaban de las bendiciones del Mesías a su nación. No siempre daban igual atención a las profecías que anunciaban que no solo salvaría a los judíos, sino a todo el mundo. (véase, por ejemplo, Isa_49:6). Muchos pensaban que El vino a salvar solamente a su pueblo. Lucas aseguró a su audiencia judía que Jesús vino a salvar a todo aquel

ELISABET

En sociedades como la israelita en las que el valor de la mujer se medía por su habilidad para concebir hijos, no tenerlos, a menudo, conducía a dificultades personales y vergüenza. Para Elisabet, su esterilidad significó soledad y sufrimiento, sin embargo, permaneció fiel a Dios.

Elisabet y Zacarías provenían de familias sacerdotales. Cada año Elisabet tenía que separarse de su esposo durante dos semanas a fin de que este fuera al templo de Jerusalén a realizar sus tareas de sacerdote. Después de uno de esos viajes Zacarías volvió emocionado y mudo. Su noticia era una sorpresa maravillosa. ¡Sus sueños perdidos serían una emocionante realidad! Pronto Elisabet quedaría embarazada, y sabía que aquel era el regalo de Dios que tanto habían anhelado

Las noticias corrían raudas entre la familia. Casi cien kilómetros al norte en Nazaret, María, la parienta de Elisabet, también sorpresivamente descubrió que estaba encinta. Poco después de recibir el mensaje del ángel de que daría a luz al Mesías, María fue a visitar a Elisabet. De pronto, las unieron los dones únicos que Dios les había concedido. Elisabet sabía que el Hijo de María sería aún mucho más importante que el de ella, porque Juan sería su mensajero.

Cuando el niño nació, Elisabet insistió en el nombre que Dios le había dado: Juan. Cuando Zacarías escribió que estaba de acuerdo, recuperó el habla y todos en el pueblo se preguntaban qué llegaría a ser aquel niño extraordinario.

Elisabet susurraba alabanzas al cuidar aquel regalo de Dios. Al saber lo de María tiene que haberle maravillado lo oportuno que es Dios. Las cosas marchaban incluso mucho mejor de lo que ella hubiera podido planear. En nuestras vidas, debemos recordar que Dios tiene las riendas de todo. ¿Cuándo hizo la última pausa para reconocer que Dios determina el momento en los hechos de su vida?

Puntos fuertes y logros :

— Conocida como una mujer profundamente espiritual

— Mostró no tener dudas acerca de que Dios podía cumplir con sus promesas

— Madre de Juan el Bautista

— La primer mujer, aparte de María, en oír del Salvador que venía

Lecciones de su vida :

— Dios no olvida a quienes le son fieles

— Los métodos y el tiempo de Dios no tienen que ser los que esperamos

Datos generales :

— Ocupación: ama de casa

— Familiares: Esposo: Zacarías. Hijo: Juan el Bautista. Parienta: María

— Contemporáneos: José, Herodes el Grande

Versículos clave :

«¿Por qué se me concede esto a mí, que la madre de mi Señor venga a mí? Porque tan pronto como llegó la voz de tu salutación a mis oídos, la criatura saltó de alegría en mi vientre. Y bienaventurada la que creyó, porque se cumplirá lo que le fue dicho de parte del Señor» (Luk_1:43-45).

La historia de Elisabet se narra en Luk_1:5-80.

La maternidad es un privilegio doloroso. La joven María tuvo el privilegio único de ser madre del mismo Hijo de Dios. Aun así, los dolores y el placer de su maternidad los comprenden cualquier madre. María fue el único ser humano presente en el nacimiento de Jesús que también actuó como testigo de su muerte. Lo vio llegar como su bebé y lo vio morir como su Salvador.

Hasta la sorpresiva visita de Gabriel, la vida de María se desarrollaba tan bien como ella esperaba. Hacía poco se había comprometido con un carpintero de la localidad, José, y esperaba la vida de casada. Sin embargo, la vida de María cambiaría para siempre.

Los ángeles no suelen concertar citas antes de su visita. Como si la felicitaran como la ganadora de un concurso en el que nunca participó, María encontró el saludo del ángel intrigante y su presencia estremecedora. Lo que escuchó de inmediato fueron las noticias que casi cada mujer en Israel esperaba oír: su hijo sería el Mesías, el Salvador prometido. María no dudó del mensaje, pero preguntó cómo sería posible la concepción. Gabriel le respondió que el bebé sería el Hijo de Dios. Su respuesta era una que Dios espera pero no recibe de muchas personas: «He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Luk_1:38). Más adelante, su cántico de gozo a Elisabet muestra lo mucho que conocía a Dios, sus pensamientos estaban llenos con las palabras del Antiguo Testamento.

