2 de Crónicas 32:5 Y él cobró ánimo y reedificó toda la muralla que había sido derribada y levantó torres en ella, edificó otra muralla exterior, fortificó el Milo en la ciudad de David, e hizo armas arrojadizas y escudos en gran cantidad.
2 de Crónicas 32:6 Puso también oficiales militares sobre el pueblo, los reunió a su lado en la plaza a la puerta de la ciudad y habló dándoles ánimo, diciendo:
2 de Crónicas 32:7 Sed fuertes y valientes; no temáis ni os acobardéis a causa del rey de Asiria, ni a causa de toda la multitud que está con él, porque el que está con nosotros es más poderoso que el que está con él.
2 de Crónicas 32:8 Con él está sólo un brazo de carne, pero con nosotros está el Señor nuestro Dios para ayudarnos y pelear nuestras batallas. Y el pueblo confió en las palabras de Ezequías, rey de Judá.
Ezequías pudo ver con los «ojos de la fe». El número de sus oponentes no significaba algo mientras él estuviera del lado de Dios. La victoria se logra «no con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos». Ezequías pudo alentar con seguridad a sus hombres porque no tenía duda alguna de su posición con Dios. ¿Está usted del lado de Dios? Puede ser que nunca tenga que enfrentarse a un ejército enemigo, pero las batallas que tiene que enfrentar diariamente pueden ganarse con la fuerza de Dios.
El imperio asirio : El poderoso Imperio Asirio se extendió desde el Golfo Pérsico, cruzando el Creciente Fértil y al sur hasta Egipto. Salmanasar III extendió el Imperio hacia el mar editerráneo al conquistar las ciudades que quedaban bien al oeste como Qarqar. Tiglat-pileser extendió el imperio hacia el sur hasta Siria, Israel, Judá y Filistea. Fue Salmanasar V el que destruyó Samaria, la capital de Israel.
2 de Crónicas 32:9 Después de esto, Senaquerib, rey de Asiria, mientras estaba sitiando a Laquis con todas sus fuerzas, envió sus siervos a Jerusalén, a Ezequías, rey de Judá, y a todos los de Judá que estaban en Jerusalén, diciendo:
2 de Crónicas 32:10 Así dice Senaquerib, rey de Asiria, «¿En qué estáis confiando para que permanezcáis bajo sitio en Jerusalén?
2 de Crónicas 32:11 «¿No os engaña Ezequías para entregaros a morir de hambre y de sed, diciendo: ‹El Señor nuestro Dios nos librará de la mano del rey de Asiria›?
2 de Crónicas 32:12 «¿El mismo Ezequías no ha quitado sus lugares altos y sus altares, y ha dicho a Judá y a Jerusalén: ‹Delante de un altar adoraréis, y sobre él quemaréis incienso?›
2 de Crónicas 32:13 «¿No sabéis lo que yo y mis padres hemos hecho a todos los pueblos de estas tierras? ¿Pudieron los Dioses de las naciones de las tierras librar su tierra de mi mano?
2 de Crónicas 32:14 «¿Quién de entre todos los Dioses de aquellas naciones que mis padres destruyeron completamente pudo librar a su pueblo de mi mano, para que vuestro Dios pueda libraros de mi mano?
2 de Crónicas 32:15 «Ahora pues, no dejéis que Ezequías os engañe y os extravíe en esta forma, y no creáis en él, porque ningún Dios de ninguna nación ni reino pudo librar a su pueblo de mi mano ni de la mano de mis padres. ¿Cuánto menos os librará de mi mano vuestro Dios?»
2 de Crónicas 32:16 Y sus siervos hablaron aún más contra el Señor Dios y contra su siervo Ezequías.
2 de Crónicas 32:17 También escribió cartas para insultar al Señor, Dios de Israel, y para hablar contra El, diciendo: Como los Dioses de las naciones de las tierras no han librado a sus pueblos de mi mano, así el Dios de Ezequías no librará a su pueblo de mi mano.
