EL DON Y LA PROMESA DE GLORIA
Juan 17:22-26
-Yo les he dado la gloria que Tú Me diste para que sean una sola cosa como Nosotros somos una sola cosa. Yo, en ellos, y Tú, en Mí: para que su unidad con Nosotros y entre ellos llegue a ser consumada y completa. Esto lo pido para que el mundo se dé cuenta de que Tú Me enviaste, y de que Tú los has amado a ellos como Me has amado a Mí. Padre: es mi deseo que los que Tú Me has dado estén conmigo adonde Yo voy, para que vean Mi gloria, la que Tú Me has dado; porque Tú Me has amado desde antes de echar los cimientos del universo. Padre Justo: el mundo no Te ha conocido; pero Yo sí, y estos han llegado a comprender que Tú Me enviaste. Yo les he dicho cómo eres, y seguiré diciéndoselo, para que el amor con que Me has amado esté en ellos, y Yo esté en ellos.
Bengel exclamaba al empezar a comentar este pasaje: «¡ Oh, cuán grande es la gloria de los cristianos!»
(i) En primer lugar, Jesús dijo que les había dado a Sus discípulos la gloria que el Padre Le había dado a Él. Debemos comprender bien lo que quería decir. ¿Cuál era la gloria de Jesús? Él mismo hablaba de ella de tres formas.
(a) La Cruz era Su gloria. Jesús no hablaba nunca de ser crucificado, sino de ser glorificado. Por tanto, en primero y principal lugar, la gloria del cristiano es la cruz que le corresponde llevar. Es un honor sufrir por Jesucristo. No debemos considerar nuestra cruz como nuestro castigo, sino como nuestra gloria. Cuanto más dura era la tarea que se le asignaba a un caballero andante, mayor consideraba su gloria. Cuanto más dura sea la tarea que se le imponga a un estudiante, o a un artesano, o a un cirujano, tanto mayor honor le corresponde.
En efecto, lo que se quiere decir es que, cuando el ser cristiano supone difíciles renuncias o privaciones, y aun esfuerzos y sacrificios, debemos considerarlo como una gloria que Dios nos otorga.
(b) La perfecta obediencia de Jesús a la voluntad de Dios era Su gloria. Nosotros encontramos la nuestra, no en hacer lo que nos gusta a nosotros, sino lo que Dios quiere de nosotros. Cuando tratamos de hacer lo que nos gusta -como muchos de nosotros hemos hecho- no cosechamos más que dolor y desastre, para nosotros y para otros. La verdadera gloria de la vida la encontramos en hacer la voluntad de Dios. Cuanto mayor la obediencia, mayor la gloria.
(c) La gloria de Jesús consiste en el hecho de que, al considerar Su vida, se reconoce Su relación única y exclusiva con Dios. Es indudable que nadie podría vivir como Él si no estuviera en una relación extraordinariamente íntima con Dios. Como con Cristo, nuestra gloria consiste en que se vea en nuestra vida el reflejo de Dios.
(ii) En segundo lugar, Jesús dijo que era Su deseo que Sus discípulos vieran Su gloria en los lugares celestiales. El cristiano va a compartir todas las experiencias de Cristo. Si comparte Su Cruz, también compartirá Su gloria. « Palabra fiel es esta: Si morimos con Él, también viviremos con Él; si resistimos, también reinaremos con Él» (2 Timoteo_2:11-12 ). Aquí y ahora vemos borrosamente, como en un espejo, la gloria del Señor; pero un día Le veremos cara a cara (1Co_13:12 ; 2Co_3:18 ). El gozo que experimentamos aquí y ahora es sólo un adelanto del que disfrutaremos entonces allá. La promesa de Cristo es que si compartimos Su gloria y Sus sufrimientos en la Tierra, compartiremos Su gloria y Su triunfo cuando haya terminado nuestra vida presente ¿Qué mayor promesa podría habérsenos hecho?
Después de esta oración de Jesús pasamos inmediatamente a la traición, el juicio y la Cruz. Ya no hablaría más con Sus discípulos antes de padecer. Es maravilloso y precioso recordar que, inmediatamente antes de aquellas terribles horas, Sus últimas palabras no fueron de desesperación, sino de gloria.
Juan 17:1-26
17.1ss Todo este capítulo es la oración de Jesús. A partir de ella, aprendemos que el mundo es un tremendo campo de batalla donde las fuerzas bajo el mando de Satanás y las que están bajo la autoridad de Dios están en guerra. A Satanás y sus fuerzas los motiva un amargo odio hacia Cristo y sus fuerzas. Jesús oró por sus discípulos, incluyendo a quienes lo seguimos hoy en día. Pidió a Dios que guardase del poder de Satanás a sus creyentes escogidos, apartándolos y haciéndolos puros y santos, uniéndolos mediante su verdad.
17.3 ¿Cómo obtenemos la vida eterna? Jesús nos lo dice aquí con claridad: conociendo a Dios el Padre a través de su Hijo, Jesucristo. La vida eterna requiere que los creyentes entremos a una relación personal con Dios en Jesucristo nuestro Señor. Cuando confesamos nuestro pecado y nos apartamos de él, el amor de Cristo vive en nosotros por medio del Espíritu Santo.
