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Juan 17: La Gloria de la Cruz

Un famoso cuadro de la Primera Guerra Mundial representa a un técnico que había ido a arreglar una línea telefónica para que se pudieran mandar y recibir mensajes de vital importancia, cuando le alcanzó una bala. El cuadro le muestra en el momento de la muerte, manteniendo unidos en su mano crispada los dos extremos del cable, y tiene el sencillo título de: «¡Comunicación restablecida!» Le había costado la vida, pero había cumplido su misión.

Eso es precisamente lo que hizo Jesús. Cumplió su cometido; hizo llegar a la humanidad el amor de Dios. Para Él aquello supuso la Cruz; y la Cruz fue Su gloria porque acabó la obra que el Padre Le había encargado: consiguió que los hombres y las mujeres ya no pongan en duda el amor de Dios.

(iii) Hay otra cuestión: ¿Cómo glorificó la Cruz a Dios? La única forma de glorificar a Dios es obedecerle. Un niño honra a sus padres cuando los obedece; un ciudadano contribuye a la gloria de su país cuando obedece sus leyes; un estudiante honra a su profesor cuando sigue y pone en práctica su enseñanza. Jesús dio honor y gloria a Dios con Su perfecta obediencia. La historia evangélica deja muy claro que Jesús pudo evitar la Cruz. Humanamente hablando, podría haber vuelto la espalda y no haber ido a Jerusalén. Cuando vemos a Jesús en Sus últimos días en la Tierra, no podemos por menos de decir: «¡Fijaos cómo amaba a Dios! ¡Fijaos a qué extremo Le llevó la obediencia!» Glorificó a Dios en la Cruz ofreciéndole la perfecta obediencia de un amor perfecto.

(iv) Pero hay todavía más: Jesús Le pidió a Dios que Le glorificara y que Se glorificara. La Cruz no era el final. Habría de seguirla la Resurrección, que sería la vindicación de Jesús. Fue la demostración de que, aunque la humanidad Le hiciera lo peor, Jesús no sería derrotado, sino saldría vencedor. Fue como si Dios señalara a la Cruz y dijera: «Eso fue lo que la humanidad le hizo a Mi Hijo;» y luego señalara a la Resurrección, y dijera: «Y eso fue lo que Yo hice por Mi Hijo.» La Cruz era lo peor que la humanidad podía hacerle a Jesús, pero ni aun así Le conquistó. La gloria de la Resurrección borra la vergüenza de la Cruz.

(v) Para Jesús, la Cruz era el camino de vuelta. «Glorifícame -oró- con la gloria que tuve antes que el mundo empezara.» Era como un caballero que hubiera salido de la corte de su rey para realizar alguna hazaña heroica y peligrosa, y que, una vez cumplida su misión, volvía en triunfo a gozar de la gloria de la victoria. Jesús vino de Dios y volvió a Dios. La empresa gloriosa entre Su venida y Su vuelta culminó en la Cruz. Para El, por tanto, la Cruz era la puerta de entrada a la gloria; y, si hubiera rehusado pasar por ella, ¿cómo habría vuelto a la gloria? ¿Habría habido una gloria a la que volver? Para Jesús la Cruz fue Su vuelta a Dios.

LA VIDA ETERNA

Hay otra idea importante en este pasaje, porque contiene la gran definición que da el Nuevo Testamento de la vida eterna: es conocer a Dios, y a Jesucristo, a Quien Él ha enviado. Recordemos lo que quiere decir eterno. En griego es aiónios. Esta palabra tiene que ver, no tanto con la duración de la vida -porque una vida que fuera interminable no tendría que ser por ello deseable- como con la calidad de la vida. Sólo hay Uno al Que se puede aplicar adecuadamente la palabra aiónios, y es Dios. La vida eterna no es otra cosa, por tanto, que la vida de Dios. Poseerla, entrar en ella, es experimentar aquí y ahora algo del esplendor, y la majestad, y el gozo, y la paz, y la santidad que son características de la vida de Dios.

Conocer a Dios es una expresión característica del Antiguo Testamento. La sabiduría es «árbol de vida a los que de ella echan mano» (Pro_3:18 ). «Conocer Tu poder -dijo el escritor de Sabiduría- es la raíz de la inmortalidad (Sabiduría 5:3 ). «Los justos son librados por la sabiduría» (Pro_11:9 ). El sueño de la nueva edad de Habacuc era «que la Tierra estará llena del conocimiento de la gloria de Dios» (Hab_2:14 ). Oseas oye la voz de Dios que le dice: «Mi pueblo fue destruido porque le faltó conocimiento» (Hos_4:6 ). Una exposición rabínica pregunta cuál es la porción más pequeña de la Escritura que contiene todas las partes. esenciales de la ley, y contesta: Pro_3:6 , que quiere decir literalmente: «Reconócele en todos tus caminos, y Él enderezará tus veredas.» También había una exposición rabínica que decía que Amós había reducido todos los mandamientos de la ley a uno solo, cuando dijo: «Buscadme, y viviréis» (Amo_5:4 ), porque buscar a Dios quiere decir buscar conocerle. Los maestros judíos hacía mucho que insistían en que conocer a Dios es necesario para vivir la verdadera vida. Entonces, ¿qué quiere decir conocer a Dios?

(i) Sin duda hay un elemento de conocimiento intelectual. Quiere decir, por lo menos en parte, saber cómo es Dios; y eso es algo que cambia radicalmente la vida. Tomemos dos ejemplos. Los pueblos primitivos creen en una multitud de dioses. Todos los árboles, arroyos, cerros, montañas, ríos y piedras tienen sus dioses y espíritus, que son hostiles, y los pueblos primitivos se sienten asediados por ellos, y viven en constante temor de ofenderlos. Los misioneros nos dicen que es casi imposible entender la oleada maravillosa de alivio que llega a esos pueblos cuando descubren que no hay más que un solo Dios. Este nuevo conocimiento hace que todo sea distinto de como era antes. Además, es radicalmente otra cosa saber que Dios no es vengativo ni cruel, sino amor.

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