La salvación del remanente de Israel
Así el v. 17 dice: “Pero en el monte Sion estarán los libertados, y será santo. La casa de Jacob poseerá las posesiones de ellos”. Esto señala que aquellos que escapen constituirán un remanente santo que capacitará a la “casa de Jacob” a retomar sus posesiones perdidas (17b). El remanente de Israel se establecerá sobre el “monte Sion” (17a), que en la visión mesiánica se presenta como inviolable y santa casa de Dios.
Se cosecha lo que se siembra
Edom sembró traición; sus aliados harían lo mismo con ellos.
Edom robó y saqueó al pueblo de Dios; lo mismo les sucedería a ellos más tarde.
Edom actuó con violencia en contra de los hijos de Dios; a ellos los trataron también con violencia.
Edom quería la aniquilación de los judíos; muy pronto Babilonia destruiría a Edom.
La destrucción total de Esaú
El versículo 18 señala que la “casa de Jacob” que es el reino del sur o de Judá, y la “casa de José” que es el reino del norte o de Israel serán fuego que consuma la “casa de Edom” (Esaú) que será estopa, 18a. La segunda parte destaca que: “ni un solo sobreviviente quedará de la casa de Esaú”, o no quedará ningún remanente que escape. Es decir, aquí el profeta Abdías opone “monte Sion”, como casa de Dios, a “casa de Esaú”, casa de perdición, y “remanente” (de Israel) que se salve a “ningún remanente” (de Esaú), mostrando cuán cierto es el principio de retribución mencionado en el versículo 15b. Dos cosas hay que resaltar aquí: primero, la distinción que Abdías hace de “casa de Jacob” y “casa de José”, para señalar la concepción de Israel centrado en Jacob y especialmente las tribus de José (Efraín y Manasés). Esto sugiere que el autor tiene en mente el reino del norte de Israel, que está basado sobre la montaña central de Israel y sus dependencias en Judá y las otras tribus. Segundo, que la unión de Israel y Judá es un hecho de las descripciones proféticas en la era mesiánica.
El día de Jehová y su pueblo
Los siguientes versículos son posibles adiciones posteriores al exilio y tratan sobre la restauración de Israel y Judá.
Los versículos 19 y 20 explican que en la recomposición de las posesiones geográficas saldrán beneficiados los hijos de Israel, y que la restauración de Judá incluirá una expansión de sus territorios. El versículo 19a dice que los israelitas del Néguev heredarán la tierra de Edom, es decir, las montañas de Esaú. El Néguev es la región desierta del sur de Judá, que fue con frecuencia el blanco de los ataques y abusos edomitas. En 19b dice que los israelitas del pie de las montañas (Sefela) ocuparán la costa plana conocida como la tierra de los filisteos. Sefela es la región montañosa baja al suroeste de Judá. En 19c se declara que el Néguev y la Sefela también poseerán el antiguo territorio del reino del norte (Efraín, Samaria), así como el Néguev y la Sefela fueron parte del reino de Judá. El versículo 19c dice “y los de Benjamín poseerán Galaad”, refiriéndose al territorio al este del río Jordán que fue asignado a la media tribu de Manasés, Rubén y Gad. Benjamín está lejos de Galaad y tendría que viajar a través de Samaria y Efraín para alcanzarlo, pero la declaración recuerda la especial relación del benjamita rey Saúl con Jabes de Galaad. 1 y 2 Crónicas identifican continuamente a Judá y Benjamín como las tribus que sobrevivieron a la deportación del reino del norte por Asiria y que constituyen el remanente de Israel en el período posterior. Esta declaración refleja la perspectiva del período tardío o posterior al exilio, es decir que Judá y Benjamín juntos verán la restauración de todo Israel en la tierra.
El versículo 20a declara que los exiliados de esta fortaleza del pueblo de Israel, que son los cananitas hasta Sarepta y los exiliados de Jerusalén que están en Sefarad, retomarán la posesión de las ciudades del Néguev. Es decir, aquellos del reino del norte de Israel que vivieron en los territorios fenicios y cananitas hasta Sarepta se unirían a los exiliados de Judá que están en Sefarad en posesión reinante en el Néguev. Aunque en la literatura rabínica se usa Sefarad para referirse a España, en el hebreo bíblico puede referirse a Sardis, la capital del antiguo imperio Lidio al este central de Turquía, que aparentemente fue residencia de algunos judíos exiliados. También podría ser identificado con una ciudad al este de Asiria. De cualquier forma, este versículo destaca cómo los exiliados del pueblo de Israel y de Jerusalén, o los que escapen, podrán establecerse en esas regiones. Es notable que el escenario articulado en los versículos implica una acción divina en que la tierra misma llega a ser un agente que vencerá a los enemigos de Israel.
Es una conclusión doble: termina con la profecía y cierra el libro con el mismo tema teológico con el que se inició: Jehová está sobre todas las naciones. Se puede dividir en dos partes.
