La pérdida de su sabiduría
El versículo 8 condena la sabiduría y prudencia del monte de Esaú, que se presentan implícitamente opuestas a la sabiduría y prudencia del monte de Sion. La sabiduría y prudencia de Edom descansan en buenos aliados, en acuerdos de paz y amistades con los pueblos vecinos que son potencialmente una amenaza para la estabilidad y seguridad de Edom, mientras que la sabiduría y prudencia de Sion descansan en “el temor de Jehová” y “el apartarse del mal”. “Hacer justicia” y “amar misericordia” es la verdadera sabiduría y la mejor consejera para las naciones. Así, la confianza en fuerzas humanas se convierte en una maldición, mientras que la confianza en Dios es una bienaventuranza. Hay que recordar que Edom fue famoso por sus hombres sabios.
La desaparición de su valentía guerrera
El versículo 9 condena la valentía de Temán, que fue la principal ciudad de Edom y que fue protegida por la Sela (roca) y por todos los hombres de guerra. Esa valentía es presentada como circunstancial, sustentada en las ventajas geográficas de la ciudad y su ejército. Pero todo ejército se desvanece ante el señorío de Jehová, y toda ventaja geográfica de una nación es nada ante el poder del reino de Dios que se mueve en la historia de los pueblos.
La gran maldad de Edom
1. La traición a su hermano Jacob
Los versículos 10 y 11 retoman el fundamento teológico del oráculo de condenación de Abdías sobre Edom, que tomó partido con los enemigos de Israel en el momento en que Jerusalén y Judá estaban en gran problema. En este caso, el versículo 10 dice:
(1) 10a. Esaú, como ya hemos visto en la introducción a este comentario, fue hermano gemelo de Jacob. Entre los hermanos tiene que haber una protección y un cuidado por el solo hecho de ser hermanos. Esto es parte de la conciencia moral, pero es lo que justamente Esaú ha abandonado.
(2) 10b. La sentencia es final, porque no hay esperanza de recuperación social para un pueblo que abandona las raíces básicas de la subsistencia humana.
El versículo 11 destaca cómo esta injuria edomita se ha llevado a cabo:
(1) 11a. Abdías hace referencia al evento histórico ocurrido en Jerusalén en el año 587 a. de J.C. cuando Nabucodonosor, el emperador de Babilonia, tomó la ciudad de Jerusalén y se llevó cautivos a los israelitas de la parte sur. En esta catástrofe, los edomitas no cumplieron con el mandato de la conciencia moral y el “deber de sangre”, de proteger a su hermano.
(2) 11b. Abdías revela que además de la indiferencia edomita ante la desgracia de los israelitas, ellos se aprovecharon de tales circunstancias y se comportaron como los babilonios. Otros profetas también testifican de la acción edomita en esa ocasión.
Razones para la condenación de Edom
En los versículos 12 a 14 el profeta Abdías denuncia por medio de ocho “no debiste” las razones sociomorales del oráculo de condenación contra Edom, describiendo y destacando así las graves faltas cometidas al participar perversamente en la destrucción de Jerusalén:
(1) “No debiste haberte quedado mirando a tu hermano en su día trágico”, 12a.
(2) “No debiste alegrarte de los hijos de Judá en el día de su ruina”, 12b.
(3) “No debiste extralimitarte con tu boca en el día de la angustia”, 12c.
(4) “No debiste entrar por la puerta de mi pueblo en el día de su ruina”, 13a.
(5) “Tampoco debiste mirar su miseria en el día de su ruina”, 13b.
(6) “No debiste echar mano de sus bienes en el día de su ruina”, 13b.
(7) “Tampoco debiste ponerte en las encrucijadas de los caminos para aniquilar a sus fugitivos”, 14a.
(8) “No debiste haber entregado a sus sobrevivientes en el día de la desgracia”, 14b.
Estas razones sociomorales pueden resumirse en cuatro:
(1) cuán maliciosamente Edom se complacía en la desgracia de Judá,
(2) cómo tomó ventaja de la desgracia de Jerusalén,
(3) cómo actuó malignamente en forma directa en contra de los israelitas matándolos cuando estos escapaban para salvar su vida, y
(4) cómo traicionó a los israelitas al entregarlos a los babilonios cuando los sobrevivientes se quedaron en Jerusalén.
