Ministerio basado en principios bíblicos para servir con espíritu de excelencia, integridad y compasión en nuestra comunidad, nuestra nación y nuestro mundo.

Logo

Lucas 14: Bajo el escrutinio de gente Hostil

Con Jesucristo como Mediador, los pecadores pueden acercarse a Dios sin temor. La palabra «venid « se dirige a todos sin excepción. ¿Estamos agobiados y cargados? «Venid a mí,» dice Jesús, «que yo os haré descansar.» Mat_11:28. ¿Tenemos sed? «Si alguno tiene sed,» dice el Señor, « venga a mí y beba.» Joh_7:37. ¿Estamos necesitados y sufriendo de hambre? «Venid,» dice el mismo Salvador, « comprad sin dinero y sin precio, vino y leche.» Ninguno podrá decir que no se le alentó para que solicitara la vida eterna. Las siguientes palabras de nuestro Señor acallarían sus quejas: «Al que a mí viene no le echo fuera.» Joh_6:37.

Se nos enseña, en tercer lugar, en esta parábola, que muchos de los que reciben las invitaciones que el Evangelio contiene rehúsan aceptarlas. Cuando el siervo anunció que todo estaba preparado, comenzaron todos a una a excusarse. Uno tenia una frívola disculpa y otro, otra. Solo en una cosa estaban acordes: en que no querían venir. la parábola se nos presenta un vivido bosquejo de la manera como es recibido el Evangelio donde quiera que se le proclama. Millares de pecadores hacen todos los días lo mismo que queda descrito en la parábola. Se les exhorta a que acudan a Cristo, y rehúsan hacerlo.

No es por ignorancia de las doctrinas evangélicas que tantas almas se pierden: es por amor al mundo y por la falta de voluntad de hacer uso de los conocimientos que se poseen. No es de hombres notoriamente corrompidos que el infierno está lleno, sino de los que dan atención excesiva a asuntos que en sí mismos son lícitos. No es el odio franco al Evangelio lo que hemos de temer, sino el espíritu de esos hombres que por todo se disculpan, que todo lo difieren y retardan, y que están prontos a aducir cualquiera razón para no servir a Cristo siempre que se les exhorte a ello. La infidelidad y la falta de moral causan la ruina de millares de almas; pero las disculpas comedidas y corteses causan mayores pérdidas. Ninguna disculpa puede justificar al hombre que rehusé los llamamientos de Dios y no acuda a Cristo.

En esta parábola se nos enseña, por último, que Dios quiere la salvación de las almas, y ha ordenado que se empleen todos los medios posibles para persuadir a los hombres a que acepten el Evangelio. Se nos dice que, cuando los que fueron invitados primero a la cena rehusaron aceptar la invitación, el padre de familias dijo a su criado: «Ve presto por las plazas y por las calles de la ciudad, y mete acá los pobres, los mancos, y cojos, y ciegos.» Y cuando el siervo hubo hecho esto, y todavía había espacio, el señor le dijo: « Ve por los caminos, y por los vallados, y fuérzalos a entrar para que se llene mi casa..

No puede haber mucha controversia respecto del significado de estas palabras. Nos justifican al afirmar de la manera más explícita que Dios tiene grande amor y compasión para con el pecador. Su clemencia es inagotable. Si algunos no quieren recibir la verdad, hace que se invite a otros en su lugar. Su piedad para con los infieles no es fingida o imaginaria.

Pero, sobre todo, las palabras citadas justifican a todo predicador y a todo maestro del Evangelio en el empleo de todos los medios que estén a su alcance, a fin de conmover a los pecadores y persuadirlos a que se arrepientan de sus pecados.

Si no quieren presentarse delante de nosotros en público, preciso es que los visitemos privadamente. Si no concurren a la iglesia a oír los sermones, es preciso predicarles de casa en casa. Y no debemos tener embarazo en usar de medios que pudieran parecer poco suaves; pues es necesario que instemos a tiempo y fuera de tiempo. 1Ti_4:2. a muchos de los no convertidos es preciso que los tratemos como si estuvieran aletargados o en estado de demencia, que no se aperciben de las circunstancias en que se encuentran. Es preciso llamarles la atención al Evangelio repetidas veces. Ni hemos de ahorrar palabras ni esfuerzos. Debemos tratarlos como si fueran a cometer suicidio, y decirles: Ni podemos, ni queremos dejaros que continuéis por la senda en que habéis entrado. Los hombres irreligiosos tal vez no nos comprendan, tal vez hagan burla de todo celo y fervor religioso y lo apelliden fanatismo. Pero el hombre piadoso, animado como está del deseo de anunciar el Evangelio, no se cuidará de lo que diga el mundo, y traerá a la memoria las palabras de la parábola.

Examinemos nuestras conciencias al terminar esta parábola. Las verdades que contiene deben tener elocuencia para nosotros. La exhortación ha sido hecha a nosotros de la misma manera que a los judíos. a nosotros nos dice el Señor constantemente: «Venid a la cena,» y « Venid hacia mí..

Lucas 14:25-35

Este pasaje nos enseña, en primer lugar, que los verdaderos cristianos deben estar prontos a abandonarlo todo, si fuere necesario por amor de Cristo. Las palabras que expresan esta gran verdad son muy notables. Nuestro Señor dice: «Si alguno viene a mí, y no aborrece a su padre, y madre, y mujer, e hijos, y hermanos, y hermanas, y aun también su vida, no puede ser mi discípulo..

Es preciso, sin duda, interpretar estas palabras con algunas limitaciones. Como ya lo dejamos dicho en otro lugar, nunca debemos explicar un texto de la Escritura de manera que contradiga otro. Nuestro Señor no quiso decirnos que es deber del cristiano aborrecer a sus padres y parientes. Esto estaría en contradicción con el quinto mandamiento. Lo que quiso decir fue, que los que deseen seguirlo deben amarlo con un amor más profundo del que abrigan hacia sus parientes más cercanos y queridos, y hacia ellos mismos; y que si sus deberes para con Dios y sus deberes para con los hombres fueren incompatibles en un caso dado, estos deben ceder el lugar a los primeros. Debemos preferir ofender a los que amamos más sobre la tierra a desagradar al que murió por nosotros en la cruz. La obligación que así nos impone nuestro Señor es severa y pone a prueba nuestra lealtad. Sin embargo, es necesaria, y ha sido dictada por la sabiduría. La experiencia ha demostrado, tanto en la iglesia y en las misiones establecidas en el extranjero, como en el hogar doméstico, que muchas veces los mayores enemigos del alma de un hombre son los de su misma familia. Suele suceder que el mayor obstáculo en la vida del pecador que empieza a sentir arrepentimiento, es la oposición de sus parientes y amigos. Los padres irreligiosos no pueden, sufrir que sus hijos empiecen a pensar seriamente en las cosas eternas. Las madres irreligiosas se disgustan que sus hijas no quieran participar en los deleites del mundo. Las opiniones difieren y están encontradas tan pronto como la gracia divina desciende sobre un miembro de alguna familia, y entonces es cuando el verdadero cristiano ha de recordar el espíritu de las palabras de nuestro Señor.

Deja el primer comentario

Otras Publicaciones que te pueden interesar