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Juan 17: La Gloria de la Cruz

Estas cosas las sabemos; pero no las habríamos sabido si Jesús no hubiera venido a decírnoslas. Entramos en una nueva vida, participamos de algo de la vida de Dios mismo cuando, gracias a Jesús, descubrimos cómo es Dios. Es una parte esencial de la vida eterna saber cómo es Dios.

(ii) Pero hay algo más. En el Antiguo Testamento se usa corrientemente la palabra conocer con el sentido de la relación sexual. «Conoció Adán a su mujer Eva, la cual concibió y dio a luz a Caín» (Génesis 4: l). Ahora bien: el conocimiento entre marido y mujer es el más íntimo que puede haber. Marido y mujer ya no son dos, sino una sola carne. El acto sexual no es lo más importante, sino la intimidad e identidad de corazón, mente y alma que en el verdadero amor lo preceden. Conocer a Dios no es, por tanto, un mero conocimiento intelectual de Él, sino una íntima relación personal con Él que es como la relación más próxima y amada de la vida. De nuevo hemos de decir que, sin Jesús, tal intimidad con Dios habría sido impensable e imposible. Es Jesús el Que nos ha enseñado que Dios no es un Ser remoto e inasequible, sino el Padre Cuya naturaleza es amor.

Conocer a Dios es no sólo saber cómo es, sino también estar en términos de la más íntima relación de amistad con Él; y ninguna de las dos cosas es posible sin Jesucristo.

LA OBRA DE JESÚS

Juan 17:6-8

Les he revelado Tu nombre a los hombres que Me diste sacándolos del mundo. Eran Tuyos cuando Me los diste, y han recibido Tu Palabra. Ahora ya se dan cuenta de que todo lo que Me has dado procede de Ti, porque Yo les he dado las palabras que Tú Me diste a Mí, y ellos las han recibido, y ahora ya saben a ciencia cierta que Yo vine de Ti, y creen que fuiste Tú Quien Me enviaste.

Jesús nos da aquí una definición de Su obra. Le dice a Dios: «He revelado Tu nombre.»

Aquí hay dos grandes ideas que les resultarían claras a los que lo leyeran por primera vez.

(i) Hay una idea que es esencial y característica del Antiguo Testamento. Allí se usa la palabra nombre en un sentido especial; No quiere decir simplemente el nombre propio de una persona, sino todo su carácter en tanto en cuanto puede conocerse. El salmista dice: «En Ti confiarán los que conocen Tu nombre» (Psa_9:10 ). Está claro que no se refiere a los que saben que Dios se llama Jehová, o de cualquiera otra de las maneras que se encuentran en el Antiguo Testamento; sino los que saben cómo es Dios, Su carácter y naturaleza: esos son los que se alegran de poner en Él su confianza.

El salmista dice: «Estos presumen de carros, y aquellos de caballos; pero nosotros no estamos orgullosos más que del nombre del Señor Dios» (Psa_20:7 ). Esto quiere decir que él puede confiar en Dios porque sabe cómo es. «Anunciaré Tu nombre a mis hermanos» (Psa_22:22 ). Este era un Salmo que los judíos creían que era una profecía del Mesías y de la obra que realizaría; y quiere decir que el Mesías declararía a la humanidad cómo es Dios. El profeta Isaías comprendió que Dios decía de la nueva era: «Mi pueblo sabrá Mi nombre por esto en aquel día: porque Yo mismo, el Que estoy hablando, estaré presente» (Isa_52:6 ). Eso es tanto como decir que, en la era mesiánica, se sabrá a ciencia cierta cómo es Dios.

Así que, cuando Jesús dice: «He revelado Tu nombre,» quiere decir: «He dado a la humanidad la posibilidad de ver cuál es la verdadera naturaleza de Dios.» Es otra manera de decir: «El que Me ha visto a Mí, ha visto al Padre» (Joh_14:9 ). Es la suprema afirmación de Jesús que, en Él, la humanidad ve la mente, el carácter y el corazón de Dios.

(ii) Pero hay otra idea aquí. En tiempos algo más avanzados, cuando los judíos hablaban del nombre de Dios se referían al tetragrámaton, el nombre de cuatro letras que se transcribiría YHWH. Ese nombre era tan sagrado para los judíos que no se pronunciaba nunca, excepto una vez al año, el sumo sacerdote cuando entraba en el lugar santísimo el día de la expiación. Las cuatro letras corresponden al nombre de YAHWEH. Se suele escribir Jehová, aunque nunca se pronunciaba así, sino Adónay, que quiere decir el Señor. En la escritura hebrea no se representan las vocales; y sólo más tarde, hacia el siglo X de la era cristiana, se pusieron unos puntits y rayitas por encima o por debajo de las consonantes para ayudar a la lectura. En el caso de las cuatro letras de YHWH no se representó su pronunciación, sino se le pusieron las vocales de Adónay (la primera a brevísima) para indicar que así era como se debía pronunciar. Es decir: que, en tiempos de Jesús, el nombre de Dios era tan sagrado que las personas normales y corrientes jamás se atreverían a pronunciarlo. Jesús está pues diciendo: «Os he dicho el nombre de Dios; ese nombre que es tan sagrado ahora lo podéis pronunciar gracias a lo que Yo he hecho: he traído al Dios remoto e invisible tan cerca de vosotros que hasta el más sencillo Le puede hablar y tomar Su nombre en sus labios.»

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