Sin embargo, el que Israel fuera rechazado no fue insensible ni caprichoso. Se le cerró la puerta a Israel para que pudiera abrírsele a los gentiles. Dios endureció el corazón de los judíos y cegó sus ojos con el propósito final de abrirles el camino de la fe a los gentiles.
¿Qué error fundamental cometieron los judíos? Pablo sostiene que, aunque estaba en el plan de Dios el que los judíos fueran rechazados, sin embargo no tenía por qué haber sucedido. No se podía desembarazar de la paradoja eterna -ni lo pretendía- de que, al mismo tiempo, todo es cosa de Dios y el hombre es libre. El error fundamental de los judíos fue que intentaron llegar a la perfecta relación con Dios por su propio esfuerzo. Trataron de ganarse la Salvación; mientras que los gentiles se limitaron a aceptar con perfecta confianza lo que Dios les ofrecía. Los judíos deberían haber sabido que la única manera de llegar a Dios era mediante la fe, y que los logros humanos no llevan a ninguna parte. Así lo expresó Isaías: «Nadie que ponga en Él su confianza quedará defraudado» (Isaías 28:16; Romanos 10:11). Y Joel: «Todos los que invoquen el Nombre del Señor se salvarán» (Joel 2:32; Romanos 10:13). Es verdad que nadie puede tener fe hasta oír el ofrecimiento de Dios; pero a los judíos se les hizo el ofrecimiento. Ellos se aferraron al mérito humano de la obediencia a la Ley; se lo jugaron todo a sus obras; pero deberían haber sabido que el camino que conduce a Dios es el de la fe, porque ya se lo habían dicho los profetas.
Una vez más es necesario subrayar que todo esto era el plan de Dios, y que Su propósito era que los gentiles pudieran entrar.
Por tanto, Pablo se vuelve ahora a los gentiles. Les dice que no caigan en el orgullo. Están en la posición del acebuche del que se han injertado algunas ramas en el olivo cultivado. No merecieron la Salvación más que los judíos; de hecho, dependen de los judíos, porque no son más que ramas injertas: la raíz y el tronco son el pueblo de Israel. El que fueran elegidos y los judíos rechazados no debe producir orgullo en el corazón de los gentiles, porque si no ellos también serán rechazados.
¿Acaban aquí y así las cosas? ¡De ninguna manera! El propósito de Dios es que los judíos sientan envidia de la relación que los creyentes gentiles tienen con Él, y eso los mueva a solicitar su admisión. Moisés dijo: « Os hago tener celos de los que no son la nación; os provocaré a envidia con los que no Me conocían» (Deuteronomio 32:21; Romanos 10:19). Al final, los gentiles serán el instrumento para la Salvación de los judíos: « Y así se salvará todo Israel» (Romanos 11:26).
Vamos a resumir los pasos por los que Pablo llega a este final de su argumento:
(i) Israel es el pueblo escogido.
(ii) Pertenecer a Israel quiere decir más que ser descendiente natural. Siempre ha habido elección dentro de la nación, y los verdaderamente elegidos eran el resto fiel.
(iii) La selección que Dios hace no es injusta.
(iv) Dios endureció el corazón de los judíos, pero sólo para abrirles la puerta a los gentiles.
(v) El error de Israel era depender de los méritos humanos sobre la base de la Ley; el único acceso a Dios es el del corazón totalmente confiado.
(vi) Los gentiles no tienen por qué estar orgullosos; porque no son más que ramas del olivo borde injertas en el olivo cultivado. Y eso es algo que no debemos olvidar jamás.
(vii) La cosa no termina ahí; los judíos se sentirán tan avergonzados y envidiosos del privilegio que han recibido los gentiles que, al final, éstos los harán entrar.
(viii) Así que, al final, tanto los judíos como los gentiles se salvarán.
La gloria se encuentra al final del argumento de Pablo. Empezó diciendo que algunos eran aceptados y otros rechazados.Pero acaba diciendo que la voluntad de Dios es que todos se salven (Cp. 1 Timoteo 2:4).
