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Lucas 14: Bajo el escrutinio de gente Hostil

No perdamos de vista la importancia del precepto citado «No faltarán menesterosos de en medio de la tierra.» Un pequeño auxilio prestado a los pobres, oportuna y acertadamente, contribuye en gran manera a su bienestar, mitiga sus dolores, y promueve la concordia entre las diferentes clases sociales. Ese ánimo ruin y calculador que mueve a algunas gentes a oponerse a toda obra de caridad es contrario a los preceptos de Jesucristo. No en balde anuncia nuestro Señor lo que dirá a los malos el día del juicio: «Tuve hambre y no me disteis de comer; tuve sed, y no me disteis de beber.» Y tampoco fue en balde que S. Pablo escribió a los Gálatas las siguientes palabras: « Solamente querían que nos acordásemos de los pobres; lo cual yo también hacía con solicitud.» Mat_25:42; Gal_2:10.

En estos versículos se nos enseña, por último, cuan importante es que meditemos en la resurrección de los muertos. Esto se infiere claramente de las palabras que nuestro Señor pronunció sobre el tema de la caridad para con los pobres. Al fariseo que lo estaba obsequiando le dijo: « Ellos (los pobres) no te pueden pagar; mas te será pagado en la resurrección de los justos..

Después de la muerte viene la resurrección. A la vida presente no se limita nuestra existencia. El mundo visible que contemplamos en torno nuestro no es el único que hemos de habitar. No todo ha terminado cuando el hombre exhala el último suspiro, y su cadáver es llevado al sepulcro. Alguno día sonará la trompeta y los muertos resucitarán revestidos de incorruptibilidad. Todos los que estén en el sepulcro oirán la voz de Cristo, y se levantarán: los que han hecho bien a la resurrección de la vida, y los que han hecho mal a la resurrección de la condenación eterna. He aquí una de las verdades fundamentales de la religión cristiana. Recibámosla con entusiasmo y no la despreciemos.

Procuremos manifestar con nuestra conducta diaria que sí creemos en la resurrección y en la vida futura, y que deseamos estar listos para el otro mundo. Si así nos conducimos, podemos aguardar la muerte con calma, pues sabemos que habremos de obtener un galardón de gran precio allende el sepulcro; y sobrellevaremos con paciencia todo lo que tengamos que sufrir en este mundo. Las desgracias, las pérdidas, los chascos, la ingratitud no podrán afectarnos mucho; puesto que no esperaremos recibir recompensa alguna en este mundo; sino aguardaremos que el Juez de toda la tierra «haga derecho.» Gen_18:25.

Pero ¿cómo podremos meditar en la resurrección, y aguardar la vida futura sin alarmarnos? Solo por medio de la fe en Jesucristo. Si creemos en El no tendremos nada que temer. Nuestros pecados no nos serán imputados. Los requisitos de la ley de Dios quedarán cumplidos. El día del juicio permaneceremos firmes, y nadie nos acusará. Rom_8:33. Los mundanos, como Félix, pueden temblar con razón cuando piensan en la resurrección; mas los creyentes, como Pablo, se regocijan.

Lucas 14:15-24

Los versículos arriba trascritos contienen una da las parábolas instructivas que se encuentran en el Evangelio. A olla dio lugar la siguiente observación que hizo un hambre que estaba sentado con js la masa, en casa de un fariseo: «Bienaventurado el que comerá pan en el reino de los cielos.» No se nos dice que objeti tenían esas-palabras Tal vez el que las pronunció era de aquella clase de personas que desean ir al cielo y gustan de oír hablar sobre asuntos religiosos, pero nunca dan un poso más adelante. Nuestro Señor aprovechó la oportunidad para recordarle a él y a todos los que estaban presentes, que hay muchos que han invitados a entrar en el reino de los cielos; pero que sin embargo nunca llegan allí porque desatienden la invitación.

La parábola nos enseña en primer lugar, que Dios .ha provisto abundantes los medios por los el hombre puede ser salvo.

Esto es lo que significan las siguientes palabras: «Un hombre hizo una gran cena, y llamó a muchos. He aquí el Evangelio.

E Evangelio contiene todo lo que los pecadores han menester para ser salvos. Por naturaleza todos nos hallamos desamparados y prontos a perecer; mas el Eterno concede para la salvación de nuestras almas la paz con él y el perdón de los pecados; la justificación y la santificación; la gracia en esta vida y la gloria en la otra. No hay nada que un corazón culpable o una conciencia alarmada pueda desear, que Cristo no pueda otorgar. Cristo, en una palabra, es la figura que descuella en la gran cena. «Yo soy el pan de la vida,» dice El, «el que a mí viene nunca tendrá hambre; y el que en mí cree no tendrá sed jamás.» «Mi carne verdaderamente es comida, y mi sangre verdaderamente es bebida.» «El que come mi carne y bebe mi sangre en mí mora, y yo en él.» Joh_6:35, Joh_6:55-56.

En esta parábola se nos enseña, en segundo lugar, que las invitaciones y los ofrecimientos contenidos en el Evangelio son muy latos y comprensivos. El señor honrado que dio la cena envió a sus siervos a decir a los convidados: « Venid, que ya todo está aparejado..

De parte de Dios nada falta para la salvación del hombre. El Padre está pronto a recibir a los que, por medio de Cristo, se alleguen a El. El Hijo está pronto a limpiar de sus pecados a los que acudan a él. El Espíritu Santo está pronto a descender sobre todos los que imploren su auxilio. Si el hombre quiere obtener la vida eterna Dios tiene una voluntad sin límites de que se salve.

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