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Juan 21: El Cristo resucitado

Puede que fuera porque todavía estaba oscuro por lo que no reconocieron a Jesús. Pero el discípulo amado tenía una vista aguda. Se dio cuenta de que era el Señor; y, cuando Pedro lo oyó, salto al agua. No estaba desnudo del todo. Llevaría un ceñidor, que era una especie de calzoncillos, que era lo único que llevaban los pescadores cuando faenaban. Ahora bien: la ley judía decía que el saludar era un acto religioso, y para realizar un acto religioso había que estar dignamente vestido; así es que Pedro, antes de lanzarse al agua para venir al encuentro de Jesús, se puso la túnica de pescador; porque quería ser el primero en saludar a su Señor.

LA REALIDAD DE LA RESURRECCIÓN

Ahora llegamos a la primera gran razón para que se añadiera este extraño capítulo al evangelio ya concluido. Fue para demostrar de una vez para siempre la realidad de la Resurrección. Había muchos que decían que las apariciones del Cristo Resucitado no eran más que visiones que tuvieron los discípulos.

Muchos admitirían la realidad de esas visiones, pero insistirían en que no eran otra cosa. Otros llegarían a decir que no eran más que alucinaciones. Los evangelios se esfuerzan en demostrar que el Cristo Resucitado no era una visión, y menos una alucinación, ni un fantasma, sino una Persona real. Insisten en que la tumba estaba vacía, y en que el Cristo Resucitado tenía un cuerpo real, que conservaba las señales de los clavos y de la lanza que Le atravesó el costado.

Pero esta historia va un paso más lejos. Una visión o un fantasma no sería normal que indicara la posición de un banco de peces a un grupo de pescadores. Menos aún encendería un fuego para asarles unos peces a unos agotados pescadores, y menos aún los compartiría con ellos. Y sin embargo esta historia nos cuenta que Jesús sí hizo esas cosas. Cuando Juan nos relata que Jesús se les presentó a Sus discípulos cuando tenían las puertas cerradas dice: «Les enseñó Sus manos y Su costado» (Joh_20:20 ). Ignacio de Antioquía, en su carta a la Iglesia de Esmirna, cuenta una tradición aún más definida acerca de ese hecho: «Yo sé y creo que Jesús estaba en la carne aun después de la Resurrección; porque, cuando se presentó a Pedro y a sus compañeros, les dijo: «¡Venga, tocadme y comprobad que no soy ningún demonio incorpóreo.» E inmediatamente Le tocaron, y creyeron, porque se convencieron sin lugar a dudas de Su humanidad… Y después de Su Resurrección comió y bebió con ellos como un ser humano.»

El primero y el más sencillo propósito de esta historia es dejar bien clara la realidad de la Resurrección. El Señor Resucitado no era una visión, ni la fantasía de ninguna imaginación exaltada, ni la aparición de un fantasma: ¡era Jesús, Que había conquistado la muerte y había vuelto vencedor!

LA UNIVERSALIDAD DE LA IGLESIA

Aquí se nos presenta simbolizada una segunda gran verdad. En el Cuarto Evangelio todo tiene su razón de ser; así es que podemos dar por sentado que si Juan nos menciona el número ciento cincuenta y tres, habrá algo que nos quiere decir con eso. Se ha sugerido que se contaron los peces sencillamente porque había que repartir la pesca entre los que habían participado en ella; y se menciona el número por lo extraordinariamente grande que fue. Pero, cuando recordamos la forma que tiene Juan de sugerir sentidos velados para que los descubran los que tienen interés, podemos suponer que aquí hay algo más de lo que aparece en la superficie.

Se han propuesto muchas sugerencias ingeniosas.

(i) Cirilo de Alejandría dijo que el número 153 se compone de tres cifras. Primero, está el 100; y representa «la plenitud de los gentiles.» 100, dice, es el número más completo: el rebaño del pastor de la parábola se compone de 100 ovejas (Mat_18:12 ); el producto más completo de la semilla es de 100 por 1 (Mat_13:8 ). Así que el número 100 representa la plenitud de los gentiles que se recogerán en Cristo. Segundo, está el 50; y 50 representa el remanente de Israel que se cosechará. Tercero, el 3; y el 3 representa a la Santísima Trinidad, a cuya gloria se hace todo.

(ii) Agustín tiene otra explicación aún más ingeniosa. Dice que 10 es el número de la Ley, porque hay 10 mandamientos; 7 es el número de la gracia, porque en Apocalipsis se dice que hay siete espíritus de Dios. Ahora bien: 10+7=17, y 153 es la suma de todas los Números (1+2+3+4+5…) hasta 17. Así que 153 representa a todos los que han venido a Jesucristo, ya sea mediante la Ley o mediante la Gracia.

(iii) La explicación más sencilla es la que nos da Jerónimo. Dice que hay en el mar 153 clases de peces, y que aquella pesca incluía representantes de todas ellas; y que, por tanto, el número simboliza el hecho de que algún día todas las personas de todas las naciones se reunirán en Jesucristo.

Mencionaremos otro detalle: todos estos peces se reunieron en la red, y la red los pudo contener a todos sin romperse. La red representa a la Iglesia; y hay sitio en ella para todas las naciones. Aunque todos entraran en ella, es bastante grande para contenerlos.

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