El Antiguo Testamento usa la palabra conocer de una manera iluminadora. «Yo te conocí en el desierto», le dijo Dios a Oseas acerca de Su pueblo Israel (Oseas 13:5). « A vosotros solamente he conocido de todas las familias de la Tierra», le dijo Dios a Amós (Amós 3:2). Cuando la Biblia dice que Dios conoce a un hombre, quiere decir que tiene un propósito y un plan y una tarea para él. Y cuando miramos hacia atrás y pensamos en nuestra experiencia cristiana, todo lo que podemos decir es: «Yo no lo hice; jamás hubiera podido hacerlo; Dios es el Que lo hizo todo.» Y sabemos muy bien que eso no es negar nuestra libertad. Dios conocía a Israel; pero llegó el día cuando Israel rechazó el destino que Dios le había asignado. La dirección invisible de Dios está en nuestra vida; pero en cualquier momento podemos rechazarla y seguir nuestro propio camino.
Es la profunda experiencia de todo cristiano que todo es de Dios; que él no hizo nada, y que Dios lo hizo todo. Eso es lo que Pablo quiere decir aquí: que Dios nos ha elegido para la salvación desde el principio del tiempo; que a su debido tiempo nos dirigió Su llamada; pero el orgullo del corazón humano puede estropear el plan de Dios, y la desobediencia de la voluntad del hombre puede rechazar la invitación de Dios.
El amor del que nada nos puede separar
Entonces, ¿qué podemos decir nosotros a todo esto? Si Dios está de nuestra parte, ¿quién estará en contra nuestra? Si Dios mismo no escatimó ni el dar a Su propio Hijo, sino Le entregó a la muerte por todos nosotros, ¿cómo vamos a pensar que no nos dará generosamente con Él todas las cosas? ¿Quién se atreverá a acusar a los que Dios ha elegido, si es Dios Quien los absuelve? ¿Y quién nos va a condenar, si el Que intercede por nosotros es Jesús, el que murió y resucitó y está sentado ala diestra de Dios? ¿Quién o qué nos podrá apartar del amor de Cristo? ¿Pruebas, opresión, persecución, hambre, desnudez, peligro, espada? Porque escrito está: «Por causa de Ti nos están matando a todas horas, y nos consideran como ovejas para la matanza. » ¡Pero si en todas estas cosas somos más que vencedores por medio de Aquel que nos amó! Así es que yo estoy convencido de que no nos puede apartar del amor que Dios nos ha mostrado en nuestro Señor Jesucristo ni la muerte, ni la vida, ni los ángeles, ni los principados, ni la edad presente, ni la edad por venir, ni poderes, ni alturas, ni profundidades, de esta o de ninguna otra creación, nos podrá apartar del amor que Dios nos ha mostrado en nuestro Señor Jesucristo.
Este es uno de los pasajes más líricos del apóstol Pablo. En el versículo 32 hay una maravillosa alusión que impactaría a cualquier judío que conociera bien el Antiguo Testamento: « Por amor a nosotros Dios no escatimó ni el dar a su propio Hijo; no cabe duda de que esa es la garantía definitiva de que nos ama lo suficiente para suplir todas nuestras necesidades.» Las palabras que usa Pablo refiriéndose a Dios son las mismas que Dios usó acerca de Abraham, que Le demostró su lealtad a ultranza cuando estuvo dispuesto a sacrificarle a su propio hijo único Isaac cuando Dios se lo mandó. Dios le dijo: «No te has negado a darme a tu hijo, a tu único hijo» (Génesis 22:12). Pablo parece decir: « Considera el ejemplo más grande del mundo que ha dado un hombre de su lealtad a Dios; así es la lealtad de Dios contigo.» De la misma manera que Abraham fue tan leal a Dios que estuvo dispuesto a sacrificarle lo más precioso que tenía, Dios es tan leal a los hombres que estuvo dispuesto a sacrificar a su propio Hijo único por ellos. Sin duda podemos confiar en una lealtad así para todo.
Es difícil decidir cómo hemos de tomar los versículos 3335. Se pueden tomar de dos maneras, cada una de las cuales tiene un sentido excelente y contiene una preciosa verdad.
(i) Podemos tomarlos como dos afirmaciones seguidas de dos preguntas que les hacen referencia:
(a) Es Dios el que declara a los hombres no culpables -esa es la afirmación-. Siendo así, ¿quién se atreverá a condenar a los hombres? Si es Dios Quien ha declarado a los hombres no culpables, entonces están a salvo de que nadie los condene.
(b) Ponemos nuestra fe en Cristo, Que murió y resucitó y vive para siempre -esta es la afirmación-.Siendo así, ¿puede haber algo en este o en otro mundo que nos pueda separar de nuestro Señor Resucitado?
Si lo interpretamos así, se establecen dos grandes verdades:
(a) Dios nos ha declarado no culpables; por tanto, nadie nos puede condenar.
(b) Cristo ha resucitado; por tanto, no hay nada que nos pueda separar de Él.
