La buena palabra confronta la mentira
El verso 13 vuelve al tema frecuentísimo del habla. Repitiendo el tema Deuteronomio 12:6, se puede ver cómo las palabras de la “transgresión o rebeldía” llegan a ser una trampa (como del cazador); sin embargo, el justo se escapa de ella.
En un paralelismo sinónimo el verso 14 muestra el valor de las palabras bien dichas y del trabajo bien invertido. Del fruto, resultado del habla, el hombre va a rebosar más que lo necesario (hasta excesivo), en lo bueno; y del trabajo, se devuelve el fruto en una forma multiplicada.
El verso 15 acentúa la diferencia entre el justo y el insensato. Por un lado, el insensato no oyente cree “derechísimo”. ¡Grave error! Por otra parte, el sabio escucha medita obedece un consejo (del otro). Siempre el justo está dispuesto a escuchar a otros.
El verso 16 subraya el tema tan delicado del dominio propio. Se muestra la gran diferencia entre el insensato o indiferente a la sabiduría y el prudente (en el arte de vivir). Por un lado, el insensato da a conocer (públicamente o donde se encuentra cuando siente la emoción) su ira y/o “la causa de la ira” (el enemigo). Se subraya en el texto la palabra bayyaom, “en el día”, públicamente y al mismo día. Al contrario, el prudente intenta “cubrir”, no hacer pública, la “deshonra” o la afrenta (no merecida, como del maestro del alumno impío en 9:7). La afrenta es merecida por los necios, el adúltero, el burlador, entre otros.
El verso 17 llama la atención al sistema legal que se basa en la verdad establecida. En el versículo hay dos figuras:
(1) El que produce o causa (del verbo en la forma hiphil, que apunta al causante), “que habla fidelidad o verdad”
(2) el testigo mentiroso. Por un lado, “el que causa que hable (que “respire”) la verdad” hace “conspicuo” o “revela” (del verbo hebreo nagad, que significa “ser conspicuo” o “declarar aquello que permite conocer algo desconocido hasta entonces”) la justicia. Por otra parte, el testigo mentiroso “engaña”.
El verso 18 contrapone las palabras del que “habla sin pensar en una forma poco considerada” con las palabras del sabio. Los resultados son muy distintos. El que habla sin pensar es (como) “la penetración de la espada”. Al contrario, la lengua del sabio es (como) remedio o sanidad (del vocablo marepe’). En este mismo sentido, la lengua del sabio sanador es como las enseñanzas del maestro y el enviado fiel.
El dicho “la mentira tiene patas cortas” se expresa en el verso 19. Aquí se compara la lengua mentirosa o distorsionada con “un centelleo” o “un parpadeo” , sólo por un momento). Por otra parte, los labios “fieles o veraces”, o “firmes o establecidos”, permanecen para siempre en la “perpetuidad”.
El verso 20 apunta a dos estados de ánimo o de la voluntad. Por un lado, al abrirse los que traman (de ‘jarash, que significa lit. “cortar hacia adentro”: arar una tierra” o “grabar en piedra” y figurativamente como “idear” o “tramar”; el mal se puede ver “el engaño o la traición”. La palabra engaño recibe el énfasis del versículo por estar al principio. Al contrario, cuando se abre el corazón de los que tienen planes como para “conseguir” la paz (de shalom, que significa “la paz”, “el bienestar” o “la armonía de las cosas”), hay “regocijo” o alegría. Abra el corazón del malo: ¡Engaño! Abra el corazón del bueno: ¡Alegría (paz)! Jesús comentaba de Natanael: ¡He aquí un verdadero israelita, en quien no hay engaño!. Hoy en día, a veces lo que ellos llaman astucia es nada menos que engaño. Jesús admira a un creyente en que no existe esta astucia.
