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Juan 21: El Cristo resucitado

Que cada cual sirva a Cristo donde Cristo le ha puesto. Como le dijo Jesús a Pedro: «La tarea que Yo le doy a otro no es cosa tuya. Lo tuyo es seguirme;» así nos lo dice a cada uno de nosotros. Nuestra gloria no depende de nuestra comparación con los demás, sino de servir a Cristo en la capacidad que Él nos ha asignado.

EL CRISTO ILIMITADO

Juan 21:25

Hay muchas otras cosas que hizo Jesús que, si se escribieran una tras otra, no creo que el mundo sería lo suficientemente grande para contener todos los libros que se escribirían.

En este último capítulo, el autor del Cuarto Evangelio pone ante la Iglesia para la que lo escribió unas cuantas grandes verdades. Les ha recordado la realidad de la Resurrección; les ha recordado la universalidad de la Iglesia; les ha recordado que Pedro y Juan no eran rivales, sino que Pedro era el gran pastor, y Juan el gran testigo. Y ahora llega al final; y llega pensando en el esplendor de Jesucristo. Aunque sepamos mucho de Cristo, no hemos captado más que un poquito de Él. Sean las que sean las maravillas que hemos experimentado, son sólo una pequeña parte de las que se pueden experimentar. Las categorías humanas son insuficientes para describir a Cristo, y los libros humanos son incapaces de contenerle. Así que Juan termina haciendo referencia a los innumerables triunfos, el inagotable poder y la gracia ilimitada de Jesucristo.

Juan 21:1-25

21.1ss Este capítulo se ocupa de cómo Jesús comisionó a Pedro. Tal vez Pedro necesitaba un estímulo especial después de negarlo ya que se habrá sentido totalmente indigno. Los versículos 1-14 preparan el escenario de la conversación de Jesús con Pedro.

21.7 Unicamente Juan («aquel discípulo a quien Jesús amaba») reconoció a Jesús, sin lugar a duda porque Jesús llevó a cabo un milagro similar antes (Luk_5:1-11).

21.15-17 En esta escena junto al mar, Jesús condujo a Pedro a través de una experiencia que removería la nube de la negación. Pedro lo hizo tres veces. Tres veces le preguntó Jesús si lo amaba. Cuando Pedro contestó afirmativamente, Jesús entonces le dijo que debía apacentar a sus corderos. Una cosa es decir que ama a Jesús, pero otra es que la verdadera prueba radica en la disposición para servirle. Pedro se arrepintió y ahora Jesús le pide que dedique su vida. La vida de Pedro cambió cuando al fin supo quién era Jesús. Su ocupación cambió de pescador a evangelista, su identidad cambió de impetuosa a «roca» y su relación con Jesús cambió. Era perdonado y comprendió el significado de las palabras de Jesús acerca de su muerte y resurrección.

21.15-17 Jesús preguntó a Pedro tres veces si lo amaba. La primera vez Jesús dijo: «¿Me amas más que éstos?» (en griego, se emplea la palabra ágape. Significa amor volitivo, autosacrificial). La segunda vez, Jesús se centra solo en Pedro y vuelve a emplear la palabra griega ágape. La tercera, Jesús usa la palabra griega fileo (que significa afecto, afinidad o amor filial) y en efecto le preguntaba: «¿Eres de veras mi amigo?» Siempre Pedro había respondido con la palabra fileo. Jesús no aceptó precipitadamente respuestas superficiales. El sabe llegar a donde tiene que llegar. Pedro tuvo que enfrentar sus motivos y sentimientos verdaderos cuando Jesús lo confrontó. ¿Qué respondería usted si Jesús le preguntara: «¿Me amas?» ¿Realmente ama a Jesús? ¿Es usted su amigo?

21.18, 19 Esta era una predicción de la muerte de Pedro por crucifixión. La tradición indica que a Pedro lo crucificaron por su fe con la cabeza para abajo porque no se consideró digno de morir como su Señor. Sin tomar en cuenta lo que su futuro le deparaba, Jesús dijo a Pedro que lo siguiera. Podemos enfrentar con temor e incertidumbre el futuro, pero podemos estar seguros de que Dios tiene el control y seguirle con fe.

21.21, 22 Pedro preguntó a Jesús cómo moriría Juan. Jesús le contestó que no debía preocuparse por eso. Tendemos a comparar nuestra vida con otros, sea para racionalizar nuestro nivel de devoción a Cristo o para cuestionar la justicia de Dios. Jesús nos contesta en la forma que lo hizo a Pedro: «¿Qué a ti? ¡Sígueme tú!»

21.23 La tradición dice que Juan, luego de pasar varios años exiliado en la isla de Patmos, volvió a Efeso, donde murió a una edad muy avanzada, al final del primer siglo.

21.25 Juan establece que su propósito al escribir su Evangelio era mostrar que Jesús es el Hijo de Dios. Presentó con claridad y de manera sistemática evidencias que respaldaban las declaraciones de Jesús. Cuando una evidencia se presenta en el palacio de justicia, los que la oyen deben tomar una decisión. Los que leen el Evangelio de Juan también deben tomar una decisión: ¿Es Jesús el Hijo de Dios? Usted es el jurado. La evidencia se ha presentado con claridad. Usted debe decidir. ¡Lea el Evangelio de Juan y decídase.

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