Pocas semanas después de su nacimiento, llevaron a Jesús al templo para dedicarlo a Dios. Allí José y María se encontraron con dos profetas, Simeón y Ana, que reconocieron en el niño al Mesías y alabaron a Dios. Simeón mencionó a María algunas palabras que quizás esta recordó muchas veces en los años siguientes: «Una espada traspasará tu misma alma» (Luk_2:35). Gran parte del doloroso privilegio de la maternidad sería ver a su Hijo rechazado y crucificado por la gente que vino a salvar.

Podemos imaginar que aunque hubiera sabido lo que sufriría al ser la madre de Jesús, hubiera respondido lo mismo. ¿Está usted, como María, dispuesto a que Dios lo use?

Puntos fuertes y logros :

— Madre de Jesús, el Mesías

— Unico ser humano que estuvo con Jesús desde su nacimiento hasta su muerte

— Dispuesta a ser útil a Dios

— Conocía y aplicaba la Palabra de Dios

Lecciones de su vida :

— Los mejores siervos de Dios son, con frecuencia, gente sencilla y dispuesta a servirle

— Los planes de Dios incluyen hechos extraordinarios en gente sencilla

— El carácter de una persona se revela por su respuesta a lo inesperado

Datos generales :

— Dónde: Nazaret, Belén

— Ocupación: Ama de casa

— Familiares: Esposo: José. Parientes: Zacarías y Elisabet. Hijos: Jesús, Jacobo, José, Judas y Simón, más hijas

Versículo clave :

«He aquí la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra» (Luk_1:38).

La historia de María se narra a través de los Evangelios. También se menciona en Act_1:14.

2.33 José y María se maravillaron por tres razones: Simeón dijo que Jesús era un don de Dios; lo reconoció como el Mesías; y agregó que Jesús sería la luz para todo el mundo. Esta era, al menos, la segunda vez que recibían a María con una profecía relacionada con su Hijo; la primera fue cuando Elisabet la recibió como la madre de su Señor (1.42-45).

2.34, 35 Simeón profetizó que Jesús sería una señal paradójica. Algunos caerían por causa de El (véase Isa_8:14-15), mientras que otros se levantarían (véase Mal_4:2). Con Jesús no habría una posición neutral, la gente lo aceptaría con alegría o lo rechazaría por completo. Como la madre de Jesús, sufriría debido al rechazo generalizado que El enfrentaría. Esta es la primera nota triste en el Evangelio de Lucas.

2.36 A pesar de que Simeón y Ana eran muy ancianos, tenían la esperanza de que verían al Mesías. Guiados por el Espíritu Santo, fueron los primeros en testificar de Jesús. En la cultura judía, los ancianos eran muy respetados y las profecías de Simeón y Ana tenían un peso mayor debido a la edad avanzada. Nuestra sociedad, sin embargo, valora más la juventud que la sabiduría y las contribuciones potenciales que provengan de mayores ni se toman en cuenta. Como cristianos, debiéramos invertir dichos valores cuando sea posible. Estimule a los ancianos para que trasmitan su sabiduría y experiencia. Escuche atentamente cuando hablen. Ofrézcales su amistad y ayuda para encontrar vías a fin de que continúen el servicio a Dios.

2.36, 37 Ana era llamada profetisa, lo que significa que tuvo un acercamiento a Dios poco común. Los profetas y profetisas no necesariamente predecían el futuro. Su papel principal era hablar de parte de Dios y proclamar su verdad.

2.39 ¿Regresaron María y José de inmediato a Nazaret o permanecieron en Belén por un tiempo (como deja implícito Mateo 2)? Al parecer, hay un vacío de varios años entre los versículos 38 y 39, suficiente para que encontraran casa en Belén, escaparan a Egipto de la ira de Herodes y regresaran a Nazaret cuando la situación fuera segura.

2.40 No sorprende que Jesús demostró más sabiduría de la acostumbrada con su edad, puesto que permaneció en contacto con su Padre celestial. Dios dice, en Jam_1:5, que está dispuesto a conceder sabiduría en abundancia a los que la piden. Como Jesús, podemos crecer en sabiduría caminando con Dios.

