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2 de Crónicas 32: Senaquerib invade a Judá

Una Publicación escrita por uno de esos ángeles que se encuentran por doquier que nos prestan sus alas cuando se nos olvida cómo volar. Conviértete en uno de ellos y compártela. Será de Bendición para ti y para el que la reciba.

Después que Ezequías aceptó pagar tributo al rey de Asiria, el rey asirio se olvidó del acuerdo con Ezequías y decidió saquear la ciudad de Laquis. Con el fin de informar a Ezequías cuán seria era su demanda de nuevos tributos y su intención de tomar Jerusalén, Senaquerib envió una comisión de diplomáticos, encabezada por el Rebsaces. Este era el copero del rey asirio, que a veces realizaba funciones administrativas y también diplomáticas por ser versado en hebreo y arameo. Este fue enviado a los representantes de Ezequías a hacer el anuncio formal de la invasión a Jerusalén, tratando de poner en ridículo al rey y a Jehová frente a todo el pueblo.

Las blasfemias contra Jehová y los vituperios contra Ezequías iban de mal en peor, hasta en su forma escrita. Senaquerib optó por su ataque epistolar ya que tuvo que abandonar sus planes de conquistar a Jerusalén.

Entre este instante y la amenaza egipcia contra Asiria, encabezada por Tirhaca, rey de Etiopía, Ezequías buscó al Señor, auxiliado por el profeta Isaías. La narración de 2 de Reyes 19:14-19, hace referencia al hecho de que Ezequías leyó la carta de Senaquerib y subió al templo a orar, con la carta extendida delante de Jehová.

La respuesta de Jehová no tardó. Aquella misma noche Jehová envió un ángel, el cual hirió a todos los guerreros esforzados, a los oficiales y a los jefes en el campamento del rey de Asiria. Aunque el cronista no hace mención de la pérdida en vidas, según las estadísticas de 2 de Reyes 19:35, Asiria sufrió una baja de 185.000 hombres en una noche. Si las armas de los soldados fueron comidas por roedores del desierto, según una tradición egipcia, el juicio de  Dios sí había llegado a los blasfemos asirios, cuando a aquello se añade la incursión del ángel destructor de Jehová. La intervención divina para proteger a su pueblo en esta ocasión tiene un paralelo con la gran liberación de Israel cuando este cruzó el mar Rojo en seco. A su retorno a Asiria, Senaquerib fue asesinado por sus dos hijos.

Después de esto,  Dios les dio reposo en derredor. Ezequías había pasado la prueba de su fe, aunque le esperaba una crisis más en el camino. Quince años antes de su muerte en el 712 a. de J.C., el rey cayó gravemente enfermo. Esto lo condujo a orar a  Dios, creyendo que éste tenía poder para sanarlo.  Dios le respondió concediéndole 15 años más de vida. Como señal de este acontecimiento, Isaías invocó al Señor quien “hizo que la sombra retrocediese diez gradas”. El rey se llenó de riquezas y gloria antes de morir.

Los embajadores de Babilonia que llegaron a Jerusalén para investigar el prodigio que había acontecido en el país, fueron aquellos enviados por “Merodacbaladán, hijo de Baladán, rey de Babilonia”. Por sobre la curiosidad indicada, estos embajadores tenían la consigna de buscar una alianza con Ezequías para enfrentarse a la agresión de Sargón, rey de Asiria. Fue el entusiasmo de Ezequías, ante la posibilidad de tal alianza, el que despertó la ira de  Dios contra el rey.

El cronista concluye este capítulo mencionando al profeta Isaías como su fuente bibliográfica, además de los libros de los reyes de Judá e Israel. Después de un hermoso portafolio para la historia, el cronista deja muy claro lo popular que era Ezequías. Todo Judá y Jerusalén lo honraron en su muerte. Su hijo Manasés sería la antítesis del carácter de Ezequías.

Ezequías en la encrucijada  En el apogeo de su reinado, Ezequías se vio enfrentado a una profunda crisis, al ser amenazado por Asiria (que ya había invadido y deportado a Samaria), que en esa época era nación dominante en todo el entorno. Ezequías sabía que su bendición significaba la desaparición de Judá, y se dispuso a hacer frente a la invasión y, en todo caso, morir luchando.

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Pastor Lionel

Evangelista. Autor de Vida de Jesús un Evangelio Armonizado; Sancocho Cristiano Vols.: I-IV y Bendiciones Cristianas Vols.: I y II. Libre entre los hombres, esclavo y siervo de Nuestro Señor Jesucristo

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