2.41, 42 De acuerdo a las leyes de Dios, a cada hombre se le requería que fuera a Jerusalén tres veces al año para las grandes fiestas (Deu_16:16). La Pascua se celebraba en la primavera, le seguía de inmediato toda una semana, la Fiesta de los Panes sin Levadura. La Pascua conmemora la noche de la huida de los judíos de Egipto, cuando el ángel del Señor dio muerte a los primogénitos de Egipto y pasó por alto los hogares de los israelitas (Exo_12:21-36). La Pascua era la más importante de las tres fiestas anuales.

2.43-45 A los doce años de edad, a Jesús lo consideraron casi un adulto, de ahí que no pasó mucho tiempo con sus padres en la fiesta. Los que asistían a estas festividades, a menudo viajaban en caravanas para protegerse de los asaltos en los caminos de Palestina. Se acostumbraba que mujeres y niños viajaran al frente de la caravana y que los hombres cerraran la marcha. A los doce años, un niño podía participar en cualquiera de los dos grupos y María y José pensaron que Jesús estaba en el grupo del otro. Pero cuando la caravana dejaba Jerusalén, Jesús se quedó cautivado en su discusión con los líderes religiosos.

2.46, 47 La escuela del templo, una clase de seminario, fue famosa a través de Judea. El apóstol Pablo estudió allí bajo la enseñanza de Gamaliel, uno de los maestros más famosos (Act_22:3). Durante la Pascua, los más destacados rabinos de la tierra se reunían para enseñar y discutir las grandes verdades. La venida del Mesías, sin duda, era un tópico de discusión popular para todo el mundo que esperaba su pronta aparición. Jesús era lo suficiente maduro como para escuchar y responder preguntas. No era su juventud, sino la profundidad de sus pensamientos lo que asombraba a estos maestros.

2.48 María tuvo que dejar ir a su hijo y permitirle que se convirtiera en un hombre, el Hijo de Dios, el Mesías. Temerosa de no ser lo bastante cuidadosa con el niño que Dios le dio, lo buscó desesperada. Pero ella buscaba a un niño, no al joven que sorprendía a los líderes religiosos con sus preguntas. Es difícil dejar ir a personas o proyectos que hemos forjado. Es tierno y doloroso a la vez ver a nuestros hijos convertidos en adultos, nuestros alumnos en profesores, nuestros subordinados en jefes, nuestras inspiraciones en instituciones. Pero cuando llega el tiempo en que debemos dejar ir, hay que hacerlo a pesar de nuestro dolor. Luego nuestros protegidos pueden ejercitar sus alas, y alzar el vuelo y elevarse al Dios altísimo destinado para ellos.

2.49, 50 Esta es la primera insinuación de que Jesús era el Hijo de Dios. Sin embargo, a pesar de dar a entender que conocía a su verdadero Padre, Jesús no rechazaba sus padres terrenales. Volvió a Nazaret con María y José y vivió bajo su autoridad por otros dieciocho años. El pueblo de Dios no desprecia las relaciones humanas ni las responsabilidades familiares. Si el Hijo de Dios, Jesucristo, obedeció a sus padres humanos, ¡cuánto más nosotros debiéramos honrar a los miembros de nuestra familia! El ser enviado para trabajar en la obra de Dios no justifica la negligencia con la familia.

2.50 Los padres de Jesús no entendieron lo que quiso decir cuando hablaba de la casa de su Padre. No dedujeron que hacía una distinción entre su padre terrenal y su Padre celestial. A pesar de que sabían que El era Hijo de Dios, no entendían qué involucraba su misión. La otra parte es que lo debían criar junto con sus hermanos (Mat_13:55-56) como un niño normal. Sabían que era especial, pero desconocían qué tenía El en mente.

2.52 La Biblia no narra ningún acontecimiento en los próximos dieciocho años en la vida de Jesús, pero El aprendía y maduraba. Como el mayor en una familia numerosa, ayudó a José en la carpintería. Tal vez José murió en este lapso; dejando en manos de Jesús la responsabilidad de cuidar a la familia. Las rutinas normales de su vida cotidiana le dieron una comprensión sólida de la gente de Judea.

2.52 El segundo capítulo de Lucas nos muestra que aunque Jesús era especial, tuvo una niñez y una juventud normales. En términos de desarrollo, era como nosotros. Creció física y mentalmente, se relacionó con otros y Dios le amó. Una vida humana íntegra no está desequilibrada. Fue importante para Jesús, y debiera serlo para todos los creyentes, desarrollar armoniosamente cada uno de estos campos básicos: físico, mental, social y espiritual.

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